Diferencia entre revisiones de «Rafael Pérez del Puerto»

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===4/V/1792 - Ministro propietario de Real Hacienda===
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Fue la Compañía Marítima
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de muy grandes consecuencias:
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ministerio permanente
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al monarca nos acuerda.
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Don Rafael Pérez del Puerto,
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Ministro comisionado,
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como es de estricta justicia,
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adquiere ese nuevo cargo.
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Don Rafael Pérez del Puerto
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Ministro de Real Hacienda;
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hombre de toda confianza,
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despabilada conciencia.
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Constante en el sacrificio
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que ardió como leña seca;
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celo que no tuvo límite;
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benefactora de esta tierra.
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Dice el Rey en el día cuatro,
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mayo del noventa y dos,
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lo que adeuda la Corona
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a tu inmensa aplicación.
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Es lo que le debe el Rey,
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a un hombre que está a dos meses
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de navegación a vela,
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cuidando sus intereses.
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Dice: "A vos, don Rafael Pérez,
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por méritos y servicios
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a mis reales intereses,
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vine a nombraros ministro".
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Quiero entrar con la real cédula
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a tu propio corazón;
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quiero estar en tu semblante
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y ser parte de tu voz.
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De tu voz cuando dijiste
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a tu esposa la noticia,
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con catorce años de lucha
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traducidos en justicia.
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Y no me cuesta trabajo,
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el leerte los pensamientos:
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no te importan jerarquías;
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no te inquietan los dineros.
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Eres feliz, solamente
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con que el Rey esté de acuerdo;
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y con que se sienta honrado
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por tu infinito desvelo.
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Ni a un hombre, rey o gobierno,
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era aquella sumisión;
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era porque hacer el bien
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es vivir conforme a Dios.
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La felicidad, campana
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de cristal, dio su sonido;
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sonó para ti, ese día;
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para besar tus oídos.
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Beso del Rey y del pueblo;
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los extremos confluían
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a bendecir tu presencia
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y tu honrada simpatía.
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Es beso que te da fuerza;
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que te da vida, alegría
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y amor, único alimento
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que tu conciencia precisa.
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===Facilidades comerciales a los ingleses - Caída de la Compañía===
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Pero España va a otorgar
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libre pesca a los inglese,
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contrariando, una vez más,
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a sus propios intereses.
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Y los expertos ingleses
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y aun norteamericanos,
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que tiene la Compañía,
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serán, de pronto, asediados.
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Se les exige renuncia
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a su credo protestante;
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no accederán y se irán
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los que son irremplazables.
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Se violenta, equitativa
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tolerancia religiosa;
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se atenta contra el sagrario
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del bien, en cada persona.
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Muy pronto vendrá el ocaso
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a opacar tanta belleza;
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se arruina la Compañía
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con la competencia inglesa.
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Maldonado verá cómo
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se le quiebra otra ilusión;
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cae la riqueza asfixiada
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por torpe administración.
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La libertad de conciencia
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que es un valor inefable,
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una ciega intolerancia
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se llevaba por delante.
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No será todo de golpe;
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pero irá languidenciendo,
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entre Lobos y Gorriti,
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aquel movimiento intenso.
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===Reedificación de Santa Teresa===
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Nuevos trabajos castrenses
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te llaman a la frontera;
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tarea de mantenimiento
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para una buena defensa.
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Atiendes la Fortaleza
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y su reedificación;
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te entiendes con el Cabildo,
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das al templo tu atención.
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===Los templos===
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Por entonces se construyen
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en Maldonado y San Carlos,
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los templos definitivos
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por tanto tiempo soñados.
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Es el tiempo en que ambos pueblos
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luchaban por sus iglesias;
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estas, las que perduraron,
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como signos de grandeza.
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Los religiosos encuentran
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en ti, su primer aliado,
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para casas del Señor
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que nos unen al pasado.
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Como "nueva creación"
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se han estimado estos pueblos
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y es gasto de Real Hacienda,
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la construcción de los templos.
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Y aunque la teoría sea una
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y la práctica otra cosa,
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lo que estaba a tus alcances,
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Pérez del Puerto, lo agotas.
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La erección de Maldonado,
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será una larga porfía;
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mas los planos y deseos
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en aquel tiempo se inician.
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"Sencillez, capacidad,
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con hermosura y firmeza",
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debía reunir, según tú,
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la casa para la iglesia.
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Hoy podríamos repetir:
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es grande, hermosa, sencilla;
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y es firme como tu fe;
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es como tú la querías.
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Más felices en San Carlos,
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pronto su templo terminan;
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es el hijo de Amenedo,
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varón de enérgica fibra.
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Templo sereno, sencillo;
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feliz pureza de líneas;
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volúmenes de una fe
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descalza, serena, limpia.
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Un templo, en cualquier lugar,
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con cualquier credo, refleja,
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lo más noble de los pueblos,
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el alma de sus creencias.
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Todos merecen respeto;
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melodías del deber ser;
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armonía de las conductas,
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para que amanezca el bien.
  
  

Revisión del 11:16 28 oct 2026


Tapa del volumen de poemas de Umberto Pereira cuyo contenido se reproduce en este capítulo.




De Umberto Pereira, "el poeta de Punta del Este"

Primera edición: 1995



Noticia sobre el autor y su obra


Umberto Pereira, nació el 4 de enero de 1923.

Poeta y profesor, ha publicado siete libros sobre su patria, Punta del Este: "Poemas de infancia puntaesteña" (tomos I y II), "Poemas de Punta del Este" (tomos I al IV) y "Poemas de aventuras, regatas y naufragios en el Este".

Siguieron los "Poemas de Maldonado" (tomos I y II) en una sola edición.

Se edita ahora, este largo poema, "Rafael Pérez del Puerto", que refiere a la vida del "Gran Maldonado" (integrado por los departamentos de Maldonado, Lavalleja y Rocha), entre 1778 y 1810, teniendo como figura central, a su invalorable Ministro de Hacienda.

Salvo los "Poemas de Punta del Este" (que hoy, llamamos: I), impresos en homenaje al Cincuentenario de Punta del Este y al Bicentenario de Maldonado, en 1957, los demás poemarios han sido publicados, entre 1993 y 1995, con la finalidad de enviarlos a las bibliotecas de todas las escuelas y liceos del departamento de Maldonado, Lavalleja y Rocha y a los amigos del autor, fuera de comercio.

Pereira fue redactor de la "Guía Punta del Este, Piriápolis y sus alrededores, 1987", editada ese año.

Quedan por editar: "Poemas de los relieves" y "Poemas de circunnavegación", que saldrán en una sola edición y "La patria de Artigas", poema de más de sesenta mil versos, sobre la vida y obra del gran republicano.


Contenido

Orígenes de Rafael Pérez del Puerto

Es Rafael Pérez del Puerto,

buen nombre para un catnar;

solitas manan las coplas

de tan rico trajinar.

José Pérez y Francisca

del Puerto fueron sus padres

y cuando nació Rafael

vivían en la villa de Aspe.

Murcia: telar de la seda,

viñas y naranjos de oro,

vio crecer a Rafael Pérez

con dotes para el asombro.

Ya mozo y emprendedor,

ha emigrado del Levante

y en Cádiz, tiene su empleo

en Almacenes Navales.

De aquella costa de Cádiz

hasta las costas del Plata,

del otro lado del mar,

a Cevallos acompaña.

Es la Expedición Cevallos

del año setenta y seis;

al que, el primero de agosto,

nombraron primer Virrey.

Soltero, hacia el nuevo mundo

su ilusión navegará;

la Sección Contaduría

lo contó como auxiliar.


Rumbo a Maldonado

Permanece en Buenos Aires;

su responsabilidad,

su honradez y don de gentes,

adquieren notoriedad.

Al Intendente Fernández

deslumbra Pérez del Puerto:

capacidad, eficacia,

sacrificado desvelo.

Y el año setenta y ocho,

al murciano de confianza,

lo va a enviar a Maldonado,

a manejar las finanzas.


Costas de Maldonado

Es el Este de esta Banda

Oriental del Uruguay,

el vigía de la frontera

por la tierra y por el mar.

Estamos en Maldonado;

con islas, puertos y costas

de interminable arenal,

desde el Solís hasta Rocha.

Hay una Punta del Este

y hay una Punta del Oeste;

son los extremos del Puerto

que vigila la Isla Verde.

