Diferencia entre revisiones de «Poemas de Infancia Puntaesteña I»

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Revisión del 08:41 19 oct 2026


Tapa del volumen de poemas de Umberto Pereira cuyo contenido se reproduce en este capítulo.




De Umberto Pereira, "el poeta de Punta del Este"

Primera edición: 1994


Noticia sobre el autor y su obra


Umberto Pereira, nació en Punta del Este, el 4 de enero de 1923.

Fue funcionario público, estudiante de Derecho, profesor en Puando y en Montevideo de Educación Secundaria y en el Liceo Stella Maris de los Christians Brothers de Montevideo. Se casó con María Carmen Pour Rivero, con quien tuvo cuatro hijos: Jaime, Marcelo, Rafael y Enrique.




Publicó, en 1957: "Poemas de Punta del Este".

Algunas opiniones sobre la publicación:


- Juana de Ibarbourou: "El Este, tiene ya su poeta." 1957.


- Sarah Bollo: "La circunstancia marina, clara y diestramente tramada, con motivos gauchescos y costumbres camperas. Singular condición de cantar paisajes de la costa uruguaya, labores de pescadores, marineros, fareros, boteros, movimientos humanos en costas y puertos. Comparaciones y metáforas, surgen con brillo y belleza y dan vigor y expresividad a su canto. Poesía fuerte y delicada; real y nostálgica; con sonidos de mar y reciedumbre de roca y de tierra." 1957.


- Tomás G. Brena: "El verso que todos sienten y pocos expresan. La imagen, la fantasía formal, el juego de la imaginaría, que va del bosque a la ciudad y de la tierra al mar y del vuelo de los pájaros cantarines, al paso lento del carro pobre y rechinante. Bisio, en el norte, describe los bailes de negros; Pereda, en Montevideo, describe su vida y su alma; Pereira, los describe con imágenes de ternura: "Tenían toda la orilla del mar en la sonrisa; tenían todos los gatos en el cuerpo". Bello libro éste. Escrito con amor." 1957.


- Dora Isella Russell: "El tono saludable de su verso, una cualidad de transparencia, el sabor de la buena sencillez. El equilibrio lírico, sin caer en retóricas ni efectismos. Esa espontánea fuerza que nace de la sensibilidad. Se hace leer con agrado. Poesía de genuinas resonancias." 1957.


- José Mora Guarnido: "La tensión literaria y la sencillez, que son lo más difícil del oficio, aparecen, generosamente, en los "Poemas de Punta del Este"." 1957.


- Heraclio Pérez Ubici: "Pereira inicia una permanente literatura del mar." 1957.


- Agustín del Saz (catedrático de Literatura de la Universidad Auxias Marx, de Barcelona): "Es la poesía de Pereira, artísticamente híbrida de aristocrático decir y gauchesco naturalismo; la sencillez y el tema humilde se entrecruzan con el recurso estético de la poesía de la tierra, del mar y de los tipos humanos, que mueven su conmovida voz. Un decir poético de corazón estremecido. (Nº 61 de la revista "Bages", Manresa, Barcelona, marzo de 1958).


- Domingo Bordoli; "Umberto Pereira lo ha logrado. Ha cantado a su pueblo como si no fuera un famoso balneario. La canción surge con gotas de rocío, de gracia." (Antología de la poesía uruguaya contemporánea". Universidad de la República). 1966.


Publicó en 1993: "Poemas de aventuras, regatas y naufragios en el Este" y en 1994: "Poemas de infancia puntaesteña I".



Libros a publicar:

- "Poemas de infancia puntaesteña II"

- "Poemas de Punta del Este" (tomos II, III y IV)

- "Rafael Pérez del Puerto" (tomos I y II)

- "Poemas de los Relieves"

- "Poemas de circunnavegación" (tomos I y II) y

- "La patria de Artigas".



Prólogo

Al proyecto con memorias almacenadas que es un niño, lo pueblan muchos sueños y experiencias indocumentados, que en la urgencia de vivir, olvida. Los niños deben ser vistos y oídos, en tales inéditas memorias: su sentir, inteligencia, gustos, ilusiones; sus actitudes y expresiones, porque, si eso no ocurriera, el silencio nos mataría. Debemos oírlos; si no: ¿qué estímulo seguiría el niño que dejamos dormido en el fondo del corazón?

