Poemas de Maldonado I y II
De Umberto Pereira, "el poeta de Punta del Este"
Primera edición: 1994
Noticia sobre el autor y su obra
Umberto Pereira nació el 4 de enero de 1923.
Poeta y profesor, ha publicado siete libros sobre su patria, Punta del Este: "Poemas de infancia puntaesteña (tomos I y II), "Poemas de Punta del Este" (tomos I al IV) y "Poemas de aventuras, regatas y naufragios en el Este". Los que siguen: "Poemas de Maldonado" (tomos I y II), aparecen conjuntamente en esta edición.
Los "Poemas de Maldonado" se inician con la fundación y comprenden a la naturaleza y a hechos históricos de significación. Señalan la importancia de ciertos edificios y cantan a ciudades, pueblos y vecinos de toda su escala social. Algunos de esos poemas, fueron separados de su ubicación original, para integrar los ya citados "Poemas de aventuras, regatas y naufragios en el Este". Ellos son: "Naufragio de la San José" y "Julio Grossy" en el primer tomo y "Estanislao Tassano; la diligencia", en el segundo.
Salvo los "Poemas de Punta del Este" (que hoy llamaríamos tomo I), impresos en homenaje al Cincuentenario de Punta del Este y al Bicentenario de Maldonado, en 1957, los demás poemarios han sido publicados entre 1993 y 1994, con la finalidad de enviarlos a las Bibliotecas de todas las Escuelas y Liceos de los departamentos de Maldonado, Lavalleja y Rocha y para los amigos del autor, fuera de comercio. Se exceptúan unos pocos ejemplares solicitados por la librería Linardi y Risso, de los "Poemas de aventuras, regatas y naufragios en el Este".
Quedan por editar: "Rafael Pérez del Puerto", que abarca el período final de Maldonado como colonia española, cuando su territorio era el "Gran Maldonado", integrado por los actuales departamentos de Maldonado, Lavalleja y Rocha, los "Poemas de los relieves", "Poemas de circunnavegación" (tomos I y II) y "La patria de Artigas". Estos últimos fueron concebidos, en general, en el tiempo de la vida montevideana del autor. Se incluye en este tiempo, un trabajo édito, del que Pereira fue redactor, bajo el título: "Guía Punta del Este, Piriápolis y sus alrededores 1987".
En cuanto a "la patria de Artigas", es un poema de más de sesenta mil versos, sobre la vida y la obra del gran republicano.
Contenido
- 1 Fundación de Maldonado
- 1.1 Arribo
- 1.2 José Joaquín de Viana
- 1.3 Deseo de permanecer
- 1.4 Los guaraníes misioneros
- 1.5 Primer despertar
- 1.6 Esposas de fundadores españoles
- 1.7 Madres guaraníes misioneras
- 1.8 Hijos guaraníes misioneros
- 1.9 Padres y cachorros misioneros
- 1.10 Cachimba del Rey
- 1.11 Cuartel de Dragones
- 1.12 Torre del Vigía
- 1.13 Escudo de Maldonado
- 1.14 La casa de Sir Home Popham
- 1.15 La esclava
- 1.16 Molino de viento
- 1.17 El templo
- 1.18 Marco de los Reyes
- 1.19 Maldonado I
- 1.20 Maldonado II
- 1.21 Maldonado III
- 1.22 Maldonado IV
- 1.23 Ciudad de Maldonado
- 2 Poemas de Maldonado II
- 2.1 Enrique Burnett
- 2.2 Antonio Lussich
- 2.3 Bosque de Maldonado
- 2.4 San Carlos
- 2.5 Iglesia de San Carlos
- 2.6 S´acabó dipotimá - tradición fernandina del s. XIX
- 2.7 Piriápolis
- 2.8 Playa Verde
- 2.9 Pancho González
- 2.10 Isaac, el carbonero
- 2.11 Francisco Mazzoni
- 2.12 Pascual Gattás
- 2.13 Florencio Collazo
- 2.14 Elodia Montañés
- 2.15 Julián Astiazarán
- 2.16 El "Negro" Fleitas
- 2.17 Padre Domingo
- 2.18 Manuel T. Rivero
- 2.19 Jaime E. Pou
Fundación de Maldonado
Arribo
Vinieron Francisco Pérez,
José Brioso y Juan de Dios,
a vivir en Maldonado
en el núcleo fundador.
Vino Francisco Moreno,
con Isidoro García;
vino Nicolás Tornel,
Manuel Franca y José Vivas.
Venía Bartolomé Jayme,
Diego Sánchez y con ellos,
el coraje y la esperanza
pulseando con el desierto.
Y venía Benito Brioso;
también Antonio Alanís;
y venía mateo Moleras
y una aventura feliz.
Vienen mujeres y críos
con los padres fundadores;
y salen a recibirlos
la primavera y las flores.
Les salen ríos caudalosos,
lagunas y la mar brava;
la cambiante ondulación
de la Sierra de las Ánimas.
Venían bestias y herramientas,
el amor, la sementera
y un claro idioma que ambula
desde el mar a la sierra.
Y de la sierra a la mar
canta júbilos y penas;
júbilo por lo que ganan
y llanto por lo que dejan.
José Joaquín de Viana
Y los viene dirigiendo
don José Joaquín de Viana,
con un afán fundador
que no reconoce vallas.
No repara el gobernante
ni en olvidos de la ley
ni en la falta de poderes
ni en los silencios del Rey.
De a caballo y decidido
a poblar: eso fue todo;
para defender al Plata
de un vecino codicioso.
Es gladiador de dos mundos
don José Joaquín de Viana;
gobernador, Caballero
de la Orden de Calatrava.
Coronel de los ejércitos
que llegará a Mariscal,
se está jugando en la empresa,
por el bien y la verdad.
Se juega por la estrategia
sin fatigas y sin miedos;
por España, por su Rey,
por su fe, por su derecho.
Sugestionado, vidente,
seducido, enamorado,
con el embrujo del campo
y el puerto de Maldonado.
La certeza le acelera
el latir del corazón;
aniquila los olvidos
y glorifica al amor.
Decisión irrevocable
que desenvaina su sable
y acaricia con su punta
tierra de encantado valle.
Voluntad de adelantado
que corre por el acero
y abre surco antemural
para egregio alumbramiento.
No hubo juiciosos rituales
ni un acto fundacional;
pero el perfume y los pájaros
planeaban sobre el lugar.
Pidió confirmación Viana
que nunca le ha de llegar;
no hay autoridad ni límites,
cirujano o capellán.
Todas esas omisiones,
culpas del Rey, no del pueblo,
acháquense a la Corona;
no a los que enfrentan desiertos.
Pero habrá de hilarse fino;
no responder, no es negar;
no siguió al hecho informado,
el derecho de anular.
Porque el Rey pudo y no quiso
deshacer lo que hizo Viana:
dijo: "guárdese silencio"
y dejó crecer la planta.
Por manera que nosotros
somos hijos del silencio;
y aunque hablar es muy hermoso
sólo el silencio es más bello.
El equilibrio del clima,
de la unión de tierra y mar
y ese nacer, Maldonado,
te dieron destino impar.
Quién sabe qué honda intuición
le dijo al Rey que callara;
remota sabiduría
que con silencio otorgaba.
Si ser hijos de una voz
pudo parecer deseable,
mamar vida del silencio
es, realmente, lo inefable.
Deseo de permanecer
Año de mil setecientos
cincuenta y cinco; ya tienen:
capilla, ranchos y ovejas;
vacas y yeguas y bueyes.
Tienen caballos que son
emblema de libertad;
que someten la distancia
y al tiempo lo hacen volar.
Les entró amor al lugar,
a las olas y a la tierra;
quisieron permanecer;
mirar aquí las estrellas.
En la Laguna del Diario,
breve sueño descabezan
que dura apenas dos años;
después... a esta loma llegan.
La bahía de Maldonado
todavía se despereza;
le es imposible creer
que se terminó la espera.
La espera que desde el siglo
diecisiete era promesa;
sueño de Diego Rodríguez
que puso en valor la tierra.
Los guaraníes misioneros
Y traídas de Las Misiones
varias familias vendrán;
se agregan a los vecinos
en singular igualdad.
Familias de guaraníes
herederos de secretos
de oficios y disciplinas,
de los padres misioneros.
Algunos forman casales;
unos viudos, sueltos otros;
suman veinticuatro hijos
los que han traído entre todos.