Una canal, "Boca Chica",

separará a la Isla Verde

por apenas dos quilómetros,

del puerto, en Punta del Este.

Y la otra, la "Boca Grande",

contando desde su extremo

norte, tendrá seis quilómetros,

hasta Piedras del Chileno.

Su nombre, Isla de las Palmas,

por Isla Verde, cambiaron;

le quedó al fin, de Gorriti,

luego de ser: Maldonado.

La codician las naciones:

Portugal, Holanda, Albión,

las que, a través de los tiempos

desearon su posesión.

Punta del Oeste, su nombre,

cambió por Punta Ballena;

fue puerto de nombres móviles

pero de belleza eterna.

Un día, a la Punta del Este,

pondrán Pueblo Ituzaingó;

nadie aceptará tal nombre;

Punta del Este quedó.

El Puerto de Maldonado,

arco espléndido de arenas;

como catorce quilómetros

"del Este" a Punta Ballena.

Solís lo había bautizado

Puerto de la Candelaria,

en un día dos de febrero,

cuando culminó su hazaña.

En su mitad, una aguada

que los siglos bendijeron,

usada por navegantes

de los más diversos pueblos.

A su nor-este, a un quilómetro,

está el asiento del pueblo,

con la constante amenaza

de la arena del pampero.

Mar afuera, a ocho quilómetros,

la Isla de Lobos; un ruedo,

con sus dos clases de anfibios

y unas restingas de miedo.

Es el lugar de hacer rumbo

al penetrar en el Plata:

Montevideo o Buenos Aires,

fin de travesía marcaban.


29/IV/1778 - La llegada de Rafael Pérez del Puerto

Mil setecientos setenta

y ocho y abril veintinueve;

gran ajetreo militara

al pueblo y la isla conmueve.

Es fecha para grabar

por espléndido suceso,

porque acaba de llegar,

lo que se llama: hombre serio.

Con esto quiere decirse,

en extremo responsable;

que en cumplir con su deber

no le cede el puestno a nadie.

Quiere dejarse entender,

que es "puntual y es aplicado";

"de destacada conducta"

y de "celo bien probado".

Y que es otra garantía

de la Expedición Cevallos,

de esplendorosa presencia

en todo lo que ha tocado.

Impacta a Pérez del Puerto,

amor, a primera vista;

será fiel a Maldonado

hasta el final de sus días.


Interventor pagador

Manuel Ignacio Fernández

Intendente del Ejército,

lo eligió, como hemos visto,

para un delicado puesto.

El Intendente Fernández

acaba de designarlo

Interventor pagador

del Puerto de Maldonado.

Pareció, cuando llegara,

que era sólo uno de tantos,

en las obras militares

concebidas por Cevallos.

Ya sabemos quién es él:

excelente funcionario;

especie de bendición

para más de treinta años.

Suma de doce mil pesos,

Pérez del Puerto, traslada;

pide al Comandante Aylmer

custodia para cuidarla.


Las obras militares en marcha

Cuatro baluartes y un foso,

con un camino cubierto,

se hacen en la Isla Gorriti

según real ordenamiento.

Van a fabricar cuartel

y almacén para pertrechos,

con resguardo para víveres,

en la defensa del puerto.

Fuerte de trescientos hombres

iba a ser la guarnición;

y la Isla, por fin tendría

buena fortificación.

Almacén de Santa Bárbara

y un juego de baterías,

se iniciará en tierra firme

para mayor garantía.


La Vaquería del Mar

Son las obras de defensa

de la Vaquería del Mar,

de inagotable oro verde,

en esta Banda Oriental.

El Cebollatí y la Sierra,

la Laguna y el Atlántico,

arman el corral inmenso

que reproduce al ganado.

Una fuente de riqueza

que hace difícil el cálculo,

este corral generoso

que se llama Maldonado.

En tal Vaquería del Mar,

la abundancia del ganado,

es mucha; pero no rinde

con resultado adecuado.

Es mucha hacienda y es poco,

lo que se la está cuidando,

con un mando militar

encargado de esos campos.

Para atender con ganado

los Puestos, no dan abasto;

no es eficiente el procreo

y hay un fatal abigeato.

Madriguera es la campaña:

indios infieles, ladrones

y fieras y vagabundos,

forajidos, desertores.

"Gente incómoda y propensa

para cometer excesos";

no existe tropa bastante

a frenar los atropellos.

Y no es frecuente el coraje

del poblador voluntario,

que se arriesgue en esos campos

muy poco o nada celados.

Sin embargo muchos miles

de cabezas de ganado,

con penurias y peligros,

rodean esos hacendados.

El hacendado es la ley

única que hay en el campo;

sus capataces y peones

deben también ser soldados.

Han de defender por si

el progreso y el trabajo;

la riqueza producida

con el procreo del ganado.

Por eso hay que presumir,

dónde llegaría la hacienda,

con un gobierno celoso

de semejante riqueza.

Y muchos que son malévolos,

no es por el gusto de serlo;

les ha tocado vivir

en anárquico desierto.

Y así, seguro; ha de ser,

"tierra de ningún provecho";

sin trabajo para el hombre,

si custodia del gobierno.

Don de no llega la ley,

donde no hay ningún conchabo;

donde una absurda teoría,

niega fuentes de trabajo.

Donde las mercaderías

vienen con gruesos recargos,

cansadas de galopar

entre impuestos y resguardos.

Decir que vienen, tal vez,

es bastante exagerado;

porque son grandes las trabas

para abastos necesarios.

Contra el mejor interés,

un puerto semi cerrado

le negaba a este lugar

la prosperidad y el tránsito.

Carlos tercero, por fin,

buen reglamento ha dictado;

que limita al monopolio

y abrirá puertos cerrados.

Cierto que esos beneficios,

no llegan hasta este pago;

sus hombres ven la injusticia,

pero la sufren callados.


El sueño de Diego Rodríguez Valdez de la Banda

Atalaya del Atlántico

el Puerto de Maldonado,

debiera ser la salida

de los frutos del ganado.

Es más: debiera ser la llave

en el comercio del sur:

de esta Banda y de la otra,

del Paraguay y el Perú.

Así, don Diego Rodríguez,

lo soñó hace muchos años;

un sueño que, de tan bello,

se quedó no más, nonato.

Al monopolio se debe

la pobreza de esta tierra;

y de él, nació el contrabando,

las miserias y las quejas.

El anhelo era lograr

producción ultramarina;

y un buen nivel de valor

para nuestra mercancía.

Con ello vendría el trabajo,

seguridad en el puerto,

fomento del bien común

y riqueza para el Reino.

La estrategia y el comercio;

tan sencillo y sin embargo,

sólo lo comprendió Viana,

sólo Pedro de Cevallos.

Mientras, los siglos mecieron

un destino adormilado;

Montevideo no lo entiende;

Buenos Aires, lo ha olvidado.

Y unos sufridos vecinos,

triste vida han soportado;

los acosan enemigos,

los abandona el Estado.

A "indianos que pegan fuego"

y a ladrones hacen frente;

"matadores, vagabundos,

robadores de mujeres".

Es la Vaquería del Mar;

es la puerta del Atlántico;

es antemural del Plata

y el Puerto de Maldonado.

Y en el cielo a una estrellita

nueva, se la ve brotando,

con las obras de defensa

que ha proyectado Cevallos.

Como quien no dice nada,

con tal luz, nos ha llegado

don Rafael Pérez del Puerto,

"el eficiente empleado".


1779 Paralización de las obras militares

Pero, del plan, sólo hacen,

el año setenta y nueve,

la Batería de "La Aguada"

y la de Punta del Este.

En el último recodo,

en el sur de la bahía,

los cañones instalados

custodian la Boca Chica.

"la Aguada", mucho más tarde

se llamaría "Las Delicias";

esta primer batería

la Boca Grande vigila.

Otra ilusión que se esfuma;

otro sueño quebrantado;

otra espera silenciosa

vuelve a vivir Maldonado.


17/VII/1778 - Una comisión de hacienda: administración de estancias

Aunque se anulen las obras,

de la Isla de Maldonado,

ya tiene el mozo otras mandas

confiadas a su cuidado.

El fomento del ganado,

para el lugar, es la vida;

y ya está partida en tres

estancias, la Vaquería.

