Diferencia entre revisiones de «Poemas de los relieves y poemas de circunnavegación»
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| + | Es tan largo el camino, | ||
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| + | tan corta la porfía | ||
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| + | que gastará el ensueño | ||
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| + | en vislumbrar poesía. | ||
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| + | Todo será buscarte; | ||
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| + | sufrir la cacería | ||
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| + | por llevarle a la pena | ||
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| + | su poca de alegría. | ||
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| + | Por eterna huidiza | ||
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| + | la Humanidad te espía; | ||
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| + | aprehender tu belleza | ||
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| + | da paz a la agonía. | ||
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| + | las gentes hacen postas; | ||
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| + | la meta es la armonía; | ||
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| + | la canción, mar nutricia, | ||
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| + | va tras tu profecía. | ||
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Revisión del 10:47 26 oct 2026
De Umberto Pereira, "el poeta de Punta del Este"
Primera edición: 1995
Obras del Autor
- "Poemas de infancia puntaesteña", tomos I y II
- "Poemas de Punta del Este", tomos I al IV
- "Poemas de aventuras, regatas y naufragios en el Este"
- "Poemas de Maldonado", tomos I y II
- "Rafael Pérez del Puerto"
- "Poemas de los relieves" y "Poemas de cirncunnavegación"
- "La patria de Artigas" (inédito)
Prólogo
Se incluyen en esta edición, los "Poemas de los relieves" y los "Poemas de circunnavegación". Tratan de nuestra integración a la naturaleza y a la sociedad. Al mundo chico donde nacimos y al acontecer general. Nos enfrentamos a lo desconocido. Las emociones, estudio, pensamiento, decisiones, acción, entre otros factores, cumplen sus etapas de exploración, en nuestro espíritu y en el campo exterior. Cierta inteligencia del camino y la cultura sobrevinientes, nos proporcionan algunas medidas y reglas del juego. Es un proceso entre el ser y la sociedad. Un intercambio de lo real y lo falso, lo sucio y lo limpio, lo justo y lo injusto, lo bello y lo feo, el egoísmo y la generosidad, la pena y la dicha, la libertad y la opresión, lo limitado y el infinito, en una sucesión de opuestos, más las zonas intermedias. En la marcha, en ocasiones, parece que tocamos piso de roca; otras tantas, arena movediza; calmas y tempestades. Es obvio que nuestros limitados dones e información, deriven en conocimiento incompleto, para lograr la verdadera libertad de opción. Deben tenerse en cuenta, la certidumbre, por parcial que sea, la seguridad, el desamparo, la inseguridad, las cegueras, la insuficiencia de nuestro instrumental, entre otras cosas.
De ahí surgen aciertos, tanteos, engaños y errores, consustanciales al límite personal y colectivo. En lo que estimamos como logros, hay experiencia y saber relativos. Un conocer dinámico puede cambiar en el tiempo, el tamaño atribuido a las realizaciones ya los hallazgos, mediante nuevas puestas en valor.
Hay lastres que se tiran al mar; hay implementos que se incorporan, por estimarlos más seguros para la navegabilidad. Se van presentando múltiples niveles en la lectura de la vida. En consecuencia, algunos hechos y cosas pueden cambiar de relieve comparativo. hasta pueden haber pasado inadvertidos en la ruta de circunnavegación y de pronto, toman ubicaciones fundamentales. Lo cierto es que nunca se posee toda la verdad o cualquier otro valor hacia los que ordenamos la travesía. Nunca deja de aparecer lo nuevo, que nos acerque a la sustancia vital, tan inconmensurable.
