Poemas de Punta del Este IV
De Umberto Pereira, "el poeta de Punta del Este"
Primera edición: 1994
Noticia sobre el autor y su obra
Punta del Este es la patria de Umberto Pereira.
Nació el 4 de enero de 1923. Esa naturaleza y su gente, han conformado su inspiración. Navegar la comarca tierramar y el alma de sus vecinos, dejaron la estela de estos poemas. La estela puede ser tan breve como hermosa. Pero, si los signos poéticos entran en el corazón del prójimo, dan un retorno sin tiempo.
En libros anteriores referimos a las opiniones de Juana de Ibarbourou, Sarah Bollo, Tomás Brena, José Mora guarnido, Heraclio Pérez ubici, Agustín de Saz y Domingo Luis Bordoli, así como a la inclusión en antologías uruguayas, de la obra de Pereira.
Siguen aquí, opiniones sobre los últimos libros publicados:
- Poeta y profesora Elodia Montañés Honoré: "Qué labor la tuya para recoger los datos y revestirlos luego con tu vuelo poético, para deleite de los que te leen. El inagotable venero de la fantasía. Páginas impregnadas de ternura, calidez y sabias reflexiones."
- Dr. Federico García Capurro: "Poemas que por su contenido y lirismo, van a interesar a todos los que como nosotros, hemos vivido intensamente la historia de Maldonado, Punta del Este y su gente."
- Escritor Antonio Deane: " Es un trabajo estupendo de investigación histórica, el que usted ha logrado hacer. Nada fácil por cierto."
- Poeta y escritora Sylvia Puentes de Oyenard: Aunque sin rutas parece, mil caminos tiene el mar; y uno de todos, el óptimo, al que es preciso encontrar. "El que convocó a un poeta de ley, que supo descubrir el camino y llegar a la palabra para alzar su canto y elevarse en vuelo. Gracias por permitirme compartir tu poesía."
- Profesor José Enrique Bengochea Elizalde: "Tiras la red y recoges transformados en poemas, nombres, sucesos, de este privilegiado lugar. Romances, biografías, nueva y más cercana visión de los naufragios y el deleite de la recreación pormenorizada de los detalles."
- Vice cónsul de Italia en Maldonado Giulio Ítalo Tortorella: "Hermosos relatos todos los de este aporte a la historia de Maldonado".
- Poeta y profesor Ricardo Leonel Figueredo: "Enfocada dentro del romance, mantiene la temática tuya, una vigencia épica, que nos retrotrae al romancero clásico, de lectura fluida, lleno de esas imágenes que se suceden en cadena. El rescate que realizas de esos temas semi-olvidados, tiene un aporte fundamental, para los estudiosos que aparecerán algún día."
- Director General de Turismo de Maldonado Oscar Olmos: "Conmovedor testimonio de nuestras más profundas raíces. Un viaje al pasado entretejido con nuestra actualidad. El tiempo no pasa; sólo da vueltas."
- Poeta y periodista cultural Yolanda Clavijo de Silvera: "Volví a vivir mi infancia, con personajes conocidos, con momentos pasados que aun siguen persistiendo. Gracias, Umberto, por el Punta del Este que no dejas que cambie y que dentro de cada nativo, sigue igual a como ayer."
- Periodista cultural José Palacio: "Cantos dedicados a los amigos, a la familia, al paisaje, al mar, bosques y cielo límpido; a las olas y al viento del sur, cuyas nostalgias llevan a la felicidad de los recuerdos."
- Maestra Nancy Sola de Cairo: "He disfrutado tu libro; me ha gustado mucho, como todas tus obras. has sabido rodear la historia con la particularidad del que quiere realmente lo suyo. Con el sabor de la "familia grande" de nuestra zona."
- Maestra Silas Zeballos de Tobías: "Te felicito por esa alma plena de poemas que fluyen a cada instante; por tu mente ágil, tu mano diestra y la voluntad férrea que te hace feliz, entregando riqueza espiritual. Un regalo para el espíritu. Cada nombre, cada anécdota, cada hecho narrado, es como sentir de nuevo ese palpitar del ayer, que iluminó de felicidad nuestros corazones."
- Sr. Roger Díaz González: "Me impresionó la calidad de la expresión y la claridad con que se detalla. no te imaginas cuánta alegría le causó a mi madre y a todos nosotros. Acá cerca, tengo a Luis Tassano, sobrino de don Estanislao, que aunque un poco viejo, se emocionó cuando le leí lo de su tío."
- Escritora y escribana Mabel Plada: "Gracias por rescatar del olvido, los hechos que hacen a los más íntimo de nuestra identidad."
- Maestra Estela Olsina: "Adivino la búsqueda minuciosa de los detalles, que se pierden a veces en el tiempo y en la distancia, en tu tan enriquecida tarea de escribir."
