Diferencia entre revisiones de «Poemas de los relieves y poemas de circunnavegación»

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===Dionisio===
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Un niño en medio del campo,
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y un abuelo alcoholizado,
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que mata a su hija; a sus nietos,
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también resuelve matarlos.
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Marina, catorce meses
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de vida tiene en peligro;
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la salvación de la niña
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busca su hermano Dionisio.
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Le mataron a su madre
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y ya agoniza el tío Eduardo;
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la locura de Juan Díaz
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fue su vigilia de espanto.
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noche de frío, de hambre y de muerte,
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contra un niño de nueve años;
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Dionisio está malherido
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en medio de este calvario.
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El Olimar de la vida
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con la muerte se ha topado;
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la noche que no termina
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y esa niña sollozando.
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El patio ya ha de estar libre,
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porque en él, cantan los páaros;
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marcha el niño de leyenda
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llevando su hermana en brazos.
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Descalzo, pantalón corto
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y apenas una camisa;
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debe atravesar la helada
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para salvar su hermanita.
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Por más de cincuenta cuadras
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Dionisio ha de caminar;
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y por fin, llegado a "El Oro",
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a la niña entregará.
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Por denunciar los sucesos,
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va a buscar al comisario
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y es a dos guardias civiles
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que cuenta el relato trágico.
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Nadie ha sentido quejarse
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al que a Marina ha salvado;
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pero tiene el vientre abierto
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y morirá de ese tajo.
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==Tenacidad==
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===El ancla de Federico===
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El año cincuenta y tres,
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Figueto Lauz fue a pescar,
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ostras, en Punta del Este,
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con una red especial.
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Era una red de su invento
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con garfios en el orillo,
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que juntaba en el bolsón
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lo que removía el rastrillo.
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Lauz, en el "Pirata Chico";
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tarde de un fin de verano,
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sin sospechar que aquel día
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reservara un gran hallazgo.
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Situado como a tres cuadras
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y media de la ribera,
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daba su enfile hacia el este
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al muelle del Club de Pesca.
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La Isla Gorriti, arboleda
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y anillo de espuma blanca,
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a distancia similar
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al oeste se contemplaba.
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Un bamboleo azul-celeste;
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el mar, el cielo; una barca,
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atravesando el silencio
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que un chas chas de olas apaga.
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Es en medio de esa pesca
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cuando la red se le atasca
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y de la maña a la fuerza
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agotaría por zafarla.
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Señala con boyarín
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su red y al puerto regresa;
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cuando llega, a Federico
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García Capurro le cuenta.
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Dirigente del Yacht Club
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por entonces Federico,
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al programa de rescate
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volcará todo su auxilio.
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A la mañana siguiente,
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una red piensan salvar;
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y en rigor, un gran misterio
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del fondo levantarán.
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Pilotea García a la "Zíngara";
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navega Lauz "El Pirata";
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y comprueban que el destrozo
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fue causado por un anchla.
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Nadie sabe, sin embargo,
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que allí mismo hay un navío
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y que el buque es una historia
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que tiene como dos siglos.
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No podían imaginar
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que el ancla que se pescó,
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cayó al mar la última vez,
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fondeando al "Agamenón".
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El "Agamenón" fue un barco
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decisivo en Trafalgar;
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y antes de ese encuentro tuvo
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a Nelson por capitán.
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Por ahora, sólo hay un ancla;
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y cuarenta años vendrán,
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de insomne buceo en la historia,
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en pos de la realidad.
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Estaban sobre el bajío
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llamado de "Los Banquitos";
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y era en su peor bajo fondo.
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en "El placer de los chinos".
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Ciento cuarenta y más años
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hace que se inició el cuento
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en ese mismo lugar,
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con un anclaje postrero.
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En el dieciséis de junio
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de mil ochocientos nueve,
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cayó por última vez,
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el ancla que a la luz vuelve.
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Salía a topar con la luz
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de un radiante mediodía;
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y sin embargo una noche
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de ignorancia la envolvía.
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Dos metros setenta y cinco
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entre la cruz y la cima
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de su caña, que una argolla
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envuelta en rafia lucía.
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Cuarenta y siete centímetros
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alza la argolla y su rafia,
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se hizo polvo en pocas horas,
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después de salir del agua.
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Su enorme cepo de roble
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entonces, lo había perdido;
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tal vez esté, desarmado
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y en la restinga tendido.
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Cuarenta y siete centímetros
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de base y cincuenta y siete
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de altura, muestran las uñas
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en triángulos como arietes.
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Se dijo siempre que el rumbo
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que al velero inundaría,
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lo causó la uña de su ancla
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que atravesó la obra viva.
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Entre punta y punta de uñas,
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el arco del "doble anzuelo",
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abre un segmento de círculo
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que casi alcanza a dos metros.
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Medidas tan inusuales
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dan a imaginar a un barco,
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de por lo menos media cuadra,
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por ese "muerto" fondeado.
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De vuelta al muelle "del Este",
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llevarán a duras penas,
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lo que ha devuelto la mar
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con preguntas sin respuesta.
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Se logra izarla hasta el muelle
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con destartalada grúa,
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a la que falta un apoyo
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y a la tarea dificulta.
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Una nube de curiosos
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contempla el ancla-tesoro;
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y uno, experto en barcos viejos,
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proporciona clave de oro.
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le transfiere a Federico
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una información sin precio,
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para orientar una búsqueda
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que consumió mucho tiempo.
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Dijo que el Almirantazgo
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Inglés, usó este modelo
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de ancla, en los barcos de línea,
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antes de mil ochocientos.
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Luego, era de un barco inglés;
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¿y qué barco inglés podría
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ser desde hace tanto tiempo,
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huésped de nuestra bahía'
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Desde el Yacht Club, Federico
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hizo de albacea del ancla,
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que al fin fondeó en el Museo
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Naval, sus largas andanzas.
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Recorre García Capurro,
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la historia de los naufragios
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tradiciones y registros,
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para dar con aquel barco.
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Había hecho don Carlos Seijo
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recuento de los naufragios
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en esta zona del Plata
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y en especial, Maldonado.
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En la lista de siniestros,
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incluye al "Agamenón";
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y algo dice a Federico
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que ahí está la solución.
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El Yacht Club encargó a Deane,
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en Londres, la iniciación
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de un lento y largo proceso
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de incierta investigación.
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Se hizo un intento fallido
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de buscar con hombres ranas,
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cuando García fue ministro,
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pero que al fin quedó en nada.
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Del ancla de Federico
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al libro de Antonio Deane,
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"El favorito de Nelson",
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se llegó a un final feliz.
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De antes de la botadura
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del "Agamenón" se narra,
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su carrera y su naufragio
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de tan peregrina fama.
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Cuando la investigación
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concluyó su último tramo,
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dan con el "Agamenón"
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buceadores uruguayos.
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Hugo Charbonnier con Sergio
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Pronczuk y con Héctor Bado,
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con Alfredo Konke y Sergio
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Rodríguez se han asociado.
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Son Bado y Pronczuk tocados,
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por la gracia del hallazgo;
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"el favorito" despierta
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y el sueño, está consumado.
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fue el año noventa y tres;
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y ahí se encuentra todavía,
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desde aquel toque fatal,
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con un noreste de brisa.
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El "Yacht Club Punta del Este",
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el de Lóizaga y Gorlero,
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impulsa a dos comodoros,
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a cubrir un derrotero.
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Un ancla, un buque fantasma
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y de él, al "Agamenón";
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y García Capurro y Deane,
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que cumplen con la misión.
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''En el verano de 1953, se leva un ancla perdida el 16/IV/1809, en Punta del Este. Casi 144 años estuvo bajo el agua. Vincularla con su barco, costó 40 años de investigación. Los héroes de esta tenacidad fueron, con multitud de cooperaciones, el doctor Federico García Capurro, el escritor Antonio N. Deane y los buzos Héctor Bado y Sergio Pronczuk. Por el primer y excepcional desvelo de identificación, decidí titular a este poema: "El ancla de Federico".
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U.P.
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==Poesía==
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===La búsqueda===
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Revisión del 10:36 26 oct 2026