Son cabeza de familia
Casimiro Yapuay,
María Cuñangatú,
Alberto Caracará.
Está Teodoro Chacovo
(Jacobo se le dirá),
vino Lorenzo Mboypé
y también Paraberá.
Vienen dos Migueles Jary;
una viuda, Tiarayí;
y sueltos: María Manduy,
Bartolomé Guayarí.
Bernabé Tirapará,
que con José Aruyaré
son viudos; y también suelta,
Inocencia Aratiré.
Treinta vacas, treinta yeguas,
seis caballos y dos bueyes,
se dan a cada familia
cuando a Maldonado vienen.
Veinte ovejas y hasta un carro
que usan cada dos familias,
completaban las ayudas
que los indios recibían.
Unos son de San Miguel;
otros, son de San Lorenzo;
pasan por Montevideo
antes de venir al pueblo.
Y aunque los nombres se pierdan
esto se ha de recordar:
un ejemplo de dos razas,
conviviendo en hermandad.
Primer despertar
Encuentro dentro de mi alma,
un códice de emociones,
con el primer despertar
de los padres fundadores.
Sintieron rugir del mar,
los cantos despertadores;
las islas, olas y flores.
Vieron bailar a la sierra
con sus quiebres de colores;
y una luz, limpia y desnuda,
dibujando al horizonte.
Los dedos rosa del alba
han resignado a la noche
y al fin, el aire convence
a muchachos dormilones.
les enciende las pupilas
con espejos la laguna;
y unos pájaros los llaman
desde el hueco de una gruta.
- "De aquí, nunca nos iremos;
¡qué mar, qué cielo, qué tierra!";
fue la primera oración
que recibió la belleza.
Ansia de permanecer
de procreo de la hacienda;
de fecundar en el surco
la esperanza que trajeran.
Toda la felicidad,
de los arados esperan;
y agradecerían a Dios
cuando Jesús les naciera.
El tiempo les anunciaba
que pronto les nacería,
en este nuevo pesebre,
el regalo de María.
Regalo de vida nueva,
regalo de Navidad;
para custodiar la tierra,
para vigilar el mar.
Con toda España en el alma
los despertó la canción;
bebieron agua y sintieron
la paz en el corazón.
Esposas de fundadores españoles
Evoquemos cinco nombres
de esposas que acompañaron,
el año cincuenta y cinco,
a aquellos cruzados.
Son Josefa Luis Rodríguez,
María Mercedes Callón,
Juana Isidora Troncoso,
que integran la expedición.
Y María Josefa Mello
y María Josefa, a secas;
ésta, sin duda una india
de ignorada procedencia.
Pancho Pérez y Josefa
Luis, casados; que después,
llegaron a ser abuelos
de don Fernando otorgués.
Con Isidoro García,
María Mercedes Callón,
también vinieron casados
a la nueva fundación
Juana Isidora Troncoso,
mujer de Mateo Moleras;
y de Bartolomé Jayme,
lo es la india María Josefa.
Y con Francisco Moreno,
María Josefa de Mello,
cierran suma de casados
que habrían de fundar el pueblo.
Los demás vienen solteros
y algunos se casarán,
en los sucesivos años
del tiempo fundacional.
Madres guaraníes misioneras
Fueron siete las esposas
guaraníes misioneras,
llegadas a Maldonado
unidas a sus parejas.
Liberata Cuñaminy
y María Manduy, casales
de los dos Migueles Jary,
nombre y apellido iguales.
María Salomé Iairú,
mujer de Caracará
y doña Tecla Ndihay,
mujer de Paraberá.
Es de doña María Rosa,
Lorenzo Mboypé el esposo;
mientras Cecilia Cuñaty,
es la mujer de Chacovo.
Sinforosa Nangacatri,
la mujer de Yapuay,
completaba a las esposas
venidas del Paraguay.
Hijos guaraníes misioneros
Dos docenas de muchachos
traían los indios mayores;
¡qué misterio para ellos;
cuánta aprensión; qué temores!
Alberto, Apolonia, Juan
y María Salomé;
Santiago, Ignacia, Praxede
y María de la Merced.
Dos Sinforosas y un Luis,
María Josefa y Andrés;
Agapito, María ignacia,
Crisanto y Bartolomé.
Estaba María Francisca,
dos Pedros, Ana maría;
han venido dos Teodoros
y por fin; una Lucina.
Raza autóctona que ambula;
misioneros de leyenda,
que en alas de un viento histórico
se posan en esta tierra.
Padres y cachorros misioneros
Caracará hubo sus hijos
de María Salomé:
Juan Alberto, Sinforosa
y María Salomé.
Paraberá y doña Tecla
sólo tuvieron dos hijos
traídos de San Lorenzo;
son: Ignacio y Agapito.
Santiago con María Ignacia
y como el padre, Teodoro,
son los hijos de Cecilia
y de Teodoro Chacovo.
Una hija, María Josefa,
le dio a Lorenzo Mboypé,
venido de San Lorenzo,
María Rosa, su mujer.
Luis, Praxede y Sinforosa,
son los hijos que dará
Sinforosa, Nangacatri
a Casimiro Yapuay.
Un viudo con cuatro hijos
era José Aruyaré:
María, Sinforosa y Ana
y María de la Merced.
María Manduy y Miguel
Jary, cinco hijos tendían:
Andrés, Teodoro, Apolonia
y Bartolomé y Lucina.
Liberta Cuñaminy
tuvo un hijo que era Juan,
con el otro Miguel Jary
con el cual hizo casal.
Dos familias han venido
del pueblo de San Miguel;
son las dos Jary; las sueltas,
son Manduy y Aratiré.
Todos los demás casales,
viudos y viuda y un suelto,
que completan el padrón,
vinieron de San Lorenzo.
Cachimba del Rey
"Árbol Fuerte" y "Luz de Luna"
-Timbó Guazú y Guidaí-
están jugando al amor
en el Hice Morotí.
Hice Morotí, "Agua Blanca";
los que te van a beber,
son ligados a esta tierra
y suspiran por volver.
Guidaí con mal de ausencia,
afiebrada, beberá;
y aquella fuente secreta,
borra su pena y su mal.
Timbó Guazú ha regresado;
extraña sed lo orientó
a buscar a Luz de Luna
junto al agua del amor.
Agua que apaga la fiebre;
agua blanca del amor;
agua que ataba a los indios
y sedujo al invasor.
"Agua Blanca"; el español
cachimba te llamará;
pero tu milagro nunca,
nadie, lo podrá cambiar.
La norma de fundar pueblos
se regula por la sed;
estás aquí, Maldonado,
por tu Cachimba del Rey;
del rey, del indio, del hombre,
del niño y de la mujer;
del amor, de la frescura
que a ti nos hace volver.
Cuartel de Dragones
La confluencia de dos ríos,
el Plata y el Uruguay,
impulsa un ferviente anhelo
de límite natural.
Desean los lusitanso
agregar a su poder,
región que España ha estimado
como de "ningún valer".
Al calor de la codicia,
desembarcaron aquí
y fundaron la Colonia,
sueño y realidad feliz.
Con tal acción temeraria,
el español despertó
y tras batallas y pleitos
sus dominios retomó.
Un nuevo plan de defensas
certifica una virtud:
ver, en lo antes despreciado,
oro verde y oro azul.
Campañas que son feraces;
clima y pasturas sin par;
montes y ríos generosos
y unos puertos, sin igual.
Fundada Montevideo,
se la debe proteger;
y en el Este, Maldonado,
su vigía habrá de ser.
Cuartel requiere la idea
y cumplirla hace salir,
de nuestra propia cantera,
el escudo de un sentir.
Memoria de las barretas,
martelinas y barrenos;
fraguas, martillos, pinchotes
y sabios picapedreros.
la verdad es una sola
y una sola la actitud:
servir a nuestros valores
de oro verde y oro azul.
Canteros, picapedreros
y talladores de piedra,
la entraña de Maldonado
convocan en su defensa.
Un "partido" hecho "a obra incierta";
un espesor respetable;
portón con arco escarzano,
muros sillares confiables.
Mar azul y blanco inmenso
que encrespa el viento al venir,
del suroeste apasionado,
a cotejar tu lucir.
Maestros de obra y oficiales
y aprendices deslumbrados,
ven culminar la hermosura,
que se abre en techos soñados.
y viento y olas y arenas
y obrador de la inquietud,
todo, desea ser almena,
de oro verde y oro azul.
Jambas de paciente esmero,
huecos de piedra labrada;
dinteles recios, seguros,
para puertas y ventanas.
