Poemas de los relieves y poemas de circunnavegación

De Banco de Historias Locales - BHL
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Tapa del volumen de poemas de Umberto Pereira cuyo contenido se reproduce en este capítulo.




De Umberto Pereira, "el poeta de Punta del Este"

Primera edición: 1995



Obras del Autor

- "Poemas de infancia puntaesteña", tomos I y II

- "Poemas de Punta del Este", tomos I al IV

- "Poemas de aventuras, regatas y naufragios en el Este"

- "Poemas de Maldonado", tomos I y II

- "Rafael Pérez del Puerto"

- "Poemas de los relieves" y "Poemas de cirncunnavegación"

- "La patria de Artigas" (inédito)



Prólogo

Se incluyen en esta edición, los "Poemas de los relieves" y los "Poemas de circunnavegación". Tratan de nuestra integración a la naturaleza y a la sociedad. Al mundo chico donde nacimos y al acontecer general. Nos enfrentamos a lo desconocido. Las emociones, estudio, pensamiento, decisiones, acción, entre otros factores, cumplen sus etapas de exploración, en nuestro espíritu y en el campo exterior. Cierta inteligencia del camino y la cultura sobrevinientes, nos proporcionan algunas medidas y reglas del juego. Es un proceso entre el ser y la sociedad. Un intercambio de lo real y lo falso, lo sucio y lo limpio, lo justo y lo injusto, lo bello y lo feo, el egoísmo y la generosidad, la pena y la dicha, la libertad y la opresión, lo limitado y el infinito, en una sucesión de opuestos, más las zonas intermedias. En la marcha, en ocasiones, parece que tocamos piso de roca; otras tantas, arena movediza; calmas y tempestades. Es obvio que nuestros limitados dones e información, deriven en conocimiento incompleto, para lograr la verdadera libertad de opción. Deben tenerse en cuenta, la certidumbre, por parcial que sea, la seguridad, el desamparo, la inseguridad, las cegueras, la insuficiencia de nuestro instrumental, entre otras cosas.

De ahí surgen aciertos, tanteos, engaños y errores, consustanciales al límite personal y colectivo. En lo que estimamos como logros, hay experiencia y saber relativos. Un conocer dinámico puede cambiar en el tiempo, el tamaño atribuido a las realizaciones ya los hallazgos, mediante nuevas puestas en valor.

Hay lastres que se tiran al mar; hay implementos que se incorporan, por estimarlos más seguros para la navegabilidad. Se van presentando múltiples niveles en la lectura de la vida. En consecuencia, algunos hechos y cosas pueden cambiar de relieve comparativo. hasta pueden haber pasado inadvertidos en la ruta de circunnavegación y de pronto, toman ubicaciones fundamentales. Lo cierto es que nunca se posee toda la verdad o cualquier otro valor hacia los que ordenamos la travesía. Nunca deja de aparecer lo nuevo, que nos acerque a la sustancia vital, tan inconmensurable.

en el gobierno personal, la conciencia ajusta, a veces, sus conclusiones; calibra anteriores certezas, en lo favorable y en lo adverso. Siempre es preciso conceder espacio a nuevas luces. Por otra parte, es posible la pérdida de elasticidad ante lo imprevisto; la tendencia a permanecer al amparo de la sedicente seguridad. Y hay grandes presencias de libertad y solidaridad, más arriba de los hombres y entre ellos. Cuanto más se las vislumbra, tanto más pueden moverse los límites relacionados con la voluntad individual o social. Sin embargo, en lo que el mundo lleva de crucero, anotando en su bitácora, se lo ve aproximarse, reiteradamente a la zona de la confrontación, al lugar donde soplan repetidos vientos bramadores. Vientos contrapuestos, que pretenden dominarse entre si, con el propósito, casi exclusivo, de la embriaguez de la victoria. Es común que entonces se destruyan estructuras, sustituyéndolas por otras, que no parecen liberar al hombre de la indignidad y del caos esencial anterior. Y una cosa, en apariencia tan fácil de captar, como que la tripulación debería acordar para cooperar, con distintas capacidades, pero con similar código moral, sin irritantes ventajas para nadie, tarda demasiado en hacerse realidad.

No sólo dar; no sólo recibir. Cooperar en el bien común hasta el extremo razonable, perfeccionando siempre el equilibrio, suena como lejana, lejana fantasía. El denominador común de concordia y de mínimo existencial para todos, sigue siendo la más cruel de las ausencias.

Eso mirando al mundo. Si procuramos mirarnos a nosotros mismos, lo que aparece es el frágil barquito de nuestra dignidad, también ante vientos desconocidos y misteriosos, que borronean la identidad, como si quisieran hundirnos en un salvaje anonimato sin voz. Contra ello, el esfuerzo personal, no agota muchas veces lo que debe y puede. Lo dicho, son algunos apuntes del camino. Algunas calas hasta donde nos han sido dables, pero que nunca nos quitaron la alegría de vivir y el buen juicio par esperar del discernimiento y la capacitación generales. Con un celo, casi inconmovible, hemos luchado por conservar un acrático recinto interior, para cantar al ser y al deber ser. Es un polo magnético, tendiente a la libertad, a lo justo, lo bueno y lo bello para todos, irrenunciable e inenajenable, por encima de todo. Todavía no hemos podido alcanzar el misterio poético de muchas cosas y de muchos seres. Pero hay un hilo conductor de armonías que reclama, en cada jornada, nuestro amor y nuestro homenaje a la naturaleza, a los hombres éticamente ejemplares y a sus obras que los han vuelto bellas personas, al margen de errores, omisiones o etiquetas. Nuestra agonía (lucha material y espiritual) se ha resuelto así, en un canto solidario. Casi no hemos sabido hacer otra cosa que cantar. Emitir tal canto, ha sido nuestro rumbo. Para nuestro barquito y el de los demás y nos hace mucho bien.

Respeta al ser de ciertas excelencias reales, que apuntan su impulso hacia los grandes sueños.

Se nos va cumpliendo un deseo: mirar y traducir con amor en la escritura, el mural de la vida. Dar testimonio de la tierra chica querida, la naturaleza, la carrera personal, la gente que la habita y un modo de sentir y entender la patria de Artigas, no como burbuja regional sino como parte del universo.

Lo publicado, lo hemos hecho llegar a algunos de nuestros amigos, a todas las escuelas y a todos los liceos de los departamentos de Maldonado, Lavalleja y Rocha, que permanecen iguales, juntos e inseparables en nuestro corazón.


U.P.