Tapa del volumen de poemas de Umberto Pereira cuyo contenido se reproduce en este capítulo.




De Umberto Pereira, "el poeta de Punta del Este"

Primera edición: 1995



Obras del Autor

- "Poemas de infancia puntaesteña", tomos I y II

- "Poemas de Punta del Este", tomos I al IV

- "Poemas de aventuras, regatas y naufragios en el Este"

- "Poemas de Maldonado", tomos I y II

- "Rafael Pérez del Puerto"

- "Poemas de los relieves" y "Poemas de cirncunnavegación"

- "La patria de Artigas" (inédito)



Prólogo

Se incluyen en esta edición, los "Poemas de los relieves" y los "Poemas de circunnavegación". Tratan de nuestra integración a la naturaleza y a la sociedad. Al mundo chico donde nacimos y al acontecer general. Nos enfrentamos a lo desconocido. Las emociones, estudio, pensamiento, decisiones, acción, entre otros factores, cumplen sus etapas de exploración, en nuestro espíritu y en el campo exterior. Cierta inteligencia del camino y la cultura sobrevinientes, nos proporcionan algunas medidas y reglas del juego. Es un proceso entre el ser y la sociedad. Un intercambio de lo real y lo falso, lo sucio y lo limpio, lo justo y lo injusto, lo bello y lo feo, el egoísmo y la generosidad, la pena y la dicha, la libertad y la opresión, lo limitado y el infinito, en una sucesión de opuestos, más las zonas intermedias. En la marcha, en ocasiones, parece que tocamos piso de roca; otras tantas, arena movediza; calmas y tempestades. Es obvio que nuestros limitados dones e información, deriven en conocimiento incompleto, para lograr la verdadera libertad de opción. Deben tenerse en cuenta, la certidumbre, por parcial que sea, la seguridad, el desamparo, la inseguridad, las cegueras, la insuficiencia de nuestro instrumental, entre otras cosas.