Antemural, Maldonado:
ya construido tu cuartel,
se les confió a los Dragones,
mar y tierra defender.
cuartel y Torre vigías:
en la historia por venir,
testigos de mil hazañas
y de combates sin fin.
Blandengues de la Frontera
heredarán la misión;
y entre blandengues, Artigas:
la gloria de la Nación.
Cuartel y fuerza que al pueblo,
le dan confianza y quietud;
símbolos de la custodia
de oro verde y oro azul.
Tejas que son como flores
sobre el tallo de la piedra;
un tallo gris que sostiene,
la unión del cielo y la tierra.
Casados, espacio y tiempo
engendran nuestro entender:
es la dignidad del hombre
lo que hoy, toca defender.
El que viva en esta tierra,
algo debe inteligir:
el bien, la paz, la justicia,
conquistamos hoy, aquí.
Del verde se pasa al gris
y del gris se pasa al fuego
y del mar a la pizarra
infinita de los cielos.
Piensa que el trabajo es piedra;
haz de la piedra virtud;
y vigila estos tesoros
de oro verde y oro azul.
Torre del Vigía
Tu linde a los cuatro vientos
Torre, Torre del Vigía,
anunció por mar y tierra
las presencias enemigas.
Mar que nos ligaba a España;
tierra para defender,
porque era niña preciosa
que enamoró al portugués.
Cada ser es una Torre;
su alma, es escala a subir,
para amparar al derecho
y al sueño de ser feliz.
Si el Cuartel era custodia
era la Torre una flor:
perfume para el arribo,
nostalgia para el adiós.
Torre mi Torre querida:
porque soy igual que tú,
unión de amor y vigilia
veo en ti, mi plenitud.
Escudo de Maldonado
El veintinueve de agosto
del mil ochocientos tres,
recibimos el escudo
otorgado por el Rey.
Almenas de dignidad
rechazan al enemigo,
que pretenda avasallar
a nuestro libre albedrío.
Almenas de antemural
defienden derecho y tierra;
y un horizonte infinito
abre del mundo las puertas.
Una ballena que cruza
la mar, fuente de riqueza,
eleva sus chorros de agua
y con la cauda progresa.
La ballena es la abundancia;
su cauda, trabajo y fuerza;
las espumas, un jardín
que un airoso aspersor riega.
Un cielo limpio y sereno;
un viento que al agua agita;
como hermanado el trabajo,
la libertad y la vida.
Un ancla señal de puerto
y universal intercambio;
razón del ir y venir
que teje el destino humano.
Tengamos siempre presente
la belleza de estos signos;
naveguemos; nuestro escudo,
está lleno de caminos.
La casa de Sir Home Popham
Una fachada sencilla
pero bien proporcionada;
pilastras en la azotea
las almenas dubujaban.
De sesenta por cuarenta,
los ladrillos de la casa,
con desnudez de revoque
lucían al sol sus trabas.
Barro marrón del mortero
con ocre rojo alternaba;
se abrían al norte tres huecos:
una puerta y dos ventanas.
Carpintería de canelo;
doce metros de fachada;
de la puerta del cuartel
estaba sólo a una cuadra.
Entrando y a la derecha,
al correr se continuaban,
tres piezas con sus tabiques
que se intercomunicaban.
Cinco por cinco cincuenta
de luz, la primera daba;
cinco por cinco las otras
que sobre el patio miraban.
Y tres cincuenta por cinco,
la cocina, remataba
la carrera de ese lado,
que para el oeste lindaba.
Y haciendo una ele con ella,
a la izquierda, había una sala;
recibía desde el patio
aire y luz, toda la casa.
Seis cincuenta por el frente
tenía la espaciosa sala;
cinco cincuenta de fondo
y también al patio daba.
Era el camino a la costa
y por mirador se usaba
la azotea de baldosa
sobre tejuela asentada.
Revoque de barro adentro;
los pisos, hechos de laja;
en el fondo, los jazmines
todo el patio perfumaban.
Una casa colonial
que Home Popham habitara
cuando aquellos asaltantes
del año seis comandaba.
Millington Drake un buen día,
siendo embajador británico,
pretendió comprar la casa
de Popham en Maldonado.
"Esta casa no se vende";
le dijo con gesto airado
su dueño que gastó un trato,
sombrío y exagerado.
La intención era formar
en ella un museo británico,
para perpetuar "la hazaña"
de sus malditos soldados.
¡Qué preciosa la respuesta
que replicó a los tiranos
de aquella antigua pelea,
por un pueblo libertario!
Aquel dueño no sabía
que su voz era un mandato;
un desquite que en el tiempo
vindicaba a Maldonado.
otro día la demolieron
y fue un azar venturoso;
ni la imagen ha quedado
de ese recinto oprobioso.
Pues, por hermosa que fuera,
nos evocaba el terror
y la crueldad prepotente
del imperio de la Albión.
La esclava
Santa Cruz de Tenerife
y mil ochocientos diez;
a don Francisco Aguilar
una esclava han de vender.
La dueña dice que la hubo
cambiándola por un negro;
y que fue en la Isla de Francia
y otra cosa no me acuerdo.
La vendedora es doña Ana
de la Cruz y de Noguera;
su esposo es don Feliciano,
quien se fue, sin dejar señas.
Ana Gásquen es la esclava
con ese pasado incierto;
lo extraño: es de color claro;
y costó: trescientos pesos.
El pueblo de Maldonado
se agitará con un pleito:
mujer esclava y enfrente,
hombre de poder inmenso.
Mil ochocientos dieciocho;
Juan Pascual Pla es el Alcalde;
pidiendo su libertad
se le presenta Ana Gásquen.
Y al pedir la libertad
reclama la esclava blanca,
que pruebe su condición
al que la retiene esclava.
lo que Ana cuenta al pedir
conmueve a través del tiempo;
no conoce a los padres
ni fecha de nacimiento.
Era en la Revolución;
y desde la Isla de Francia
se la llevó una señora,
a quien por "madre", llamaba.
Don Juan pregunta a don Pancho
de dónde sacó a la esclava;
pide que exhiba escritura
que esas cosas detallara.
Y entonces cuenta don Pancho
lo que queda más arriba;
y un documento presenta
que tiene una sola firma.
Pone en manos del Alcalde
la esclava, trescientos pesos
y así quiere liberarse
Ana, de su cruel tormento.
Pero don Pancho no acepta:
- Que mucho más le ha costado,
ya que, desde la lactancia...
en su casa la ha cridado.
Y que el peso, en Tenerife,
era más fuerte que el nuestro;
¡qué mezquino argumentar
para hombre tan opulento!
La pobre Ana ofrece entonces
"con dolor y sentimiento",
aumentar la cantidad
hasta cuatrocientos pesos.
Pero el ladino Aguilar
pide por ella, seiscientos;
cuando el corazón es duro
engendra un sentir perverso.
Ana pide libertad;
quiere casarse; y por eso,
las argucias de Aguilar
merecen sólo el desprecio.
Alguien le llevó la mano
a la esclava; y el consejo
de un letrado se adivina,
porque el alegato es diestro.
dice que es contra el derecho
que su "madre" la hizo esclava,
sin consentir su marido
y "advenediza" en la plaza.
Que el documento de prueba
ostenta una sola firma
y no puede validarse
porque es contra la justicia.
Que ha obrado de mala fe
otorgando el documento,
el complaciente escribano
que se prestó al sucio juego.
Clama piedad el pedido
por la ansiada libertad:
Vuestra Excelencia: os suplico;
Su Merced: por caridad.
Y cuando Artigas recibe
el asunto entre sus manos,
irá contra el poderoso
y prepotente canario.
La diferencia en monedas
la tacha de exhorbitancia,
sólo se ha de resarcir,
lo que ha costado la esclava.
Si en moneda americana
aquel importe se entrega,
favorézcala el Cabildo,
en defensa del Sistema.
Haga frente al despotismo
y ampare la libertad;
que otra conducta aborrece
la ley de la Humanidad.
En contra de "esclavatura",
póngasela en libertad
y que goce en adelante
su derecho natural.
La Revolución Francesa,
Tenerife y Maldonado;
y un amor que se abre paso,
la libertad reclamando.
Año de mil ochocientos
diecinueve; desangrado,
este suelo se defiende
del invasor lusitano.
El Sistema Federal,
el General José Artigas;
y su celoso desvelo
luchando por la justicia.