La madurez, a veces, despierta y desarrolla esos recuerdos. Sueña otra vez aquel tiempo y nacen los poemas sobre niños o para niños. Son aquella nebulosa de vida e inconciencia, que el arte revive. La imaginación busca de nuevo la correspondencia de la realidad con el sueño. Se angustia por saber cuál fue el ser verdadero que, a lo mejor ha sido la pura fantasía, la utopía. Se inclina hacia aquel ser secreto, fuera de comercio, que aspiraba al aire del país de la soledad. Que bebía un agua que no terminaba con la sed. Aquel ser que gastaba cosas gratuitas como el olor de las flores, la música de hablar con las plantas, pájaros, caballos, perros y gatos. El que interrogaba al sordo horizonte y a la espumilla en la rompiente de las olas. Que recibía en el viento, la caricia yodosálica del mar. El que se amaba a si mismo y a los demás. Se concluye pensando que eso y no menos, era felicidad. Y que eso acontecía, antes de luchar; o sea: antes de la agonía consciente que vino del futuro y aplastó a la libertad.

Antes de ganar y consumir la vanidad. Antes de escribir el rescate de la tradición de si mismo y del entorno, formando muñecos llenos de olvidos, omisiones, inventos, achicamientos y desmesuras. Muñecos que sin embargo, lucen vitales, como si fueran la seductora verdad perdida del niño naufragado.

Alumbramiento de muñecos parlantes. ocurrencia que se produce al despertar la rebeldía que busca reconquistar lo que hace años se durmió. Lo que despierta no es lo que se durmió. Debe ser el canto más inmaculado que el barro soplado pueda lograr. En él, los seres incorporados, nos besan sin ningún mezquino interés. Y algo misterioso, como un milagro innominado, nos recorre el cuerpo y el alma. Algo que pasó sin tiempo, buscando, sin cálculo ni brújula en el espacio, la consumación del amor.

U. P.



Mañana voy a nacer

Mañana voy a nacer

desde el vientre de mi madre;

este que hoy, contra la tina

tuvo, lavando hasta tarde.

Me contó que era soltera

y joven; Miguel, su padre,

dejó a la abuela Rafaela

viuda de pan al marcharse.

Miguel De Muro, inmigrante,

de un sueño al otro pasó;

apenas tuvo siete hijos

la muerte se lo llevó.

Los siete hermanos, "Minucha",

Paulino, Antonia, Adelina;

un santo, Vicente y ella,

con nombre de luz: Luisa.

Ella la hermana mayor

y Miguel, sabio y cantante,

el benjamín que criara

como si fuera su madre.

Veintidós sesenta y seis

era, en la calle Charrúa;

era entre Patria y Victoria;

¡qué nombres; una hermosura!

Y que aquí, en Punta del Este,

Narciso se apareció,

cuando ella vino al balneario

con la familia de Hardoy.

Lo que ha querido a mi padre

sería largo de contar;

Pereira es un hombre bueno,

trabajador, servicial.

y es muy cantor; cuando vuela

su alma a la felicidad,

de un acordeón sin ofensas

improvisa para armar.

Es un amor fuerte y suave

como domador que es;

remata siempre en un beso

la esencia de su querer.

Y me dijo que me esperan:

Luis, María Elena y Aurora;

Sofía, Adelina y Angélica

y Miguel: es una gloria.

Que antes de Miguel y Angélica,

a otro casal, lo perdieron

muy chiquito; se llamaban:

Amelia y Miguel Alberto.

¡Cinco hermanas; dos hermanos;

qué fiesta de benjamín;

cuántos cariños sumados;

mi estrella será feliz!

Es tres de enero; la tarde,

víspera con sol de fuego;

"lavamos" toda la ropa

antes del alumbramiento.

Ella siente unos dolores

que ya, con sus nueve partos,

los sabe premonitores

y no hace nada de caso.

¡Qué madre, mi Dios;

qué padre me vinieron a tocar;

y una tierra que se entrega

apasionada a la mar!

mañana voy a nacer

desde el vientre de mi madre;

este que hoy, contra la tina

tuvo, lavando hasta tarde.


Doña Luisa

Mi alma salió de lo oscuro

con tu cantar;

y vio aquellos ojos grises;

ay ay ay ay.

Pienso en tu rica comida

y el delantal,

en cuyo bolsillo viajo;

ay ay ay ay.

Cuántos trabajos pasados;

cuánto anhelar;

madrecita, madrecita;

ay ay ay ay.

Me rozó siempre una brisa:

tu acariciar;

me alimenta todavía;

ay ay ay ay.

Es mi orgullo la alegría

que siempre está,

en la gente al evocarte;

ay ay ay ay.