El Intendente Fernández,

otra vez, se ha preocupado,

para que Pérez del Puerto

permanezca en Maldonado.

Y el diecisiete de julio

del setenta y ocho, ha dado

la comisión a del Puerto,

en nombramiento precario.

Habrá de pasar revista

a las fuerzas del lugar,

para el apoyo logístico

a la función militar.

Cuidará de las estancias

este hombre tan bien probado;

será una seguridad

para el regular abasto.

Puestos de esta Banda Norte

y hasta Santa Catalina,

Santa Tecla y San Miguel,

sus ganados necesitan.

Tes estancias: de Don Carlos,

José Ignacio y El Potrero;

desde ahora, para cuidarlas:

don Rafael Pérez del Puerto.

Si bien el cargo es precario,

principio quieren las cosas;

se quedará en Maldonado,

aunque se paren las obras.


1/X/1777 - Tratado de San Ildefonso

Debemos retroceder,

pocos tramos en el tiempo,

para descubrir las causas,

del desolado momento.

De ese siglo dieciocho,

el año setenta y siete,

muestra a España renunciando

a lo que le pertenece.

Es el de San Ildefonso,

un tratado infortunado,

que concretará unos límites,

de los fueros olvidado.

Amplia zona americana

repartida en Tordesillas,

se entregará a Portugal,

en perjuicio de Castilla.

Y estaba incluido el Río Grande

en la pérdida costera;

franja extensa, rica, hermosa

y de importancia estratégica.

De nuevo, los portugueses

ven triunfar "su" diplomacia;

haciendo de los tratados

el campo de "sus" ventajas.

Mas... no hay que dar demasiados

créditos al Portugal;

es, de la Albión dependencia,

que, en rigor, lo mandará.

Maldonado está en el fiel,

de Montevideo y Río Grande;

para ese tránsito cumple,

sus trabajos principales.

Y debe ver amputado

un brazo de esa balanza;

nada irá para Río Grande

y de allí, no vendrá nada.

Al avanzar hacia el sur,

la frontera portuguesa,

el comercio languidede;

solo queda la defensa.

Y hasta para este destino

todo será reducido;

y la caída es vertical

al ser Río Grande perdido.

Un mundo de mercaderes,

ya sin pedidos de abasto,

emigrarán sin tardanza,

desolando Maldonado.

Se van muchos azorianos

afincados en San Carlos;

se volverán a Río Grande

bajo su rey lusitano.

Volverán bajo banderas

de su patria primitiva,

San Carlos, sin "los isleños"

yace silente y sin vida.

Empeñosos y sufridos

labradores de la tierra,

daban gusto aquellos campos,

de la siembra a la cosecha.

Fueron leales bajo España;

trabajadores, honrados;

pero levantaron vuelo

como bandada de pájaros.

Con un reparto de estancias,

algunos, por excepción,

han desistido del viaje

y quedan en la región.

El trabajo de la tierra

y los negocios civiles,

se borran del horizonte

en esos tiempos hostiles.

Y Maldonado es quietud,

austeridad resignada;

otro pueblo fantasmal

con casas deshabitadas.

Volvamos del retroceso,

que hicimos hasta el tratado

de ineptas negociaciones,

y funestos resultados.

Comandancia militar;

Maldonado, ahora, es sólo eso;

es el tiempo en que ha llegado,

don Rafael Pérez del Puerto.


Familias pobladoras, bajo "contrata"

Tiempo sombrío el de su arribo;

la riqueza, es el trabajo;

pero el trabajo, sin gente,

no es posible realizarlo.

América, es tan enorme,

que cuesta mucho poblarla;

será una tarea de siglos

el cuidarla y explotarla.

Es problema repetido

el vigilar las fronteras;

y el traer gente suficiente,

para comarcas desiertas.

Tampoco hay que desvestir

a un santo para vestir a otro;

y que España se despueble

para mandarnos colonos.

A las regiones más ricas

habrá una fácil corriente;

pero no todo reluce

en el Nuevo Continente.

Es realmente un mundo nuevo,

quien realiza la demanda,

del otro lado del mar,

para una aventura extraña.

Y así que pasan los años

hasta los primeros siglos,

se pueden hacer las cuentas

de muy diversos destinos.

A algunos tienta de veras

el progreso y la ambición;

pero a otros, dejar su tierra,

les aprieta el corazón.

Unos vienen por el oro

y se encuentran con la muerte,

otros desean descollar,

pero no han de tener suerte.

Por uno que se hace rico,

cientos se ha tragado el tiempo;

de un lado del mar, el llanto;

del otro lado, el silencio.

No es fácil enganchar gente;

y una promesa dorada

el Rey trata de mostrar,

cuando ofrece "las contratas".

la región de Patagonia,

extensa zona costera,

se teme que sea ocupada

por potencias extranjeras.


29/IX/1778 - La recluta por "contrata"

Veintinueve de setiembre;

mil setecientos setenta

y ocho; misión pobladora

por cuenta de Real Hacienda.

El Rey decide poblar

en el sur del Continente;

por eso, con las contratas,

se busca reclutar gente.

Alrededor del setenta

ya fracasó en esa zona,

por cuenta del Real Erario,

otra misión pobladora.

Y el año setenta y ocho

se libraron reales órdenes,

para dar seguridad

a tan remotas regiones.

Con familias y con fuerzas

se han de defender las tierras;

y al hacerlas producir

se ha de generar riqueza.

Las familias contratadas

tendrán pasaje gratuito;

las semillas necesarias

y otros varios beneficios.

Una o dos yuntas de bueyes,

útiles para labor,

la propiedad de una tierra

y la casa habitación.

El trato con La Corona

se dará por concluido,

después del mantenimiento

por un año, en su destino.

Son familias asturianas,

castellanas y gallegas,

que en embarques sucesivos,

a estas latitudes llegan.

Las regiones de enganche,

por sus rigurosos climas,

darán gente acostumbrada,

que a austral región se destinan.

Y se hace el segundo ensayo;

fracasará el poblamiento;

debe darse a las familias

provisorio asentamiento.


1779-80 - Los arribos al Plata

Los años setenta y nueve

y ochenta, vieron llegar,

a quienes la Patagonia,

por fin, no habrían de poblar.

Montevideo ha sido el puerto

fijado para el arribo;

y desde allí, irradiarían

más tarde, hacia otros destinos.

Familias de labradores

que ha de mantener la Hacienda,

mientras el Rey no les de,

la posesión de sus tierras.

Aquel destino precario

empieza a ser señalado:

frontera de Buenos Aires,

San Carlos y Maldonado.

San José, San Juan Bautista,

Pando y Concepción de Minas,

Canelones y Colonia,

Rocha, reciben familias.

Asturianos y gallegos

se destinan a San Carlos;

y familias castellanas

a Minas y a Maldonado.

La captación de colonos;

varios lustros de "depósito";

fracasos de ubicación

y gastos escandalosos.

Salidas busca Loreto,

soluciones Arredondo;

y complementa Avilés,

las inquietudes de todos.

Todos, confían en del Puerto;

valorizan su opinión,

porque analiza, proyecta

y es un fiel ejecutor.

Con él logran las familias

un gran administrador;

por más de veinticinco años

sus derechos tuteló.

Es un hombre singular

y ante graves situaciones,

ha de sacar de la nada,

hermosas realizaciones.

Sobre la tela del tiempo

irá pintando un retrato;

pomos de mar, tierra y hombres,

en esta obra irá mezclando.

Y le saldrá una obra maestra:

fuerza, ley y libertad,

serán los cromos radiantes

que conforman su pintar.

Fuerza de sus energías;

de su acción iluminada,

que en vez de agotarse, crece,

ordena, fecunda, salva.

Ley, por la que orienta el paso,

y amansa hasta el más arisco;

camino igual para todos,

que aceptan los peregrinos.

Libertad, que a cada uno

le deja un espacio abierto,

para que vuelen sus ansias

buscando su propio sueño.


24/V/1780 - Un arribo a Maldonado

La primera oleada viene

por emergencia al lugar;

soportó una travesía

de dolor y enfermedad.

La nave: "Nuestra Señora

de la Barca", trae familias,

que el veinticuatro de mayo,

en el año ochenta, arriban.

Calentura y escorbuto

padecen muchos viajeros;

la caridad fernandina

recupera a los enfermos.

