Poemas de Infancia Puntaesteña I
De Umberto Pereira, "el poeta de Punta del Este"
Primera edición: 1994
Noticia sobre el autor y su obra
Umberto Pereira, nació en Punta del Este, el 4 de enero de 1923.
Fue funcionario público, estudiante de Derecho, profesor en Puando y en Montevideo de Educación Secundaria y en el Liceo Stella Maris de los Christians Brothers de Montevideo. Se casó con María Carmen Pour Rivero, con quien tuvo cuatro hijos: Jaime, Marcelo, Rafael y Enrique.
Publicó, en 1957: "Poemas de Punta del Este".
Algunas opiniones sobre la publicación:
- Juana de Ibarbourou: "El Este, tiene ya su poeta." 1957.
- Sarah Bollo: "La circunstancia marina, clara y diestramente tramada, con motivos gauchescos y costumbres camperas. Singular condición de cantar paisajes de la costa uruguaya, labores de pescadores, marineros, fareros, boteros, movimientos humanos en costas y puertos. Comparaciones y metáforas, surgen con brillo y belleza y dan vigor y expresividad a su canto. Poesía fuerte y delicada; real y nostálgica; con sonidos de mar y reciedumbre de roca y de tierra." 1957.
- Tomás G. Brena: "El verso que todos sienten y pocos expresan. La imagen, la fantasía formal, el juego de la imaginaría, que va del bosque a la ciudad y de la tierra al mar y del vuelo de los pájaros cantarines, al paso lento del carro pobre y rechinante. Bisio, en el norte, describe los bailes de negros; Pereda, en Montevideo, describe su vida y su alma; Pereira, los describe con imágenes de ternura: "Tenían toda la orilla del mar en la sonrisa; tenían todos los gatos en el cuerpo". Bello libro éste. Escrito con amor." 1957.
- Dora Isella Russell: "El tono saludable de su verso, una cualidad de transparencia, el sabor de la buena sencillez. El equilibrio lírico, sin caer en retóricas ni efectismos. Esa espontánea fuerza que nace de la sensibilidad. Se hace leer con agrado. Poesía de genuinas resonancias." 1957.
- José Mora Guarnido: "La tensión literaria y la sencillez, que son lo más difícil del oficio, aparecen, generosamente, en los "Poemas de Punta del Este"." 1957.
- Heraclio Pérez Ubici: "Pereira inicia una permanente literatura del mar." 1957.
- Agustín del Saz (catedrático de Literatura de la Universidad Auxias Marx, de Barcelona): "Es la poesía de Pereira, artísticamente híbrida de aristocrático decir y gauchesco naturalismo; la sencillez y el tema humilde se entrecruzan con el recurso estético de la poesía de la tierra, del mar y de los tipos humanos, que mueven su conmovida voz. Un decir poético de corazón estremecido. (Nº 61 de la revista "Bages", Manresa, Barcelona, marzo de 1958).
- Domingo Bordoli; "Umberto Pereira lo ha logrado. Ha cantado a su pueblo como si no fuera un famoso balneario. La canción surge con gotas de rocío, de gracia." (Antología de la poesía uruguaya contemporánea". Universidad de la República). 1966.
Publicó en 1993: "Poemas de aventuras, regatas y naufragios en el Este" y en 1994: "Poemas de infancia puntaesteña I".
Libros a publicar:
- "Poemas de infancia puntaesteña II"
- "Poemas de Punta del Este" (tomos II, III y IV)
- "Rafael Pérez del Puerto" (tomos I y II)
- "Poemas de los Relieves"
- "Poemas de circunnavegación" (tomos I y II) y
- "La patria de Artigas".
Prólogo
Al proyecto con memorias almacenadas que es un niño, lo pueblan muchos sueños y experiencias indocumentados, que en la urgencia de vivir, olvida. Los niños deben ser vistos y oídos, en tales inéditas memorias: su sentir, inteligencia, gustos, ilusiones; sus actitudes y expresiones, porque, si eso no ocurriera, el silencio nos mataría. Debemos oírlos; si no: ¿qué estímulo seguiría el niño que dejamos dormido en el fondo del corazón?