- Dr. y periodista cultural Alfredo Nocetti Fasolino: "Nadie ha interpretado -poesía mediante- a Punta del Este y a nuestra zona, como lo haces tu."
Obras publicadas:
- 1957: "Poemas de Punta del Este"
- 1993: "Poemas de aventuras, regatas y naufragios en el Este"
- 1994 - "Poemas de infancia puntaesteña I"; "Poemas de infancia puntaesteña II"; "Poemas de Punta del Este II"; "Poemas de Punta del Este III"; "Poemas de Punta del Este IV"
Obras a publicar:
- "Poemas de Maldonado" (tomos I y II)
- "Rafael Pérez del Puerto" (tomos I y II)
- "Poemas de los relieves"
- "Poemas de circunnavegación" (tomos I y II)
- "La patria de Artigas".
Contenido
- 1 Espuma puntaesteña
- 2 Asencio Iturria
- 3 Puente ondulante Leonel Viera
- 4 Rambla de Punta del Este
- 5 Baile de los marineros
- 6 Teatro de la calle 20
- 7 Las lagunitas
- 8 Punta del Este, amanecer
- 9 Punta del Este, todo el día
- 10 Punta del Este, anochecer
- 11 Éxtasis
- 12 La mar
- 13 Pesca deportiva
- 14 Secreto de confesión
- 15 Parque de la fauna autóctona
- 16 Muelle de Punta del Este
- 17 Murallón
- 18 Capitanía del Puerto
- 19 La Fragata
Espuma puntaesteña
Punta del Este es un barco
programado al sur no más;
para que el curso se cumpla
las Islas, deben remar.
Abrirá el barco una flecha
que espuma desplazará;
sus dos alas de belleza
el rumbo sur trazarán.
Vector blanco gigantesco
que al cielo le indicará
lo increíble de una tierra
que flota sobre la mar.
Su rolar, sus cabecesos,
al viento enamorarán;
del agua que roza al casco
caricias blancas saldrán.
Y es la espuma tan hermosa
(enseña la Antigüedad)
que nace el amor en ella:
su padre, el viento será.
La espuma, que es instantáneo
humo blanco sobre el mar,
descubre a este amor secreto:
suspiro y eternidad.
Tal amor quiere ocultase;
pero es Vía Láctea en el mar;
es pasión que vuelve al aire,
viento de nunca parar.
Una blancura y un canto
agua espuma y viento, dan,
la progresión de la vida;
amor, que no morirá.
Agua y viento la seducen;
Punta del Este se va;
milagro: la tierra inmóvil,
empezará a navegar.
Cuando llegas, es un barco
que está a punto de zarpar;
saltas a bordo y de pronto,
eres espuma de mar.
Asencio Iturria
Asencio Iturria es herrero
y al lado de Sáder instaló
su taller por unos tiempos
en que aumentaba la construcción.
Fuerte y alto, caminando
dándole una cierta elevación
al pie de apoyo iba "el Vasco"
en un zanqueo muy rendidor.
Un entusiasmo a los saltos;
cuerda de barítono en la voz
con un canturreo a la vasca,
rubio, bien parecido varón.
Con una clara mirada
y la sonrisa de un hombre leal
sabe de qué habla y lo dice
mostrando una convicción total.
Y muy buena herrería de obra;
muy cotizada, fabricará;
y el corrido comentario:
un vacío "el Vasco", vino a llenar.
Mutante Asencio en negocios,
en el Yacht Club iría a recalar;
restaurante y bar atiende
donde el prestigio lo rodeará.
"Moncho", otro vasco ayudante,
a beber la bota me enseñó;
festejaba con gran ruido
sus condiciones como instructor.
Asencio hace plata grande
y otro negocio imaginará:
tener su mejillonera
que por su cuenta trabajará.
Al viejo "Pingo" de Mahilos,
caoba de la India, vuelve pontón;
y aletas mejilloneras
sobre sus bordas le fabricó.
Y sale con bien de nuevo;
pero le ha surgido otra ilusión:
restaurante de mariscos
y venta de propia producción.
Construye "Mariskonea"
frente a la "Cueva del Zorro" y da,
los mariscos del vivero
que allí, alimenta agua de mar.
La fama aumenta; ya tiene
muy superado su buen pasar;
de la "Paso de los Toros",
cartera de acciones comprará.
Educa bien a sus hijos;
"Mariskonea" consolidará;
hasta que venga la muerte
que lentamente lo llevará.
Asencio fue un hombre entero;
recto y a un tiempo, franco y cordial;
llegó maduro a esta tierra;
su gran secreto fue: trabajar.
Trabajó en lo que sabía
con infinita tenacidad;
fue una vida puntaesteña
con un mensaje, más que ejemplar.