El hospital y las casas

que el pueblo tiene vacías,

son lugares de atención

de las maltrechas familias.

Se les destina alimentos

con puchero y con pan blanco

y con caldo de gallina,

para bien recuperarlos.

Para el embarque final

se quiere que estén gustosos,

porque es el Puerto Deseado,

su destino patagónico.

Se invoca piadosa y justa

intención del soberano,

para cuidar "pobladores",

de España desarraigados.

Con cariño y suavidad

se ordena que sean tratados;

y extrema Pérez del Puerto

la caridad y el cuidado.

Y no porque se le ordene,

de esas gentes cuidará;

en las prendas de su genio,

es natural la bondad.

Luego pasan "en depósito"

a la Villa carolina;

allí se piensa entregarles

algunas casas vacías.

Pero son "muy pocos ranchos

y bastante mal tratados";

es lo único disponible

en la Villa de San Carlos.

"Los isleños", al partir

los dejaron transferidos;

así que ya tienen dueño

aunque se encuentren vacíos.

han de comenzar "los nuevos"

larga y costosa batalla,

para enmendar el equívoco

de haber recibido casa.

Por la casa habitación

a la que tienen dercho

y por su alquiler mensual

piden y obtienen: dos pesos.

Vendrán de Montevideo

más familias pobladoras,

de las que esperan destino

en la costa patagónica.

Son como unas mil personas

que requieren atención,

por las casas, por las tierras,

revista y manutención.

En Maldonado y San Carlos

transcurre incierto destino;

y así que pasen los años,

ha de ser definitivo.

Rafael Pérez, Rafael Pérez;

don Rafael Pérez del Puerto:

luchador inconcebible,

trabajador gigantesco.

Austero, serio, medido,

te revelan tus escritos;

pero ves, en los que llegan,

como un regalo divino.

Es fácil leer entre líneas

que te brinca el corazón

y nadie haría lo que hiciste,

sin inmensa vocación.

Vocación por el progreso,

por servir y por hacer;

vocación de sacrificio,

para conquistar al bien.

Tú conoces que la vida,

la riqueza y el progreso,

no nacen en soledad

ni crecen en el desierto.

Resuelves la ubicación

de pobladores que llegan

a los tumbos con su suerte,

con una ansiedad perpetua.

Es un mundo de inmigrantes

que de ti todo lo espera:

que siempre podrá contar

con tu brillante defensa.

Distribuyes, casas, bueyes,

la necesaria herramienta

y trigo y maíz y porotos,

pequeña porción de tierra.

Pasas revista y auxilias

en comienzos azarosos;

con el real diario y consejos,

como padre bondadoso.

Traduce viril ternura

tu trato hacia los colonos,

porque no pierdan la fe,

porque no se sientan solos.

"pobre gente forastera,

sin libertad, sin socorros";

te demanda "mil arbitrios

la quietud" y el bien de todos.

Les hace nacer querencia

al destino improvisado,

la mar, lejanas colinas,

el aire y la luz del pago.

Un suave clima, lagunas

y unos arroyos torpotes,

que escriben en el cuaderno

de la tierra sus palotes.

Y al sentirse protegidos

por tu celo y por tu empeño,

se convencen que, mejor,

no estarán en ningún suelo.

Equilibras el poder

con el humano derecho;

y les haces suspirar

por quedarse en estos pueblos.

Quien te siga en la tarea

que desplegaste con ellos,

ante la inmensa faena

se puede volver incrédulo.


Los trabajos de Pérez del Puerto

Irreprochable en las cuentas,

con renovada energía,

vas a llevar adelante

lo que parece utopía.

oficias de contador

y administrador de estancias;

sabes cuidar el ganado

como orientar la labranza.

Multiplicas tus tareas,

tus desvelos, tus aciertos;

sobre campos y ciudades

en las islas y en el puerto.

Por el fomento económico,

por el bienestar social,

por el rigor financiero

y el progreso cultural.

Refaccionas, construcciones

civiles y militares,

en guerra y paz, defendiendo,

a tus más caros ideales.


1780 - Ampliación de comisiones

El área de comisiones

se ampliará en el año ochenta,

al Fuerte de San Miguel,

junto con Santa Teresa.

Los pagos y otros asuntos

de aquella jurisdicción;

obras de mantenimiento

y obras de reconstrucción.

No habrá libro ni expediente

que no pase por tu mano,

te confiaron obras y hombres,

porque nunca has defraudado.

Intervienes, pagas cuentas

de los reales intereses;

administras los ganados

y la carne que se vende.

Distribuyes real hacienda,

cuidas cuentas, caballadas,

en la superintendencia

cumplida en reales estancias.

la baja en pago de sueldos

y gastos de las estancias;

los insumos regulares

y cuentas extraordinarias.

Ya el servicio de carretas

o el sostén de artillerías;

ya el cuidado de los presos,

ya barcos de la bahía.

Fiscalizas almacenes,

cuenta y razón del ejército;

y los pagos que reciben

patrones y marineros.

Pieles y aceite de lobos,

la economía de hospital,

el servicio de Gorriti,

provisiones y arsenal.

La revista de las tropas,

los estancos del tabaco

y naipes, en la región,

te fueron comisionados.

Por supuesto: están las rentas

confiadas a tu cuidado;

y el transporte de caudales

en períodos regulados.

Impuestos de pulperías

y de la Santa Cruzada

y los bienes de difuntos,

registras en las entradas.

la aprehensión de mercancías

que con riesgos, has logrado;

e informaciones sumarias

del tráfico contrabando.

La renta en real alcabala

y la de almojarifazgo;

y el despacho de las guías;

todo, te ha sido confiado.

También registro de inválidos;

compra y remates de trigo,

que envías a Montevideo,

cumpliendo expresos pedidos.

Las tareas del resguardo,

despacho de embarcaciones

y el auxilio de los náufragos,

colman tus preocupaciones.


17/III/1781 - Un ascenso: Ministro de Real hacienda (Comisionado)

Por ti mismo conocemos

tus responsables trabajos;

los encargos de confianza

que te han ido acumulando.

Comisiones que han de ser

cauce para el Ministerio;

primero, comisionado

y propietario a su tiempo.

En el año ochenta y uno,

el diecisiete de marzo,

un destino manifiesto

señalaba a Maldonado.

El Rey te nombra en la zona

Ministro de Real Hacienda;

la fortuna nos sonríe

al lograr tu permanencia.

La ubicación fronteriza,

extensas costas y puertos,

reclaman a tu gobierno,

vigilancias de alto riesgo.

Ministro comisionado:

jerarquizaste a esta tierra,

con la nueva investidura

y tu natural grandeza.

Primeros años ochenta

que aumentan la producción:

sebo, grasa, cuero, carne,

queso, leña, cal, carbón.

Y telares y molinos

que funcionan en San Carlos,

como una hermosa esperanza,

como un alegre presagio.

De trigo, dos mil fanegas

se envían a Montevideo,

evidenciando cosechas

en espléndido apogeo.

Lanchas y barcos de carga

con ascendente ajetreo

y con bullicioso tránsito,

mueven la acción en el puerto.


1783 - Fundación de la Villa de Concepción de las Minas

Lo que hacen las propias manos,

los pueblos llaman: cultura;

don Rafael Pérez del Puerto:

Minas, te debe esta hechura.

El Virrey ha de ordenarte

esa misión pobladora;

lo anima en dicha confianza,

tu brillante trayectoria.

Es el año ochenta y tres

cuando Vértiz y Salcedo,

da a un grupo destino fijo,

en una tierra de ensueño.

Has galopado sesenta

quilómetros de camino

de Maldonado al nor-este

y allí, el amor, te ha rendido.

Ondulación de quebradas,

alas abiertas de tierra,

planeando para posarse

sobre la verde pradera.

El valle del San Francisco

te ve fundar una villa;

una reina de los cerros:

la Concepción de las Minas.

Calibrando los recursos,

distribuyendo tareas,

planificando edificios,

hiciste triunfar tu empresa.

San Carlos y Maldonado

dan albergue a los que llegan;

a las familias que vienen

a fundar en esa tierra.

Varones depositados

aportan ingenio y fuerza;

y los demás familiares,

en los dos pueblos, esperan.


El trabajo de los Indios

Los indios que allí trabajan

te muestran mucha lealtad;

don Rafael Pérez del Puerto:

te la has sabido ganar.

