Rafael Pérez del Puerto
De Umberto Pereira, "el poeta de Punta del Este"
Primera edición: 1995
Noticia sobre el autor y su obra
Umberto Pereira, nació el 4 de enero de 1923.
Poeta y profesor, ha publicado siete libros sobre su patria, Punta del Este: "Poemas de infancia puntaesteña" (tomos I y II), "Poemas de Punta del Este" (tomos I al IV) y "Poemas de aventuras, regatas y naufragios en el Este".
Siguieron los "Poemas de Maldonado" (tomos I y II) en una sola edición.
Se edita ahora, este largo poema, "Rafael Pérez del Puerto", que refiere a la vida del "Gran Maldonado" (integrado por los departamentos de Maldonado, Lavalleja y Rocha), entre 1778 y 1810, teniendo como figura central, a su invalorable Ministro de Hacienda.
Salvo los "Poemas de Punta del Este" (que hoy, llamamos: I), impresos en homenaje al Cincuentenario de Punta del Este y al Bicentenario de Maldonado, en 1957, los demás poemarios han sido publicados, entre 1993 y 1995, con la finalidad de enviarlos a las bibliotecas de todas las escuelas y liceos del departamento de Maldonado, Lavalleja y Rocha y a los amigos del autor, fuera de comercio.
Pereira fue redactor de la "Guía Punta del Este, Piriápolis y sus alrededores, 1987", editada ese año.
Quedan por editar: "Poemas de los relieves" y "Poemas de circunnavegación", que saldrán en una sola edición y "La patria de Artigas", poema de más de sesenta mil versos, sobre la vida y obra del gran republicano.
Contenido
- 1 Orígenes de Rafael Pérez del Puerto
- 2 Rumbo a Maldonado
- 3 Costas de Maldonado
- 4 29/IV/1778 - La llegada de Rafael Pérez del Puerto
- 5 Interventor pagador
- 6 Las obras militares en marcha
- 7 La Vaquería del Mar
- 8 El sueño de Diego Rodríguez Valdez de la Banda
- 9 1779 Paralización de las obras militares
- 10 17/VII/1778 - Una comisión de hacienda: administración de estancias
- 11 1/X/1777 - Tratado de San Ildefonso
- 12 Familias pobladoras, bajo "contrata"
- 13 29/IX/1778 - La recluta por "contrata"
- 14 1779-80 - Los arribos al Plata
Orígenes de Rafael Pérez del Puerto
Es Rafael Pérez del Puerto,
buen nombre para un catnar;
solitas manan las coplas
de tan rico trajinar.
José Pérez y Francisca
del Puerto fueron sus padres
y cuando nació Rafael
vivían en la villa de Aspe.
Murcia: telar de la seda,
viñas y naranjos de oro,
vio crecer a Rafael Pérez
con dotes para el asombro.
Ya mozo y emprendedor,
ha emigrado del Levante
y en Cádiz, tiene su empleo
en Almacenes Navales.
De aquella costa de Cádiz
hasta las costas del Plata,
del otro lado del mar,
a Cevallos acompaña.
Es la Expedición Cevallos
del año setenta y seis;
al que, el primero de agosto,
nombraron primer Virrey.
Soltero, hacia el nuevo mundo
su ilusión navegará;
la Sección Contaduría
lo contó como auxiliar.
Rumbo a Maldonado
Permanece en Buenos Aires;
su responsabilidad,
su honradez y don de gentes,
adquieren notoriedad.
Al Intendente Fernández
deslumbra Pérez del Puerto:
capacidad, eficacia,
sacrificado desvelo.
Y el año setenta y ocho,
al murciano de confianza,
lo va a enviar a Maldonado,
a manejar las finanzas.
Costas de Maldonado
Es el Este de esta Banda
Oriental del Uruguay,
el vigía de la frontera
por la tierra y por el mar.
Estamos en Maldonado;
con islas, puertos y costas
de interminable arenal,
desde el Solís hasta Rocha.
