El Royal Pigall

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EL ROYAL PIGALL, Por. Juan Antonio Varese

Montevideo tuvo varios cabarets a lo largo de los años de vigencia (entre 1913 y la década de 1960, aproximadamente) de este tipo de locales nocturnos dedicados a actuaciones musicales que presentaban gran despliegue de personajes y riqueza de vestuario, en sucesión de canciones y bailes matizados con toques de humor y fuerte carga de picaresca. Pero hubo dos que sobresalieron con tanto brillo y anecdotario que resultan dignos de ser recordados, el ROYAL PIGALL y el MOULIN ROUGE, ambos inaugurados en el mismo año de 1913, con lo que la gran aldea que era por entonces Montevideo se puso al día con las novedades que se realizaban en Europa y recientemente se habían abierto en Buenos Aires.


Hagamos un breve racconto sobre la historia del cabaret para subrayar lo que decimos. Con la Revolución Francesa y sus aires de libertad se popularizó la costumbre de los café concerts, lugares donde la gente concurría para satisfacer su necesidad de diversión con espectáculos de sana alegría. Pero algunos intelectuales, necesitados de un ambiente de mayor libertad y vanguardismo para la actuación de los cantautores y la libre práctica del can can, un baile popular con exhibición de piernas y polleras, surgido a mediados del siglo XIX y rechazado muchas veces por escandaloso, propiciaron otro tipo de locales.


Fue entonces que en 1881 abrió sus puertas LE CHAT NOIR, una especie de bodegón artístico fundado en el bohemio y parisino barrio de Montmartre y empezó a ser frecuentado por escritores y artistas, en especial pintores y estudiantes de Bellas Artes. Pocos años más tarde, en 1889, le siguió el segundo cabaret, el MOULIN ROUGE ubicado en Pigalle, el sector "rojo" de París, con gran desplieguee de bailarinas de can can y lujosos decorados, uno de los preferidos del pintor Toulouse-Lautrec para inmortalizar con sus pinceles el ambiente del cabaret.


En 1890 el FOLIES BERGERE, existente como music hall desde 1869, se transformó en cabaret contratando a estrellas como Loie Fuller y Cléo de Mérode, que atraían multitudes. Años después el cabaret pasó a España, correspondiendo la primicia a Barcelona que contó con dos locales y a principios del XX llegó a Alemania con la apertura del Uberbrettl o famoso teatro “rojo”.


En 1901 le tocó el turno al Rio de la Plata de manos de la compañía francesa Bataclán que realizaba una gira, protagonizando un éxito tan completo que el lunfardo adoptó la palabra bataclán como sinónimo de bailarina de revista. Preámbulo para que en 1910 la ciudad tuviera su primer cabaret, el ARMENONVILLE, inmortalizado en varias letras de tango de la época.


Tres años después el género se instalaba en Montevideo EL ROYAL PIGALL (sin la e final de Pigalle), abrió sus puertas de frente a la calle Bartolomé Mitre entre Reconquista y Buenos Aires, lindero y como apéndice del famoso ROYAL, un teatro de variedades. El lugar era muy especial y concurrido a la vez. No olvidemos que la calle Bartolomé Mitre comunicaba con el “Bajo” y también con el Mercado Central, todo un mundo de gente tanto de día como de noche.


Vecino al teatro había funcionado el tambo de un buen catalán que atendía a la gente de la zona y los feriados se dedicaba a recibir la clientela de los asistentes al Teatro Solís para brindarles uno de los manjares de la época, un vaso de leche al pie de la vaca con la especialidad de las plantillas. En la misma cuadra se encontraban dos de los cafés de prosapia tanguera, el ZUNINO y el VICTORIA, de los que ya hemos hablado en capítulos anteriores.


El cabaret ROYAL PIGALL fue inaugurado con gran pompa el 16 de agosto de 1913 “a las 12 y 30 de la noche”, horario especialmente recalcado por la propaganda por lo inusual. Como dijimos se trataba del hermano menor del teatro ROYAL y su apéndice más popular y funanbulesco, destinado a espectáculos más subidos y pasada la medianoche. Podemos decir que cuando cerraba el teatro la clientela podía trasladarse al cabaret de al lado para proseguir la jornada, esta vez con aires de farra. E incluso, labia y dinero mediante, la posibilidad de terminar la noche con una aventura galante con una de las coristas, coronada por generoso champán.


Ambos locales estaban administrados por Visconti Romano, un personaje con pasado de barítono que hacía resaltar el título de il cavagliere con que quería que lo llamara. Nacido en Italia y antiguo cantante de Ópera, vayamos a saber en que escenarios del mundo, terminó como empresario con gran olfato para encontrar artistas de éxito.


En 1915 ante una transitoria merma de la clientela, convocó a su amigo Miguel Barca para que fuese a Buenos Aires a seleccionar algún conjunto musical que ganara la atención del público. En la vecina orilla Barca sintió cantar a dos jóvenes intérpretes de la canción criolla y los invitó para una temporada para actuar en el ROYAL PIGALL como en el ROYAL, según el éxito que se tuviera.