De ahí surgen aciertos, tanteos, engaños y errores, consustanciales al límite personal y colectivo. En lo que estimamos como logros, hay experiencia y saber relativos. Un conocer dinámico puede cambiar en el tiempo, el tamaño atribuido a las realizaciones ya los hallazgos, mediante nuevas puestas en valor.

Hay lastres que se tiran al mar; hay implementos que se incorporan, por estimarlos más seguros para la navegabilidad. Se van presentando múltiples niveles en la lectura de la vida. En consecuencia, algunos hechos y cosas pueden cambiar de relieve comparativo. hasta pueden haber pasado inadvertidos en la ruta de circunnavegación y de pronto, toman ubicaciones fundamentales. Lo cierto es que nunca se posee toda la verdad o cualquier otro valor hacia los que ordenamos la travesía. Nunca deja de aparecer lo nuevo, que nos acerque a la sustancia vital, tan inconmensurable.

en el gobierno personal, la conciencia ajusta, a veces, sus conclusiones; calibra anteriores certezas, en lo favorable y en lo adverso. Siempre es preciso conceder espacio a nuevas luces. Por otra parte, es posible la pérdida de elasticidad ante lo imprevisto; la tendencia a permanecer al amparo de la sedicente seguridad. Y hay grandes presencias de libertad y solidaridad, más arriba de los hombres y entre ellos. Cuanto más se las vislumbra, tanto más pueden moverse los límites relacionados con la voluntad individual o social. Sin embargo, en lo que el mundo lleva de crucero, anotando en su bitácora, se lo ve aproximarse, reiteradamente a la zona de la confrontación, al lugar donde soplan repetidos vientos bramadores. Vientos contrapuestos, que pretenden dominarse entre si, con el propósito, casi exclusivo, de la embriaguez de la victoria. Es común que entonces se destruyan estructuras, sustituyéndolas por otras, que no parecen liberar al hombre de la indignidad y del caos esencial anterior. Y una cosa, en apariencia tan fácil de captar, como que la tripulación debería acordar para cooperar, con distintas capacidades, pero con similar código moral, sin irritantes ventajas para nadie, tarda demasiado en hacerse realidad.

No sólo dar; no sólo recibir. Cooperar en el bien común hasta el extremo razonable, perfeccionando siempre el equilibrio, suena como lejana, lejana fantasía. El denominador común de concordia y de mínimo existencial para todos, sigue siendo la más cruel de las ausencias.

Eso mirando al mundo. Si procuramos mirarnos a nosotros mismos, lo que aparece es el frágil barquito de nuestra dignidad, también ante vientos desconocidos y misteriosos, que borronean la identidad, como si quisieran hundirnos en un salvaje anonimato sin voz. Contra ello, el esfuerzo personal, no agota muchas veces lo que debe y puede. Lo dicho, son algunos apuntes del camino. Algunas calas hasta donde nos han sido dables, pero que nunca nos quitaron la alegría de vivir y el buen juicio par esperar del discernimiento y la capacitación generales. Con un celo, casi inconmovible, hemos luchado por conservar un acrático recinto interior, para cantar al ser y al deber ser. Es un polo magnético, tendiente a la libertad, a lo justo, lo bueno y lo bello para todos, irrenunciable e inenajenable, por encima de todo. Todavía no hemos podido alcanzar el misterio poético de muchas cosas y de muchos seres. Pero hay un hilo conductor de armonías que reclama, en cada jornada, nuestro amor y nuestro homenaje a la naturaleza, a los hombres éticamente ejemplares y a sus obras que los han vuelto bellas personas, al margen de errores, omisiones o etiquetas. Nuestra agonía (lucha material y espiritual) se ha resuelto así, en un canto solidario. Casi no hemos sabido hacer otra cosa que cantar. Emitir tal canto, ha sido nuestro rumbo. Para nuestro barquito y el de los demás y nos hace mucho bien.

Respeta al ser de ciertas excelencias reales, que apuntan su impulso hacia los grandes sueños.

Se nos va cumpliendo un deseo: mirar y traducir con amor en la escritura, el mural de la vida. Dar testimonio de la tierra chica querida, la naturaleza, la carrera personal, la gente que la habita y un modo de sentir y entender la patria de Artigas, no como burbuja regional sino como parte del universo.

Lo publicado, lo hemos hecho llegar a algunos de nuestros amigos, a todas las escuelas y a todos los liceos de los departamentos de Maldonado, Lavalleja y Rocha, que permanecen iguales, juntos e inseparables en nuestro corazón.


U.P.




Fuerza




Estatua a la victoria en Samotracia

Victoria: forma excelsa de falso contenido,

que seduces, marchando, con además triunfal,

en un soberbio intento de vuelo al infinito,

parece que pudieras vencer la gravedad.