La madurez, a veces, despierta y desarrolla esos recuerdos. Sueña otra vez aquel tiempo y nacen los poemas sobre niños o para niños. Son aquella nebulosa de vida e inconciencia, que el arte revive. La imaginación busca de nuevo la correspondencia de la realidad con el sueño. Se angustia por saber cuál fue el ser verdadero que, a lo mejor ha sido la pura fantasía, la utopía. Se inclina hacia aquel ser secreto, fuera de comercio, que aspiraba al aire del país de la soledad. Que bebía un agua que no terminaba con la sed. Aquel ser que gastaba cosas gratuitas como el olor de las flores, la música de hablar con las plantas, pájaros, caballos, perros y gatos. El que interrogaba al sordo horizonte y a la espumilla en la rompiente de las olas. Que recibía en el viento, la caricia yodosálica del mar. El que se amaba a si mismo y a los demás. Se concluye pensando que eso y no menos, era felicidad. Y que eso acontecía, antes de luchar; o sea: antes de la agonía consciente que vino del futuro y aplastó a la libertad.
Antes de ganar y consumir la vanidad. Antes de escribir el rescate de la tradición de si mismo y del entorno, formando muñecos llenos de olvidos, omisiones, inventos, achicamientos y desmesuras. Muñecos que sin embargo, lucen vitales, como si fueran la seductora verdad perdida del niño naufragado.
Alumbramiento de muñecos parlantes. ocurrencia que se produce al despertar la rebeldía que busca reconquistar lo que hace años se durmió. Lo que despierta no es lo que se durmió. Debe ser el canto más inmaculado que el barro soplado pueda lograr. En él, los seres incorporados, nos besan sin ningún mezquino interés. Y algo misterioso, como un milagro innominado, nos recorre el cuerpo y el alma. Algo que pasó sin tiempo, buscando, sin cálculo ni brújula en el espacio, la consumación del amor.
U. P.
Contenido
- 1 Mañana voy a nacer
- 2 Doña Luisa
- 3 Don Narciso
- 4 Identidad
- 5 María González
- 6 Espuma de mar
- 7 Invierno infantil
- 8 El ancla
- 9 La mosca
- 10 La nube y el sol
- 11 La muerte de la espuma
- 12 Trampolín
- 13 Luz puntaesteña
- 14 El Tambor
- 15 Las Olas
- 16 El vuelo del alma
- 17 El baldío
- 18 La mar es un aguaviva
- 19 Graciela "Pipa" Bonomi
- 20 Las nubes
- 21 Consuelo Behrens
- 22 Carta del mar
Mañana voy a nacer
Mañana voy a nacer
desde el vientre de mi madre;
este que hoy, contra la tina
tuvo, lavando hasta tarde.
Me contó que era soltera
y joven; Miguel, su padre,
dejó a la abuela Rafaela
viuda de pan al marcharse.
Miguel De Muro, inmigrante,
de un sueño al otro pasó;
apenas tuvo siete hijos
la muerte se lo llevó.
Los siete hermanos, "Minucha",
Paulino, Antonia, Adelina;
un santo, Vicente y ella,
con nombre de luz: Luisa.
Ella la hermana mayor
y Miguel, sabio y cantante,
el benjamín que criara
como si fuera su madre.
Veintidós sesenta y seis
era, en la calle Charrúa;
era entre Patria y Victoria;
¡qué nombres; una hermosura!
Y que aquí, en Punta del Este,
Narciso se apareció,
cuando ella vino al balneario
con la familia de Hardoy.
Lo que ha querido a mi padre
sería largo de contar;
Pereira es un hombre bueno,
trabajador, servicial.
y es muy cantor; cuando vuela
su alma a la felicidad,
de un acordeón sin ofensas
improvisa para armar.
Es un amor fuerte y suave
como domador que es;
remata siempre en un beso
la esencia de su querer.
Y me dijo que me esperan:
Luis, María Elena y Aurora;
Sofía, Adelina y Angélica
y Miguel: es una gloria.
Que antes de Miguel y Angélica,
a otro casal, lo perdieron
muy chiquito; se llamaban:
Amelia y Miguel Alberto.