en el gobierno personal, la conciencia ajusta, a veces, sus conclusiones; calibra anteriores certezas, en lo favorable y en lo adverso. Siempre es preciso conceder espacio a nuevas luces. Por otra parte, es posible la pérdida de elasticidad ante lo imprevisto; la tendencia a permanecer al amparo de la sedicente seguridad. Y hay grandes presencias de libertad y solidaridad, más arriba de los hombres y entre ellos. Cuanto más se las vislumbra, tanto más pueden moverse los límites relacionados con la voluntad individual o social. Sin embargo, en lo que el mundo lleva de crucero, anotando en su bitácora, se lo ve aproximarse, reiteradamente a la zona de la confrontación, al lugar donde soplan repetidos vientos bramadores. Vientos contrapuestos, que pretenden dominarse entre si, con el propósito, casi exclusivo, de la embriaguez de la victoria. Es común que entonces se destruyan estructuras, sustituyéndolas por otras, que no parecen liberar al hombre de la indignidad y del caos esencial anterior. Y una cosa, en apariencia tan fácil de captar, como que la tripulación debería acordar para cooperar, con distintas capacidades, pero con similar código moral, sin irritantes ventajas para nadie, tarda demasiado en hacerse realidad.
No sólo dar; no sólo recibir. Cooperar en el bien común hasta el extremo razonable, perfeccionando siempre el equilibrio, suena como lejana, lejana fantasía. El denominador común de concordia y de mínimo existencial para todos, sigue siendo la más cruel de las ausencias.
Eso mirando al mundo. Si procuramos mirarnos a nosotros mismos, lo que aparece es el frágil barquito de nuestra dignidad, también ante vientos desconocidos y misteriosos, que borronean la identidad, como si quisieran hundirnos en un salvaje anonimato sin voz. Contra ello, el esfuerzo personal, no agota muchas veces lo que debe y puede. Lo dicho, son algunos apuntes del camino. Algunas calas hasta donde nos han sido dables, pero que nunca nos quitaron la alegría de vivir y el buen juicio par esperar del discernimiento y la capacitación generales. Con un celo, casi inconmovible, hemos luchado por conservar un acrático recinto interior, para cantar al ser y al deber ser. Es un polo magnético, tendiente a la libertad, a lo justo, lo bueno y lo bello para todos, irrenunciable e inenajenable, por encima de todo. Todavía no hemos podido alcanzar el misterio poético de muchas cosas y de muchos seres. Pero hay un hilo conductor de armonías que reclama, en cada jornada, nuestro amor y nuestro homenaje a la naturaleza, a los hombres éticamente ejemplares y a sus obras que los han vuelto bellas personas, al margen de errores, omisiones o etiquetas. Nuestra agonía (lucha material y espiritual) se ha resuelto así, en un canto solidario. Casi no hemos sabido hacer otra cosa que cantar. Emitir tal canto, ha sido nuestro rumbo. Para nuestro barquito y el de los demás y nos hace mucho bien.
Respeta al ser de ciertas excelencias reales, que apuntan su impulso hacia los grandes sueños.
Se nos va cumpliendo un deseo: mirar y traducir con amor en la escritura, el mural de la vida. Dar testimonio de la tierra chica querida, la naturaleza, la carrera personal, la gente que la habita y un modo de sentir y entender la patria de Artigas, no como burbuja regional sino como parte del universo.
Lo publicado, lo hemos hecho llegar a algunos de nuestros amigos, a todas las escuelas y a todos los liceos de los departamentos de Maldonado, Lavalleja y Rocha, que permanecen iguales, juntos e inseparables en nuestro corazón.
U.P.
Fuerza
Estatua a la victoria en Samotracia
Victoria: forma excelsa de falso contenido,
que seduces, marchando, con además triunfal,
en un soberbio intento de vuelo al infinito,
parece que pudieras vencer la gravedad.
Victoria que en la fuerza apoyas el imperio,
robando de los pueblos, sagrada libertad;
que ante el dios de la guerra, ofrendas los vencidos
y en el mar de su sangre, sales a navegar.
Victoria que saciaste de poder tu egoísmo
y lo extiendes en alas que ocultan la verdad;
pisando sobre esclavos has llegado a ese plinto;
destruyendo la vida, te atreves a volar.
Victoria a quien envuelve un culposo silencio
y en un viento de muerte nutres tu soledad;
malhabida belleza: ése es tu cruel destino,
porque amor y concordia, jamás encontrarás.