Victoria que en la fuerza apoyas el imperio,

robando de los pueblos, sagrada libertad;

que ante el dios de la guerra, ofrendas los vencidos

y en el mar de su sangre, sales a navegar.

Victoria que saciaste de poder tu egoísmo

y lo extiendes en alas que ocultan la verdad;

pisando sobre esclavos has llegado a ese plinto;

destruyendo la vida, te atreves a volar.

Victoria a quien envuelve un culposo silencio

y en un viento de muerte nutres tu soledad;

malhabida belleza: ése es tu cruel destino,

porque amor y concordia, jamás encontrarás.



Libertad



Sábana pintada por Cristo



"Ámense como yo los amo"

Jesús, al despedirse

Jesús: yo fui la sábana de lino;

y tu muerte al borrarme los pecados,

me imprimió un evangelio peregrino,

de caridad flameante en tu retrato.

Yo era el salvaje paño del instinto,

trenzado en egoísmo milenario;

y en esa tela descansó tu cuerpo

y en ella tu mensaje fue grabado.

Soy yo y la Humanidad, en un manteo;

somos sábana trágica jugando

a gastar tu visión con los pecados.

Aquí estoy; soy tejido de los siglos;

entramado maldito, tan confiado,

en la diaria impresión de tu milagro.

Mahatma Gandhi



Ya te animó la vida; cuando de ti se aleje,

junto al divino Jamna, al polvo volverás;

cuando tu flor en llamas sobre el río se refleje

será inmortal tu verbo para la Humanidad.

La urdimbre de millones de lágrimas ya teje,

trágico dhoti blanco; para tu eternidad;

Bapu; Bapu profundo: que nunca el mundo deje,

de velar por tu sueño y de buscar tu paz.

"Tú que marchabas solo", por la senda escondida,

la boda con la muerte haz boda con la vida

y fecundiza el alma infecunda y podrida

y hazla menos mezquina, menos adormecida,

más diáfana, más alta, menos encallecida

y enciéndenos el credo de luz y libertad.

Estatua de Lincoln



Ese puño siniestro representa

una noche de horror, cruel y doliente;

la infame indignidad de la cerrada

blasfemia contra Dios omnipotente.

Sentado entre los haces de justicia,

vuelves al mármol, anhelar ardiente;

¡Abraham, Abraham; de tu mirada

sale a volar el negro independiente!

Mas... la fiebre de fuerza y de codicia,

con su piel o sin ella cobra esclavos

y posterga al amor que tu querías.

Pero tu mano diestra aun acaricia,

el sueño de igualar a los humanos

en el rosado albor de un nuevo día.

Libertad



Hay un hombre de tierra

y hay un hombre de fuego;

también un hombre de agua

más un hombre de viento.

Fuego y viento que inventan

la canción de los tiempos;

tierra y agua que gustan

tonadas del silencio.

Somos algas y peces;

somos árbol y huerto;

la flor del alma en llamas,

memoria de los vientos.

Podemos navegarnos,

podemos recogernos,

poner luz en el aire,

desintegrar infiernos.

Todo parte y regresa

de los cuatro elementos;

tu resuelves si vivo;

tu decides si muero.

Patria



Río Uruguay



Donde confluyen tus aguas

con el Cuareim, formarán,

la Bella Unión con los indios

orientales, Río Uruguay.

Artigas, Salto atraviesas;

Paysandú y Río Negro y vas,

a Soriano y a Colonia

y a la mar, Río Uruguay.

La victoria de Las piedras,

emigra y te cruzará;

un código piensa Artigas,

en Ayuí, Río Uruguay.

Salto Grande, Salto Chico,

donde aprendes a volar;

parecen agua tus pájaros;

Río Uruguay, Río Uruguay.

Camino del agua espuma,

multicolor aletear,

costa izquierda, azul querencia;

Río Uruguay, Río Uruguay.

De paso honrarás al héroe,

en su cuartel general;

Hervidero de la Gracia

Villa Uruguay, Río Uruguay.

Por Paysandú trae Artigas

Carta Magna Federal,

que el rumor de tus orillas

le inspiró, Río Uruguay.

En tu horqueta libertaria

con el Río Negro, te hará,

Rivera un Rincón de gloria,

para ti, Río Uruguay.

Muy cerca de tu corriente

soriana, la Alarma da

un Grito eterno en Asencio,

en tropel, Río Uruguay.

Y en una Playa Agraciada,

una mañana inmortal,

Treinta y tres mudas de Artigas

dejarás, Río Uruguay.

De tus pájaros pintados,

nació la Patria Oriental;

Artigas gritó en Colonia,

libertad, Río Uruguay.

Para el ojo de una presa,

tu energía regalarás;

y sigues como si nada

Río Uruguay, Río Uruguay.

Puedes dormirte volando,

borbor de la oscuridad;

y amanecer arco iris,

Río Uruguay, Río Uruguay.