¡Cinco hermanas; dos hermanos;
qué fiesta de benjamín;
cuántos cariños sumados;
mi estrella será feliz!
Es tres de enero; la tarde,
víspera con sol de fuego;
"lavamos" toda la ropa
antes del alumbramiento.
Ella siente unos dolores
que ya, con sus nueve partos,
los sabe premonitores
y no hace nada de caso.
¡Qué madre, mi Dios;
qué padre me vinieron a tocar;
y una tierra que se entrega
apasionada a la mar!
mañana voy a nacer
desde el vientre de mi madre;
este que hoy, contra la tina
tuvo, lavando hasta tarde.
Doña Luisa
Mi alma salió de lo oscuro
con tu cantar;
y vio aquellos ojos grises;
ay ay ay ay.
Pienso en tu rica comida
y el delantal,
en cuyo bolsillo viajo;
ay ay ay ay.
Cuántos trabajos pasados;
cuánto anhelar;
madrecita, madrecita;
ay ay ay ay.
Me rozó siempre una brisa:
tu acariciar;
me alimenta todavía;
ay ay ay ay.
Es mi orgullo la alegría
que siempre está,
en la gente al evocarte;
ay ay ay ay.
Cuando se vuelve absoluta
la soledad,
hablas con ese silencio;
ay ay ay ay.
Un hijo que recordando
su madre está,
retorna del hombre al niño;
ay ay ay ay.
Todo el bien que en ti pusiera
la eternidad,
cómo suaviza mi pena;
ay ay ay ay.
Don Narciso
Solía decir mi padre
que era libre pensador,
bolichero, acordeonista,
payador y domador.
Y yo digo que era bueno
con la bondad del amor;
fue su palabra encendida
yesquero deslumbrador.
Hazañas de vida y guerra
contaba y las subrayó
con una gran carcajada,
para ahuyentar la emoción.
Analfabeto y de vista
tan corta, Narciso crió,
ocho hijos sin una queja
por todo lo que luchó.
Cuando artigaba la tierra,
el ablande, era un primor;
y siempre, su "mano verde",
buenas cosechas logró.
El "Río Novo Tres Estrellas",
tabaco negro, fumó;
"Jaramago Perfumado"
era el papel armador.
Era un hombre de a caballo,
que su tropilla alquiló;
sólo sobre el reservado
daba su real dimensión.
Porque el caballo levanta
y hace del observador,
hombre sabio y tolerante
como mi progenitor.
Identidad
En la celeste luz de la gran bóveda,
las infinitas nubes; en el mar,
los barcos de las ondas y las olas
con su vela de espuma a todo andar.
Un hogar balanceándose en las olas;
acunando mi sueño y despertar;
una Punta del Este adolescente:
silencio, yodo, viento, libertad.
Navegar, capitán de mis deseos,
es poderoso imán de mi niñez;
llegó al fin mi primera travesía;
sentí el camino azul bajo mis pies.
Y desde entonces poco he navegado;
pues claro está, soy niño todavía;
pero es la mar mi amor descontrolado
y yo un bote con sed de lejanía.
María González
La ternura a flor de labios
María González tenía;
una risueña mirada,
una pícara alegría.
Era baja, bien dispuesta,
servicial con simpatía;
dueña de suaves canciones
con las que yo me dormía.
Tu canción para aquel niño
cambió en sueño la vigilia;
y aquí estoy para decirte
gracias, querida María.
El amor con que cantabas
y en sueño se convertía,
era un confiable abandono;
era una leve caricia.
En tu calor, en tus brazos,
en tu fina voz, mecías
un canto, que al de mi madre,
mucho se le parecía.
El amor no tiene tiempo;
su memoria es infinita;
puedo, sin ningún esfuerzo,
escucharlo todavía.
Lo que el corazón recibe
los años lo multiplican;
la emoción se vuelve sangre;
la sangre se vuelve vida.
Hay un niño desvelado
al que duermes todavía;
por tu canción soy el hijo
de tu dulzura, María.