Cuando se vuelve absoluta

la soledad,

hablas con ese silencio;

ay ay ay ay.

Un hijo que recordando

su madre está,

retorna del hombre al niño;

ay ay ay ay.

Todo el bien que en ti pusiera

la eternidad,

cómo suaviza mi pena;

ay ay ay ay.


Don Narciso

Solía decir mi padre

que era libre pensador,

bolichero, acordeonista,

payador y domador.

Y yo digo que era bueno

con la bondad del amor;

fue su palabra encendida

yesquero deslumbrador.

Hazañas de vida y guerra

contaba y las subrayó

con una gran carcajada,

para ahuyentar la emoción.

Analfabeto y de vista

tan corta, Narciso crió,

ocho hijos sin una queja

por todo lo que luchó.

Cuando artigaba la tierra,

el ablande, era un primor;

y siempre, su "mano verde",

buenas cosechas logró.

El "Río Novo Tres Estrellas",

tabaco negro, fumó;

"Jaramago Perfumado"

era el papel armador.

Era un hombre de a caballo,

que su tropilla alquiló;

sólo sobre el reservado

daba su real dimensión.

Porque el caballo levanta

y hace del observador,

hombre sabio y tolerante

como mi progenitor.


Identidad

En la celeste luz de la gran bóveda,

las infinitas nubes; en el mar,

los barcos de las ondas y las olas

con su vela de espuma a todo andar.

Un hogar balanceándose en las olas;

acunando mi sueño y despertar;

una Punta del Este adolescente:

silencio, yodo, viento, libertad.

Navegar, capitán de mis deseos,

es poderoso imán de mi niñez;

llegó al fin mi primera travesía;

sentí el camino azul bajo mis pies.

Y desde entonces poco he navegado;

pues claro está, soy niño todavía;

pero es la mar mi amor descontrolado

y yo un bote con sed de lejanía.


María González

La ternura a flor de labios

María González tenía;

una risueña mirada,

una pícara alegría.

Era baja, bien dispuesta,

servicial con simpatía;

dueña de suaves canciones

con las que yo me dormía.

Tu canción para aquel niño

cambió en sueño la vigilia;

y aquí estoy para decirte

gracias, querida María.

El amor con que cantabas

y en sueño se convertía,

era un confiable abandono;

era una leve caricia.

En tu calor, en tus brazos,

en tu fina voz, mecías

un canto, que al de mi madre,

mucho se le parecía.

El amor no tiene tiempo;

su memoria es infinita;

puedo, sin ningún esfuerzo,

escucharlo todavía.

Lo que el corazón recibe

los años lo multiplican;

la emoción se vuelve sangre;

la sangre se vuelve vida.

Hay un niño desvelado

al que duermes todavía;

por tu canción soy el hijo

de tu dulzura, María.


Espuma de mar

De las olas más azules

nace la espuma más blanca;

y su canción de burbujas

se zambullirá en el agua.

Para que suene la espuma

el viento es una guitarra;

y el ritmo para las crestas

se llama prende y apaga.

Al llegar la luz al mundo

ya había empezado esta danza;

y el viento no tiene fin

y el amor, nunca se acaba.

La niña espuma es tan bella

que el mundo entero la llama

amor; nacimiento eterno

al besarse viento y agua.


Invierno infantil

La piel erizada;

sensible en extremo;

conciencia de un mundo

donde todo es nuevo.

La Punta del Este,

como un barco huérfano

de timón y vela,

a merced del viento.

Los días melancólicos,

cerrado misterio;

dicen que una vida

se lleva entenderlo.

Ver correr las olas,

por ejemplo al viento;

y al sol que se apaga

detrás de los cerros.

Sentir cómo crujen

los árboles viejos;

mirar de regreso

cansados obreros.

Mientras cae la lluvia,

que hiela los huesos,

encontrar enigmas

afuera y adentro.

Persistentes gotas

que ondulan los charcos;

agua sobre agua

dibujando aros.

Tambor de aguacero

que viene escapando

del trueno que estruja

y quema relámpagos.

Cortina de nubes;

vidrios derramados,

y techos que vierten

un tiempo endiablado.

Casa que soporta

la fuerza del viento;

barcos oscilando

como locos péndulos.

Conmoción del alma

que guarda en silencio

esas ciegas furias,

con oscuro miedo.

Pecho estremecido;

vísperas del vuelo;

la mar no surcada;

un espacio; un tiempo.