Libertad
Sábana pintada por Cristo
"Ámense como yo los amo"
Jesús, al despedirse
Jesús: yo fui la sábana de lino;
y tu muerte al borrarme los pecados,
me imprimió un evangelio peregrino,
de caridad flameante en tu retrato.
Yo era el salvaje paño del instinto,
trenzado en egoísmo milenario;
y en esa tela descansó tu cuerpo
y en ella tu mensaje fue grabado.
Soy yo y la Humanidad, en un manteo;
somos sábana trágica jugando
a gastar tu visión con los pecados.
Aquí estoy; soy tejido de los siglos;
entramado maldito, tan confiado,
en la diaria impresión de tu milagro.
Mahatma Gandhi
Ya te animó la vida; cuando de ti se aleje,
junto al divino Jamna, al polvo volverás;
cuando tu flor en llamas sobre el río se refleje
será inmortal tu verbo para la Humanidad.
La urdimbre de millones de lágrimas ya teje,
trágico dhoti blanco; para tu eternidad;
Bapu; Bapu profundo: que nunca el mundo deje,
de velar por tu sueño y de buscar tu paz.
"Tú que marchabas solo", por la senda escondida,
la boda con la muerte haz boda con la vida
y fecundiza el alma infecunda y podrida
y hazla menos mezquina, menos adormecida,
más diáfana, más alta, menos encallecida
y enciéndenos el credo de luz y libertad.
Estatua de Lincoln
Ese puño siniestro representa
una noche de horror, cruel y doliente;
la infame indignidad de la cerrada
blasfemia contra Dios omnipotente.
Sentado entre los haces de justicia,
vuelves al mármol, anhelar ardiente;
¡Abraham, Abraham; de tu mirada
sale a volar el negro independiente!
Mas... la fiebre de fuerza y de codicia,
con su piel o sin ella cobra esclavos
y posterga al amor que tu querías.
Pero tu mano diestra aun acaricia,
el sueño de igualar a los humanos
en el rosado albor de un nuevo día.
Libertad
Hay un hombre de tierra
y hay un hombre de fuego;
también un hombre de agua
más un hombre de viento.
Fuego y viento que inventan
la canción de los tiempos;
tierra y agua que gustan
tonadas del silencio.
Somos algas y peces;
somos árbol y huerto;
la flor del alma en llamas,
memoria de los vientos.
Podemos navegarnos,
podemos recogernos,
poner luz en el aire,
desintegrar infiernos.
Todo parte y regresa
de los cuatro elementos;
tu resuelves si vivo;
tu decides si muero.
Patria
Río Uruguay
Donde confluyen tus aguas
con el Cuareim, formarán,
la Bella Unión con los indios
orientales, Río Uruguay.
Artigas, Salto atraviesas;
Paysandú y Río Negro y vas,
a Soriano y a Colonia
y a la mar, Río Uruguay.
La victoria de Las piedras,
emigra y te cruzará;
un código piensa Artigas,
en Ayuí, Río Uruguay.
Salto Grande, Salto Chico,
donde aprendes a volar;
parecen agua tus pájaros;
Río Uruguay, Río Uruguay.
Camino del agua espuma,
multicolor aletear,
costa izquierda, azul querencia;
Río Uruguay, Río Uruguay.
De paso honrarás al héroe,
en su cuartel general;
Hervidero de la Gracia
Villa Uruguay, Río Uruguay.
Por Paysandú trae Artigas
Carta Magna Federal,
que el rumor de tus orillas
le inspiró, Río Uruguay.
En tu horqueta libertaria
con el Río Negro, te hará,
Rivera un Rincón de gloria,
para ti, Río Uruguay.
Muy cerca de tu corriente
soriana, la Alarma da
un Grito eterno en Asencio,
en tropel, Río Uruguay.
Y en una Playa Agraciada,
una mañana inmortal,
Treinta y tres mudas de Artigas
dejarás, Río Uruguay.
De tus pájaros pintados,
nació la Patria Oriental;
Artigas gritó en Colonia,
libertad, Río Uruguay.
Para el ojo de una presa,
tu energía regalarás;
y sigues como si nada
Río Uruguay, Río Uruguay.