Y con la libertad de Ana
a Maldonado enviará
la gesta toda: un deseo
de "salud y libertad".
Molino de viento
La mujer de Juan Mendoza,
doña María de Extremera,
allá por el año veinte
le vende a David las tierras.
Ese siglo diecinueve,
a eso de una media legua
de Maldonado, ve alzarse
una señal de riqueza.
Construye David Velásquez
aquel sólido cilindro
y se hace socio del viento
para impulsar al molino.
Los rigores del trabajo
han preparado las tierras;
los maíces y los trigos
están germinando en ellas.
Seis aspas descomunales
van a sostener las velas;
teja en escama el sombrero
y un colero que gobierna.
Mucha vida se ha tenido
que poner en la pelea;
muchos riesgos por el agua,
mucho miedo por la seca.
El molino está esperando
que la estación favorezca;
que Dios ayude al labriego;
que la zafra venga buena.
Mucha ansiedad por el tiempo;
mucho cavilar en plagas;
muchos sudores gastados
sufriendo soles y heladas.
En el puntiagudo techo
de las tejas de madera
y en las aspas del molino,
harán rumbo las carretas.
Muchos pagos, mucha historia,
juntan los hombres que llegan
y en el patio del molino
van entregando cosechas.
El molino está zurciendo
las nubes que rompe el viento,
con un hilo devanado
por las aspas y el colero.
Caballos, bueyes, carretas,
perros, silbidos, picanas,
resume la marca en kilos
que se registra en la báscula.
El molino de Velásquez
se ha vuelto una romería;
encuentros, voces, abrazos,
cantos y melancolías.
La muela estaba esperando
cuando las velas se izan;
el colero busca el viento
y el progreso en ellas gira.
Mate, caña, asado, naipes
y golillas de colores;
sombreros con alas anchas,
relumbrantes tiradores.
Penca y correr del dinero
y el placer de los que ganan
y maldición del que pierde
y siempre espera revancha.
Jinetes con un palito
contra una argolla dorada;
ensartan en la sortija
aplausos y carcajadas.
Semilla, trabajo, surco;
payada, fogón y taba;
tierra que se ha vuelto harina
después de tanta mudanza.
El templo
Era en la Punta Ballena
y la Laguna del Diario;
era el siglo dieciocho
con cincuenta y cinco años.
Era esta misma bahía
y la capilla es recuerdo:
totora, ramas y barro,
pocas familias y un rezo.
Dos años después, de Viana,
vino a trasladar al pueblo;
en vez de totora, teja,
tuvo Dios para su techo.
Capillas y más capillas
se fue devorando el tiempo;
muchas veces se oyó misa
sin otro techo que el cielo.
Y por fin para esta casa
puso los hondos cimientos
la fe que sobrevolaba
al año mil ochocientos.
Al arranque de las bóvedas
en la construcción del templo,
las invasiones inglesas
le dan destino guerrero.
Los prepotentes ingleses
nos hacen sus prisioneros;
ellos eran tres mil hombres;
nosotros... ni cuatrocientos.
El año noventa y cinco
vio culminar el proceso,
con un canto de alegría
y las campanas a vuelo.
Regalos: Antonio Veiga,
un altar extraordinario;
la luz, los siete colores;
el viento, su voz de bajo.
La mar, bello crucifijo;
el "Santander", su naufragio,
con una Virgen del Carmen
para colmo de milagro.
La Virgen del "Santander"
desde Lobos, ha ofertado
al templo, el gran privilegio
del divino escapulario.
Porque la Virgen descienda,
el "Santander" se ha inmolado;
el templo, es la nueva nave;
nosotros los nuevos náufragos.
María, José, San Fernando,
el Cristo y el Bautisterio,
custodian en Maldonado,
la alianza con el Eterno.
Y en la cúpula y las torres,
rebrillan los azulejos,
las cruces que las coronan
y la fe del Evangelio.
Marco de los Reyes
Marco de los Reyes, límite
lusitano y español;
divorcio de los dominios,
de la lengua y el pendón.
Vergüenza de ineficacia
del tratado de Madrid;
mármol odioso que entrega,
lo que debiera exigir.
la grandeza y decadencia
en la "Plaza del Recreo";
la Torre, toda pujanza,
victoria, fuerza, derecho.
Careces de voz y espada
Marco de oprobio y silencio;
símbolo de no luchar
para defender los fueros.
Desde Lisboa transportaron
al mármol blanco y rosado;
por la Laguna merín,
en falúa ha navegado.
La Sierra de Carapé
soportó el pesado fardo;
malhadada diplomacia,
jalón injustificado.
"Ha de estar loca la gente
de Madrid"; ha dicho Viana,
mirando tierras y pueblos
que el tratado regalaba.
En el Cerro de los Reyes
eras denuncia de infamia;
con cuatro caras de estigma
que al valor abochornaban.
Y cuando perdió vigencia
por fin el torpe tratado,
te arrancó del pedestal
Cevallos, con gesto hidalgo.
Y te rompió los escudos
que lucían en el mármol;
como queriendo borrarle
a España tales agravios.
Tachó con ciego furor
tus relieves humillantes
y mandó clavar los restos
donde no los viera nadie.
Año de mil ochocientos
noventa y cinco; trasladan
tu mole; y poco más tarde
la armarán en esta plaza.
Si era dignidad la Torre,
el Marco era la derrota;
si la Torre era el poder,
el Marco evoca las sombras.
Signo de renunciamiento
con la Torre dialogando;
como los polos de un ser;
como la alegría y el llanto.
Te arman sobre dos caminos
algo al este de la Torre;
por el viento en que han venido
desgraciadas opresiones.
Que nadie olvide la causa
que a este Marco ha mutilado;
que nadie pierda los dones
que la Torre está cuidando.
Maldonado I
Por tus sonrientes quebradas,
sierras, lagunas y ríos,
por tus iguás encantadas,
fuiste querencia del indio.
Por ser guardiana del Plata
en este suelo oriental,
un rey coronó de almenas
el blasón de este lugar.
Simbolizó tu destino,
horizonte, cielo y mar;
la riqueza, una ballena
y un ancla, esperanza y paz.
Un capitán de Blandengues
que se llamó José Artigas,
en tu Cuartel de Dragones
soñó la patria querida.
Te encontró manuel Francisco
vivero de libertad;
y el que en el alba soñara,
te vio a su lado luchar.
Codicia de los ingleses,
tentación de lusitanos;
orgullo de patria nueva,
montonera de presagio.
Hoy del Garzón al Alférez,
desde el Solís al Aiguá,
eres yunque de trabajo
y fragua de libertad.
Maldonado II
Maldonado de llanuras,
ríos y campos serranos;
graciosa estrella guardiana
en la frente del estuario.
Aquel que forjó la patria,
soberana la soñó;
fue en el Cuartel de Dragones
y antes de nacer el sol.
Le sales a tu destino
con armas de triunfador:
labrador y ganadero,
industrial y pescador.
para huracanes de arena
luces coraje de pino;
el mundo, feliz, acude,
a zambullir en tu estío.
Suelo esteño, maldonado,
querencia que sabe dar,
eco sahumado en la Sierra,
run run eterno, en el mar.
Maldonado III
Un ayer en alerta vigilia
te volvió centinela del mar;
hoy tu sierra es almena fraterna
y tus playas emblema de paz.
Maldonado, portal de los mares:
que tu escudo alimente tu fe;
si coronan tu frente bastiones,
haya un ancla de amor a tus pies.
Por quebradas y valles los ríos,
te decoran un doble confín;
tus lagunas y montes queridos,
nos encienden un canto feliz.
Esta tierra, estas islas y cielo,
un blandengue inmortal defendió;
nunca olvide esa gloria el denuedo
y a su guarda no falte tu honor.
En la ofrenda del mar y del humus,
van riqueza, belleza y salud;
infinito flamear de energía
en trabajo, talento y virtud.
Maldonado IV
Indio habitat, ibérico vigía,
oriental portalón hacia la mar;
anduvo José Artigas tu frontera
antes de amanecer la libertad.
Cañas, Cabral, embrujo de la Sierra:
Ánimas y Garzón y Carapé;
redenciones de sol en tus lagunas,
tendido altar de luz en su mantel.
El antañón fulgor de tu mirada
trashumaba de Atlántico a Merín;
cantan por ese ayer cuatro banderas:
Aiguá, Garzón, Alférez y Solís.
Maldonado, bizarra monteonera,
lanza de gloria para la nación;
región de Lavallejas y Oliveras,
entrañable confín libertador.