Espuma de mar
De las olas más azules
nace la espuma más blanca;
y su canción de burbujas
se zambullirá en el agua.
Para que suene la espuma
el viento es una guitarra;
y el ritmo para las crestas
se llama prende y apaga.
Al llegar la luz al mundo
ya había empezado esta danza;
y el viento no tiene fin
y el amor, nunca se acaba.
La niña espuma es tan bella
que el mundo entero la llama
amor; nacimiento eterno
al besarse viento y agua.
Invierno infantil
La piel erizada;
sensible en extremo;
conciencia de un mundo
donde todo es nuevo.
La Punta del Este,
como un barco huérfano
de timón y vela,
a merced del viento.
Los días melancólicos,
cerrado misterio;
dicen que una vida
se lleva entenderlo.
Ver correr las olas,
por ejemplo al viento;
y al sol que se apaga
detrás de los cerros.
Sentir cómo crujen
los árboles viejos;
mirar de regreso
cansados obreros.
Mientras cae la lluvia,
que hiela los huesos,
encontrar enigmas
afuera y adentro.
Persistentes gotas
que ondulan los charcos;
agua sobre agua
dibujando aros.
Tambor de aguacero
que viene escapando
del trueno que estruja
y quema relámpagos.
Cortina de nubes;
vidrios derramados,
y techos que vierten
un tiempo endiablado.
Casa que soporta
la fuerza del viento;
barcos oscilando
como locos péndulos.
Conmoción del alma
que guarda en silencio
esas ciegas furias,
con oscuro miedo.
Pecho estremecido;
vísperas del vuelo;
la mar no surcada;
un espacio; un tiempo.
Tras de la ventana
pensar que soy barco;
que esa mar bravía
espera mi canto.
El ancla
Mira cómo el molinete
"filándole" cabo está;
mira el ancla cómo forma
burbujitas al bajar.
Mira cómo tiene suerte
de ir al fondo a cureosear;
mira cómo no se ahoga
y baja al fondo del mar.
¡qué cosas maravillosas
allá abajo podrá ver;
cuántos peces de colores;
cuántas plantas y después,
cuánta pena si se siente
por el cabo recoger!
La mosca
Es una hermosa mosca de ojos ocres
con breve marco en medias lunas blancas.
Vino a posarse en mí; zumbando vino;
me saludó afilándose las patas.
Negro y gris y amarillo y ocre y blanco;
y tornasol traslúcido en las alas.
me mostró su belleza deslumbrante
y el bailoteo incesante de su danza.
Voló de pronto y se perdió a lo lejos;
dejé de ser soporte de sus patas.
La nube y el sol
- Blanca nube: ¿quién, preciosa,
con tonos anacarados
y con matices variados,
te formó?
¿Porqué pasas como diosa,
con tu radiante hermosura
que a mi vida sin cordura,
enamoró?
¿Quién te anima en el espacio,
en tus viajes por el cielo;
tersura de terciopelo,
quién te dio'
- La belleza que tu admiras
es obra del gran obrero,
con su corazón de fuego,
que es el sol.
Él, que mantiene la vida,
con ese ardor posesivo,
la sed, que es gran impaciencia,
fabricó.
Por su exceso, sintió culpa;
cegó en los campos del agua
con su filosa guadaña,
al vapor.
Con las ingrávidas aguas
que caminan por el viento,
dio el examen de aguatero
y aprobó.
La muerte de la espuma
Viento bailón penetra
la Boca Chica,
entre la faroleta
y Las Salinas.
Una hacienda de espuma
va arriando el viento;
de suroeste a noreste;
trillo pampero.
A la espuma, gaviotas,
con canto lerdo,
la arrullarán volando
como en cortejo.
Lerdo, tristón y agudo
canto agorero;
requiem para la espuma,
son lastimero.
Con fatales pregones
dicen sus ecos:
se va a morir la espuma
dentro del puerto.
Los viejos marineros
guardan silencio,
y la espuma no escucha;
sigue corriendo.
la esperaban los cubos
de la escollera
y la sed insaciable
de las arenas.
Trampolín
Rieles de ferrocarril
con maderas adosadas
armaban el muellecito
que había en la Playa Mansa.