Puedes dormirte volando,
borbor de la oscuridad;
y amanecer arco iris,
Río Uruguay, Río Uruguay.
Reposarás en tus puertos
como esperanza fugaz;
impaciencia marinera
por el mar, Río Uruguay.
Capaz que no seas un pájaro;
tal vez seas agua no más;
y cardumen de riqueza;
no lo sé, Río Uruguay.
Este poema tiene música del Maestro Julián Rey Gándara.
Artigas
Pepito Artigas, mozo afortunado,
dueño de una irradiante simpatía;
deslumbraba en tu tiempo de "hombre suelto",
la rectitud y el temple de tu hombría.
Llegó el blandengue y operó el prodigio:
ladrones en soldados convertía
y en la "admirable alarma", fue tu pueblo
quien dijo: éste, es el jefe que quería.
Y la unión en exilio, dio su fruto:
libre, republicana autonomía;
y con "veinte palabras", su derecho,
enarboló tu férrea valentía.
Solo por hermanar todos los pueblos,
tu inagotable amor se consumía.
La autonomía
Traición de Pancho Ramírez,
inicial de la "derrota";
puñal infame y perjuro,
amparado por las sombras.
Regaló ponchos de sangre
el infiel, a la anarquía
y una manta de desgracia
al potro de la ignominia.
Alcanzó lanzas al odio
y espuelas a la mentira;
cortó las riendas del miedo
y abrió el corral de la insidia.
¿En qué caja la guardabas
astuto Pancho Ramírez,
ausente de la mirada
del Protector de los Libres?
Atropellaron de noche
a matar la autonomía;
sola, desnudita, inerme,
en delirios la veían.
Y la dejaron por muerta;
pero al despuntar el día,
iba en las ancas de un flete
cabalgando, con Artigas.
Cavilaba el Protector;
su compañera aprendía,
la senda que de regreso,
solitaria seguiría.
Iniciada en selva y cielo,
cartuja en la lejanía,
con un percal de silencio,
nadie la reconocía.
Para la marcha fatal
llegó el momento supremo;
parecían rumbos distintos
y alcanzó un solo lucero.
Rivera
Desde el bautismo de fuego
en el Rosario del Colla,
hasta el rancho de Bartolo,
corrió borrascosa historia.
Bueno de mucha bondad,
generoso como pocos,
"oriental no más" a secas,
pero querido por todos.
Por todos... es un decir;
hubo quien te quiso mal;
y proclamó tus pecados
con una saña mortal.
Son Guayabos y Rincón,
Sarandí y Misiones, dianas;
Cagancha es tu gran laurel,
libertador de la patria.
"Vende a la chacra y a mi",
le dijiste un día a tu esposa,
para pagar a soldados
"que hace tiempo que no cobran".
De presidente... te acusan
de gastar mal el dinero;
puede ser... es; pero siento,
que es mucho lo que te debo.
Te debemos una patria,
la libertad, el esfuerzo
tan largo, de cuarenta años,
que no ven censores ciegos.
Mira Frutos: no hagas caso
a esos recuentos estrechos;
que el tiempo te ha de pagar
con un inmortal recuerdo.
Lavalleja
Te nombró don Juan Zorrilla:
"toro de la libertad";
sin medida en la pelea,
por lo que más se ha de amar.
Luz del coraje "del Este";
punteando en la montonera,
mostraste lo que valía,
tu brazo para la guerra.
Era inquieta tu figura;
arisca como la sierra;
con tu compadre don Frutos,
siempre andabas en querella.
Querella por la ansiedad
para liberar la tierra;
distinto paso al andar,
pero por la misma huella.
Tu grito en la adversidad,
treinta y dos ecos encuentra;
contigo cruzan el río
y juran sobre la arena.
Cuando cuajó Sarandí,
aquel grito se renueva;
lo das por la libertad
Juan Antonio Lavalleja.
¿Errores contra la patria?;
no hay duda que los tuvieras;
pero también ofreciste
siempre la vida por ella.
Pequeño, robusto, fuerte
sableando intrusos estás
empinado en los estribos,
toro de la libertad.