Poemas de los relieves



Fuerza




Estatua a la victoria en Samotracia

Victoria: forma excelsa de falso contenido,

que seduces, marchando, con además triunfal,

en un soberbio intento de vuelo al infinito,

parece que pudieras vencer la gravedad.

Victoria que en la fuerza apoyas el imperio,

robando de los pueblos, sagrada libertad;

que ante el dios de la guerra, ofrendas los vencidos

y en el mar de su sangre, sales a navegar.

Victoria que saciaste de poder tu egoísmo

y lo extiendes en alas que ocultan la verdad;

pisando sobre esclavos has llegado a ese plinto;

destruyendo la vida, te atreves a volar.

Victoria a quien envuelve un culposo silencio

y en un viento de muerte nutres tu soledad;

malhabida belleza: ése es tu cruel destino,

porque amor y concordia, jamás encontrarás.



Libertad



Sábana pintada por Cristo



"Ámense como yo los amo"

Jesús, al despedirse

Jesús: yo fui la sábana de lino;

y tu muerte al borrarme los pecados,

me imprimió un evangelio peregrino,

de caridad flameante en tu retrato.

Yo era el salvaje paño del instinto,

trenzado en egoísmo milenario;

y en esa tela descansó tu cuerpo

y en ella tu mensaje fue grabado.

Soy yo y la Humanidad, en un manteo;

somos sábana trágica jugando

a gastar tu visión con los pecados.

Aquí estoy; soy tejido de los siglos;

entramado maldito, tan confiado,

en la diaria impresión de tu milagro.

Mahatma Gandhi



Ya te animó la vida; cuando de ti se aleje,

junto al divino Jamna, al polvo volverás;

cuando tu flor en llamas sobre el río se refleje

será inmortal tu verbo para la Humanidad.

La urdimbre de millones de lágrimas ya teje,

trágico dhoti blanco; para tu eternidad;

Bapu; Bapu profundo: que nunca el mundo deje,

de velar por tu sueño y de buscar tu paz.

"Tú que marchabas solo", por la senda escondida,

la boda con la muerte haz boda con la vida

y fecundiza el alma infecunda y podrida

y hazla menos mezquina, menos adormecida,

más diáfana, más alta, menos encallecida

y enciéndenos el credo de luz y libertad.

Estatua de Lincoln



Ese puño siniestro representa

una noche de horror, cruel y doliente;

la infame indignidad de la cerrada

blasfemia contra Dios omnipotente.

Sentado entre los haces de justicia,

vuelves al mármol, anhelar ardiente;

¡Abraham, Abraham; de tu mirada

sale a volar el negro independiente!

Mas... la fiebre de fuerza y de codicia,

con su piel o sin ella cobra esclavos

y posterga al amor que tu querías.

Pero tu mano diestra aun acaricia,

el sueño de igualar a los humanos

en el rosado albor de un nuevo día.

Libertad



Hay un hombre de tierra

y hay un hombre de fuego;

también un hombre de agua

más un hombre de viento.

Fuego y viento que inventan

la canción de los tiempos;

tierra y agua que gustan

tonadas del silencio.

Somos algas y peces;

somos árbol y huerto;

la flor del alma en llamas,

memoria de los vientos.

Podemos navegarnos,

podemos recogernos,

poner luz en el aire,

desintegrar infiernos.

Todo parte y regresa

de los cuatro elementos;

tu resuelves si vivo;

tu decides si muero.

Patria



Río Uruguay



Donde confluyen tus aguas

con el Cuareim, formarán,

la Bella Unión con los indios

orientales, Río Uruguay.

Artigas, Salto atraviesas;

Paysandú y Río Negro y vas,

a Soriano y a Colonia

y a la mar, Río Uruguay.

La victoria de Las piedras,

emigra y te cruzará;

un código piensa Artigas,

en Ayuí, Río Uruguay.

Salto Grande, Salto Chico,

donde aprendes a volar;

parecen agua tus pájaros;

Río Uruguay, Río Uruguay.

Camino del agua espuma,

multicolor aletear,

costa izquierda, azul querencia;

Río Uruguay, Río Uruguay.

De paso honrarás al héroe,

en su cuartel general;

Hervidero de la Gracia

Villa Uruguay, Río Uruguay.

Por Paysandú trae Artigas

Carta Magna Federal,

que el rumor de tus orillas

le inspiró, Río Uruguay.

En tu horqueta libertaria

con el Río Negro, te hará,

Rivera un Rincón de gloria,

para ti, Río Uruguay.

Muy cerca de tu corriente

soriana, la Alarma da

un Grito eterno en Asencio,

en tropel, Río Uruguay.

Y en una Playa Agraciada,

una mañana inmortal,

Treinta y tres mudas de Artigas

dejarás, Río Uruguay.

De tus pájaros pintados,

nació la Patria Oriental;

Artigas gritó en Colonia,

libertad, Río Uruguay.

Para el ojo de una presa,

tu energía regalarás;

y sigues como si nada

Río Uruguay, Río Uruguay.

Puedes dormirte volando,

borbor de la oscuridad;

y amanecer arco iris,

Río Uruguay, Río Uruguay.

Reposarás en tus puertos

como esperanza fugaz;

impaciencia marinera

por el mar, Río Uruguay.

Capaz que no seas un pájaro;

tal vez seas agua no más;

y cardumen de riqueza;

no lo sé, Río Uruguay.


Este poema tiene música del Maestro Julián Rey Gándara.

Artigas



Pepito Artigas, mozo afortunado,

dueño de una irradiante simpatía;

deslumbraba en tu tiempo de "hombre suelto",

la rectitud y el temple de tu hombría.

Llegó el blandengue y operó el prodigio:

ladrones en soldados convertía

y en la "admirable alarma", fue tu pueblo

quien dijo: éste, es el jefe que quería.

Y la unión en exilio, dio su fruto:

libre, republicana autonomía;

y con "veinte palabras", su derecho,

enarboló tu férrea valentía.

Solo por hermanar todos los pueblos,

tu inagotable amor se consumía.

La autonomía



Traición de Pancho Ramírez,

inicial de la "derrota";

puñal infame y perjuro,

amparado por las sombras.

Regaló ponchos de sangre

el infiel, a la anarquía

y una manta de desgracia

al potro de la ignominia.

Alcanzó lanzas al odio

y espuelas a la mentira;

cortó las riendas del miedo

y abrió el corral de la insidia.

¿En qué caja la guardabas

astuto Pancho Ramírez,

ausente de la mirada

del Protector de los Libres?