Muellecito y trampolín;
triple servicio prestaba:
embarcar, desembarcar
y tirarse de la tabla.
La punta, unos cuatro metros,
era la parte más alta;
viveros de mejillones
en sus rieles se formaban.
Subir a la parte alta,
tirarse del trampolín,
volver a las escaleras
y otra vez a zambullir.
Los tablones superpuestos,
en invierno se sacaban;
y quedaba hasta el verano
la infraestructura pelada.
Cuando Manolito Grossy
encofraba a "La Fourmi",
yo me escapé de mi casa
y en el muelle me caí.
Contra un riel me fui a pegar;
me abrí la ceja derecha
y quedé desvanecido
tendido sobre la arena.
Manuel me vio y enseguida,
descalzo así como estaba,
me cargó en brazos, corriendo
encima de espinas bravas.
No me lleves al boliche;
por favor, llévame a casa
dije; porque tenía miedo
de que papá me pegara.
Te hice espinar, Manolito;
te provoqué un sofocón;
por el susto y las espinas,
te quiero pedir perdón.
Luz puntaesteña
Aquí en la Punta del Este
mar y cielo son inmenso;
aquí más que en cualquier parte
la mar es un gran espejo.
La mar, esponja de luz
y surtidor del reflejo,
multiplica claridad
y dilata al universo.
Después de juntar la luz
que al padre sol le ha robado,
la proyecta y hace un cielo
escandaloso de diáfano.
A nativos y extranjeros
un ángel les mandó Dios,
a enseñar la sencillez
en catequesis de amor.
Le dijo que se quedara
en este lar puntaesteño,
hasta que volviera Él
a apartar malos y buenos.
Dos premios tendría el converso
que se volviera sencillo:
gozar de bendita paz
y olvidar lo que ha sufrido.
De entonces, hasta la noche
se hace luz con grandes lunas;
con un diluvio de estrellas
y mágicas noctilucas.
Y dijo Dios a la Virgen
que encendiera una candela
y la mantuviera en alto
para que del mar se viera.
Es la Estrella de la tarde;
Stella Maris; que alivia
la incertidumbre en crucero
del marino que la mira.
La Virgen llamó Lucero
la antorcha que sostenía;
la Madre de Dios es nuestra
Candelaria todavía.
Y así, la primera torre
de esta Punta, fue su brazo,
evitando al navegante,
las crueldades del naufragio.
Por la candela bendita
y el desvelado ángel maestro,
sube a los cielos un canto
todos los dos de febrero.
El Tambor
Soñé que los Reyes Magos
me dejaban un tambor
y pegado a su barrica,
candombe en chas chas mayor.
Que lo llevaba a la escuela
y empezaba a repicar
y que todos en el patio
se ponían a candombear.
Repiques y contorsiones,
canto, baile y además;
todos los niños unidos
en murga de carnaval.
Vaía a los gramilleros,
mamas viejas y también,
los pases del escobero
y estandarte de satén.
Unos niños eran negros,
blancos eran los demás;
y a todos los hermanaba
la alegría del compás.
Que lindo sueño mi sueño,
el sueño de mi tambor;
al contarlo me ha salido
un candombe de mi flor.
Las Olas
Cualquiera que sea nativo
de Punta del Este, sabe,
que son únicas sus olas
en el modo de encresparse.
Con toda la voz que tengo
quiero cantar esas olas;
las que se ganan la vida
con incesantes cabriolas.
Aunque expertas en azules
y derrochonas en añiles,
gastan del blanco a la sombra,
verde, rojo y otros tintes.
Se abaten en hondonadas
y se encrespan en montañas;
en eso tienen perfecta
correspondencia con mi alma.
Son antes que nada, bellas;
es decir, nunca nos cansan;
y a sus formas siempre nuevas,
es un ensueño mirarlas.
En hoas de amanecer
lucen puntillas rosadas,
porque el sol a despertar
les tira encima las sábanas.
Su rostro se muestra pálido
porque está adormiladas,
cuando el sol llama a su oficio
al teru teru de guardia.