Tierra solar, mi bienamada tierra;
playa y pinares órficos del sur;
noble fuego natal de coronilla,
universal orilla del azul.
Ciudad de Maldonado
Huraño cardo de la mar indiana,
pájaro ciego de los arenales,
campo serrano herido de ceibales,
murió el indio de amor en tu mañana.
Mar alumbrado en forja lebrijana,
aspa de arroyo desgranando solres,
caracol de vigías españoles,
médano alzado en cruces y campana.
Desde el orgullo fundador de Viana
hasta argiueños sueños augurales,
lobo guardián en los antemurales,
jazmín de la codicia lusitana.
Tienden sus redes de esmeralda y plata,
Aiguá, Solís, Alférez y Garzón
y bajan la amatista de la sierra
para tu anillo azul de pescador.
La barca del pinar iza banderas
sobre la osada estela de la Albión;
la Cruz del Sur cultiva en tu laguna,
el llamado fraterno de su flor.
Cuidan tu historia cumbres de la patria;
las guía el Pan de Azúcar avizor;
almena del ayer, playa encantada,
borda del viento donde rema el sol.
Poemas de Maldonado II
Enrique Burnett
Aunque Enrique no sabía
porqué lo atraía esta tierra,
fue el destino quien lo trajo
para pagar una deuda.
Venía a borrar con el verde
de los árboles la huella,
que sus hermanos armados
hicieron sobre la arena.
Carmen Rodríguez tampoco
descifró lo que ocurría;
pero apaciguar su sed
en amor se convertía.
Carmen nació en Maldonado
y Burnett en Inglaterra;
él le confesó su amor;
ella esperó que volviera.
Ella fue tejiendo sueños;
él cumplió con la promesa;
la boda trajo el hogar;
el hogar, la descendencia.
Él, fue el agente del lloyd´s;
ella, colmó de belleza
la casa que compartieron
en medio de las arenas.
El jardín se abrió en colores
y la casa en alegría;
el médano amenazaba
y el viento lo consentía.
Domar aquel animal,
el cónsul se proponía,
con almácigos de pino
que en sus lomos plantaría.
Se parecía a un imposible
la quijotesca aventura;
Maldonado contemplaba
su inquebrantable locura.
Una vez, diez veces diez,
con resguardos y con plantas
con riegos y con sudores
el pampero terminaba.
Pero no podía acabar
con la indomable energía,
que al desierto en un oasesis
transformar se proponía.
El hogar se tranquiliza
porque en torno de la casa,
copas de árboles triunfantes
ganan la primer batalla.
Enrique Burnett sonríe
oyendo a Carmen que canta;
desde las rojas techumbres
mira los verdes que avanzan.
Sintió que el pueblo era un barco
que su auxilio le pedía,
naufragando entre las dunas
y que él, lo rescataría.
Así redobló el esfuerzo
en ciento noventa hectáreas,
con pinitos que salvaron
al pueblo y su hermosa carga.
la deuda se volvió amor
y Carmen ya descansaba;
hoy duermen los dos su paz
por el bosque vigilada.
Antonio Lussich
Tiene industrias don Antonio
de sebo, aceite y curtiembre;
al transporte y salvataje
con varios barcos atiende.
Un producto de su ingenio,
los "Tres gauchos orientales",
le dieron muy justa fama
por diestros y originales.
La Punta de la Ballena
pelada, recorre un día
y un sueño empieza a crecer
dentro de su fantasía.
Adquirir aquellas tierras
y cubrirlas de arboleda;
transformar en paraíso
unas alturas desiertas.
Ve con la imaginación
dos mil hectáreas cubiertas;
árboles de todo el mundo;
flores de toda la Tierra.
Donde hay salitre, perfume;
donde silencio, la orquesta
de los pájaros y sombra,
donde el sol raja las piedras.
Sigue una paciente historia
de aclimatación muy lenta,
que fue gastando sus años
en una empresa tan bella.
Salva vidas en el mar;
junta especies en la tierra;
ayuda a seres humanos,
canta a la naturaleza.
Un gran poema universal
conformó con sus tareas,
porque combatió al dolor
y promovió la belleza.
Con olas y con espuma
le rinde el mar reverencia;
y el monte prolonga el sueño
que dio gloria a su existencia.
Bosque de Maldonado
En Rincón de San Rafael,
por los indios bienamado,
un bosque se ha de plantar,
por mucho tiempo deseado.
El sueño de los mayores,
el habitat de los pájaros;
la sombra, para el efímero
momento de nuestro pasado.
¿No sabéis como ha nacido?;
preguntádselo a los faros
y a la Torre del Vigía
y al arroyo Maldonado.
Preguntad al Pan de Azúcar
y al Molino legendario
y a las lluvias y a la mar,
que todos son sus hermanos.
Lo que los agrimensores
piden por medir su tierra,
desbordará los caudales
con que el Municipio cuenta.
Y el Secretario se ofrece
a hacerlo sin cobrar nada;
ha heredado de su abuelo,
para medir, reglas básicas.
El Rincón de San Rafael;
Jaime H. Pou triangulando;
aunque no es agrimensor,
mide el terreno sagrado.
Socio del sol y la luna,
con la brújula en la mano,
no manchaban los dineros
su fervor de iluminado.
Y fue Estanislao González
quien este bosque plantara;
isla de paz, aire puro,
que inmortaliza su hazaña.
La mar ofició su rito
-Sacerdotisa del Alba-
San Isidro labrador,
le pidió que lo oficiara.
Estaba la mar vestida
con su tocado esmeralda
y el viento le descubría
la enagua, sobre la playa.
Blanco ruedo ñandutí,
compás de espuma en la danza;
rito para el bosque niño;
misterio de la labranza.
Marchas de gala cumplieron
los peces junto a la playa;
fugaz penacho de aletas,
mágica espada de nácar.
El bosque... de Maldonado
pidió que lo bautizaran;
fue el arroyo su padrino;
sus madrinas, las campanas.
Sobre un pliego de rocío
labró la Luna sus actas;
testigo, la Cruz del Sur
se ofreció para firmarlas.
Bosque: creciste valiente;
por tus raicillas tan blandas,
pasó tu cuerpo ciclópeo
y ganó el cielo tu alma.
Bosque al que no doblegó
la arenga de la tormenta
ni el redoble de las olas
sobre tambores de arena.
Poncho viril del pampero
sobre tus hombros flotando;
centinela de avanzada
del arroyo Maldonado.
Husos de luz en tu sombra,
con perfume devanados,
a tus pies vienen y van
bailándole a tu milagro.
El sueño de los mayores,
el habitat de los pájaros;
la sombra, para el efímero
momento de nuestro paso.
San Carlos
Hija entrañable, Pedro de Cevallos,
se miró en tu belleza con amor;
y al reclinar tu vida en los arroyos,
tocó de ensueño y gracia tu blasón.
Signó de fe tu frente carolina,
rutilante además del gran varón:
aquí -dijo don Pedro- en la hermosura,
elevarás tu eterna floración.
Abanico pecuario tu horizonte,
tu espalda fueron las sierras, tu mirar,
el cristal del arroyo; tu oriflama,
el oleaje fecundo del trigal.
Ha de estar decidido a defenderte
el que de veras ame tu solar;
y cuando tu lo llames: carolino,
ingrávido y feliz, podrá soñar.
Cielo estrellado del esteño suelo;
canto oriental para encantar al sol;
madre de santos, fuente de patriotas,
gaya ciudad de ciencia y valor.
Iglesia de San Carlos
"No hay igual en la campaña",
exclamó el padre Amenedo,
al contemplar, orgulloso,
esta obra de su desvelo.
"El sólido más hermoso"
dijo José Pedro Argul,
descubridor de belleza
al que enamoró tu luz.
Tus melodiosos volúmenes,
contar nuestra historia saben
y te hacen casa de Dios
de todos los orientales.
Te sentimos penetrando
el tiempo que ya pasó
y en el tiempo por venir
apaciguando el dolor.
Barca de varios destinos,
puerta de la Navidad;
con "llaves" contra el mal tiempo
y una promesa de paz.
De aquella pequeña villa
que tu fábrica engendró,
es la campana que llama
a muerte y resurrección.
Por actual, por antañona,
puedes decir: "yo soy piedra;
hornacina donde Dios,
cambia en perdón las ofensas".
Tan recio cuerpo por fuera;
tan palpitante por dentro;
tan caricia del ayer;
tan comunión con lo eterno.