Olivera
Una frente generosa,
ojos de mirada fiera;
un ceño diciendo: ¡síganme!
y una revuelta melena.
Salías a topar la muerte
y encontrabas la belleza,
ganando a la tiranía
la libertad de la tierra.
Amplia nariz, muy baqueana
rumbeando en olor a yerbas;
unos labios generosos;
bigote mediano en hebras.
No menciono tus batallas
porque no tienen ni cuenta;
ni evoco tu atropellar
ni el terror que con él siembras.
Pómulos voluntariosos,
mentó cuadrado de guerra;
un rostro ancho de coraje,
de fe para la pelea.
No hago un alto en Sarandí
ni en otras tantas porque eran,
los magníficos ensayos
para tu mejor proeza.
Unos brazos de titán
para un cuerpo que no muestra,
al gigantesco guerrero
que se agranda en la refriega.
Noche: sierras y bajíos;
pantano y Laguna Negra;
un bastión vas a asaltar,
sorteando palmas y estrellas.
Unas manos increíbles;
grandes, de gracia serena;
para amasar con ternura
todo el amor a la tierra.
El tiempo se quedó quieto;
descreído con tu empresa
y con el cierre del parte:
"¡He cumplido con la oferta!"
Se fue quedando de bronce
toda tu antigua fiereza,
en una guardia infinita
rondando a la Fortaleza.
Estoy nombrando a un valiente;
a un montonero de gesta;
al bravo "Señor del Este";
a don Leonardo Olivera.
José Pedro Varela
La patria transitaba, senda triste y oscura;
la igualdad era un mito, capricho era la ley;
y tú te levantaste contra la dictadura,
prendiendo en las conciencias, el fuego del saber.
Tú condenaste al sabio ciego, que no procura
combatir la ignorancia y hacer vivir de pie;
los niños señalaste como la levadura
del mundo justo y bueno que anunciaba tu fe.
Tú recordaste al hombre, para hacer su aventura,
su gobierno y su rumbo, para saber quién es,
el deber de ilustrarse, de romper ataduras
y no renunciar nunca a su sed de aprender.
Aceite de tal lámpara, tu amor y tu ternura,
nos arde hoy en el pecho: signo nuevo en la grey;
nuestra voz es la patria: sale a buscar altura,
la flor de los ensueños que sembrabas ayer.
La ronda de los niños, con su canto figura,
el honor que tu ejemplo se ganó en buena ley;
tu vida en ella cumple la esperanza más pura:
la escuela que anhelabas, alza su amanecer.
Batlle y Saravia
Un día habrás de acuñar
pueblo, una medalla de oro,
con Saravia por un lado
y con Batlle por el otro.
En el anverso el valor
y la ley en el reverso;
un campo blanco reclamo;
otro, colorado sueño.
Una cara tradición
y la otra cara progreso;
una efigie rebeldía;
otra empuje justiciero.
Pedirá en el haz, del voto,
el más prolijo recuento;
y en el envés los caminos
para un estado moderno.
Reparto proporcional
de cargos en un grabado;
y para el otro relieve,
el coraje de otorgarlo.
A uno le quitó la vida
tiro maldito y certero;
el otro la fue gastando
en realidades y anhelos.
Se odiaron en el amor
de los dos por este suelo;
y agrandaron una patria
que para el mundo es ejemplo.
Ninguno necesitaba
nada; sus desvelos fueron
defensa de la deseada
libertad de nuestro pueblo.
Según quien mire serán
haz y envés esas dos caras;
pero en rigor no hay reverso
cuando la causa es sagrada.
Pintura
Joaquín Sorolla
Sorolla: en una escena campesina,
grande que José Pedro Argul tenía,
en tu entrañable España penetraba,
desde esta americana lejanía.
Del arte, era mi amigo la elocuencia
que deslumbraba la ignorancia mía;
y de pronto su voz se hacía lejana
porque en la enorme tela me perdía.
Ya ni sentado ni atendiendo estaba;
los quiebres de la luz de aquella escena
interminablemente recorría.