Reposarás en tus puertos

como esperanza fugaz;

impaciencia marinera

por el mar, Río Uruguay.

Capaz que no seas un pájaro;

tal vez seas agua no más;

y cardumen de riqueza;

no lo sé, Río Uruguay.


Este poema tiene música del Maestro Julián Rey Gándara.

Artigas



Pepito Artigas, mozo afortunado,

dueño de una irradiante simpatía;

deslumbraba en tu tiempo de "hombre suelto",

la rectitud y el temple de tu hombría.

Llegó el blandengue y operó el prodigio:

ladrones en soldados convertía

y en la "admirable alarma", fue tu pueblo

quien dijo: éste, es el jefe que quería.

Y la unión en exilio, dio su fruto:

libre, republicana autonomía;

y con "veinte palabras", su derecho,

enarboló tu férrea valentía.

Solo por hermanar todos los pueblos,

tu inagotable amor se consumía.

La autonomía



Traición de Pancho Ramírez,

inicial de la "derrota";

puñal infame y perjuro,

amparado por las sombras.

Regaló ponchos de sangre

el infiel, a la anarquía

y una manta de desgracia

al potro de la ignominia.

Alcanzó lanzas al odio

y espuelas a la mentira;

cortó las riendas del miedo

y abrió el corral de la insidia.

¿En qué caja la guardabas

astuto Pancho Ramírez,

ausente de la mirada

del Protector de los Libres?

Atropellaron de noche

a matar la autonomía;

sola, desnudita, inerme,

en delirios la veían.

Y la dejaron por muerta;

pero al despuntar el día,

iba en las ancas de un flete

cabalgando, con Artigas.

Cavilaba el Protector;

su compañera aprendía,

la senda que de regreso,

solitaria seguiría.

Iniciada en selva y cielo,

cartuja en la lejanía,

con un percal de silencio,

nadie la reconocía.

Para la marcha fatal

llegó el momento supremo;

parecían rumbos distintos

y alcanzó un solo lucero.

Rivera



Desde el bautismo de fuego

en el Rosario del Colla,

hasta el rancho de Bartolo,

corrió borrascosa historia.

Bueno de mucha bondad,

generoso como pocos,

"oriental no más" a secas,

pero querido por todos.

Por todos... es un decir;

hubo quien te quiso mal;

y proclamó tus pecados

con una saña mortal.

Son Guayabos y Rincón,

Sarandí y Misiones, dianas;

Cagancha es tu gran laurel,

libertador de la patria.

"Vende a la chacra y a mi",

le dijiste un día a tu esposa,

para pagar a soldados

"que hace tiempo que no cobran".

De presidente... te acusan

de gastar mal el dinero;

puede ser... es; pero siento,

que es mucho lo que te debo.

Te debemos una patria,

la libertad, el esfuerzo

tan largo, de cuarenta años,

que no ven censores ciegos.

Mira Frutos: no hagas caso

a esos recuentos estrechos;

que el tiempo te ha de pagar

con un inmortal recuerdo.

Lavalleja



Te nombró don Juan Zorrilla:

"toro de la libertad";

sin medida en la pelea,

por lo que más se ha de amar.

Luz del coraje "del Este";

punteando en la montonera,

mostraste lo que valía,

tu brazo para la guerra.

Era inquieta tu figura;

arisca como la sierra;

con tu compadre don Frutos,

siempre andabas en querella.

Querella por la ansiedad

para liberar la tierra;

distinto paso al andar,

pero por la misma huella.

Tu grito en la adversidad,

treinta y dos ecos encuentra;

contigo cruzan el río

y juran sobre la arena.

Cuando cuajó Sarandí,

aquel grito se renueva;

lo das por la libertad

Juan Antonio Lavalleja.

¿Errores contra la patria?;

no hay duda que los tuvieras;

pero también ofreciste

siempre la vida por ella.

Pequeño, robusto, fuerte

sableando intrusos estás

empinado en los estribos,

toro de la libertad.

Olivera



Una frente generosa,

ojos de mirada fiera;

un ceño diciendo: ¡síganme!

y una revuelta melena.

Salías a topar la muerte

y encontrabas la belleza,

ganando a la tiranía

la libertad de la tierra.

Amplia nariz, muy baqueana

rumbeando en olor a yerbas;

unos labios generosos;

bigote mediano en hebras.

No menciono tus batallas

porque no tienen ni cuenta;

ni evoco tu atropellar

ni el terror que con él siembras.

Pómulos voluntariosos,

mentó cuadrado de guerra;

un rostro ancho de coraje,

de fe para la pelea.

No hago un alto en Sarandí

ni en otras tantas porque eran,

los magníficos ensayos

para tu mejor proeza.

Unos brazos de titán

para un cuerpo que no muestra,

al gigantesco guerrero

que se agranda en la refriega.

Noche: sierras y bajíos;

pantano y Laguna Negra;

un bastión vas a asaltar,

sorteando palmas y estrellas.