Tras de la ventana

pensar que soy barco;

que esa mar bravía

espera mi canto.


El ancla

Mira cómo el molinete

"filándole" cabo está;

mira el ancla cómo forma

burbujitas al bajar.

Mira cómo tiene suerte

de ir al fondo a cureosear;

mira cómo no se ahoga

y baja al fondo del mar.

¡qué cosas maravillosas

allá abajo podrá ver;

cuántos peces de colores;

cuántas plantas y después,

cuánta pena si se siente

por el cabo recoger!


La mosca

Es una hermosa mosca de ojos ocres

con breve marco en medias lunas blancas.

Vino a posarse en mí; zumbando vino;

me saludó afilándose las patas.

Negro y gris y amarillo y ocre y blanco;

y tornasol traslúcido en las alas.

me mostró su belleza deslumbrante

y el bailoteo incesante de su danza.

Voló de pronto y se perdió a lo lejos;

dejé de ser soporte de sus patas.


La nube y el sol

- Blanca nube: ¿quién, preciosa,

con tonos anacarados

y con matices variados,

te formó?

¿Porqué pasas como diosa,

con tu radiante hermosura

que a mi vida sin cordura,

enamoró?

¿Quién te anima en el espacio,

en tus viajes por el cielo;

tersura de terciopelo,

quién te dio'

- La belleza que tu admiras

es obra del gran obrero,

con su corazón de fuego,

que es el sol.

Él, que mantiene la vida,

con ese ardor posesivo,

la sed, que es gran impaciencia,

fabricó.

Por su exceso, sintió culpa;

cegó en los campos del agua

con su filosa guadaña,

al vapor.

Con las ingrávidas aguas

que caminan por el viento,

dio el examen de aguatero

y aprobó.


La muerte de la espuma

Viento bailón penetra

la Boca Chica,

entre la faroleta

y Las Salinas.

Una hacienda de espuma

va arriando el viento;

de suroeste a noreste;

trillo pampero.

A la espuma, gaviotas,

con canto lerdo,

la arrullarán volando

como en cortejo.

Lerdo, tristón y agudo

canto agorero;

requiem para la espuma,

son lastimero.

Con fatales pregones

dicen sus ecos:

se va a morir la espuma

dentro del puerto.

Los viejos marineros

guardan silencio,

y la espuma no escucha;

sigue corriendo.

la esperaban los cubos

de la escollera

y la sed insaciable

de las arenas.


Trampolín

Rieles de ferrocarril

con maderas adosadas

armaban el muellecito

que había en la Playa Mansa.

Muellecito y trampolín;

triple servicio prestaba:

embarcar, desembarcar

y tirarse de la tabla.

La punta, unos cuatro metros,

era la parte más alta;

viveros de mejillones

en sus rieles se formaban.

Subir a la parte alta,

tirarse del trampolín,

volver a las escaleras

y otra vez a zambullir.

Los tablones superpuestos,

en invierno se sacaban;

y quedaba hasta el verano

la infraestructura pelada.

Cuando Manolito Grossy

encofraba a "La Fourmi",

yo me escapé de mi casa

y en el muelle me caí.

Contra un riel me fui a pegar;

me abrí la ceja derecha

y quedé desvanecido

tendido sobre la arena.

Manuel me vio y enseguida,

descalzo así como estaba,

me cargó en brazos, corriendo

encima de espinas bravas.

No me lleves al boliche;

por favor, llévame a casa

dije; porque tenía miedo

de que papá me pegara.

Te hice espinar, Manolito;

te provoqué un sofocón;

por el susto y las espinas,

te quiero pedir perdón.


Luz puntaesteña

Aquí en la Punta del Este

mar y cielo son inmenso;

aquí más que en cualquier parte

la mar es un gran espejo.

La mar, esponja de luz

y surtidor del reflejo,

multiplica claridad

y dilata al universo.

Después de juntar la luz

que al padre sol le ha robado,

la proyecta y hace un cielo

escandaloso de diáfano.

A nativos y extranjeros

un ángel les mandó Dios,

a enseñar la sencillez

en catequesis de amor.

Le dijo que se quedara

en este lar puntaesteño,

hasta que volviera Él

a apartar malos y buenos.

Dos premios tendría el converso

que se volviera sencillo:

gozar de bendita paz

y olvidar lo que ha sufrido.

De entonces, hasta la noche

se hace luz con grandes lunas;

con un diluvio de estrellas

y mágicas noctilucas.