Con prudencia, el discurso continuaba;
y Argul, feliz, pasaba por su antena,
la música que el cuadro transmitía.
Pedro Figari
La dinámica vida de tus cuadros,
es repicar de ensueño y de colores;
llanto de negros convocando a fiesta,
trágico carnaval de los dolores.
Pedro Figari: estás rememorando
tráfico infame, humanos cazadores
de hombres sin libertad, que a la tristeza
hacen sonar, sangrando los tambores.
Rastreas el campo, el pueblo, la tertulia,
el baile, los entierros de angelitos
y la noche repleta de ladridos.
El cielo que derramas sobre ombúes,
las esponjas de luz que son tus lunas,
pintan la humanidad de tu latido.
Rafael Pérez Barradas
Esfumaste los rostros para darnos
mutación permanente de sus almas
y es el contemplador el que termina
el pensar, los sentires y las caras.
Ciego destino nubla las pupilas
y hasta la Virgen tiene, preocupada,
al Niño Dios en brazos y parece,
que el magnicidio ya la traspasara.
Abreviado dibujo; su riqueza,
es la pobreza espiritualizada,
hablando de la vida y de la muerte.
Son tus criaturas quietas y calladas,
espectadoras de una densa niebla;
anónimos olvidos de la suerte.
Carmelo de Arzadun
¿Qué es Carmelo de Arzadun sino el aire,
la nube, el cielo, la gaviota, el mar;
registrando en Las Flores la belleza,
compenetrado en el color local?
Contesta a la estridencia con silencio,
de frágil y encendida humanidad;
asordinando voces pinta sueños,
espuma breve y ansias de volar.
Con camino y orilla, sin urgencia,
hace el propio lenguaje claro y suelto
y es huella que la ola borrará.
Autorretrato del alma; pura esencia;
pinceles embebidos en el viento;
siempreviva de nuestra realidad.
José Cúneo
Están volando en Treinta y Tres los pájaros;
llega de Europa Cúneo y al mirar,
someterá la sierra, el cielo, el vuelo,
a una oriental cultura universal.
Va y viene de Paris y hay en Florida,
ranchos y lunas que esperando están,
la sideral pasión de sus pinceles
que buscan disolver la gravedad.
Viaja y pinta y enseña y luego expone:
nuevo color y luz y autonomía,
espacio, movimiento y libertad.
El óleo y la acuarela, usan paisaje,
figura y abstracción y fantasía,
para dar a entender al Uruguay.
Joaquín Torres García
En su universalismo constructivo,
rigurosa estructura y proporciones,
nace belleza abstracta para el mundo,
donde se inscriben formas grises y ocres.
Esfera, cubo, sol, árbol, pirámide,
cruz, ancla, pan, botella, oveja, rancho;
reloj, balanza, luna, pez, pareja,
tranvía, escalera, corazón y barco.
Rectángulos con áureas dimensiones
clausuran a los signos primitivos;
casan al huésped con el infinito.
Un hombre habla y construye con pintura;
la carga leve y honda en su trazo,
da cósmicas medidas a lo chico.
Edgardo Ribeiro
Temperamento y luz subtropicales
traes, Edgardo Ribeiro, desde Artigas;
disciplina y control de los espacios,
desnudez, te insinuó Torres García.
Y así han venido carros y matungos,
rostros, chalanas y otras alegrías,
olas, ciudades, ríos del mundo entero,
a ofrecerte su voz y su fatiga.
Y enseñas a sacar por los pinceles
el alma de las cosas y la vida,
como el sedante vino del banquete.
Que todos puedan ver en los colores,
Justicia, amor y paz, claman tus telas;
una tregua en la lucha es lo que quieren.
Heroicidad
Los sordomudos
Con los ojos, con las manos,
de entre sus labios al sonreír
y con todo su cuerpo hablan
los sordomudos: ¡cuánto sufrir!
¡cuánta gracia en movimiento;
cuánta tristeza por el mal don;
cuánta corriente de vida
para vencer la ausencia de voz!