Atropellaron de noche

a matar la autonomía;

sola, desnudita, inerme,

en delirios la veían.

Y la dejaron por muerta;

pero al despuntar el día,

iba en las ancas de un flete

cabalgando, con Artigas.

Cavilaba el Protector;

su compañera aprendía,

la senda que de regreso,

solitaria seguiría.

Iniciada en selva y cielo,

cartuja en la lejanía,

con un percal de silencio,

nadie la reconocía.

Para la marcha fatal

llegó el momento supremo;

parecían rumbos distintos

y alcanzó un solo lucero.

Rivera



Desde el bautismo de fuego

en el Rosario del Colla,

hasta el rancho de Bartolo,

corrió borrascosa historia.

Bueno de mucha bondad,

generoso como pocos,

"oriental no más" a secas,

pero querido por todos.

Por todos... es un decir;

hubo quien te quiso mal;

y proclamó tus pecados

con una saña mortal.

Son Guayabos y Rincón,

Sarandí y Misiones, dianas;

Cagancha es tu gran laurel,

libertador de la patria.

"Vende a la chacra y a mi",

le dijiste un día a tu esposa,

para pagar a soldados

"que hace tiempo que no cobran".

De presidente... te acusan

de gastar mal el dinero;

puede ser... es; pero siento,

que es mucho lo que te debo.

Te debemos una patria,

la libertad, el esfuerzo

tan largo, de cuarenta años,

que no ven censores ciegos.

Mira Frutos: no hagas caso

a esos recuentos estrechos;

que el tiempo te ha de pagar

con un inmortal recuerdo.

Lavalleja



Te nombró don Juan Zorrilla:

"toro de la libertad";

sin medida en la pelea,

por lo que más se ha de amar.

Luz del coraje "del Este";

punteando en la montonera,

mostraste lo que valía,

tu brazo para la guerra.

Era inquieta tu figura;

arisca como la sierra;

con tu compadre don Frutos,

siempre andabas en querella.

Querella por la ansiedad

para liberar la tierra;

distinto paso al andar,

pero por la misma huella.

Tu grito en la adversidad,

treinta y dos ecos encuentra;

contigo cruzan el río

y juran sobre la arena.

Cuando cuajó Sarandí,

aquel grito se renueva;

lo das por la libertad

Juan Antonio Lavalleja.

¿Errores contra la patria?;

no hay duda que los tuvieras;

pero también ofreciste

siempre la vida por ella.

Pequeño, robusto, fuerte

sableando intrusos estás

empinado en los estribos,

toro de la libertad.

Olivera



Una frente generosa,

ojos de mirada fiera;

un ceño diciendo: ¡síganme!

y una revuelta melena.

Salías a topar la muerte

y encontrabas la belleza,

ganando a la tiranía

la libertad de la tierra.

Amplia nariz, muy baqueana

rumbeando en olor a yerbas;

unos labios generosos;

bigote mediano en hebras.

No menciono tus batallas

porque no tienen ni cuenta;

ni evoco tu atropellar

ni el terror que con él siembras.

Pómulos voluntariosos,

mentó cuadrado de guerra;

un rostro ancho de coraje,

de fe para la pelea.

No hago un alto en Sarandí

ni en otras tantas porque eran,

los magníficos ensayos

para tu mejor proeza.

Unos brazos de titán

para un cuerpo que no muestra,

al gigantesco guerrero

que se agranda en la refriega.

Noche: sierras y bajíos;

pantano y Laguna Negra;

un bastión vas a asaltar,

sorteando palmas y estrellas.

Unas manos increíbles;

grandes, de gracia serena;

para amasar con ternura

todo el amor a la tierra.

El tiempo se quedó quieto;

descreído con tu empresa

y con el cierre del parte:

"¡He cumplido con la oferta!"

Se fue quedando de bronce

toda tu antigua fiereza,

en una guardia infinita

rondando a la Fortaleza.

Estoy nombrando a un valiente;

a un montonero de gesta;

al bravo "Señor del Este";

a don Leonardo Olivera.

José Pedro Varela



La patria transitaba, senda triste y oscura;

la igualdad era un mito, capricho era la ley;

y tú te levantaste contra la dictadura,

prendiendo en las conciencias, el fuego del saber.

Tú condenaste al sabio ciego, que no procura

combatir la ignorancia y hacer vivir de pie;

los niños señalaste como la levadura

del mundo justo y bueno que anunciaba tu fe.

Tú recordaste al hombre, para hacer su aventura,

su gobierno y su rumbo, para saber quién es,

el deber de ilustrarse, de romper ataduras

y no renunciar nunca a su sed de aprender.

Aceite de tal lámpara, tu amor y tu ternura,

nos arde hoy en el pecho: signo nuevo en la grey;

nuestra voz es la patria: sale a buscar altura,

la flor de los ensueños que sembrabas ayer.

La ronda de los niños, con su canto figura,

el honor que tu ejemplo se ganó en buena ley;

tu vida en ella cumple la esperanza más pura:

la escuela que anhelabas, alza su amanecer.

Batlle y Saravia



Un día habrás de acuñar

pueblo, una medalla de oro,

con Saravia por un lado

y con Batlle por el otro.

En el anverso el valor

y la ley en el reverso;

un campo blanco reclamo;

otro, colorado sueño.

Una cara tradición

y la otra cara progreso;

una efigie rebeldía;

otra empuje justiciero.

Pedirá en el haz, del voto,

el más prolijo recuento;

y en el envés los caminos

para un estado moderno.

Reparto proporcional

de cargos en un grabado;

y para el otro relieve,

el coraje de otorgarlo.

A uno le quitó la vida

tiro maldito y certero;

el otro la fue gastando

en realidades y anhelos.

Se odiaron en el amor

de los dos por este suelo;

y agrandaron una patria

que para el mundo es ejemplo.

Ninguno necesitaba

nada; sus desvelos fueron

defensa de la deseada

libertad de nuestro pueblo.

Según quien mire serán

haz y envés esas dos caras;

pero en rigor no hay reverso

cuando la causa es sagrada.

Pintura



Joaquín Sorolla



Sorolla: en una escena campesina,

grande que José Pedro Argul tenía,

en tu entrañable España penetraba,

desde esta americana lejanía.

Del arte, era mi amigo la elocuencia

que deslumbraba la ignorancia mía;

y de pronto su voz se hacía lejana

porque en la enorme tela me perdía.

Ya ni sentado ni atendiendo estaba;

los quiebres de la luz de aquella escena

interminablemente recorría.