Unas manos increíbles;

grandes, de gracia serena;

para amasar con ternura

todo el amor a la tierra.

El tiempo se quedó quieto;

descreído con tu empresa

y con el cierre del parte:

"¡He cumplido con la oferta!"

Se fue quedando de bronce

toda tu antigua fiereza,

en una guardia infinita

rondando a la Fortaleza.

Estoy nombrando a un valiente;

a un montonero de gesta;

al bravo "Señor del Este";

a don Leonardo Olivera.

José Pedro Varela



La patria transitaba, senda triste y oscura;

la igualdad era un mito, capricho era la ley;

y tú te levantaste contra la dictadura,

prendiendo en las conciencias, el fuego del saber.

Tú condenaste al sabio ciego, que no procura

combatir la ignorancia y hacer vivir de pie;

los niños señalaste como la levadura

del mundo justo y bueno que anunciaba tu fe.

Tú recordaste al hombre, para hacer su aventura,

su gobierno y su rumbo, para saber quién es,

el deber de ilustrarse, de romper ataduras

y no renunciar nunca a su sed de aprender.

Aceite de tal lámpara, tu amor y tu ternura,

nos arde hoy en el pecho: signo nuevo en la grey;

nuestra voz es la patria: sale a buscar altura,

la flor de los ensueños que sembrabas ayer.

La ronda de los niños, con su canto figura,

el honor que tu ejemplo se ganó en buena ley;

tu vida en ella cumple la esperanza más pura:

la escuela que anhelabas, alza su amanecer.

Batlle y Saravia



Un día habrás de acuñar

pueblo, una medalla de oro,

con Saravia por un lado

y con Batlle por el otro.

En el anverso el valor

y la ley en el reverso;

un campo blanco reclamo;

otro, colorado sueño.

Una cara tradición

y la otra cara progreso;

una efigie rebeldía;

otra empuje justiciero.

Pedirá en el haz, del voto,

el más prolijo recuento;

y en el envés los caminos

para un estado moderno.

Reparto proporcional

de cargos en un grabado;

y para el otro relieve,

el coraje de otorgarlo.

A uno le quitó la vida

tiro maldito y certero;

el otro la fue gastando

en realidades y anhelos.

Se odiaron en el amor

de los dos por este suelo;

y agrandaron una patria

que para el mundo es ejemplo.

Ninguno necesitaba

nada; sus desvelos fueron

defensa de la deseada

libertad de nuestro pueblo.

Según quien mire serán

haz y envés esas dos caras;

pero en rigor no hay reverso

cuando la causa es sagrada.

Pintura



Joaquín Sorolla



Sorolla: en una escena campesina,

grande que José Pedro Argul tenía,

en tu entrañable España penetraba,

desde esta americana lejanía.

Del arte, era mi amigo la elocuencia

que deslumbraba la ignorancia mía;

y de pronto su voz se hacía lejana

porque en la enorme tela me perdía.

Ya ni sentado ni atendiendo estaba;

los quiebres de la luz de aquella escena

interminablemente recorría.

Con prudencia, el discurso continuaba;

y Argul, feliz, pasaba por su antena,

la música que el cuadro transmitía.

Pedro Figari



La dinámica vida de tus cuadros,

es repicar de ensueño y de colores;

llanto de negros convocando a fiesta,

trágico carnaval de los dolores.

Pedro Figari: estás rememorando

tráfico infame, humanos cazadores

de hombres sin libertad, que a la tristeza

hacen sonar, sangrando los tambores.

Rastreas el campo, el pueblo, la tertulia,

el baile, los entierros de angelitos

y la noche repleta de ladridos.

El cielo que derramas sobre ombúes,

las esponjas de luz que son tus lunas,

pintan la humanidad de tu latido.

Rafael Pérez Barradas



Esfumaste los rostros para darnos

mutación permanente de sus almas

y es el contemplador el que termina

el pensar, los sentires y las caras.

Ciego destino nubla las pupilas

y hasta la Virgen tiene, preocupada,

al Niño Dios en brazos y parece,

que el magnicidio ya la traspasara.

Abreviado dibujo; su riqueza,

es la pobreza espiritualizada,

hablando de la vida y de la muerte.

Son tus criaturas quietas y calladas,

espectadoras de una densa niebla;

anónimos olvidos de la suerte.

Carmelo de Arzadun



¿Qué es Carmelo de Arzadun sino el aire,

la nube, el cielo, la gaviota, el mar;

registrando en Las Flores la belleza,

compenetrado en el color local?

Contesta a la estridencia con silencio,

de frágil y encendida humanidad;

asordinando voces pinta sueños,

espuma breve y ansias de volar.

Con camino y orilla, sin urgencia,

hace el propio lenguaje claro y suelto

y es huella que la ola borrará.

Autorretrato del alma; pura esencia;

pinceles embebidos en el viento;

siempreviva de nuestra realidad.