Hay una Punta del Este
y hay una Punta del Oeste;
son los extremos del Puerto
que vigila la Isla Verde.
Una canal, "Boca Chica",
separará a la Isla Verde
por apenas dos quilómetros,
del puerto, en Punta del Este.
Y la otra, la "Boca Grande",
contando desde su extremo
norte, tendrá seis quilómetros,
hasta Piedras del Chileno.
Su nombre, Isla de las Palmas,
por Isla Verde, cambiaron;
le quedó al fin, de Gorriti,
luego de ser: Maldonado.
La codician las naciones:
Portugal, Holanda, Albión,
las que, a través de los tiempos
desearon su posesión.
Punta del Oeste, su nombre,
cambió por Punta Ballena;
fue puerto de nombres móviles
pero de belleza eterna.
Un día, a la Punta del Este,
pondrán Pueblo Ituzaingó;
nadie aceptará tal nombre;
Punta del Este quedó.
El Puerto de Maldonado,
arco espléndido de arenas;
como catorce quilómetros
"del Este" a Punta Ballena.
Solís lo había bautizado
Puerto de la Candelaria,
en un día dos de febrero,
cuando culminó su hazaña.
En su mitad, una aguada
que los siglos bendijeron,
usada por navegantes
de los más diversos pueblos.
A su nor-este, a un quilómetro,
está el asiento del pueblo,
con la constante amenaza
de la arena del pampero.
Mar afuera, a ocho quilómetros,
la Isla de Lobos; un ruedo,
con sus dos clases de anfibios
y unas restingas de miedo.
Es el lugar de hacer rumbo
al penetrar en el Plata:
Montevideo o Buenos Aires,
fin de travesía marcaban.
29/IV/1778 - La llegada de Rafael Pérez del Puerto
Mil setecientos setenta
y ocho y abril veintinueve;
gran ajetreo militara
al pueblo y la isla conmueve.
Es fecha para grabar
por espléndido suceso,
porque acaba de llegar,
lo que se llama: hombre serio.
Con esto quiere decirse,
en extremo responsable;
que en cumplir con su deber
no le cede el puestno a nadie.
Quiere dejarse entender,
que es "puntual y es aplicado";
"de destacada conducta"
y de "celo bien probado".
Y que es otra garantía
de la Expedición Cevallos,
de esplendorosa presencia
en todo lo que ha tocado.
Impacta a Pérez del Puerto,
amor, a primera vista;
será fiel a Maldonado
hasta el final de sus días.
Interventor pagador
Manuel Ignacio Fernández
Intendente del Ejército,
lo eligió, como hemos visto,
para un delicado puesto.
El Intendente Fernández
acaba de designarlo
Interventor pagador
del Puerto de Maldonado.
Pareció, cuando llegara,
que era sólo uno de tantos,
en las obras militares
concebidas por Cevallos.
Ya sabemos quién es él:
excelente funcionario;
especie de bendición
para más de treinta años.
Suma de doce mil pesos,
Pérez del Puerto, traslada;
pide al Comandante Aylmer
custodia para cuidarla.
Las obras militares en marcha
Cuatro baluartes y un foso,
con un camino cubierto,
se hacen en la Isla Gorriti
según real ordenamiento.
Van a fabricar cuartel
y almacén para pertrechos,
con resguardo para víveres,
en la defensa del puerto.
Fuerte de trescientos hombres
iba a ser la guarnición;
y la Isla, por fin tendría
buena fortificación.
Almacén de Santa Bárbara
y un juego de baterías,
se iniciará en tierra firme
para mayor garantía.
La Vaquería del Mar
Son las obras de defensa
de la Vaquería del Mar,
de inagotable oro verde,
en esta Banda Oriental.
El Cebollatí y la Sierra,
la Laguna y el Atlántico,
arman el corral inmenso
que reproduce al ganado.
Una fuente de riqueza
que hace difícil el cálculo,
este corral generoso
que se llama Maldonado.