A tu voz, suplen mis ojos,
que una membrana, ante el signo son;
y ya desbloqueada tu alma,
camina rumbo a mi corazón.
En tanto, a muchos parlantes,
en apariencia, nadie escuchó;
y se los tragó el silencio
sin obtener comunicación.
Dionisio
Un niño en medio del campo,
y un abuelo alcoholizado,
que mata a su hija; a sus nietos,
también resuelve matarlos.
Marina, catorce meses
de vida tiene en peligro;
la salvación de la niña
busca su hermano Dionisio.
Le mataron a su madre
y ya agoniza el tío Eduardo;
la locura de Juan Díaz
fue su vigilia de espanto.
noche de frío, de hambre y de muerte,
contra un niño de nueve años;
Dionisio está malherido
en medio de este calvario.
El Olimar de la vida
con la muerte se ha topado;
la noche que no termina
y esa niña sollozando.
El patio ya ha de estar libre,
porque en él, cantan los páaros;
marcha el niño de leyenda
llevando su hermana en brazos.
Descalzo, pantalón corto
y apenas una camisa;
debe atravesar la helada
para salvar su hermanita.
Por más de cincuenta cuadras
Dionisio ha de caminar;
y por fin, llegado a "El Oro",
a la niña entregará.
Por denunciar los sucesos,
va a buscar al comisario
y es a dos guardias civiles
que cuenta el relato trágico.
Nadie ha sentido quejarse
al que a Marina ha salvado;
pero tiene el vientre abierto
y morirá de ese tajo.
Tenacidad
El ancla de Federico
El año cincuenta y tres,
Figueto Lauz fue a pescar,
ostras, en Punta del Este,
con una red especial.
Era una red de su invento
con garfios en el orillo,
que juntaba en el bolsón
lo que removía el rastrillo.
Lauz, en el "Pirata Chico";
tarde de un fin de verano,
sin sospechar que aquel día
reservara un gran hallazgo.
Situado como a tres cuadras
y media de la ribera,
daba su enfile hacia el este
al muelle del Club de Pesca.
La Isla Gorriti, arboleda
y anillo de espuma blanca,
a distancia similar
al oeste se contemplaba.
Un bamboleo azul-celeste;
el mar, el cielo; una barca,
atravesando el silencio
que un chas chas de olas apaga.
Es en medio de esa pesca
cuando la red se le atasca
y de la maña a la fuerza
agotaría por zafarla.
Señala con boyarín
su red y al puerto regresa;
cuando llega, a Federico
García Capurro le cuenta.
Dirigente del Yacht Club
por entonces Federico,
al programa de rescate
volcará todo su auxilio.
A la mañana siguiente,
una red piensan salvar;
y en rigor, un gran misterio
del fondo levantarán.
Pilotea García a la "Zíngara";
navega Lauz "El Pirata";
y comprueban que el destrozo
fue causado por un anchla.
Nadie sabe, sin embargo,
que allí mismo hay un navío
y que el buque es una historia
que tiene como dos siglos.
No podían imaginar
que el ancla que se pescó,
cayó al mar la última vez,
fondeando al "Agamenón".
El "Agamenón" fue un barco decisivo en Trafalgar;
y antes de ese encuentro tuvo
a Nelson por capitán.
Por ahora, sólo hay un ancla;
y cuarenta años vendrán,
de insomne buceo en la historia,
en pos de la realidad.
Estaban sobre el bajío
llamado de "Los Banquitos";
y era en su peor bajo fondo.
en "El placer de los chinos".
Ciento cuarenta y más años
hace que se inició el cuento
en ese mismo lugar,
con un anclaje postrero.
En el dieciséis de junio
de mil ochocientos nueve,
cayó por última vez,
el ancla que a la luz vuelve.
Salía a topar con la luz
de un radiante mediodía;
y sin embargo una noche
de ignorancia la envolvía.
Dos metros setenta y cinco
entre la cruz y la cima
de su caña, que una argolla
envuelta en rafia lucía.
Cuarenta y siete centímetros
alza la argolla y su rafia,
se hizo polvo en pocas horas,
después de salir del agua.