Mirando por su salud,

por su abrigo y su alimento;

porque realicen sus fiestas;

por que disfruten su techo.

El desvelo da su fruto:

te han de mostrar su adhesión,

trabajando con empeño

y a entera satisfacción.

Y en lugar de combatirlos,

de paso, se deja ver,

que un atisbo de jujsticia,

los hacía reaccionar bien.

indios "de mera ración",

son punto menos que esclavos;

pero sienten el alivio,

con tu paternal cuidado.


Los materiales y el proceso de la fundación

catorce mil carretadas

de piedra para la Villa

de Concepción, se arrancaron

en una infinita lidia.

Doscientos cincuenta mil

ladrillos se han consumido;

son doscientas mil las tejas

que cubren los edificios.

Ni contar la paja brava,

la cal y el mundo de cañas,

que se usan en otro pueblo

hecho de madera y paja.

Es el pueblo provisorio

que los obreros habitan;

con galpones para víveres

en las cercanías de Minas.

mandas, controlas, recibes;

documentas, fiscalizas,

piedra, ladrillo, madera,

tejas, paja, carretillas.

Inspeccionando los hornos,

vigilando las canteras,

las bestias de tiro y carga,

cuidando de la herramienta.

y si todo fuera poco,

aquí oficias de ingeniero;

como maestro de las obras,

como director de obreros.

Siempre ahorrando para el Rey

y derrochando fatigas,

con viajes de quince leguas

hasta esta tierra elegida.

Son ciento veinte kilómetros

esos viajes de ida y vuelta;

el sol, la lluvia y el frío,

para tu empeño, no cuentan.

El asiento de los libros,

el tránsito de expedientes,

los documentos de prueba,

los valores y los cierres.

ordenar, presentar cuentas;

volumen abrumador;

es "trabajosa y compuesta"

la tal administración.

Sin que nadie te vigile

en un terreno tan vasto;

salvo tu aguda conciencia

ante Dios y el vecindario.

Los jefes peninsulares

de familias, satisfechos,

miran concluirse los nidos

a los que suman su esfuerzo.

Las familias que esperaban,

recibirán todo hecho;

la población se les abre

como obra de encantamiento.

San Carlos y Maldonado

les dan salud y sustento;

mientras en Minas, sus jefes,

fabrican el nuevo pueblo.

Terrenos, solares, casas,

del Puerto ha de repartir

y chacras para la siembra;

todo el mundo está feliz.

Parece un iluminado

al distribuir esos predios;

y ni una queja levanta

el reparto justiciero.

No sólo a los pobladores

se hará distribución;

también recibirán suertes

algunos que no lo son.

Entre ellos, un hacendado,

Manuel Pérez Lavalleja;

el padre de Juan Antonio,

gloria de esta misma tierra.

Y a ese hijo, sin él saberlo,

manzana-plaza, reservas;

a caballo y sabe en mano

la poblará Lavalleja.

Todo lo toca tu genio

con raras capacidades;

todo lo que haces es bien;

un bien que a todos complace.

Te has volcado a defender

a todos y a cada uno,

sin buscar ningún provecho,

sin defraudar a ninguno.

Iglesia, cabildo, cárcel,

casas de ladrillo y piedra

y el contraste de los cielos

en el rojo de las tejas.


La complacencia en la obra

Sé que sentiste al mirarla

cuando Minas era un hecho,

repiquetear su belleza

dentro de tu propio pecho.

Te pareció que los techos

habían emprendido vuelo,

al sumarse a la bandada

de hondonadas y de cerros.

Viste a los montes nativos

con deseos de acurrucar,

los ronrones de cañadas,

viveros de manantial.

Y a arroyitos cantarines,

que afilan entre las piedras,

las guadañas con que cortan

el verdor de la ribera.

Y a pájaros que convierten

la sombra de la arboleda

en un canto que da luz

y paz al alma serena.

Y a las majadas, caballos

y vacas, bueyes y perros;

los ocres, verdes y rojos,

de cerros, pastos y ceibos.

Viste pulsos que iniciaron

la aventura de la reja,

del otro lado del mar,

en esta tierra de América.

Y a las aves de corral

con todo su parloteo

y a los gatos decorando

los quehaceres hogareños.

Con un profundo suspiro,

viste que la obra era buena;

casamiento de milagro

entre hombre y naturaleza.


Compensación de sueldo

Entre tanto, Maldonado,

al despuntar los ochenta,

pareció mostrar señales

para levantar la cabeza.

Pero habrá de ser muy breve

la agitación en el tiempo;

ya en el año ochenta y cuatro,

hay un gran estancamiento.

Es la época del reclamo

de justa compensación,

que muestra extendida fama

del Ministro en comisión.

Quinientos cuarenta pesos

anuales, sirven tu empleo;

flaca paga la de España,

para tamaño desvelo.

Nunca demoras las cuentas;

perfección que maravilla;

nunca recibes reproches,

de quienes te fiscalizan.

Gastos varios de escritorio,

los viajes, el ayudante,

los cubres de tu peculio

por sumas muy importantes.

No puedes, con lo que ganas,

abastecer la faena;

y al llenar tantos empleos,

has debido contraer deudas.

La ropa, las comisioines,

los quebrantos de las cuentas,

pese a "estrechez y conducta",

con tu sueldo, no se enfrentan.

Después de tanto trabajo,

pides gratificación,

que compense de algún modo,

gastos y dedicación.

Al evacuar el pedido,

los órganos superiores,

se deshacen en elogios

y te rinden sus honores.

"Cielo, honor, inteligencia;

un buen servidor del Rey;

pureza y exactitud;

esfuerzo y desinterés".

Tales cosas te atribuyen,

Fiscal, Tribunal de Cuentas

y la Junta Superior,

que entiende en Reales Haciendas.

Tu gran renombre ha crecido;

colmó tu jurisdicción:

Montevideo, Buenos Aires,

la Corte, te hacen honor.

Tus jefes, gobernadores,

Virreyes, Ministros, Rey,

donde quiera que te ncuentres,

saben que allí está la ley.

Que allí está la España auténtica,

embajadora de fe;

cruzada del evangelio,

propagadora del bien.

cuando se ha dicho: la ley,

se quiso decir: pericia;

sometimiento del hombre,

a la impersonal justicia.

Y no la ley descarnada

sino una ley palpitante;

que hace al esplendor del Reino

y que no avasalla a nadie.

Te asignará el Rey, por año,

cerrando la información,

doscientos cincuenta pesos

como gratificación.

Sobre el sueldo anual se agrega

la dicha compensación,

por más que su otorgamiento,

más tarde, se cuestionó.

Lo que tú dabas, escapa

a real justificación;

pero es bello el testimonio

de aquella tramitación.

Señala que preguntando

del Rey abajo, a cualquiera,

dirán: tiene Maldonado

un gran Ministro de Hacienda.


El prestigio por el amparo a las familias pobladoras

Hay familias pobladoras,

en otros puntos lejanos,

que han soñado con estar

a la sombra de tu amparo.

La intención de la contrata

de familias pobladoras,

fue defender, de otros reinos

a las costas patagónicas.

Cuando se fue haciendo incierto

aquel destino final,

la contrata se transforma

sólo en promesa y no más.

Los que han pasado a poblar

la frontera bonaerense,

maldicen de los horrores

que les han tocado en suerte.

A estas alturas pensaban

que más les valía haber muerto;

y envidian a los que ampara

don Rafael Pérez del Puerto.

Y aun, a veinte años después,

recuerda Adrián de la Infiesta,

tu "buen celo y caridad"

y los logros en tu empresa.

Infiesta hace el paralelo

de los destinos dispares,

al relatar infortunios

sufridos en Buenos Aires.

Que habían caído las familias

en poder de tribus bárbaras;

y que no se nombró a nadie

encargado de cuidarlas.

Que algunas piden limosna;

que nos les dieron socorros;

que súplicas y gestiones,

chocan contra un muro sordo.

que ni casas ni teerrenos

ni nada se les cumplió;

que viven en la miseria

sin más amparo que Dios.

al mostrar progreso y ruina,

contrastando resultados,

enaltece la función

que cumpliste en Maldonado.


1784/86 - Creación de Cabildo y rango de ciudad para Maldonado

Empieza, la población,

del bien común, el cuidado,

al nombrársele Cabildo

al pueblo de Maldonado.