S´acabó dipotimá - tradición fernandina del s. XIX
Linga, linga, linga, linga,
linga, linga, linga, la;
linga, linga, linga linga,
linga, linga linga la.
Que va a yové
que va a pará;
tiempo e verano,
no hay que fiá.
Que va a yové
que va a pará;
tiempo e verano,
no hay que fiá.
Linga, linga, linga, linga,
linga, linga, linga, la;
San Antonio ta yorando
vamo a ve po qué será.
San Antonio ta yorando
vamo a ve po qué será;
vamo a ve po qué será,
vamo a ve po qué será.
Que va a yové
que va a pará;
tiempo e verano,
no hay que fiá.
Linga, linga, linga, linga,
linga, linga, linga, la;
en la tierra de lo blanco
s´acabó dipotimá.
En la tierra de lo blanco
s´acabó dipotimá;
s´acabó dipotimá
s´acabó dipotimá.
S´acabó dipotimá
s´acabó dipotimá;
s´acabó dipotimá
s´acabó dipotimá.
Piriápolis
La luz separa al cielo de la tierra
y labra nubes, sierras y caminos;
Francisco Piria planta la arboleda,
almácigo de sombra frente al río.
Un Pan de Azúcar ya sobre la mesa,
espera el hambre azul del peregrino
de altura, de horizonte, de belleza,
para saciarle todos los sentidos.
El San Antonio que al Pampero educa,
le hace escribir parejo sobre el agua,
el poema de la espuma inmaculada.
Al sol, que está tostando las arenas,
lo seduce el run run de las orillas
y zambulle a encontrarse con su alma.
Playa Verde
Arzadun; tu pincel somete al viento;
hace reír a la espuma;
y se lleva nuestra alma por tus cielos,
leves, como una pluma.
La Playa Verde, que embrujó tus días;
y tu color, que la ha querido tanto;
es imposible detener al tiempo;
pero tu, lo has logrado.
Pancho González
Por tintineo de cuchara
de albañil, cantó su alma;
andaba en Pancho González
un decir lleno de gracia.
En unos brillantes ojos,
tierno y valiente asomaba;
caliente decir y a veces,
rúbrica de carcajada.
Baldes de mezcla y ladrillos,
niveles, reglas, cucharas;
hilos para emparejar
vida a plomo y bien trabada.
Paredes y más paredes;
ladrillos y más ladrillos;
dos manos para ocho bocas:
él, su mujer y seis hijos.
Cal el bigote y el pelo;
cobre el semblante; era amigo,
desde aquel buen día de malva
hasta el adiós de tomillo.
Alarife casi ciego,
entre cales y ladrillos;
murió, de tanto guardar
su pecho siete cariños.
Isaac, el carbonero
Había un negro en Maldonado
que era Isaac, el carbonero;
un matungo y un carrito
y un campanear pregonero.
El son de la campanita:
suave, acompasado, lento,
anunció al carbón de leña
muchos años en el pueblo.
El desnivel del camino
y del tiro, el bamboleo,
componían la melodía
que no agraviaba al silencio.
Tenía una breve sonrisa
Isaac; pero era su aspecto
grave, solemne, callado;
de imperturbable misterio.
Cumplió con su profesión
que le tomó todo el tiempo:
la quema de la madera,
embolsar, vender, regreso.
Negra la tez; el carbón,
matungo y destino, negros;
y el son de una campanita,
como un rescoldo de fuego.
Francisco Mazzoni
Tal vez nieto de piratas,
viniste como heredero;
y antes de hallar los tesoros
las claves se te perdieron.
Dicen que extravías el juicio
entre la mar y los médanos;
que te alucina el ocaso
y al alba, sueñas despierto.
Cuando la Luna madura,
dicen que dices inciertos;
que se te afiebra el sentido
fantaseando con el tiempo.
Que te enloquece la luz;
que te apacigua el silencio;
que te enamoras de piedras,
de mates, armas y huesos.
Que hablas con duendes y sobras
y que revives los muertos
y que embrujas lo que tocas
y que enhebras los misterios.
Dicen que anda más de un loco
contagiado por tu credo,
acariciando el encanto
de aldabas, muros y cueros.
Dicen que cultivas flores
y en especial jazmineros
y que palpita en hechizo
el aire de tu museo.
Dicen que eres gladiador
que armado de trastos viejos,
das batallas al olvido
por un Maldonado eterno.
Pascual Gattás
Oficio de carpintero
traía Pascual Gattás;
rara mezcla de coraje
de tesón y de bondad.
Todo lo debió al talento
y poco a la ilustración;
se hizo a si mismo sin nada
más que una noble ambición.
En estos pueblos pequeños
sería agente de la "Ford";
y unos terrenos a plazos
le compró a don Jaime E. Pou.
Con un Ford "T" y un Ford "cuatro"
a lo largo le pagó,
porque era la mar de bueno
el preclaro agrimensor.
Venta de nafta y repuestos,
taller mecánico armó;
y se iba consolidando
la fantasía que soñó.
Lo cierto fue que la "Agencia"
poco a poco prosperó,
hasta que en varias ciudades,
aquellos "Fores" vendió.
Negocios inmobiliarios
ensancharon su visión;
y "Pine Beach" fue un buen ejemplo
de su pionera actuación.
Del "Pine Beach", de su trazado,
sus pinos, su ubicación,
primer balneario satélite
en "el Este" resultó.
Y a la venta de terrenos,
venta de casas sumó,
con empresa constructora,
que al negocio redondeó.
Hizo el camino que nadie
a transitar se animó
y dando mucho trabajo,
su riqueza se formó.
Pero fue igual a si mismo
y en nada nunca cambió;
muy cordial y muy sencilo
mantuvo su corazón.
De acomodados a pobres
de igual manera trató;
y no enfermó de soberbia;
la suerte, no lo mareó.
Esa suerte que ayudaron:
trabajo, imaginación,
dinamismo, fe y audacia,
con éxito lo premió.
en el fondo, el carpintero,
por fortuna, no murió;
como el cedro de su Líbano,
buena madera ofreció.
Florencio Collazo
Habrá siempre un gigante que despierte
tu generosa fuerza en el camino;
y si el aspa ensartara del molino
la romántica lanza de tu suerte,
el aspa servirá para elevart3e,
llevándose a la altura tu destino,
do encontrarás del héroe cervantino,
la defensa a tu causa y tu estandarte.
Ansiedad de servir, te da esa fuerza;
vocación de enseñar, la iniciativa;
y amor a la verdad, cruda franqueza.
Desvelo de justicia es tu balanza
y terca fe en el ser, que todo olvida,
para cantar tan solo a la esperanza.
Elodia Montañés
Profesora de cultura
es Elodia Montañés;
para el que llega a sus aulas,
aprender es un placer.
Tiene el exterior severo
pero una tierna sonrisa;
el don de la educación
y una gran sabiduría.
Con un método de luz
se gana la simpatía;
nos alienta a investigar
con una conciencia crítica.
Revela con su mirada
cristalina inteligencia;
su conducta es un ejemplo
tan grande como su ciencia.
Hace distingos muy claros
de esperanza y utopía
y la alegran los alumnos
con propias iniciativas.
Verla enseñar es estímulo
para sacar a la luz
nuestra personalidad;
nuestra secreta inquietud.
Enseña la tolerancia,
moral, español y química;
solidaridad social,
historia y fe en la justicia.
Con una intuición certera
enseña recitación,
hasta llegar a la entraña
del poeta y de su expresión.
Enseña la sencillez
y el magisterio preclaro;
ponderada orientación,
rectitud, tesón, trabajo.
Profesora de cultura
es Elodia montañés;
nos ha regalado un mapa
del mundo y de nuestro ser.
Julián Astiazarán
Un día llegó a Maldonado,
don Julián Astiazarán;
muy lúcido y bondadoso
y un agrónomo ejemplar.
El plantar y cuidar árboles
lo podría identificar;
y tenía un amor humano
muy difícil de igualar.
Hombre zumbón; muy alegre;
todo a broma tomará;
y para las cosas serias
a la orden siempre estará.
La Sociedad de Fomento
como el grupo de la Apal,
como la rueda de amigos,
gustarán de aquella sal.
Y era blanco el ingeniero
como hueso de bagual;
más sabían los colorados
que en él, se podía confiar.
Quiero decir que era un hombre
de una total dignidad;
por encima de cintillos,
amante de la verdad.
un día dio una conferencia
donde elogiaba el plantar;
fue aquello su biografía
y un ejemplo, siempre actual.