Con prudencia, el discurso continuaba;

y Argul, feliz, pasaba por su antena,

la música que el cuadro transmitía.

Pedro Figari



La dinámica vida de tus cuadros,

es repicar de ensueño y de colores;

llanto de negros convocando a fiesta,

trágico carnaval de los dolores.

Pedro Figari: estás rememorando

tráfico infame, humanos cazadores

de hombres sin libertad, que a la tristeza

hacen sonar, sangrando los tambores.

Rastreas el campo, el pueblo, la tertulia,

el baile, los entierros de angelitos

y la noche repleta de ladridos.

El cielo que derramas sobre ombúes,

las esponjas de luz que son tus lunas,

pintan la humanidad de tu latido.

Rafael Pérez Barradas



Esfumaste los rostros para darnos

mutación permanente de sus almas

y es el contemplador el que termina

el pensar, los sentires y las caras.

Ciego destino nubla las pupilas

y hasta la Virgen tiene, preocupada,

al Niño Dios en brazos y parece,

que el magnicidio ya la traspasara.

Abreviado dibujo; su riqueza,

es la pobreza espiritualizada,

hablando de la vida y de la muerte.

Son tus criaturas quietas y calladas,

espectadoras de una densa niebla;

anónimos olvidos de la suerte.

Carmelo de Arzadun



¿Qué es Carmelo de Arzadun sino el aire,

la nube, el cielo, la gaviota, el mar;

registrando en Las Flores la belleza,

compenetrado en el color local?

Contesta a la estridencia con silencio,

de frágil y encendida humanidad;

asordinando voces pinta sueños,

espuma breve y ansias de volar.

Con camino y orilla, sin urgencia,

hace el propio lenguaje claro y suelto

y es huella que la ola borrará.

Autorretrato del alma; pura esencia;

pinceles embebidos en el viento;

siempreviva de nuestra realidad.

José Cúneo



Están volando en Treinta y Tres los pájaros;

llega de Europa Cúneo y al mirar,

someterá la sierra, el cielo, el vuelo,

a una oriental cultura universal.

Va y viene de Paris y hay en Florida,

ranchos y lunas que esperando están,

la sideral pasión de sus pinceles

que buscan disolver la gravedad.

Viaja y pinta y enseña y luego expone:

nuevo color y luz y autonomía,

espacio, movimiento y libertad.

El óleo y la acuarela, usan paisaje,

figura y abstracción y fantasía,

para dar a entender al Uruguay.

Joaquín Torres García



En su universalismo constructivo,

rigurosa estructura y proporciones,

nace belleza abstracta para el mundo,

donde se inscriben formas grises y ocres.

Esfera, cubo, sol, árbol, pirámide,

cruz, ancla, pan, botella, oveja, rancho;

reloj, balanza, luna, pez, pareja,

tranvía, escalera, corazón y barco.

Rectángulos con áureas dimensiones

clausuran a los signos primitivos;

casan al huésped con el infinito.

Un hombre habla y construye con pintura;

la carga leve y honda en su trazo,

da cósmicas medidas a lo chico.

Edgardo Ribeiro



Temperamento y luz subtropicales

traes, Edgardo Ribeiro, desde Artigas;

disciplina y control de los espacios,

desnudez, te insinuó Torres García.

Y así han venido carros y matungos,

rostros, chalanas y otras alegrías,

olas, ciudades, ríos del mundo entero,

a ofrecerte su voz y su fatiga.

Y enseñas a sacar por los pinceles

el alma de las cosas y la vida,

como el sedante vino del banquete.

Que todos puedan ver en los colores,

Justicia, amor y paz, claman tus telas;

una tregua en la lucha es lo que quieren.

Heroicidad



Los sordomudos



Con los ojos, con las manos,

de entre sus labios al sonreír

y con todo su cuerpo hablan

los sordomudos: ¡cuánto sufrir!

¡cuánta gracia en movimiento;

cuánta tristeza por el mal don;

cuánta corriente de vida

para vencer la ausencia de voz!

A tu voz, suplen mis ojos,

que una membrana, ante el signo son;

y ya desbloqueada tu alma,

camina rumbo a mi corazón.

En tanto, a muchos parlantes,

en apariencia, nadie escuchó;

y se los tragó el silencio

sin obtener comunicación.

Dionisio



Un niño en medio del campo,

y un abuelo alcoholizado,

que mata a su hija; a sus nietos,

también resuelve matarlos.

Marina, catorce meses

de vida tiene en peligro;

la salvación de la niña

busca su hermano Dionisio.

Le mataron a su madre

y ya agoniza el tío Eduardo;

la locura de Juan Díaz

fue su vigilia de espanto.

noche de frío, de hambre y de muerte,

contra un niño de nueve años;

Dionisio está malherido

en medio de este calvario.

El Olimar de la vida

con la muerte se ha topado;

la noche que no termina

y esa niña sollozando.

El patio ya ha de estar libre,

porque en él, cantan los páaros;

marcha el niño de leyenda

llevando su hermana en brazos.

Descalzo, pantalón corto

y apenas una camisa;

debe atravesar la helada

para salvar su hermanita.

Por más de cincuenta cuadras

Dionisio ha de caminar;

y por fin, llegado a "El Oro",

a la niña entregará.

Por denunciar los sucesos,

va a buscar al comisario

y es a dos guardias civiles

que cuenta el relato trágico.

Nadie ha sentido quejarse

al que a Marina ha salvado;

pero tiene el vientre abierto

y morirá de ese tajo.

Tenacidad



El ancla de Federico



El año cincuenta y tres,

Figueto Lauz fue a pescar,

ostras, en Punta del Este,

con una red especial.

Era una red de su invento

con garfios en el orillo,

que juntaba en el bolsón

lo que removía el rastrillo.

Lauz, en el "Pirata Chico";

tarde de un fin de verano,

sin sospechar que aquel día

reservara un gran hallazgo.

Situado como a tres cuadras

y media de la ribera,

daba su enfile hacia el este

al muelle del Club de Pesca.

La Isla Gorriti, arboleda

y anillo de espuma blanca,

a distancia similar

al oeste se contemplaba.

Un bamboleo azul-celeste;

el mar, el cielo; una barca,

atravesando el silencio

que un chas chas de olas apaga.

Es en medio de esa pesca

cuando la red se le atasca

y de la maña a la fuerza

agotaría por zafarla.

Señala con boyarín

su red y al puerto regresa;

cuando llega, a Federico

García Capurro le cuenta.