Y dijo Dios a la Virgen

que encendiera una candela

y la mantuviera en alto

para que del mar se viera.

Es la Estrella de la tarde;

Stella Maris; que alivia

la incertidumbre en crucero

del marino que la mira.

La Virgen llamó Lucero

la antorcha que sostenía;

la Madre de Dios es nuestra

Candelaria todavía.

Y así, la primera torre

de esta Punta, fue su brazo,

evitando al navegante,

las crueldades del naufragio.

Por la candela bendita

y el desvelado ángel maestro,

sube a los cielos un canto

todos los dos de febrero.


El Tambor

Soñé que los Reyes Magos

me dejaban un tambor

y pegado a su barrica,

candombe en chas chas mayor.

Que lo llevaba a la escuela

y empezaba a repicar

y que todos en el patio

se ponían a candombear.

Repiques y contorsiones,

canto, baile y además;

todos los niños unidos

en murga de carnaval.

Vaía a los gramilleros,

mamas viejas y también,

los pases del escobero

y estandarte de satén.

Unos niños eran negros,

blancos eran los demás;

y a todos los hermanaba

la alegría del compás.

Que lindo sueño mi sueño,

el sueño de mi tambor;

al contarlo me ha salido

un candombe de mi flor.


Las Olas

Cualquiera que sea nativo

de Punta del Este, sabe,

que son únicas sus olas

en el modo de encresparse.

Con toda la voz que tengo

quiero cantar esas olas;

las que se ganan la vida

con incesantes cabriolas.

Aunque expertas en azules

y derrochonas en añiles,

gastan del blanco a la sombra,

verde, rojo y otros tintes.

Se abaten en hondonadas

y se encrespan en montañas;

en eso tienen perfecta

correspondencia con mi alma.

Son antes que nada, bellas;

es decir, nunca nos cansan;

y a sus formas siempre nuevas,

es un ensueño mirarlas.

En hoas de amanecer

lucen puntillas rosadas,

porque el sol a despertar

les tira encima las sábanas.

Su rostro se muestra pálido

porque está adormiladas,

cuando el sol llama a su oficio

al teru teru de guardia.

Son blancas porque al vestirse

el sol, como todo niño,

sobre ellas deja caer

la plata de sus bolsillos.

Y porque al nacer la luz

todo parece sencillo,

les sobra hasta el mediodía

color verde esmeraldino.

Es entonces que maduran;

beben luz, regalan brillo

y al candor de la niñez

los pierden en el olvido.

Envejecen por la tarde;

y si el tiempo les apura,

usando varios colores

airosas lo disimulan.

Cuando el sol, anciano, busca

al horizonte, su cama,

oscura juerga comienzan

de incorregibles noctámbulas.

Bohemias por naturaleza,

la Luna llena les plancha,

a cada veintiocho días,

toda la ropa arrugada.

La Luna las guía de noche;

las consiente en sus andanzas

y les da a probar un vino

que les enciende la cara.

Todos los niños del Este

observan, gozan y cantan

la agitación de las olas,

que en el corazón les danza.


El vuelo del alma

El alma del ser humano

es la que lo hace volar;

y lo hace amar la justicia

y combatir la maldad.

Con el bien, crecen las alas

que permiten ayudar,

a los que no tienen techo

y a los que no tienen pan.

A los que no tienen ropa,

ni se pueden educar;

y al que no puede, a su niño,

un juguete regalar.

Los pobres de alma, no vuelan

y se hunden en un fangal

de injusticia y egoísmo,

de ventajas y crueldad.

Luchando por los que sufren

tu alma se enriquecerá;

y buscando la justicia

ganarás la libertad.


El baldío

Con huellas de pezuñas

nos das los buenos días;

con úes de herraduras

galopas maravillas.

Llanto y queja almacenas

en quebradas botellas,

en airosas cometas

balanceas la inocencia.

Libertario de hogueras,

sin dueños y sin patria;

de mirada herrumbrosa,

de piel resquebrajada.

Para los juegos gastas

pantalón de gramilla;

tu pasto hace a las piedras

una cama amarilla.

Tu pasto es un valiente

con cicatriz de hormigas;

son tus mantas de invierno,

heladas blanquecinas.

Ebrios de viento suenan

tus cardos y tus chilcas;

tus hinojos ensayan

himnos de clorofila.

Dudas si las estrellas

son cometas nocturnas;

o amapolas rojizas

o palmeras maduras.

Mientras el mar les dicta,

tus caracoles trazan

la críptica escritura

con su cinta de plata.





























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