José Cúneo



Están volando en Treinta y Tres los pájaros;

llega de Europa Cúneo y al mirar,

someterá la sierra, el cielo, el vuelo,

a una oriental cultura universal.

Va y viene de Paris y hay en Florida,

ranchos y lunas que esperando están,

la sideral pasión de sus pinceles

que buscan disolver la gravedad.

Viaja y pinta y enseña y luego expone:

nuevo color y luz y autonomía,

espacio, movimiento y libertad.

El óleo y la acuarela, usan paisaje,

figura y abstracción y fantasía,

para dar a entender al Uruguay.

Joaquín Torres García



En su universalismo constructivo,

rigurosa estructura y proporciones,

nace belleza abstracta para el mundo,

donde se inscriben formas grises y ocres.

Esfera, cubo, sol, árbol, pirámide,

cruz, ancla, pan, botella, oveja, rancho;

reloj, balanza, luna, pez, pareja,

tranvía, escalera, corazón y barco.

Rectángulos con áureas dimensiones

clausuran a los signos primitivos;

casan al huésped con el infinito.

Un hombre habla y construye con pintura;

la carga leve y honda en su trazo,

da cósmicas medidas a lo chico.

Edgardo Ribeiro



Temperamento y luz subtropicales

traes, Edgardo Ribeiro, desde Artigas;

disciplina y control de los espacios,

desnudez, te insinuó Torres García.

Y así han venido carros y matungos,

rostros, chalanas y otras alegrías,

olas, ciudades, ríos del mundo entero,

a ofrecerte su voz y su fatiga.

Y enseñas a sacar por los pinceles

el alma de las cosas y la vida,

como el sedante vino del banquete.

Que todos puedan ver en los colores,

Justicia, amor y paz, claman tus telas;

una tregua en la lucha es lo que quieren.

Heroicidad



Los sordomudos



Con los ojos, con las manos,

de entre sus labios al sonreír

y con todo su cuerpo hablan

los sordomudos: ¡cuánto sufrir!

¡cuánta gracia en movimiento;

cuánta tristeza por el mal don;

cuánta corriente de vida

para vencer la ausencia de voz!

A tu voz, suplen mis ojos,

que una membrana, ante el signo son;

y ya desbloqueada tu alma,

camina rumbo a mi corazón.

En tanto, a muchos parlantes,

en apariencia, nadie escuchó;

y se los tragó el silencio

sin obtener comunicación.

Dionisio



Un niño en medio del campo,

y un abuelo alcoholizado,

que mata a su hija; a sus nietos,

también resuelve matarlos.

Marina, catorce meses

de vida tiene en peligro;

la salvación de la niña

busca su hermano Dionisio.

Le mataron a su madre

y ya agoniza el tío Eduardo;

la locura de Juan Díaz

fue su vigilia de espanto.

noche de frío, de hambre y de muerte,

contra un niño de nueve años;

Dionisio está malherido

en medio de este calvario.

El Olimar de la vida

con la muerte se ha topado;

la noche que no termina

y esa niña sollozando.

El patio ya ha de estar libre,

porque en él, cantan los páaros;

marcha el niño de leyenda

llevando su hermana en brazos.

Descalzo, pantalón corto

y apenas una camisa;

debe atravesar la helada

para salvar su hermanita.

Por más de cincuenta cuadras

Dionisio ha de caminar;

y por fin, llegado a "El Oro",

a la niña entregará.

Por denunciar los sucesos,

va a buscar al comisario

y es a dos guardias civiles

que cuenta el relato trágico.

Nadie ha sentido quejarse

al que a Marina ha salvado;

pero tiene el vientre abierto

y morirá de ese tajo.

Tenacidad



El ancla de Federico



El año cincuenta y tres,

Figueto Lauz fue a pescar,

ostras, en Punta del Este,

con una red especial.

Era una red de su invento

con garfios en el orillo,

que juntaba en el bolsón

lo que removía el rastrillo.

Lauz, en el "Pirata Chico";

tarde de un fin de verano,

sin sospechar que aquel día

reservara un gran hallazgo.

Situado como a tres cuadras

y media de la ribera,

daba su enfile hacia el este

al muelle del Club de Pesca.

La Isla Gorriti, arboleda

y anillo de espuma blanca,

a distancia similar

al oeste se contemplaba.

Un bamboleo azul-celeste;

el mar, el cielo; una barca,

atravesando el silencio

que un chas chas de olas apaga.

Es en medio de esa pesca

cuando la red se le atasca

y de la maña a la fuerza

agotaría por zafarla.

Señala con boyarín

su red y al puerto regresa;

cuando llega, a Federico

García Capurro le cuenta.

Dirigente del Yacht Club

por entonces Federico,

al programa de rescate

volcará todo su auxilio.

A la mañana siguiente,

una red piensan salvar;

y en rigor, un gran misterio

del fondo levantarán.

Pilotea García a la "Zíngara";

navega Lauz "El Pirata";

y comprueban que el destrozo

fue causado por un anchla.