Dirigente del Yacht Club

por entonces Federico,

al programa de rescate

volcará todo su auxilio.

A la mañana siguiente,

una red piensan salvar;

y en rigor, un gran misterio

del fondo levantarán.

Pilotea García a la "Zíngara";

navega Lauz "El Pirata";

y comprueban que el destrozo

fue causado por un anchla.

Nadie sabe, sin embargo,

que allí mismo hay un navío

y que el buque es una historia

que tiene como dos siglos.

No podían imaginar

que el ancla que se pescó,

cayó al mar la última vez,

fondeando al "Agamenón".

El "Agamenón" fue un barco decisivo en Trafalgar;

y antes de ese encuentro tuvo

a Nelson por capitán.

Por ahora, sólo hay un ancla;

y cuarenta años vendrán,

de insomne buceo en la historia,

en pos de la realidad.

Estaban sobre el bajío

llamado de "Los Banquitos";

y era en su peor bajo fondo.

en "El placer de los chinos".

Ciento cuarenta y más años

hace que se inició el cuento

en ese mismo lugar,

con un anclaje postrero.

En el dieciséis de junio

de mil ochocientos nueve,

cayó por última vez,

el ancla que a la luz vuelve.

Salía a topar con la luz

de un radiante mediodía;

y sin embargo una noche

de ignorancia la envolvía.

Dos metros setenta y cinco

entre la cruz y la cima

de su caña, que una argolla

envuelta en rafia lucía.

Cuarenta y siete centímetros

alza la argolla y su rafia,

se hizo polvo en pocas horas,

después de salir del agua.

Su enorme cepo de roble

entonces, lo había perdido;

tal vez esté, desarmado

y en la restinga tendido.

Cuarenta y siete centímetros

de base y cincuenta y siete

de altura, muestran las uñas

en triángulos como arietes.

Se dijo siempre que el rumbo

que al velero inundaría,

lo causó la uña de su ancla

que atravesó la obra viva.

Entre punta y punta de uñas,

el arco del "doble anzuelo",

abre un segmento de círculo

que casi alcanza a dos metros.

Medidas tan inusuales

dan a imaginar a un barco,

de por lo menos media cuadra,

por ese "muerto" fondeado.

De vuelta al muelle "del Este",

llevarán a duras penas,

lo que ha devuelto la mar

con preguntas sin respuesta.

Se logra izarla hasta el muelle

con destartalada grúa,

a la que falta un apoyo

y a la tarea dificulta.

Una nube de curiosos

contempla el ancla-tesoro;

y uno, experto en barcos viejos,

proporciona clave de oro.

le transfiere a Federico

una información sin precio,

para orientar una búsqueda

que consumió mucho tiempo.

Dijo que el Almirantazgo

Inglés, usó este modelo

de ancla, en los barcos de línea,

antes de mil ochocientos.

Luego, era de un barco inglés;

¿y qué barco inglés podría

ser desde hace tanto tiempo,

huésped de nuestra bahía'

Desde el Yacht Club, Federico

hizo de albacea del ancla,

que al fin fondeó en el Museo

Naval, sus largas andanzas.

Recorre García Capurro,

la historia de los naufragios

tradiciones y registros,

para dar con aquel barco.

Había hecho don Carlos Seijo

recuento de los naufragios

en esta zona del Plata

y en especial, Maldonado.

En la lista de siniestros,

incluye al "Agamenón";

y algo dice a Federico

que ahí está la solución.

El Yacht Club encargó a Deane,

en Londres, la iniciación

de un lento y largo proceso

de incierta investigación.

Se hizo un intento fallido

de buscar con hombres ranas,

cuando García fue ministro,

pero que al fin quedó en nada.

Del ancla de Federico

al libro de Antonio Deane,

"El favorito de Nelson",

se llegó a un final feliz.

De antes de la botadura

del "Agamenón" se narra,

su carrera y su naufragio

de tan peregrina fama.

Cuando la investigación

concluyó su último tramo,

dan con el "Agamenón"

buceadores uruguayos.

Hugo Charbonnier con Sergio

Pronczuk y con Héctor Bado,

con Alfredo Konke y Sergio

Rodríguez se han asociado.

Son Bado y Pronczuk tocados,

por la gracia del hallazgo;

"el favorito" despierta

y el sueño, está consumado.

fue el año noventa y tres;

y ahí se encuentra todavía,

desde aquel toque fatal,

con un noreste de brisa.

El "Yacht Club Punta del Este",

el de Lóizaga y Gorlero,

impulsa a dos comodoros,

a cubrir un derrotero.

Un ancla, un buque fantasma

y de él, al "Agamenón";

y García Capurro y Deane,

que cumplen con la misión.


En el verano de 1953, se leva un ancla perdida el 16/IV/1809, en Punta del Este. Casi 144 años estuvo bajo el agua. Vincularla con su barco, costó 40 años de investigación. Los héroes de esta tenacidad fueron, con multitud de cooperaciones, el doctor Federico García Capurro, el escritor Antonio N. Deane y los buzos Héctor Bado y Sergio Pronczuk. Por el primer y excepcional desvelo de identificación, decidí titular a este poema: "El ancla de Federico".

U.P.



Poesía



La búsqueda



Es tan largo el camino,

tan corta la porfía

que gastará el ensueño

en vislumbrar poesía.

Todo será buscarte;

sufrir la cacería

por llevarle a la pena

su poca de alegría.

Por eterna huidiza

la Humanidad te espía;

aprehender tu belleza

da paz a la agonía.

las gentes hacen postas;

la meta es la armonía;

la canción, mar nutricia,

va tras tu profecía.

El estilo



Habrá para que el hueco de tu mano

se adapte a él, en posesión perfecta,

un estilo, forjado en el misterio

del viento, el mar, la tierra y las estrellas.

Con él, cala el madero del destino,

de la ilusión a la esperanza muerta;

hasta que puro y dócil a tu imperio,

entregue al fin las indelebles huellas.

No abandones tu intento; pues en vano

habrá sido la vida, si la meta

no es el estilo, forja de misterio,

hijo del viento, el mar, tierra o estrella;

sólo en él puede obrarse tu milagro;

ya no puede morir, el que lo encuentra.



La poesía



Alumbramiento y orquedad sombría;

ansiosa comba de ola trasluciente,

arenga de la mar impenitente,

amargo surco de la profecía.

Isla de soledad, y de armonía,

cosmos del ser humilde o refulgente,

valle feraz del alma independiente,

multitud de dolor y rebeldía.