Son blancas porque al vestirse
el sol, como todo niño,
sobre ellas deja caer
la plata de sus bolsillos.
Y porque al nacer la luz
todo parece sencillo,
les sobra hasta el mediodía
color verde esmeraldino.
Es entonces que maduran;
beben luz, regalan brillo
y al candor de la niñez
los pierden en el olvido.
Envejecen por la tarde;
y si el tiempo les apura,
usando varios colores
airosas lo disimulan.
Cuando el sol, anciano, busca
al horizonte, su cama,
oscura juerga comienzan
de incorregibles noctámbulas.
Bohemias por naturaleza,
la Luna llena les plancha,
a cada veintiocho días,
toda la ropa arrugada.
La Luna las guía de noche;
las consiente en sus andanzas
y les da a probar un vino
que les enciende la cara.
Todos los niños del Este
observan, gozan y cantan
la agitación de las olas,
que en el corazón les danza.
El vuelo del alma
El alma del ser humano
es la que lo hace volar;
y lo hace amar la justicia
y combatir la maldad.
Con el bien, crecen las alas
que permiten ayudar,
a los que no tienen techo
y a los que no tienen pan.
A los que no tienen ropa,
ni se pueden educar;
y al que no puede, a su niño,
un juguete regalar.
Los pobres de alma, no vuelan
y se hunden en un fangal
de injusticia y egoísmo,
de ventajas y crueldad.
Luchando por los que sufren
tu alma se enriquecerá;
y buscando la justicia
ganarás la libertad.
El baldío
Con huellas de pezuñas
nos das los buenos días;
con úes de herraduras
galopas maravillas.
Llanto y queja almacenas
en quebradas botellas,
en airosas cometas
balanceas la inocencia.
Libertario de hogueras,
sin dueños y sin patria;
de mirada herrumbrosa,
de piel resquebrajada.
Para los juegos gastas
pantalón de gramilla;
tu pasto hace a las piedras
una cama amarilla.
Tu pasto es un valiente
con cicatriz de hormigas;
son tus mantas de invierno,
heladas blanquecinas.
Ebrios de viento suenan
tus cardos y tus chilcas;
tus hinojos ensayan
himnos de clorofila.
Dudas si las estrellas
son cometas nocturnas;
o amapolas rojizas
o palmeras maduras.
Mientras el mar les dicta,
tus caracoles trazan
la críptica escritura
con su cinta de plata.
La mar es un aguaviva
La mar es un aguaviva
enorme y azul y blanca;
nos lleva a todos los puertos
en su lomo, mientras nada.
A Punta del Este llega
por ver asomar el día;
su Costa de Amanecer,
le renueva la alegría.
La ola brilla con el sol
pero su nuca es opaca;
tiene melena de sombra
y una rutilante cara.
Mientras se levanta el sol
con toda la luz del alba,
entre la tierra y el cielo
la mar y el viento se aman.
Sonora es la mar y tiene
un chas chas en la garganta;
y un run run con el que aquieta
las espumas en la playa.
Un pedazo de la mar
en nuestro pecho se guarda;
con solo poner la mano
hace tun tun en el alma.
Y el cielo bebe en las olas
esas nubes que colean;
esa espuma voladora
que en el azul aletea.
Cuando el sol se vuelve viejo
de tarde, la mar le apaga,
encima del horizonte,
para que duerma, la lámpara.
Graciela "Pipa" Bonomi
"Pipa" nieta de don Juan
Gorlero; eras una niña,
preciosa, "aseñoritada",
graciosa hasta la delicia.
Ojos claros y veloces
que todo lo comprendían;
agilidad de gacela
con delicada sonrisa.
"Quintulo" y Blanca, tus padres,
se miraban en su niña;
compensaba sus dolores
tu aluvión de simpatía.
Adorabas a tu abuelo
y a tu abuela Blanca; un día,
me confiaste un secreto
con reserva y picardía.
Me dijiste que tu "Tata",
con agrado, distinguía,
lo bien que atendía el teléfono;
me llenaste de alegría.
¡Te veías tan satisfecha
al confiarme la noticia;
al decirme que don Juan
apreciaba mi valía!