Nadie sabe, sin embargo,

que allí mismo hay un navío

y que el buque es una historia

que tiene como dos siglos.

No podían imaginar

que el ancla que se pescó,

cayó al mar la última vez,

fondeando al "Agamenón".

El "Agamenón" fue un barco decisivo en Trafalgar;

y antes de ese encuentro tuvo

a Nelson por capitán.

Por ahora, sólo hay un ancla;

y cuarenta años vendrán,

de insomne buceo en la historia,

en pos de la realidad.

Estaban sobre el bajío

llamado de "Los Banquitos";

y era en su peor bajo fondo.

en "El placer de los chinos".

Ciento cuarenta y más años

hace que se inició el cuento

en ese mismo lugar,

con un anclaje postrero.

En el dieciséis de junio

de mil ochocientos nueve,

cayó por última vez,

el ancla que a la luz vuelve.

Salía a topar con la luz

de un radiante mediodía;

y sin embargo una noche

de ignorancia la envolvía.

Dos metros setenta y cinco

entre la cruz y la cima

de su caña, que una argolla

envuelta en rafia lucía.

Cuarenta y siete centímetros

alza la argolla y su rafia,

se hizo polvo en pocas horas,

después de salir del agua.

Su enorme cepo de roble

entonces, lo había perdido;

tal vez esté, desarmado

y en la restinga tendido.

Cuarenta y siete centímetros

de base y cincuenta y siete

de altura, muestran las uñas

en triángulos como arietes.

Se dijo siempre que el rumbo

que al velero inundaría,

lo causó la uña de su ancla

que atravesó la obra viva.

Entre punta y punta de uñas,

el arco del "doble anzuelo",

abre un segmento de círculo

que casi alcanza a dos metros.

Medidas tan inusuales

dan a imaginar a un barco,

de por lo menos media cuadra,

por ese "muerto" fondeado.

De vuelta al muelle "del Este",

llevarán a duras penas,

lo que ha devuelto la mar

con preguntas sin respuesta.

Se logra izarla hasta el muelle

con destartalada grúa,

a la que falta un apoyo

y a la tarea dificulta.

Una nube de curiosos

contempla el ancla-tesoro;

y uno, experto en barcos viejos,

proporciona clave de oro.

le transfiere a Federico

una información sin precio,

para orientar una búsqueda

que consumió mucho tiempo.

Dijo que el Almirantazgo

Inglés, usó este modelo

de ancla, en los barcos de línea,

antes de mil ochocientos.

Luego, era de un barco inglés;

¿y qué barco inglés podría

ser desde hace tanto tiempo,

huésped de nuestra bahía'

Desde el Yacht Club, Federico

hizo de albacea del ancla,

que al fin fondeó en el Museo

Naval, sus largas andanzas.

Recorre García Capurro,

la historia de los naufragios

tradiciones y registros,

para dar con aquel barco.

Había hecho don Carlos Seijo

recuento de los naufragios

en esta zona del Plata

y en especial, Maldonado.

En la lista de siniestros,

incluye al "Agamenón";

y algo dice a Federico

que ahí está la solución.

El Yacht Club encargó a Deane,

en Londres, la iniciación

de un lento y largo proceso

de incierta investigación.

Se hizo un intento fallido

de buscar con hombres ranas,

cuando García fue ministro,

pero que al fin quedó en nada.

Del ancla de Federico

al libro de Antonio Deane,

"El favorito de Nelson",

se llegó a un final feliz.

De antes de la botadura

del "Agamenón" se narra,

su carrera y su naufragio

de tan peregrina fama.

Cuando la investigación

concluyó su último tramo,

dan con el "Agamenón"

buceadores uruguayos.

Hugo Charbonnier con Sergio

Pronczuk y con Héctor Bado,

con Alfredo Konke y Sergio

Rodríguez se han asociado.

Son Bado y Pronczuk tocados,

por la gracia del hallazgo;

"el favorito" despierta

y el sueño, está consumado.

fue el año noventa y tres;

y ahí se encuentra todavía,

desde aquel toque fatal,

con un noreste de brisa.

El "Yacht Club Punta del Este",

el de Lóizaga y Gorlero,

impulsa a dos comodoros,

a cubrir un derrotero.

Un ancla, un buque fantasma

y de él, al "Agamenón";

y García Capurro y Deane,

que cumplen con la misión.


En el verano de 1953, se leva un ancla perdida el 16/IV/1809, en Punta del Este. Casi 144 años estuvo bajo el agua. Vincularla con su barco, costó 40 años de investigación. Los héroes de esta tenacidad fueron, con multitud de cooperaciones, el doctor Federico García Capurro, el escritor Antonio N. Deane y los buzos Héctor Bado y Sergio Pronczuk. Por el primer y excepcional desvelo de identificación, decidí titular a este poema: "El ancla de Federico".

U.P.



Poesía



La búsqueda



































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