Puente ondulante Leonel Viera
Dos corcovos de cemento,
en transversal;
cálculo de ola y poesía:
un tobogán.
Ondulación, juego y gracia,
todo a la vez;
un puente del sube y baja,
no puede ser.
Aunque no parece cierto,
él, está ahí;
con dos crestas como espuma,
va a sonreír.
Como el día, es la subida,
culminación;
como la noche, hondonada
que oculta al sol.
Emergen del Maldonado
pilares u,
tanteando para evadirse
hacia el azul.
Rambla de Punta del Este
Recorramos un acierto:
la rambla; que sin violencia,
sigue las sinuosidades
con una santa paciencia.
Fue sabia al ser respetuosa
de la joya facetada;
dio libertad a su brillo
y a la vez la dejó intacta.
En vez de primer actor
a ras de suelo tendida,
parece que se escondiera
para no ser advertida.
La irrepetible Península
gozó la delicadeza;
con amor vino el camino
a besar a la belleza.
A la Punta este vestido
le cae como para fiesta;
para despertar amor
a todo el que se le acerca.
Parece que el tal vestido
fueran las bíblicas prendas;
y que en la danza, a las olas
los siete velos entrega.
Y del ondular del agua
y de su cuerpo se espera
que cada quiebre perfecto
muestre hermosuras inéditas.
Aquí corretea felina;
allá te acaricia y besa;
aquí parece nacer
allá se muere de pena.
De un lado regala luz;
del otro oscura tristeza;
de un lado la Isla del sol
del otro Isla de belleza.
Punta del Este es un ser
de convergente grandeza:
viento, nube, mar y sol;
bosque, arena, transparencia.
Baile de los marineros
Baile en la Punta del Este,
inédito se quedó;
una vez por temporada
navegaba esta ilusión.
De dónde vienen los barcos
que de pronto inventa el sol;
de dónde los marineros
que andan buscando un amor.
Nadie pregunta quién eres
ni lo que piensas hacer;
la sirvienta, el marinero:
un hombre y una mujer.
El cansancio del trabajo
nubla memoria de hogar
se pierde en la tierra firme
se tira al fondo del mar.
Me simpatizas; te quiero;
qué lindo sería bailar;
cantar que estamos de paso;
la vida es corta: ¿vendrás?
Que si; que no; que quién sabe;
lo pensaré; bueno; voy;
sigue una noche de música;
el baile; el beso; tu y yo.
Es baile uno y exclusivo;
no tiene cuando acabar;
naufraga en la madrugada
como un bamboleo de mar.
Aquel del año pasado
y el que se va a realizar;
zarpa el verano; y el viento,
al baile desguazará.
Teatro de la calle 20
En la "Subida" "del Este"
una calle y un balcón
en forma de anfiteatro,
hecho por Héctor Gandós.
Un sueño de candilejas,
de tus amores, amor,
abrió un refugio a las musas,
foso de noble emoción.
Director de la tramoya,
empresario de la voz,
de la aventura del arte,
regente de la ilusión.
Punta del Este te debe
este circo de la acción
que trueca vida y cultura,
por la risa y el dolor.
Tierra mi tierra querida,
mar de mi eterna canción;
cielo del alma infinito,
viento que me vuelves flor.
Me quedo entre bambalinas,
para agradecer a Dios,
el teatro en la calle veinte,
hecho por Héctor Gandós.
Las lagunitas
De pronto una mirada suspendida
por el oleaje bravo de los años,
se proyecta de nuevo sobre el fondo
de lo que en tanto tiempo no ha mirado.
Son, entre rocas, limpias lagunitas,
que alimenta las olas de mi pago;
fondo musgoso, actinias, mejillones,
algas y pececillos despistados.
El cielo contorneado al horizonte;
mezcla de ruido de olas y gaviotas
y este mirar que vuelve del pasado.
Todo es igual y todo está latente:
la luz, la sal, el yodo, Islas y Punta
y el viento, de la espuma enamorado.
Punta del Este, amanecer
Al romper la mañana,
Punta del Este
apaga olas y grita:
¡todos... despierten!
Y se lava la cara
con las espumas;
y brinca alborozada,
sobre las dunas.
De espaldas a Gorriti,
se mira en Lobos;
los lobos la saludan
todos a coro.
Sale de recorrida
y verifica,
si en su sitio se encuentra
la Boca Chica.
Le hace un guiño al "Monarca"
y a Ballena;
se desnuda y se baña
con gracia plena.
Confiesa sus pecados
-noche y borrasca-
y el aire fresco absuelve
sin decir nada.
Con luna consagrada
luego, comulga
y con yodo y salitre
se desayuna.
La luz tiene un plateado
tan nuevecito,
que a Dios se le ha caído
de los bolsillos.
¡Qué cosa tan bonita
que son las huellas,
de los enamorados
sobre la arena!