El Siglo en su edición del 18 de junio de 1915 anunció el debut del DUO NACIONAL (así como lo ven, DUO NACIONAL, es decir que ambos reconocían una misma nacionalidad) para esa misma noche, diciendo de ellos que se trataba de “dos muchachos jóvenes, uno barítono y otro tenor que cantan a dúo hermosas canciones camperas de todas las regiones, pero las más bonitas son las que traen aires de las afueras catamarqueñas, riojanas, tucumanas y muchas regiones argentinas y uruguayas. Y tocan la guitarra con maestría y con ellas se acompañan en sus cantares”. Tanto fue el éxito del dúo que sus actuaciones se prolongaron hasta el 9 de julio siguiente. Fue la primera actuación del famoso dúo “GARDEL-RAZZANO” en Montevideo.


Hubo otras tantas referencias a las actuaciones en el ROYAL o en el ROYAL PIGALL, entre ellas los concursos de baile de tango, uno de los espaldarazos que catapultaron en nuestro medio el tango desde el arrabal hasta las luces del centro. Uno de los ganadores del concurso lo fue el famoso Bernabé Simarra, conocido como el Rey del Tango, que puso una academia de baile en París y terminó instalado en Montevideo.


Conocemos sabrosos detalles del ROYAL PIGALL y cierto anecdotario de su clientela gracias a la pluma de Víctor Soliño, personaje de la bohemia montevideana, compositor, letrista y autor de las crónicas que fueron recopiladas por Arca bajo el título de “Mis tangos y los atenienses”, que ha conocido varias ediciones. Uno de los capítulos más jugosos, Mocosita, contiene sabrosas referencias al lugar: “El cabaret, según la literatura tanguera, es un antro de perversión, escenario de orgías desenfrenadas, en el que las flores de fango inician el trágico camino que fatalmente desemboca en el hospital. Pero la verdad es que los letristas de tango -en general- éramos por aquellos tiempos, además de cursis, exagerados”.


Soliño definía al PIGALL como un lugar de diversión, “última etapa de las despedidas de soltero, de las alegrías encendidas por un ascenso o por un viaje o de todas las fijas acertadas en Maroñas”. Y establece una distinción que resulta necesaria para comprender la mentalidad de la clientela de la época: por un lado estaba la que se podía llamar variable, generalmente la de los sábados y los domingos. Y estaba la otra, la fija, la de las barras de habitués. Para él estas últimas constituían “la salsa del cabaret”.


Pero dentro de estas había que distinguir, muy importante, las de los bacanes y las de los patos. En las mesas de los bacanes reinaba el champagne, las mujeres caras, los cogarros Partagás de un metro, propinas de príncipe y una corte numerosa de adulones siempre pronta a festejar ruidosamente los desplantes o las ganzadas del patrón. Pero en cambio la barra ateniense, la que integraba Soliño, “militaba en otra categoría, como si dijéramos en la serie B”. Sus características eran el buen humor, el ingenio para divertirse con poca plata, la desfachatez y, naturalmente, la simpatía”.


Nos cuenta Soliño que pegado al cabaret estaba el teatro ROYAL. En los antiguos tiempos de Alonso, su anterior dueño, cuando el auge de la zarzuela, respondía al nombre de ODEÓN. Luego Romano lo cambió por el de ROYAL como tributo a una vidriera de varietés y escenario triunfal de Cotorrita, un artista cómico de la época. Uno de los personajes más recordados lo era un famoso calculista, INAUDI, fenómeno portentoso que donó el cerebro a la Academia de Ciencias de Francia, y también el boxeador de color, el negro Johnson, campeón mundial de box que daba trompadas en el escenario del teatro al mismo tiempo que tocaba el violoncello con la orquesta del Pigall. Sin dejar de recordar algunas cantantes y bailarinas como Las Castellanitas o las Hermanas Colindas, dignas del mejor recuerdo para quienes las habían visto en primera fila.


No sabemos cuántos años se mantuvieron las funciones del teatro ROYAL ni la vigencia del cabaret vecino. Pero hacia la década del 50 o del 60 los cabarets empezaron a decaer en todo el mundo. El tema requiere de una investigación más en profundidad. En Montevideo el declive de no debe ser ajeno a la inauguración de la Rambla Sur en el año 1935. Obra gigantesca que desde varios años atrás había provocado la demolición del “Bajo”, el barrio del pecado. Y grandes cambios en el trazado de la ciudad, transformando el lugar en una zona de paso y no en un punto de interés. Pero también declinaba la vida nocturna en barrios tradicionales que alimentaban la fuerza de la vida nocturna y los espectáculos de cabaret.


La influencia del nuevo trazado de la ciudad y el cambio de su eje llevaron a grandes cambios. Pero también habían cambiado las costumbres y los esplendores de los espectáculos musicales, encauzados en parte por el cine. La ciudad cambiaba a trazos agigantados y el progreso traía muchas novedades. Y muchos cambios. Años después, el local del Royal Pigall fue acondicionado para cine, instalándose el CINE HINDÚ, famoso por las películas pornográficas que proyectaba. Y la esquina con la calle Buenos Aires se modernizó con la nueva sede de La Mañana y El Diario.






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