Es el año ochenta y cuatro

cuando le asignan Cabildo;

el gobierno del común,

se llamará a los vecinos.

Ha presumido el Virrey

que esa participación

en asuntos comunales,

mejorará a la región.

Dos años después se instala

el Cabildo y muestra empeño,

sobre explotación de lobos

y seguridad del puerto.

Y, sin suerte, solicita

como renta de los Propios,

que el gobierno le permita

hacer la caza de lobos.

Para asistir a los pobres,

para mantener la iglesia,

para pagarle los sueldos

a un maestro para la escuela.

Para el mísero poblado

se busca encontrar ingresos;

construcciones que mejoren

las defensas en el puerto.

En el año ochenta y seis

la Corte ha determinado,

darle rango de ciudad

al pueblo de Maldonado.


7/VI/1785 - La Real Orden de Aranjuez

Transcurre el siete de junio;

corre el año ochenta y cinco;

del otro lado del mar,

el Rey obra con buen juicio.

La Real Orden de Aranjuez

tu sacrificio consagra;

tus aciertos de gobierno,

tu esclarecida eficacia.

Ya habíamos adelantados

que una gratificación,

doscientos cincuenta pesos,

por año, te adjudicó.

Y aunque en el ochenta y siete,

hubo Real Orden genérica,

contra gratificaciones,

a del Puerto, no lo afecta.


1786 - Hospital de Maldonado

Hace mucho que del Puerto

lucha por el Hospital;

por la adecuada asistencia

a la salud del lugar.

Debería servir al Puesto,

asistir la guarnición,

presidiarios y empleados

y aun el núcleo poblador.

Los tiempos han registrado

sus angustiosos reclamos;

crudas representaciones

que han terminado en fracaso.

El hospital se ha extinguido

en el año ochenta y seis,

aunque invocara, del Puerto,

a Dios, al pueblo y al Rey.

Y en los años venideros

nuevas representaciones,

chocan con la incomprensión

de oficinas superiores.


1788 - El censo

Por esta Banda del Norte

el Virrey ordena un censo,

que muestra lo diminutos

que eran entonces los pueblos.

Ciento veinticuatro son

las familias que han censado,

en el año ochenta y ocho,

en Maldonado y San Carlos.


1789 - La marca del ganado

En el año ochenta y nueve

viene a marcarse el ganado

y cumplen con la ordenanza,

noventa y un hacendados.

Hay quienes ya lo marcaban

desde que se fundó el pueblo;

ahora lo ordena el Alcalde,

que es don Bernabé Moreno.

Manuel Rodríguez, su marca

usó ya, desde aquel tiempo

y también Benito Brioso,

que es el decano del pueblo.

La orden, salvó la memoria

de Xavier Díaz, que era negro

y Xavier Flores, un indio:

libres, hacendados, dueños.


1789 - El casamiento de don Rafael

En el orden personal

ocurre un feliz suceso,

porque a estas alturas fue

que casó Pérez del Puerto.

Con Ana Gertrudis, hija

del Capitán Mendinueta,

que actuara aquí y en San Carlos,

habrá de formar pareja.

Se casará en Buenos Aires

en el año ochenta y nueve;

y aquí, frutos del amor,

sus hijos, nacen y crecen.

Ana Gertrudis te dio

la comprensión necesaria;

clave de tu voluntad

secreto de tanta hazaña.


1790 - La Companía Marítima

Con la Compañía Marítima,

que por entonces se ha creado,

un centro de operaciones

montan en Puerto Deseado.

Caza de lobo y ballena

se ensayan en Maldonado;

de aquí se mandan al sur

los relevos de soldados.

Se venden grasas y cueros

de lobo, con resultados

que alientan para fundar,

sucursal en estos pagos.

Y al llegar la Compañía,

mundo nuevo se ha logrado,

pues vuelve Puerto Menor

al Puerto de Maldonado.

Los peones y pescadores

marineros y arponeros;

construcciones en Gorriti

y en la costa del Potrero.

Muchas rubias cabelleras

de extranjeros por la costa;

muchos brazos fernandinos

han comenzado otra historia.

La riqueza de la mar

a la par con la del campo,

ahuyentaban la pobreza

sufrida en años pasados.

Es la nueva floración

del noventa en adelante,

que traerá para la zona

beneficios abundantes.

Los negocios toman vuelo;

son frecuentes con España;

sin pagar contribuciones;

ni siquiera, la alcabala.

Un aumento de consumos,

nuevo núcleo poblador,

un mejor precio a los frutos;

comercio prometedor.

Este cambio significa

la gran tarea para el puerto;

el despacho de vapores,

con un movimiento int3enso.

Por fin, tráfico directo;

la prosperidad avanza:

carne, cueros, pesca, quesos,

que para España se embarcan.

Con la industria y el comercio

es imposible saber,

cómo podía dar abasto

a tanta acción, don Rafael.

Es un tráfico agitado:

barcos rumbo a Patagonia,

manufacturas que llegan,

vapores que van a Europa.

Con el Puerto habilitado

y con la Receptoría,

con la expedición de barcos,

Maldonado sonreía.

Todas las tierras que tienen

un buen puerto, lo celebran,

porque el mundo está detrás

de las olas de esa puerta.

Se acelera la dinámica

del Ministro y la bahía:

barcos, velas y banderas,

son la imagen de la vida.


1791 - El problema de las fijas poblaciones

Pero supera a la zona

la acción de Pérez del Puerto;

con frecuencia, los Virreyes,

escucharán su consejo.

Lo llaman a Buenos Aires,

le plantean sus inquietudes

y confían en su experiencia,

inteligencia y virtudes.

El año noventa y uno,

sobre: "fijas poblaciones",

a muy altos funcionarios,

se requieren opiniones.

Han de ser largos los tránsitos

y muy grueso el expendiente,

antes que el Virrey decida,

el destino de esas gentes.

Se entrecruzan otra vez:

seguridad y frontera;

la policía y población;

malhechores y riqueza.

Se proponen muchos sitios

para fundar nuevos pueblos:

en el norte y en el sur,

en el este y en el centro.

Entre tanto el expediente

pasaba de mano en mano,

las familias españolas

debían seguir esperando.

En él, emite opinión

don Rafael Pérez del Puerto

y es mucho lo que el Virrey

lo seguirá en el decreto.

Cuando opina, no descarta

un destino de frontera

que es muy propia para cría

y laboreo de la tierra.

Pero, al destino "de raya"

con familias pobladoras,

opondrá varias razones

que son desalentadoras.

Más cros los materiales

serán, por largo transporte;

se espaciarán en el tiempo

los necesarios controles.

Gran gasto por acarreos

de útiles y de herramientas

y víveres: tentación

de robos que traerán pérdidas.

Mucho de lo transportado

por robo, se perderá;

pues induce con violencia

la extrema necesidad.

Directores responsables,

los operarios, los peones,

si han de ser gente confiable,

elevarán pretensiones.

Hay que pensarlo muy bien:

aquella zona lejana,

ha de causar al Estado

erogación abultada.

Es un distante desierto

con indios y malhechores;

gente que vive del robo;

rebeldes y desertores.

Hombres sueltos que en peligro

pondrán a los pobladores;

y que les harán sufrir

múltiples depredaciones.

En Maldonado y San Carlos

y de aquí a la Fortaleza,

por el bien de este lugar

quiere unirlos a la tierra.

El deseo de las familias,

también se ha de contemplar;

muchos quieren que, esta zona,

sea su destino final.

Moverse, a esta pobre gente,

no es cosa que le agrada;

por tener ya muchos hijos

o la salud quebrantada.

O por estar ya muy viejos

o por costosas mudanzas

o porque no son idóneos

en los negocios de estancia.

También deben contemplarse

a los hombres con oficio,

que pueden volverse inútiles

si cumplen otro servicio.

No son sólo necesarios

hacendado o chacarero;

se requieren artesanos

en la vida de los pueblos.

Estos informes reflejan

sabiduría y experiencia;

amor por los pobladores

velando por su defensa.

Conoce sus inquietudes;

ha resuelto sus problemas;

sabe bien para qué sirven

y aquilata sus carencias.

Dice: de aquí a la frontera,

se tienden cuarenta leguas;

y caben dos pueblos más,

para su buena defensa.