Y como se ama a los seres,
dijo entonces don Julián,
como a las cosas más dignas
al árbol se debe amar.
Amad al árbol, pedía,
porque él, es un manantial
de enseñanza y sugerencia,
con un gran valor moral.
Por purificar el aire
los árboles vivirán;
y a más de ofrecer su fruto
como adorno servirán.
Ved cómo enseñan los pinos
que fijan al arenal
y dan refugio a los pájaros
y sombra y abrigo dan.
Cómo entregan la resina
a la química industrial;
y la madera a los muebles;
lumbre y calor al hogar.
Cuando mueren alumbrando
su calor irradiarán;
ojalá nuestra conducta
dejará una herencia igual.
Desde una cuna a una caja
funeraria el árbol da;
perfuman, son señaleros;
cauce al agua brindarán.
Después... recordaba a Artigas
bajo su ibirapitá;
tal vez marcando en su tronco
su gran sueño federal.
Y recordó las guitarras
que los gauchos pulsarán
bajo el ombú; voz y música
de amor a la libertad.
Luego un himno a do Antonio
Lussich y a su colosal
Arboreto, que es un canto
para ilustrar la hermandad.
Sin mezquindad y sin odios
los árboles imitad;
plantad; les decía a los jóvenes
don Julián Astiazarán.
El ejemplo de los árboles,
asociaba con la paz
del Pastor de Galilea,
por su buena voluntad.
Al ver ya cerca a la muerte,
don Julián se arrimará
a Domingo, un cura santo,
para el viaje terminar.
El "Negro" Fleitas
En el Consejo del Niño
dejaron al "negro" Fleitas;
y lo trajo a Maldonado
en pensionado, una vieja.
Una vieja muy humana,
muy cariñosa, muy buena;
que le dio trato de hijo
en medio de la pobreza.
Y Carlos mario creció
con unas ropitas viejas;
descalzo o con zapatillas
como sus mejores prendas.
Ya mostró que era brillante
en los bancos de la escuela;
y en el liceo, deslumbró
con su gran inteligencia.
A veces no había zapatos;
y de tarde hacía la venta
de pasteles por la calle,
para ayudar a la vieja.
Delgado como un alambre,
con su vertical estampa,
con una cabeza erguida
que ya no le temía a nada.
Un surtidor de alegría
emanaba de su cara;
aplomo de triunfador
que la escasez no acorrala.
Único abrigo en invierno,
una tricotita fina;
era habitual ver su mano
levantar la solapita.
Rico en sonrisas y afecto,
de una natural fineza,
amigo de sus amigos,
a los soberbios, desprecia.
Ziguetti, en Punta del Este,
tenía en su bar una timba;
y allí fue a parar el "Negro"
para ganar su comida.
Atendiendo parroquianos
pasó las noches en vela;
y en algún momento libre
preparaba las materias.
A la ligera, en el ómnibus,
el estudio terminaba,
medio muerto de cansancio;
pero en la clase, brillaba.
Nadie le sintió quejarse
de una vida desgraciada
y absorbió con dignidad
y silencio, malas chanzas.
Florencio Collazo tuvo
desvelo por su carrera;
y en el Consejo del Niño,
también una mano encuentra.
Cuidó de sus dos "hermanas",
asistió a su pobre vieja
y en el hotel de "L´Elite",
ganó buena plata extra.
La Facultad de Derecho
lo emplea en su biblioteca,
al tiempo que en Secundaria
la Filosofía profesa.
Al "Estudio" de Grompone
su actividad se vincula,
ejerce procuración
mientras enseña y estudia.
Se revela un escritor;
con un cuento gana en "Marcha"
un concurso y ya se asoma,
a la veleidosa fama.
Una mujer a decirle
que es su madre, se le acerca;
"mi madre, está en Maldonado";
le contesta el "Negro" Fleitas.
En el Consejo de Estado
actúa en la Secretaría
del doctor Brause y ya hace,
sus armas en la política.
Se casó; tuvo sus hijos
y una esmerada enseñanza
en los mejores colegios,
les dio el que empezó sin nada.
Es mozo el "Gallego" Sola
cuando en su casa da fiestas;
compañero de trabajo
de aquellas horas de gesta.
y fue Director de la U.T.E.
y fue de "Acción" periodista;
gozó de mucho prestigio
por su gran sabiduría.
Se recibió de abogado
en una forma tardía;
"el título no interesa;
problema menor", decía.
El que empezó en alpargatas
llegó a Ministro de Hacienda;
ejemplo de voluntad
y de lucha el "Negro" Fleitas.
Padre Domingo
Pequeño y aun enfermizo,
desde joven fue Domingo;
pero Dios emana de él,
en raudales de optimismo.
Una vocación de apóstol;
menudo, inquieto, sencillo;
las estructuras teológics
descalzas y sin abrigo.
Una severa sotana,
con un discurso encendido;
gran amor para el Creador
y para los desvalidos.
Para los desventurados
y el que está buscando un sitio
donde calmar su desdicha
o emprender nuevo camino.
Su sonrisa da la paz;
su palabra la esperanza;
su ejemplo la curación
para el cuerpo y para el alma.
Escultor: un San Francisco
le agrega a la Catedral
y otro al Abra de Perdomo
y otro, a nuestra caridad.
Feliz con su cometido
de ser obrero de Dios,
obrero de hacer y hacer
edificando al Señor.
Obrero de lo imposible:
capilla, iglesia, colegio,
en el que nunca dudó
y en el que siempre fue incrédulo.
Va al que sufre y lo precisa
y al que no ha encontrado a Dios;
creyentes y no creyentes
se conmueven con su acción.
Los días, los años, las décadas,
en ese cuerpo esmirriado,
a todos ha convencido
con su viviente milagro.
Al "tiempo de levantarse"
da su amor de consagrado;
parece que Dios se alegra
por su mano, perdonando.
Manuel T. Rivero
Manolo: cumples noventa
y tu gloriosa longevidad,
el corazón en el pecho
a todos, hace repiquetear.
Supiste honrar a tus mayores:
les diste amor y tenacidad;
fuiste orgullo de tus padres
con tu conducta tan ejemplar.
Tus hermanos, más que hermano
saben que en ti pueden encontrar,
al amigo, al consejero,
en la bonanza y fatalidad.
"Me casé con una santa",
allá en "El Ceibo" te oí decir;
y a la querida Eloísa,
todos, feliz vimos sonreír.
De los sobrinos has hecho
la meta de tu predilección
y nos sentimos honrados
de ser el blanco de tu atención.
El amar los animales
es signo de tu gran corazón;
malcriar a todos los niños
es tu más antigua profesión.
Te hemos visto en todo tiempo
poner por primera prioridad
de los seres, a los niños,
que son testigos de tu bondad.
Feliz de ti Manolito
Rivero, que te sabes mostrar
como un igual a los niños
y ellos te llaman siempre a jugar.
Para mi, ese es el secreto
de tu fecunda longevidad;
ser un niño entre los niños,
un homenaje a su dignidad.
Ese inocente intercambio,
llenó de vida tu corazón;
tu ser adulto le debe
su gran riqueza, su distinción.
¿Amigos?: de la política,
fútbol y pesquería y "Paz y Unión"
y bochas; del Club "Congreso",
de "I vesubiani", el club comilón.
Amigos de todas partes
donde se cumpla tu vasta acción;
por encima de las clases,
de las ideas, de religión.
¿Enemigos?: no has tenido;
pues la violencia es estupidez
y tu clara intelgencia
no te permite tal estrechez.
Y te ha gustado ser blanco,
noventa años... y seguirás;
"¡Este es un hombre, un ejemplo!";
aquí a Aparicio, lo oigo afirmar.
Blanco de querer la patria
y el bien para la comunidad;
¡con razón los colorados
tanto te han llegado a respetar!
¿Religión?: nunca en el templo
te vi en los ritos; pero si sé,
que eres notorio cristiano,
porque tu vocación es el bien.
Viste dos guerras mundiales
y creo que de ellas debes pensar:
al paso que va la burra
nada de bueno se ha de esperar.
Estudio García Acevedo
te digo: y tu te recordarás
de mil instancias felices
de tu carrera profesional.
Verdadero amor al prójimo;
apostolado tu profesión;
y tus clientes no son clientes;
son campo donde nace tu amor.
Has defendido al derecho
y a la justicia y a la verdad;
de eso no te has jubilado;
por eso, siempre combatirás.