¡Qué pequeñas cosas bastan
para que un niño distinga
entre lo bueno y lo malo;
entre la pena y la dicha!
Yo te agradecía en silencio;
te agradezco todavía;
don Juan era para mi
juez de enorme jerarquía.
Las nubes
Nos ha enseñado las nubes,
la bóveda puntaesteña;
su nacer, su vida y muerte;
es una historia muy bella.
Son las cometas del sol
que hilo de viento gobierna;
entre un jalar y un afloje
la nube sube o colea.
Las nubes buscan la altura
si sienten mucho calor;
se endurecen con el frío
y se vuelven nubarrón.
Son unas cometas mágicas;
les gusta cambiar de forma;
agrandarse y diluirse
o sobre el mar hacer sombra.
les gusta correr carreras
con la Luna y las estrellas;
con el Sol o con los barcos
que el horizonte navegan.
La cierro es una gaviota
de acrobáticos anhelos;
conoce, a grandes alturas,
todas las formas del vuelo.
La cúmulo es multitud
que a la cúpula del cielo
le forma bajorrelieves
de infinito movimiento.
La estrato es la nube avara
que se acumula a si misma,
en pilas horizontales,
en frágil estantería.
La nimbo es la nube enferma;
sufre necrosis por agua
y al olvidarse del vuelo,
a tierra es precipitada.
Se mezclan y dan colores,
contornos, brillos y sombras,
donde la imaginación
encuentra su plena gloria.
Consuelo Behrens
Consuelo Behrens: tu eras
de "Pipa" Bonomi amiga;
yo el grumete de don Juan
que a sus juegos asistía.
Se aparece a la distancia
la imagen de aquellas niñas
y en los sonidos del viento
se transforma en melodía.
Casa de don Juan Gorlero;
el fondo y la playa lindan;
juegos sobre el pasto verde
y la arena de la orilla.
Tenías el alma en los ojos
y en el semblante alegría;
y en la mano al saludar,
un calor cordial había.
Un pequeño ser humano
que irradiaba simpatía;
guardé tanto de ese afecto
que me dura todavía.
Eras como un gorrioncito;
pero con una caricia
que volaba entre las alas
abiertas de tu sonrisa.
Sé que has hecho mucho bien:
que tienes una familia;
que has derramado consuelo
a mucha gente afligida.
Punta del Este era joven;
pasó el tiempo; pero niña,
aun sigues siendo la dueña
de tu bendita sonrisa.
Carta del mar
Las olas son las escribas
que en el aire están grabando,
desde el principio del mundo
y el cuento no ha terminado.
Saco afuera de la borda
y mantengo horizontal,
mi mano abierta, muy cerca,
de las olas de la mar.
Algo me escriben las olas
con unos nerviosos trazos,
que se expresan en los senos
que me chocan sin descanso.
Se visten de luz y sombra
y con un ligero paso,
me atropellan y me esquivan,
como quien anda extraviado.
Como quien juega a juntar
y a separar sombra y cuerpo;
senos que se vuelven sombra;
sombras que guardan misterios.
Que me quieren transmitir
un saber hondo y lejano;
vienen a darme una clave
para que lea con la mano.
Manuscrito irregular
que se borronea en el barco
y que se estrella en el muelle
con fatalidad de llanto.
Como si fuera enconrdado,
las olas pulsan mi mano;
se vuelve todo mi cuerpo
guitarra para su canto.
Escritura que me toca
para alejarse muy rápido;
que pasa desde la cuita
el mensaje alborazado.
Mitad canción de alegría;
mitad delirio alocado;
como graciosa caricia,
como angustioso naufragio.
Siento que la mar me imprime
con latir desesperado,
un impaciente recuento
de los que la han navegado.
Así que con esta carta,
siendo niño milenario
me vuelvo, como ese mar
que brinca como un muchacho.
La mar, sin pulso, enmudece;
y en calma chicha y sonámbula,
como espejo vagabundo,
en si misma se naufraga.
Sólo las olas escribas
le dan conciencia de alas,
que en el viento engendran vuelo
de espumita inmaculada.
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