Su enorme cepo de roble
entonces, lo había perdido;
tal vez esté, desarmado
y en la restinga tendido.
Cuarenta y siete centímetros
de base y cincuenta y siete
de altura, muestran las uñas
en triángulos como arietes.
Se dijo siempre que el rumbo
que al velero inundaría,
lo causó la uña de su ancla
que atravesó la obra viva.
Entre punta y punta de uñas,
el arco del "doble anzuelo",
abre un segmento de círculo
que casi alcanza a dos metros.
Medidas tan inusuales
dan a imaginar a un barco,
de por lo menos media cuadra,
por ese "muerto" fondeado.
De vuelta al muelle "del Este",
llevarán a duras penas,
lo que ha devuelto la mar
con preguntas sin respuesta.
Se logra izarla hasta el muelle
con destartalada grúa,
a la que falta un apoyo
y a la tarea dificulta.
Una nube de curiosos
contempla el ancla-tesoro;
y uno, experto en barcos viejos,
proporciona clave de oro.
le transfiere a Federico
una información sin precio,
para orientar una búsqueda
que consumió mucho tiempo.
Dijo que el Almirantazgo
Inglés, usó este modelo
de ancla, en los barcos de línea,
antes de mil ochocientos.
Luego, era de un barco inglés;
¿y qué barco inglés podría
ser desde hace tanto tiempo,
huésped de nuestra bahía'
Desde el Yacht Club, Federico
hizo de albacea del ancla,
que al fin fondeó en el Museo
Naval, sus largas andanzas.
Recorre García Capurro,
la historia de los naufragios
tradiciones y registros,
para dar con aquel barco.
Había hecho don Carlos Seijo
recuento de los naufragios
en esta zona del Plata
y en especial, Maldonado.
En la lista de siniestros,
incluye al "Agamenón";
y algo dice a Federico
que ahí está la solución.
El Yacht Club encargó a Deane,
en Londres, la iniciación
de un lento y largo proceso
de incierta investigación.
Se hizo un intento fallido
de buscar con hombres ranas,
cuando García fue ministro,
pero que al fin quedó en nada.
Del ancla de Federico
al libro de Antonio Deane,
"El favorito de Nelson",
se llegó a un final feliz.
De antes de la botadura
del "Agamenón" se narra,
su carrera y su naufragio
de tan peregrina fama.
Cuando la investigación
concluyó su último tramo,
dan con el "Agamenón"
buceadores uruguayos.
Hugo Charbonnier con Sergio
Pronczuk y con Héctor Bado,
con Alfredo Konke y Sergio
Rodríguez se han asociado.
Son Bado y Pronczuk tocados,
por la gracia del hallazgo;
"el favorito" despierta
y el sueño, está consumado.
fue el año noventa y tres;
y ahí se encuentra todavía,
desde aquel toque fatal,
con un noreste de brisa.
El "Yacht Club Punta del Este",
el de Lóizaga y Gorlero,
impulsa a dos comodoros,
a cubrir un derrotero.
Un ancla, un buque fantasma
y de él, al "Agamenón";
y García Capurro y Deane,
que cumplen con la misión.
En el verano de 1953, se leva un ancla perdida el 16/IV/1809, en Punta del Este. Casi 144 años estuvo bajo el agua. Vincularla con su barco, costó 40 años de investigación. Los héroes de esta tenacidad fueron, con multitud de cooperaciones, el doctor Federico García Capurro, el escritor Antonio N. Deane y los buzos Héctor Bado y Sergio Pronczuk. Por el primer y excepcional desvelo de identificación, decidí titular a este poema: "El ancla de Federico".
U.P.
Poesía
La búsqueda
Es tan largo el camino,
tan corta la porfía
que gastará el ensueño
en vislumbrar poesía.
Todo será buscarte;
sufrir la cacería
por llevarle a la pena
su poca de alegría.
Por eterna huidiza
la Humanidad te espía;
aprehender tu belleza
da paz a la agonía.
las gentes hacen postas;
la meta es la armonía;
la canción, mar nutricia,
va tras tu profecía.
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