Recuerda que los recursos,

frenan la acción pobladora;

pide soluciones prácticas;

y viables para aquella hora.

En esa línea, del Puerto

ve por la región que ampara;

por familias que no quieren

abandonar la comarca.

Si el norte precisa pueblos,

la misma necesidad,

se tiene, en este desierto,

también sin seguridad.

¿Por qué sacar de esta tierra

las familias pobladoras,

que hace ya más de diez años

estas comarcas laboran?

Ellos no se quieren ir

y claman pidiendo "el fijo";

aliviarían al Erario

y se volverían vecinos.

Ciento cincuenta familias

de las venidas de España,

en calidad de "depósito"

poblaban nuestra campaña.

Quiere unirlos a la tierra

por el bien de Maldonado;

y darles "final destino",

como lo han solicitado.

Y cuando iba a resolverse

por fin, sobre las familias,

le ordenaron al Virrey

"darlas a la Compañía".

Y la Compañía Marítima,

insiste en Puerto Deseado,

aunque anteriores intentos

han terminado en fracaso.

Declarada en el informe,

algo nos queda muy claro;

las familias tienen honda

querencia por Maldonado.

Son, diez años de estadía;

comparan la Patagonia

o esa convulsa frontera

y hay diferencias que agobian.

Una cosa fue el momento

en que salieron de España,

con la suma de promesas

que señalan las contratas.

Ahora saben mucho más;

les suena como un sarcasmo

aquel lugar de destino

y el nombre: Puerto Deseado.

Historias de guerra y muerte

de allá han traído los soldados;

también zona de defensa

de frontera, es Maldonado.

Diez o más años aquí,

la protección de del Puerto;

si los pierden, es cambiar

el cielo por el infierno.


Memoria de del Puerto, en contra de un destino sureño

Desvelado por "sus gentes",

nuevamente don Rafael,

preparará una "Memoria",

para ilustrar al Virrey.

Con la sensatez de siempre,

analizará el problema;

con un mundo de razones,m

con una rica experiencia.

La Patagonia es muy árida;

muy fría y muy salitrosa;

tiene pocos materiales

para poblar la zona.

Y así, a parte de la piedra,

los restantes materiales,

deberán cargarse en barcos

desde puertos muy distantes.

Las construcciones del pueblo

han de hacerse de antemano;

antes de llevar la gente

y condenarla al fracaso.

Y es la misma Compañía

la que eligió maldonado,

para hacer la explotación

que inició en Puerto Deseado.

las gentes ven con horror

que aquel sea el fijo destino;

y se niegan a volver

los que allí tanto han sufrido.

les parece una ironía

el nombre: Puerto Deseado,

donde sufrimiento y muerte

y enfermedades hallaron.

Pronostica don Rafael,

abogando en su defensa,

que habrán de huir muchos al campo

si ese destino se aprueba.

Que el propio Rey ha pensado

mejorarles el destino;

eso, ha de tenerse en cuenta

cuando se decida el fijo.

Luego propone se aparten

unas cincuenta familias,

para enviar a Patagonia,

si el destino se confirma.

Y que el resto de la gente

sea adjudicada a esta tierra;

formar con ellos dos pueblos

desde aquí a Santa Teresa.

Pero que se fije pronto

el destino de remate,

a quienes, por tanto tiempo,

lo han esperado anhelantes.

Llevan ya más de diez años

"despatriados de su tierra";

la contrata les ha dado,

incertidumbre perpetua.

Un "alivio" a estos vasallos

reclama con elocuencia;

y hoy, sentimos todavía,

que sufría sus propias penas.

Acomodará a la gente,

beneficiará al Estado,

que empiecen, giro y trabajos

en paz y por fin, confiados.


1792/93 - Orden Virreinal de 5/I/1792; Instrucción Virreinal de 24/III/1792; Disposición de la Junta Superior de Hacienda de 31/VII/1793; El fijo destino

El Virrey, una vez más

encontrará en don Rafael,

el asesor que señala

rumbos de justicia y bien.

O sea: sus propios consejos

volverá orden virreinal,

con todo lo que del Puerto

le viene de aconsejar.

Firmará el cinco de enero

del año noventa y dos

la orden del fijo destino

de ese núcleo poblador.

Del Puerto sugiere el trámite

como en tantos otros casos;

el Virrey pone su firma

y le encarga ejecutarlo.

Corroborando el decreto,

para del Puerto se hará,

el veinticuatro de marzo,

una "Instrucción Virreinal".

Una nueva facultad

con vistas a fundar pueblos;

de dar y de quitar tierras,

recibió Pérez del Puerto.

Demarcó jurisdicciones

de Maldonado y San Carlos;

y para ubicar a Rocha,

tocó el terreno ocupado.

En este trabajo ingrato,

donde chocan pretensiones,

donde duelen intereses,

concilia las opiniones.

Manda fundar Arredondo

con rumbo a Santa Teresa,

ters pueblos con las familias

que final destino esperan.

Han de emplazarse los pueblos

a prudenciales distancias;

cuidando que todos tengan

leña y por supuesto aguada.

Comodidad de terrenos

para las chacras y estancias;

y lugares adecuados

para edificar las casas.

En pasto común y propios,

en plaza, calles y ejido,

caminos, chacras y estancias,

cada pueblo dividido.

Para cada población

se pide prolijo plano;

con los datos esenciales

claramente graficados.

La casa capitular

con la cárcel y la guardia

y las casas de familia,

deberán ser señaladas.

También planos generales

de la zona; comprendidas

las cuatro jurisdicciones

en que será repartida.

El decreto de Arredondo

y además sus "Instrucciones",

sufrieron más adelante

varias modificaciones.

Es la Junta superior

de Hacienda quien las realiza

el año noventa y tres,

con mandas definitivas.

En lo que sea pertinente

podrá combinar del Puerto,

a las tres disposiciones,

según su sabio criterio.

"Disposición" de la Junta

que confirma una vez más,

que por propio libre albedrío,

se deja a del Puerto actuar.

Y don Rafael podrá, entonces,

moverse en amplio terreno;

todo lo esperan sus jefes

de su esmero y de su celo.

Bastará con que se diga

que en orden a fundar pueblos,

lo que del Puerto hizo en Minas,

será modelo genérico.


Culminación del proceso poblador de Maldonado y San Carlos

Del treinta y uno de julio

del año noventa y tres,

fue el dicho auto de la Junta,

que puso en ti tanta fe.

A Maldonado y San Carlos

el proceso poblador,

les comprende en esas mandas;

tendrán su jurisdicción.

Desde aquella primavera

del año cincuenta y cinco,

el proceso poblador

se salteó los requisitos.

cual si fueran pueblos nuevos,

San Carlos y Maldonado.

en la acción fundacional,

se ordena que sean tratados.

Así que Pérez del Puerto

vuelve a fundar Maldonado

o culmina su proceso

y también el de San Carlos.

Reciben, en consecuencia,

sus solares y sus chacras,

las "familias pobladoras"

y de más antigua data.

Y otra vez, como en las Minas,

es la misma mano maestra:

distribuye a los vecinos,

solares, casas y tierras.

Y así en este redondeado

proceso fundacional,

lindes, ejidos y propios,

chacras y estancias tendrán.

San Carlos y Maldonado

surgirán reorganizadas;

y se sabrá hasta qué limite

sus autoridades mandan.

Idea y acción de del Puerto

que convalida el gobierno;

pero que en todo se deben

a su amor como a su esfuerzo.


La casa del poblador

Propuso Pérez del Puerto

la casa del poblador;

y para guía, en Maldonado,

un ejemplo construyó.

Tiempo de "la casa tipo"

que nueva etapa comienza,

de sala, alcoba y cocina,

modestas y muy bien hechas.

Aislada de las dos piezas

contará cada cocina,

historias de leña ardiente

transformadas en comida.

y tenían las construcciones

un buen cimiento de piedra,

barrote en las aberturas

y cerradura en las puertas.

Con catorce mil ladrillos

y sus dos puertas de cedro,

cerraduras y alcayatas

y un ventanuco pequeño.

Con seis carradas de paja

y seis cueros inferiores

para guascas y soguillas,

techaron los quinchadores.

ladrillo asentado en barro;

paja brava en la cubierta;

el gasto, se ha de pagar

por cuenta de Real Hacienda.