Canto ardiente de fe, canto profano,

antena de secreta simpatía,

manantial de la sangre y la tristeza.

Gracioso faro del ignoto hermano,

ave de la tragedia y la alegría,

amor, angustia y flor de belleza.




Poemas de circunnavegación



Brújula



Me inundo de un chiquilín

con una tricota vieja;

se planta frente a mi espejo

y si lo miro se alegra.

Aunque no haya luz, lo veo

y le cuento mi tristeza;

sé que se esconde en mi voz,

sé que me alivia en la pena.

Si no está, pierdo el aplomo

y ruego para que vuelva;

y él, en los ojos del prójimo,

de nuevo se me presenta.

Un día llegará el término

para esta pina calleja;

y me llevará en sus brazos

detrás de las áureas puertas.

Esta locura



Esta locura de parecer cuerdo

con además vulgar y con sonrisa;

y el otro ser que casi no recuerdo,

perdida sombra hundiéndose en la brisa.

La tibia devoción, el andar lerdo,

este negar a Dios y la sumisa

voracidad de la fama en la que muerdo

los naufragios del llanto y de la risa.

Aquel que pudo ser heroico y loco,

fecundidad valiente de inconforme;

el que hubo de ser todo y fue tan poco.

Aquella cuenta llena de alegría,

cuyo orificio cruel volvió deforme

y al entrar al collar, ya no fue mía.



Esto y aquello



La cabeza en vigilia, por queridos recuerdos;

y la piel erizada, de soledad y miedo.

Esto es qué tal, buen día, tedio, ausencia, boleto,

confianza en las rodillas para no caer muerto;

llego tarde; es la hora; mejor te explico luego

y sírveme una sola, porque no tengo tiempo;

una anónima vida; un estar sumergido,

entre seis muelas locas, masticando domingos;

humo, dolor, miserias y lobos alfabetos

y sabihondez malsana y petulantes ciegos.

Me salvo, por la hoguera que traje de allá adentro;

hecha, con una niña y unos amigos buenos;

con zumbido de sierra, con almohada de cielo

y aquella marejada que me dice: ¡te quiero!



Deseo



Quiero hacer un navío,

marino y rutilante,

cuya vela por ti será tejida.

Plasmaré en una ola,

con aire de tus dones

la suprema emoción de la poesía.

Haré mástil del viento

y driza de ilusiones

y un gallardete azul, de la armonía.

Y ya suelta la amarra

nos iremos radiantes,

hasta la fuente ignota de la vida.



Ausencia



Bermeja mar: tu copa de ciruelo,

abre la sal al viento con derroche;

sobre la espuma late mi desvelo

y en el ocaso el sol, prende su broche.

Con su rosada cal me pinta el cielo;

desde el brocal del sol, caito a la noche;

perforado de estrellas, el anhelo,

resuelve mi silencio sin reproche.

En ausencia y distancia estremecida

se marchita mi muerte, mientras vuelo,

antes que el mar comulgue con mi herida.

Oscuridad atada en una guía,

seré otra vez, izado por tu mano,

isla de gozo, sol del mediodía.

Travesía



Partir es fiel señal de la aventura;

navegar, de emoción y temporales;

anclar, es un sudario de amarguraa

condena de naufragio a los ideales.

No me pidas quietud; que mi ventura,

tiene en el mar imanes abismales;

y un florecer constante de ternura,

abierto en las espumas ancestrales.

Deja que mi cariño nazca siempre

sin urgencia de meta ni de escala;

déjalo navegar y si lo sientes,

atávico de velas y de jarcias,

se co-piloto de su eterno viaje

y yo te haré en un beso, capitana.



Dios mío



Dios mio: qué pequeño soy;

cómo podría sin tu ayuda,

encontrar el bueno extremo

de esta selva tan oscura.

Cómo del túnel sinuoso,

todo de trampas sembrado,

salvo las duras etapas

y sigue aflorando el canto.

Señor, un favor te pido

si me besa la victoria:

que sepa mirar atrás,

donde mi sombra se borra.



Retrato



La abrumadora carga

de huesos doloridos;

el obligado alerta,

los tormentos sufridos.

Y la tangible dicha

del hogar cotidiano

y la amada familia

y el buen rumbo lejano.

Ahora sé que la vida

no es triunfo ni fracaso:

es sueño de armonía

que sube sin descanso.

La quinta



Cuando me acerco en verano,

la quinta se ha vuelto fiera;

domarla da la distancia

entre un parque y una selva.

Recorro el quieto recinto

y el grito de venteveo,

con su altanera presencia

escandaliza al silencio.

las plantas son sensitivas

a la ternura de la voz;

responden con alegría,

el verde, el fruto, la flor.

Copa de fino cristal

vuelca en el fondo a raudales,

la celeste inmensidad,

la transparencia del aire.

Compensan la pala, el pico,

el cansancio y los sudores,

la sinfonía de los verdes

y el ondular de las flores.

Pienso que la tierra es mar;

camino sobre sus aguas;

y navego entre las nubes,

con la barca de mi alma.

Soy el pastor marinero;

soy el pez y soy la cabra;

nado en el fondo del aire,

reposo en la tierra amada.

Un cansancio para el cuerpo;

cien perfumes que lo pagan;

y un contrapunto de verdes

como alimento del alma.

Un estribo es la esperanza;

otro estribo el desengaño;

sobre el potro de la quinta,

van galopando los años.

En el remo de este fondo

estoy siempre encadenado;

en el amor a remar

soy a la vez liberado.

La "Laguna del Purrín",

nor-oeste de Maldonado,

bajo tierra continúa

y es arroyo subterráneo.

Estaba en la cercanía

del Club urú, la Laguna;

se aterró; pero el arroyo

tuvo una mejor fortuna.

El arroyo, independiente,

siguió el curso transversal

que alimenta, aquí, en el fondo,

nuestro pozo manantial.

Es surtidor invisible

que atraviesa a Maldonado;

aquí sale a tomar sol

en belleza transformado.

Blancos, celestes y rojos:

imperio multicolor;

filo de tijeretas

sobre urdimbre de verdor.

Sé muy bien que en este ruedo

no está el campo de batalla;

pero le entrego tensiones

y me devuelve esperanzas.

Misterio de este corral

donde la fuerza se gasta,

refugiada en el silencio

de una mágica terapia.

Me vuelven niño las plantas;

sencillo, desilustrado;

alegre como un gorrión;

de toda pena olvidado.

Ardiente aguijón de avispa;

presencia que no advertí;

poda que topa de pronto

con oculto camoatí.