En tal Vaquería del Mar,
la abundancia del ganado,
es mucha; pero no rinde
con resultado adecuado.
Es mucha hacienda y es poco,
lo que se la está cuidando,
con un mando militar
encargado de esos campos.
Para atender con ganado
los Puestos, no dan abasto;
no es eficiente el procreo
y hay un fatal abigeato.
Madriguera es la campaña:
indios infieles, ladrones
y fieras y vagabundos,
forajidos, desertores.
"Gente incómoda y propensa
para cometer excesos";
no existe tropa bastante
a frenar los atropellos.
Y no es frecuente el coraje
del poblador voluntario,
que se arriesgue en esos campos
muy poco o nada celados.
Sin embargo muchos miles
de cabezas de ganado,
con penurias y peligros,
rodean esos hacendados.
El hacendado es la ley
única que hay en el campo;
sus capataces y peones
deben también ser soldados.
Han de defender por si
el progreso y el trabajo;
la riqueza producida
con el procreo del ganado.
Por eso hay que presumir,
dónde llegaría la hacienda,
con un gobierno celoso
de semejante riqueza.
Y muchos que son malévolos,
no es por el gusto de serlo;
les ha tocado vivir
en anárquico desierto.
Y así, seguro; ha de ser,
"tierra de ningún provecho";
sin trabajo para el hombre,
si custodia del gobierno.
Don de no llega la ley,
donde no hay ningún conchabo;
donde una absurda teoría,
niega fuentes de trabajo.
Donde las mercaderías
vienen con gruesos recargos,
cansadas de galopar
entre impuestos y resguardos.
Decir que vienen, tal vez,
es bastante exagerado;
porque son grandes las trabas
para abastos necesarios.
Contra el mejor interés,
un puerto semi cerrado
le negaba a este lugar
la prosperidad y el tránsito.
Carlos tercero, por fin,
buen reglamento ha dictado;
que limita al monopolio
y abrirá puertos cerrados.
Cierto que esos beneficios,
no llegan hasta este pago;
sus hombres ven la injusticia,
pero la sufren callados.
El sueño de Diego Rodríguez Valdez de la Banda
Atalaya del Atlántico
el Puerto de Maldonado,
debiera ser la salida
de los frutos del ganado.
Es más: debiera ser la llave
en el comercio del sur:
de esta Banda y de la otra,
del Paraguay y el Perú.
Así, don Diego Rodríguez,
lo soñó hace muchos años;
un sueño que, de tan bello,
se quedó no más, nonato.
Al monopolio se debe
la pobreza de esta tierra;
y de él, nació el contrabando,
las miserias y las quejas.
El anhelo era lograr
producción ultramarina;
y un buen nivel de valor
para nuestra mercancía.
Con ello vendría el trabajo,
seguridad en el puerto,
fomento del bien común
y riqueza para el Reino.
La estrategia y el comercio;
tan sencillo y sin embargo,
sólo lo comprendió Viana,
sólo Pedro de Cevallos.
Mientras, los siglos mecieron
un destino adormilado;
Montevideo no lo entiende;
Buenos Aires, lo ha olvidado.
Y unos sufridos vecinos,
triste vida han soportado;
los acosan enemigos,
los abandona el Estado.
A "indianos que pegan fuego"
y a ladrones hacen frente;
"matadores, vagabundos,
robadores de mujeres".
Es la Vaquería del Mar;
es la puerta del Atlántico;
es antemural del Plata
y el Puerto de Maldonado.
Y en el cielo a una estrellita
nueva, se la ve brotando,
con las obras de defensa
que ha proyectado Cevallos.
Como quien no dice nada,
con tal luz, nos ha llegado
don Rafael Pérez del Puerto,
"el eficiente empleado".
1779 Paralización de las obras militares
Pero, del plan, sólo hacen,
el año setenta y nueve,
la Batería de "La Aguada"
y la de Punta del Este.
En el último recodo,
en el sur de la bahía,
los cañones instalados
custodian la Boca Chica.