Cuatrocientos veinticinco

pesos esta casa cuesta;

y así serán las demás

que cumplan con la promesa.

Trabajan Domingo Urioste

y don Martín uvalcalde;

Ventura Gutiérrez, Gándara

y Manuel Pinto y González.

Un capataz de carretas

llamado Fernando Cuenca;

otros, no saben firmar;

no está a su nombre en las cuentas.

Hubo ciertos pobladores

con casas más confortables;

ampliaron el donativo

usando propios caudales.

San Carlos y Maldonado,

con la base del modelo,

se llenaron de casitas

que mejoraban su aspecto.

Los materiales primarios,

piedra, ladrillo, madera,

paja brava del bañado,

convertidos en tibieza.

Y no olvidemos los cueros

cuyas soguillas y guascas,

para asegurar las quinchas,

dan los puntos a la paja.

Es como si regalara

su piel la naturaleza,

para cobijar el alma

del hombre con su belleza.

Belleza rústica, auténtica,

que de los vientos proteja,

en las sucesivas crías,

la infancia de nuestra América.

De las aisladas cocinas

emergerán chimeneas,

para que el cielo dibuje

con humo, anónimas penas.

Penas y gozos reunidos,

en el fogón y en la leña,

que cueza los alimentos

que generen nueva fuerza.

Fuerza en contra de fatigas

que al fuego vuelva esperanza;

alimento para el cuerpo,

ilusiones para el alma.

iguales casas en Rocha

se han de hacer en su momento;

al despuntar nuevo siglo

después de cierto interregno.

De los tres fijos destinos

proyectados, ha quedado,

hecha la distribución,

en Maldonado y San Carlos.

Con inconcebible empuje

hiciste a Maldonado;

del Solís a la Laguna,

del Cebollatí al Atlántico.

No te arredran las distancias;

ignoras los malos tiempos;

estás siempre donde debes,

en el preciso momento.

El alma de una gaviota

se te introdujo en el pecho;

y te elevó cada día

en un inédito vuelo.

Pareció que no dormías

o que tu vida era un sueño;

milagrosa realidad

que volvió lo malo, bueno.

En un puerto militar,

gran autoridad civil;

de universal entender,

de religioso cumplir.

A la hacienda le das orden;

le das al campo abundancia;

a la ciudad intercambio,

felicidad a las almas.

Y ahora, esta traza preciosa:

"la casa del poblador";

textura de materiales

del lugar, con su primor.

Con ese partido limpio

según la necesidad;

con la plástica riqueza

de un recinto funcional.

Techo que da al inmigrante

la ida de felicidad:

don Rafael Pérez del Puerto:

¡cómo no te habrían de amar!

Procurador de los pobres,

padre de los desgraciados;

poblador de los desiertos,

ordenador en el caos.


Escritos en defensa de Maldonado

También hay otra faceta:

de un esfuerzo extraordinario,

en tus brillantes escritos

pidiendo por Maldonado.

Rendía a los gobernadores

y Virreyes tu reclamo;

la claridad de tu estilo,

tu amor, tu fe, tu entusiasmo.

Insinuabas el progreso

costo y ventaja mostrando;

elocuente en el pedir

convincente en resultados.

Nadie resiste el pedido

de quien, para si, no pide;

que ampara a su población

sin que nadie se le olvide.

No fuiste, Pérez del Puerto,

un mero subordinado;

porque tus propias ideas

los jerarcas adoptaron.

Porque te piden consejo

y ordenan en consecuencia;

porque liberan tu arbitrio

con una confianza ciega.

Porque dan su aprobación

a tus inventos y enmiendas;

porque con arte y oficio,

lo que te indican, superas.

Proyectar y ejecutar;

vuelo mental y tarea,

de un hombre que por el hombre,

saber y esfuerzo se juega.

Se te ofende al compararte

con menores ejecutores;

tus escritos testimonian,

a treinta años de creaciones.


4/V/1792 - Ministro propietario de Real Hacienda

Fue la Compañía Marítima

de muy grandes consecuencias:

ministerio permanente

al monarca nos acuerda.

Don Rafael Pérez del Puerto,

Ministro comisionado,

como es de estricta justicia,

adquiere ese nuevo cargo.

Don Rafael Pérez del Puerto

Ministro de Real Hacienda;

hombre de toda confianza,

despabilada conciencia.

Constante en el sacrificio

que ardió como leña seca;

celo que no tuvo límite;

benefactora de esta tierra.

Dice el Rey en el día cuatro,

mayo del noventa y dos,

lo que adeuda la Corona

a tu inmensa aplicación.

Es lo que le debe el Rey,

a un hombre que está a dos meses

de navegación a vela,

cuidando sus intereses.

Dice: "A vos, don Rafael Pérez,

por méritos y servicios

a mis reales intereses,

vine a nombraros ministro".

Quiero entrar con la real cédula

a tu propio corazón;

quiero estar en tu semblante

y ser parte de tu voz.

De tu voz cuando dijiste

a tu esposa la noticia,

con catorce años de lucha

traducidos en justicia.

Y no me cuesta trabajo,

el leerte los pensamientos:

no te importan jerarquías;

no te inquietan los dineros.

Eres feliz, solamente

con que el Rey esté de acuerdo;

y con que se sienta honrado

por tu infinito desvelo.

Ni a un hombre, rey o gobierno,

era aquella sumisión;

era porque hacer el bien

es vivir conforme a Dios.

La felicidad, campana

de cristal, dio su sonido;

sonó para ti, ese día;

para besar tus oídos.

Beso del Rey y del pueblo;

los extremos confluían

a bendecir tu presencia

y tu honrada simpatía.

Es beso que te da fuerza;

que te da vida, alegría

y amor, único alimento

que tu conciencia precisa.


Facilidades comerciales a los ingleses - Caída de la Compañía

Pero España va a otorgar

libre pesca a los inglese,

contrariando, una vez más,

a sus propios intereses.

Y los expertos ingleses

y aun norteamericanos,

que tiene la Compañía,

serán, de pronto, asediados.

Se les exige renuncia

a su credo protestante;

no accederán y se irán

los que son irremplazables.

Se violenta, equitativa

tolerancia religiosa;

se atenta contra el sagrario

del bien, en cada persona.

Muy pronto vendrá el ocaso

a opacar tanta belleza;

se arruina la Compañía

con la competencia inglesa.

Maldonado verá cómo

se le quiebra otra ilusión;

cae la riqueza asfixiada

por torpe administración.

La libertad de conciencia

que es un valor inefable,

una ciega intolerancia

se llevaba por delante.

No será todo de golpe;

pero irá languidenciendo,

entre Lobos y Gorriti,

aquel movimiento intenso.


Reedificación de Santa Teresa

Nuevos trabajos castrenses

te llaman a la frontera;

tarea de mantenimiento

para una buena defensa.

Atiendes la Fortaleza

y su reedificación;

te entiendes con el Cabildo,

das al templo tu atención.


Los templos

Por entonces se construyen

en Maldonado y San Carlos,

los templos definitivos

por tanto tiempo soñados.

Es el tiempo en que ambos pueblos

luchaban por sus iglesias;

estas, las que perduraron,

como signos de grandeza.

Los religiosos encuentran

en ti, su primer aliado,

para casas del Señor

que nos unen al pasado.

Como "nueva creación"

se han estimado estos pueblos

y es gasto de Real Hacienda,

la construcción de los templos.

Y aunque la teoría sea una

y la práctica otra cosa,

lo que estaba a tus alcances,

Pérez del Puerto, lo agotas.

La erección de Maldonado,

será una larga porfía;

mas los planos y deseos

en aquel tiempo se inician.

"Sencillez, capacidad,

con hermosura y firmeza",

debía reunir, según tú,

la casa para la iglesia.

Hoy podríamos repetir:

es grande, hermosa, sencilla;

y es firme como tu fe;

es como tú la querías.

Más felices en San Carlos,

pronto su templo terminan;

es el hijo de Amenedo,

varón de enérgica fibra.

Templo sereno, sencillo;

feliz pureza de líneas;

volúmenes de una fe

descalza, serena, limpia.

Un templo, en cualquier lugar,

con cualquier credo, refleja,

lo más noble de los pueblos,

el alma de sus creencias.

Todos merecen respeto;

melodías del deber ser;

armonía de las conductas,

para que amanezca el bien.









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