Picaflores en el aire;

libar como de ilusión;

ardiente beso a la amada,

en su propio corazón.

Me subo en las mariposas

y pienso en la fantasía,

el color, la ingravidez,

la brevedad de la vida.

Al escarde y a las podas

sigue el rito de la hoguera;

el fuego del quemadero,

consume las ramas secas.

Bandadas de mariposas

recorta el viento en sus lenguas;

y explota el fuego volante,

llenando el cielo de estrellas.

Sedante de su lenguaje

para olvidar la tristeza;

calor de fin de jornada

quemando nuestra maleza.

El sol, desde el horizonte,

le da silueta de fuego,

al picaflor que se bebe

la luz que queda en el huerto.

Baño, cena y a dormir;

mañana será otro día;

charla de la historia fresca,

borroneada en la fatiga.

Cansancio de los regresos

con los ojos en tinieblas;

en la otra punta del sueño

tal vez el sol amanezca.

Así es la vida: plantar,

cuidar y gozar cosechas,

cuando florece la luz,

si elegimos bien la siembra.

Miro y me siento saciado,

con flores, frutos y verdes;

este es un mar y la angustia

en sus olas se sumerge.



Los hijos



Para el hijo que duerme,

¡qué temblor en el canto!;

para el niño inocente,

¡qué temores tempranos!

Para el hijo que tiene

tan frágiles las manos;

para el niño que ausente

del mal, sueña: ¡qué llanto!

Hijos que quiero buenos;

¡qué dolor esperado

el de todos los diques

opuestos a su paso!

¡Es tan ciega la noche;

los peligros, son tantos;

no se si ha de alcanzarles

la lumbre de mi canto!

Campo de batalla



El hombre paga en cuotas

la mismidad del alma,

regateando intereses

al bien y a la verdad.

Cae en mora en los pagos

y hasta ensaya sus trampas

como si el alma fuera

sucio juego de azar.

Siempre exige rebaja

al cumplir sus deberes;

siempre reclama aumento

al buscar su placer;

y se olvida del negro,

del esclavo y del pobre,

en su oscura blasfemia

de no querer perder.

La ciega sed



Trazamos paralelos

del tiempo supersónico

al hambre y al dolor;

del hombre enajenado

con su fusil sangriento,

al rupestre pintor;

desde los que plantaron

esperanza de trigo,

al atómico horror.

Van por igual sendero

la paz, la unión, el canto

y el pleito destructor;

del ignorado hermano

que hemos dejado muerto,

hasta el reto al Creador.

La ciega sed de imperio,

destruye los reclamos

de libertad y amor.

La riqueza



La riqueza,

tan egoísta,

lastimando

a los pobres,

desnivela,

con dolor,

injusticia

y opresión.



El rancho



Amigo Julio da Rosa,

dispués de mucho esperar,

con ánimo de encontrar

algún mediano huequito,

he agenciao en "Los Pocitos"

mi propiedá horizontal.

¡Mire que tiene rarezas

la tal civilización!

aquí somos un montón

de dueños y no es ninguno;

asienta los huesos uno,

en una suposición.

La cosa es que estoy contento;

pa´que se lo vi´a negar;

sería dentrar a zonziar

hablar de tierra y de pena,

con mar, sol, cielo y arena,

no quiero más propiedá.

Manía de los romanos

fue la propiedá dominio;

se prendían esos gringos

como abrojos a las cosas,

con la ilusión pretenciosa

de sujetar su destino.

Yo más bien pienso, paisano,

que las cosas nos vandeean;

que la vida corcovea

como potro redomón

y en la primera ocasión

de descuido, nos voltea.

Estamos aquí de paso

para otro mundo mejor;

esto es pa´llanto y sudor,

más que pa´bien y alegría

y colijo es insanía,

posar de dominador.

Ansina que me conformo

con mi semi propiedá

y con la seguridá

del alquiler congelao,

porque ha de saber, cuñao:

treinta años he de pagar.

Usté lo tiene que ver

al piso que l´he mentao:

aquí no han desperdiciao

ni un geme de la estatura,

mucho aire, mucha abertura

y hasta p´al norte orientao.

Una de tantas lindezas

es volverme su vecino;

pues según lo que yo estimo,

estamos a unas diez cuadras,

prosiaremos a la larga

como en otro tiempo hicimos.

Si se viene por "Muñoz",

hasta la Comisaría,

y sigue por esa vía

que se llama "Libertá",

bien fácil podrá encontrar

la nueva querencia mía.

Al llegar a don "Río Branco",

siga trotiando un poquito;

de allí le queda un saltito

y a dos cuadritas no más,

a "Trabajo" va a encontrar,

que es un potrero chiquito.

Doble amigazo a la izquierda

y al dos, siete, nueve, dos,

dentre sin ningún temblor

que lo espera un mate amargo,

seguirá siendo canario

aunque suba en ascensor.

Olvidaba algo importante

para dar con mi guarida:

soy el "cuarto" de la estiba

y si ese número apreta,

verá como lo interpreta

y me lo sube aquí arriba.

Traiga al gaucho Juan Justino,

a Mariela, a la patrona;

y no se lo tome a broma

qu´es un convite formal,

que le ofrece nuestro hogar

y esta amistá cimarrona.



La rueda



Un libro que la frontera

pasó en fácil galopar

y que ha empezado a ilustrar

en las dos bandas del Río,

da fe de su señorío,

en forma espectacular.

Amigazo don Larraud,

escribano y escribiente:

su libro que a tanta gente

ha causado admiración,

da pie para esta reunión

de homenaje reverente.

Este, es don Denis Molina:

autor y poeta cabal;

pluma y verbo sin igual

de esceptisismo profundo,

para increpar a este mundo

tan engolado y trivial.

El arquitecto Cravotto:

cordial, culto, inteligente,

es el recuerdo elocuente

de otra figura querida,

la de don "Mauro", que en vida,

fue sabio, afable y valiente.

Marino Mora, galeno

transplantado de Granada;

con su clínica mirada

desde Bromatología,

mantiene la higiene al día

y a la población confiada.

Es don Luis Massey pintor

y grabador de experiencia,

que escarbando con paciencia,

sus tacos da la poesía,

de un alma que es diría

anhela la transparencia.

Aquí, don Washington Buño:

médico, escritor, decano,

que en un apretón de mano

receta: gracia y ternura,

para curar la amargura

que enferma al género humano.

Nicolás Fusco Sansone

va esgrimiendo su "Trompeta";

es cuentista y es poeta,

hace teatro y narrativa,

con la voz definitiva

que nos anuncia a un esteta.