"la Aguada", mucho más tarde
se llamaría "Las Delicias";
esta primer batería
la Boca Grande vigila.
Otra ilusión que se esfuma;
otro sueño quebrantado;
otra espera silenciosa
vuelve a vivir Maldonado.
17/VII/1778 - Una comisión de hacienda: administración de estancias
Aunque se anulen las obras,
de la Isla de Maldonado,
ya tiene el mozo otras mandas
confiadas a su cuidado.
El fomento del ganado,
para el lugar, es la vida;
y ya está partida en tres
estancias, la Vaquería.
El Intendente Fernández,
otra vez, se ha preocupado,
para que Pérez del Puerto
permanezca en Maldonado.
Y el diecisiete de julio
del setenta y ocho, ha dado
la comisión a del Puerto,
en nombramiento precario.
Habrá de pasar revista
a las fuerzas del lugar,
para el apoyo logístico
a la función militar.
Cuidará de las estancias
este hombre tan bien probado;
será una seguridad
para el regular abasto.
Puestos de esta Banda Norte
y hasta Santa Catalina,
Santa Tecla y San Miguel,
sus ganados necesitan.
Tes estancias: de Don Carlos,
José Ignacio y El Potrero;
desde ahora, para cuidarlas:
don Rafael Pérez del Puerto.
Si bien el cargo es precario,
principio quieren las cosas;
se quedará en Maldonado,
aunque se paren las obras.
1/X/1777 - Tratado de San Ildefonso
Debemos retroceder,
pocos tramos en el tiempo,
para descubrir las causas,
del desolado momento.
De ese siglo dieciocho,
el año setenta y siete,
muestra a España renunciando
a lo que le pertenece.
Es el de San Ildefonso,
un tratado infortunado,
que concretará unos límites,
de los fueros olvidado.
Amplia zona americana
repartida en Tordesillas,
se entregará a Portugal,
en perjuicio de Castilla.
Y estaba incluido el Río Grande
en la pérdida costera;
franja extensa, rica, hermosa
y de importancia estratégica.
De nuevo, los portugueses
ven triunfar "su" diplomacia;
haciendo de los tratados
el campo de "sus" ventajas.
Mas... no hay que dar demasiados
créditos al Portugal;
es, de la Albión dependencia,
que, en rigor, lo mandará.
Maldonado está en el fiel,
de Montevideo y Río Grande;
para ese tránsito cumple,
sus trabajos principales.
Y debe ver amputado
un brazo de esa balanza;
nada irá para Río Grande
y de allí, no vendrá nada.
Al avanzar hacia el sur,
la frontera portuguesa,
el comercio languidede;
solo queda la defensa.
Y hasta para este destino
todo será reducido;
y la caída es vertical
al ser Río Grande perdido.
Un mundo de mercaderes,
ya sin pedidos de abasto,
emigrarán sin tardanza,
desolando Maldonado.
Se van muchos azorianos
afincados en San Carlos;
se volverán a Río Grande
bajo su rey lusitano.
Volverán bajo banderas
de su patria primitiva,
San Carlos, sin "los isleños"
yace silente y sin vida.
Empeñosos y sufridos
labradores de la tierra,
daban gusto aquellos campos,
de la siembra a la cosecha.
Fueron leales bajo España;
trabajadores, honrados;
pero levantaron vuelo
como bandada de pájaros.
Con un reparto de estancias,
algunos, por excepción,
han desistido del viaje
y quedan en la región.
El trabajo de la tierra
y los negocios civiles,
se borran del horizonte
en esos tiempos hostiles.
Y Maldonado es quietud,
austeridad resignada;
otro pueblo fantasmal
con casas deshabitadas.
Volvamos del retroceso,
que hicimos hasta el tratado
de ineptas negociaciones,
y funestos resultados.
Comandancia militar;
Maldonado, ahora, es sólo eso;
es el tiempo en que ha llegado,
don Rafael Pérez del Puerto.