Si hablo de Suprema Corte,
ministros, compañeros, dirán:
el doctor Manuel Rivero
fue un Secretario fenomenal.
La larga historia del fútbol,
bajo los puentes viste correr;
pero a esa historia has juzgado
con la mirada de un "amateur".
"Amateur": del francés, quiere
en español, decir: amador;
amador, más que de un cuadro
de las bellezas con el balón.
Claro que un corazoncito
para el "Atlético", siempre habrá;
para el "Racing" académico,
que hasta en la Liga fuiste a impulsar.
De muchas habilidades
una, se lleva el puesto de honor:
si hay parrilla, fuego y carne,
a ti te eligen: gran asador.
Lector, abierto a lo nuevo
y fiel guardián de la tradición;
tras de ser actualizado
no olvidas nunca un viejo valor.
Lo de ayer, lo de mañana,
despiertan tu más vivo interés;
y así, de viejos, de jóvenes
y de los niños, te haces querer.
Que juegas de jubilado
dices, pero... nadie te creerá;
los jubilados se aquietan
y tu te mueves cada vez más.
Sobrevolando tu tiempo,
maestro eres para tomar
en broma noventa años
y estás dispuesto siempre a empezar.
No es que no tengas tristeza
que a todo hombre es consustancial;
tu le dices: "no fastidies:
tengo que hacer para los demás".
¡Quién sabe cuántos Manolos
se me han quedado sin mencionar;
que entre tu pecho y espalda
inventa, nuestra felicidad!
Jaime E. Pou
La modalidad
Tu no dabas importancia,
relieve, distinción o valor,
a nada que hubieras hecho;
era un silencio conmovedor.
El ferrocarril a Rocha
El ferrocarril a Rocha
en tus comienzos te vio oficiar
de ayudante de ingeniero,
con una aplicación ejemplar.
El agrimensor
Fuiste, primero que nada,
un muy destacado agrimensor;
para colmo no cobrabas
y mucha gente no te pagó.
El medir el campo era
una durísima profesión;
tu tenías un cuerpo fuerte,
acorde con aquella misión.
El frío, el viento, la lluvia
y largas ausencias del hogar;
comistrajos en campaña,
dormir a raso, el sol soportar.
Ayudar al cadenero,
cruzar los ríos, luego, manotear
abriéndole una picada
al teodolito, en el triangular.
las agujas, las banderas;
cálculo en el que rematará,
sujeción del área al número,
dando diseño a la propiedad.
Descubrimiento de la cumbre de la República
Colocaste al teodolito
encima del Cerro Catedral;
pasó encima de las Ánimas
al hacer su giro horizontal.
Al contárselo a Mazzoni
te dijo al punto: "¿lo transmitió
al Instituto Geográfico?";
y hubo un insólito: "No che; no".
Tú fuiste quien descubriera
que era la cumbre del Catedral,
el techo de la República
y no asumiste paternidad.
Lo recuerda la mensura
que a aquellas alturas te llevó;
en la fecha de ese plano
hay para ti glorificación.
El jefe de Catastro
La jefatura en Catastro
fue largos años tu devoción;
sus empleados los primeros
en profesarte admiración.
Carretera sobre la Ballena
Muchos años en el pueblo,
tu iniciativa fue tradición:
pasar sobre la Ballena
la carretera como atracción.
A un prominente político,
aquella idea se adjudicó
más tarde, cuando tu sueño
tuvo por fin su realización.
La amistad
¿Qué diré de tus amigos?:
lo era toda la población;
y nadie tuvo un reproche,
si hablaba de Jaimecito Pou.
Jaimecito Pou serías
toda la vida en nuestra región;
fuiste suave en tus maneras
y como acero en la convicción.
Sereno, recto, apacible;
dueño de cristalina intención;
querencia de todo el mundo;
confiable a todos, sin excepción.
Las ideas
Ser de copiosa lectura
dentro de admirable selección
y de juicio equilibrado
y de una profunda comprensión.
Del centro tirando a izquierda;
decías para ubicar tu opinión;
pero siempre al desvalido
diste la preferente atención.
El don de dar
Así te querían los pobres;
tenías una vocación de dar:
zapatos, ropa, herramienta,
dinero y consejo fraternal.
A nadie defraudarías
cuando a tu puerta fuera a golpear;
y no sabría la derecha
lo que tu izquierda pudiera dar.
Acción social
La lucha por "Los Aliados",
la presidencia del "Paz y Unión";
el Rotary, la enseñanza
y los deportes, vieron tu acción.
A la sociedad le diste
muchos proyectos, realización;
cuanto para bien del pueblo
buscara un Maldonado mejor.
El legislador
Unos grandes homenajes,
cuando te fuiste a la capital,
soportaste con auténtica,
con pura, con sencilla humildad.
"Que no era tu mérito; que era,
un pueblo generoso, no más";
así explicabas la causa
de tan nutrida actividad.
A nadie pediste cuentas
ni reclamaste una posición;
por veinte años opusiste
el rechazo a una diputación.
cuando en dos legislaturas
a la comarca fuistes a honrar,
al límite de tus fuerzas,
por Maldonado habrías de luchar.
No ya correligionarios;
tus adversarios no hacen mención
de tu nombre sin honrarte,
con elocuente adjetivación.
Es marco estrecho un partido
para hombre bueno y justo sin más,
que va dejando una huella
de bien para la comunidad.
Los grandes afectos
Tu madre, veinticinco años
sufrió una terrible postración;
pero al decir: Jaimecito,
se le hacía olvido, todo el dolor.
Maruja, tu hermana era,
alivio de esa desolación;
fuente de amor para todos;
junto a esa cama se envejeció.
Hablabas de Julio Grossy
con una grandiosa admiración;
su nieto, que fue tu padre,
para ti era, copia de Dios.
El Dios que poco nombrabas
de quien Francisco hizo imitación;
él, que como tu, sentía,
la hermana tierra, el hermano sol.
Una ternura increíble
le provocaba todo animal;
bichero de pura cepa
tus nietos, esto habrían de heredar.
hermanos los animales;
hermano el prójimo; sin mencionar
diferencias económicas
ni hacer distingos en lo social.
Alguna vez me dijiste
que ha tiempo habías perdido la Fe;
y estaba en la misma entraña
de tu pensar y tu proceder.
¿Un gran amor?; si: Maruja;
un infinito, un raigal amor;
sus ojos verdes por siempre,
guardó en su fondo tu corazón.
Un amor que me confiaste
a mi tan solo, según creo yo,
con el corazón abierto
en la voz baja de una oración.
Recordabas su alegría
que a un taciturno alegre volvió;
a su bondad; a su muerte
que tan temprano se la llevó.
Y cuarenta años más tarde
tan doloroso era tu temblor,
que es de envidiar a Maruja;
Mamá; la dueña de tanto amor.
Se sintieron muy felices
tus suegros, cuando tu integración
a la familia Rivero;
fuiste su orgullo y su admiración.
Te mirabas en tu hija;
te vi feliz siempre al comprobar,
que aquel único retoño
éramos, ahora, dos a cuidar.
Cuando te casas de nuevo
María Isolina Viana te da,
un amor hondo, devoto;
canción constante de suavidad.
Fue tu sosegado afecto;
sereno alivio para aquel mal;
"la Nena" era un real remanso
de bondad, de dulzura, de paz.
Fue la "abuela" de tus nietos;
"madre" de tu hija; "hermana", tal vez;
y fue mi segunda madre;
a tal extremo se hizo querer.
Me encuadernaste los libros,
me estimulaste a tu imitación,
aunque fuera demasiado
que yo alcanzara a tu dimensión.
Me regalaste tu auto
cuando dejaste de manejar;
me hiciste sentir tu hijo;
tuve dos padres, a no dudar.
"Un hijo varón no tuve;
(te escuché, en un regalo de luz);
y si lo hubiera tenido,
él no habría sido mejor que tu".
¡Qué estímulo para el alma!;
¿cómo que no se puede volar?;
puedo sentirme en el cielo
si tu recuerdo vuelvo a evocar.
Te quise como se quiere
al manadero de la bondad;
no recuerdo que pidiera
y que una vez te oyera negar.
Y tu abrirías en mis hijos
el bello surco de la amistad,
con un afecto sin ruido,
guía confiable, no autoridad.
Sé bien que no es de tu agrado,
que yo esta saga venga a contar;
más no cabe en el silencio
tanta memoria de tu bondad.
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