El arquitecto Duffau:

hombre fiero a no dudar;

pero que sabe mostrar

su virtud limpia y sencilla,

y que mientras su alma brilla,

su nariz, hace olvidar.

del gran pintor Scolpini

yo elijo sus "lavanderas";

allí se muestra de veras

lo entrañable de su alma;

una tensa y suave calma

vista adentro y rostro afuera.

Y es don Adolfo Pastor

maestro de xilografía;

como la noche y el día

blanco y negro hace volar,

escarba hasta sujetar

a los tacos la armonía.

Lentini es un pensador

de varia y vasta doctrina;

en su palabra coordina,

con un saber de excepción,

la fraterna vocación,

cumbre de su disciplina.

Y aquí está don Pepe mora:

fue de Federico, amigo;

es de dos siglos testigo

y en su crónica elegante,

da visión relampagueante,

de: verdad, luz y castigo.

Roberto Ibáñez: poeta;

de Secundaria, inspector,

del "Archivo", guardador,

decano de Humanidades,

por colmo de habilidades,

es abuelo "costeador"

El arquitecto Mazzini:

sincero, sentimenal;

con su tónica cordial

maneja y arma el espacio,

para entregar un palacio

de sonrisa fraternal.

Y don Severino Pose,

es escultor que al plasmar,

en el barro su soñar,

le exige en línea y volumen,

las señales que nos unen

y la agonía del amar.

Pereira, hoy el relator,

que sin pretensión de honores,

le canta al mar, a las flores

y a la gente de su tierra,

y en esa canción encierra

sus telúricos amores.

y en fin, Giraldi: estudioso

de etérea melancolía;

con su fina cortesía

y su galano decir,

siempre alcanza a trasmitir

la calidad de su hombría.

Mas... don Rufino Larraud,

usted sabe hilar muy fino;

y de fijo que su tino,

le dirá que esta reunión,

del libro tomó ocasión,

pero es otro su destino.

No es a su sabiduría;

no es al libro que escribió

ni al triunfo que cosechó,

otra causa nos congrega,

si bien el libro se agrega

y despista la razón.

Festejamos su amistad,

más que a su libro triunfante;

su abierto don ofertante,

su franco y sincero afecto,

su camino claro y recto,

su trato llano y galante.

En un mundo enloquecido

con escapes siderales,

los "cabos cañaverales"

que guarda nuestra intención,

dirigen la exploración

hacia encuentros fraternales.

Y estos versos quieren ser,

de certera pincelada,

para pintar la ilusstrada

rueda del "Sorocabana",

que tiene por soberana

la amistad acrisolada.

De la nada al beso



Los altos hornos del sol,

padre y madre de la tierra,

nos expulsan, nos atraen,

nos matan y nos generan.

Núcleo de hidrógeno y helio

que dispara la energía,

desde el fuego hasta la luz,

del dolor a la alegría.

Y del rayo gamma a la onda

hertziana, largo camino;

polvo de estrellas mediante,

planeta azul ha surgido.

Lo que era un mar de fuego,

derivó en una mar de agua

y mar de aire y mar de tierra,

que vienen de rayos gamma.

El canto de los humanos

nace en el centro del sol;

ciento setenta millones

de quilómetros viajó.

El sol, la nodriza cósmica,

nos da a beber vida y muerte;

guerras del óxido nítrico

y fraternidad celeste.

En los cien millones de años

conocidos de su historia,

con similares frecuencias,

el sol, igual se comporta.

Detrás del sol, sólo Dios,

en años luz, sabe el resto,

del nacimiento del cosmos

hasta la orilla del beso.

La insensatez



Abajo del mar del agua

existe otro mar de fuego;

los continentes navegan

y no se sabe a qué puerto.

Abajo de una mirada

un ser espera sufriendo;

al amor quiere encontrar

en medio del mar inmenso.

Chocan las placas tectónicas;

mutilan al universo;

se separan los amores

y queda un jardín desierto.

Se sale el fuego de madre

y brinca el campo magnético;

empastela a las memorias,

quedan sin rumbo los tiempos.

Por una falla eruptiva

lanzamos furias hirviendo;

queman la piel de las almas

y derraman desencuentros.

Se salva sólo el instante

en que nos dimos un beso;

cuando usábamos las alas

y volábamos un sueño.

El labrador



Junté amor en soledad

con mi cesta de silencio;

colmarla pude en el mar

para sembrarlo en el viento.

Pude mirar y mirar,

abarcar al universo,

de la torpe saciedad

a la pobreza y el miedo.

Tierra fértil, duro erial,

surco dispar, breve tiempo;

¡qué inmenso el campo a sembrar

para tan débil acento!

Con fe que quiere triunfar,

ansioso escardo el terreno;

y al florecer la verdad,

siento que nace lo eterno.

El centauro marino



El barco es una existencia

de la semilla a la tabla;

de la cuaderna a la vela,

de la brisa a la borrasca.

El nacer, se hace de llanto;

la travesía, de tonada;

y cerrazones de espanto

y amaneceres de plata.

El barco es como la espuma

que surge como bengala

de luz y color errante,

que el viento y la mar apagan.

Un barco y un marinero,

fondeados, son una cáscara;

sin corazón y sin vida,

sin emoción y sin alma.

Un barco es una ilusión

de cambio y una porfía;

disciplinado aparejo

con un bamboleo escapista.

Navegar es bien supremo

y esclavitud exclusiva,

que libera de resaca,

para alcanzar la poesía.

Barco y hombre sin amarra

son ola y al fin, espuma,

bella, radiante, instantánea,

que la madre mar esfuma.

Centauro, barco y piloto,

galopan mar de verdad;

quieren virtud por estela

y sueños por libertad.



Esta nave



Esta nave que somos

es submarina,

navega mar y tierra

y al aire anima.

Y busca que busca anda

tras la quimera,

de amar y ser amada

y no la encuentra.

Quiere comprar espacio;

una parcela;

los mejores manjares

y una obediencia.

Pecar tres veces quiere:

una tenencia,

un placer y un dominio

sobre la tierra.

No quiere desengaños;

y los olvida

con otros, que el dinero

le dilapidan.

Con un corazón duro

como las piedras

a todos los que piden,

cierra la puerta.

Se le avería el pellejo;

la navecilla

está para el desguace:

y adiós la vida.

Y todo lo que no hizo,

si es que lo advierte,

era anónima dádiva;

y ahora: la muerte.








































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