Familias pobladoras, bajo "contrata"
Tiempo sombrío el de su arribo;
la riqueza, es el trabajo;
pero el trabajo, sin gente,
no es posible realizarlo.
América, es tan enorme,
que cuesta mucho poblarla;
será una tarea de siglos
el cuidarla y explotarla.
Es problema repetido
el vigilar las fronteras;
y el traer gente suficiente,
para comarcas desiertas.
Tampoco hay que desvestir
a un santo para vestir a otro;
y que España se despueble
para mandarnos colonos.
A las regiones más ricas
habrá una fácil corriente;
pero no todo reluce
en el Nuevo Continente.
Es realmente un mundo nuevo,
quien realiza la demanda,
del otro lado del mar,
para una aventura extraña.
Y así que pasan los años
hasta los primeros siglos,
se pueden hacer las cuentas
de muy diversos destinos.
A algunos tienta de veras
el progreso y la ambición;
pero a otros, dejar su tierra,
les aprieta el corazón.
Unos vienen por el oro
y se encuentran con la muerte,
otros desean descollar,
pero no han de tener suerte.
Por uno que se hace rico,
cientos se ha tragado el tiempo;
de un lado del mar, el llanto;
del otro lado, el silencio.
No es fácil enganchar gente;
y una promesa dorada
el Rey trata de mostrar,
cuando ofrece "las contratas".
la región de Patagonia,
extensa zona costera,
se teme que sea ocupada
por potencias extranjeras.
29/IX/1778 - La recluta por "contrata"
Veintinueve de setiembre;
mil setecientos setenta
y ocho; misión pobladora
por cuenta de Real Hacienda.
El Rey decide poblar
en el sur del Continente;
por eso, con las contratas,
se busca reclutar gente.
Alrededor del setenta
ya fracasó en esa zona,
por cuenta del Real Erario,
otra misión pobladora.
Y el año setenta y ocho
se libraron reales órdenes,
para dar seguridad
a tan remotas regiones.
Con familias y con fuerzas
se han de defender las tierras;
y al hacerlas producir
se ha de generar riqueza.
Las familias contratadas
tendrán pasaje gratuito;
las semillas necesarias
y otros varios beneficios.
Una o dos yuntas de bueyes,
útiles para labor,
la propiedad de una tierra
y la casa habitación.
El trato con La Corona
se dará por concluido,
después del mantenimiento
por un año, en su destino.
Son familias asturianas,
castellanas y gallegas,
que en embarques sucesivos,
a estas latitudes llegan.
Las regiones de enganche,
por sus rigurosos climas,
darán gente acostumbrada,
que a austral región se destinan.
Y se hace el segundo ensayo;
fracasará el poblamiento;
debe darse a las familias
provisorio asentamiento.
1779-80 - Los arribos al Plata
Los años setenta y nueve
y ochenta, vieron llegar,
a quienes la Patagonia,
por fin, no habrían de poblar.
Montevideo ha sido el puerto
fijado para el arribo;
y desde allí, irradiarían
más tarde, hacia otros destinos.
Familias de labradores
que ha de mantener la Hacienda,
mientras el Rey no les de,
la posesión de sus tierras.
Aquel destino precario
empieza a ser señalado:
frontera de Buenos Aires,
San Carlos y Maldonado.
San José, San Juan Bautista,
Pando y Concepción de Minas,
Canelones y Colonia,
Rocha, reciben familias.
Asturianos y gallegos
se destinan a San Carlos;
y familias castellanas
a Minas y a Maldonado.
La captación de colonos;
varios lustros de "depósito";
fracasos de ubicación
y gastos escandalosos.
Salidas busca Loreto,
soluciones Arredondo;
y complementa Avilés,
las inquietudes de todos.
Todos, confían en del Puerto;
valorizan su opinión,
porque analiza, proyecta
y es un fiel ejecutor.
Con él logran las familias
un gran administrador;
por más de veinticinco años
sus derechos tuteló.
Volver al archivo de Umberto Pereira