Y hay unas barcas mágicas
que ya regresan;
traen al mar en bodega
y en él navegan.
¡Qué cosa más extraña!:
con pasta verde,
los pinos pintan cielos
azul celeste.
Se mezclan mar y brisa:
marejadilla;
cielo, luz y horizonte:
la maravilla.
Gritó: ¡despierten todos!
y no despiertan
nada más que los cantos
de los poetas.
Punta del Este, todo el día
Entre Gorriti y Lobos,
transparencias de ensueño,
torrenteras de viento.
Las colinas engarzan
a la bahía de plata,
su fiesta de amatistas.
Olas de calco alisan
el papel en la orilla,
para copiar la arena.
Punta del Este, en medio,
yodo, sal, eucalipto,
olor a mar y a pino,
cocina al mediodía
el aire de la vida,
en la fragua del tiempo.
En bosques y jardines
invisibles chicharras
se beben la penumbra.
Con aleteos y cantos
los pájaros aferran
el cielo al horizonte.
Por sombras malherido
derrama el sol colores
de tragedia y de gloria.
La oscuridad contempla
la luna y las estrellas
y renuncia a ser noche.
La luz lava las almas;
les resucita el vuelo
con azules y verdes,
con rojos y amarillos,
en la mar confidente,
en espuma de amor.
Puerto y playa; ancla y vela;
juego de azar y gozo:
pulso del universo.
Punta del Este, anochecer
Sangra violetas y rojos
con la lanza en el costado
el sol; herido de sombras
va a morir sacrificado.
Él era el rey; el supremo,
por quien el mundo palpita;
mensajero del latido
y transmisor de la vida.
El cielo se desaferra
zafado del horizonte,
como una vela cangreja
a bandazos con la noche.
Al que inundó de regalos
horas calientes del día
sorprende, ingenuo y confiado
la noche, ciega de envidia.
Con sus perfiles, la sierra
parece un temblor de olas;
Gorriti como una virgen,
al pie del suplicio, llora.
Las nubes abren la sábana
del amor, en el ocaso;
el sol les da por su gesto
un resplandor de milagro.
Los lobos cantan canciones
de consuelo, al moribundo;
las propias sombras se espantan
con el crimen tan injusto.
Y Punta del Este, trémula
y hermosa como una novia,
descuelga un rico rosario
hecho con luces agónicas.
Éxtasis
El viento arquea a la luna
que al garete navega.
Voy haciendo equilbirios
en la esfera del mundo.
La mar me echa a la arena
y va a buscar gaviotas.
Y sin embargo, debgo,
vestirme de mi mismo.
La mar
mar dulce, mar serena,
mar dura de tormenta,
mar cruel de temporal.
En el sagrario acuático,
plantas, peces brillantes,
olas y espuma: mar.
La espuma es como un fuego
que consume a las olas
en la hoguera del mar.
La espuma se hace nube
y las nubes son cielo
que llueve y se hace mar.
Mar dulce, mar serena,
mar dura de tormenta,
mar cruel de temporal.
En el espacio el cuerpo;
dentro del cuerpo el alma
y en el alma la mar.
Allí, peces extraños,
vegetación secreta,
olas y espuma; mar.
La espuma es el amor;
pero el amor es fuego
y nube y lluvia y mar.
Mar dulce, mar serena,
mar dura de tormenta,
mar cruel de temporal.
Pesca deportiva
Dondequiera que se busque
arte, ciencia y amistad,
surgirán cañas y riles
y aparejos de pescar.
Es la pesca el gran deporte
con idioma universal;
negros, blancos, ricos, pobres,
caben en nuestra hermandad.
Desafiando a la intemperie,
con sol, lluvia o temporal,
ningún tiempo nos detiene
si se trata de pescar.
No importan las cantidades;
tampoco la calidad;
competir es lo que vale
en el arte de pescar.
En la espera de los peces
o jalando del sedal,
se van tejiendo las redes
de nuestra cordialidad.
Y la pesca en ríos y en mares,
en la guerra o en la paz,
a toda edad nos ofrece,
convivencia fraternal.
Ser amigos, pescadores,
es nuestro lema triunfal;
ante los peces, rivales;
ante el pescador: lealtad.
Y en la mesa que atesora
los buenos frutos del mar,
brindemos por los que pesquen,
la más hermosa amistad.
Secreto de confesión
Amo los inmensos cielos
de esta tierra puntaesteña;
amo la mar encrespada
y al sol y a la luna nueva.
Almácigos de mis sueños,
volvieron fértil la arena;
como gaviotas mis versos
volaron hacia la sierra.
Amo las islas que tienen
el alma como mi pena:
sola, silente y oscura;
lejana, ignota, secreta.
Amo las velas nocturnas
porque las quiero de veras;
les cambio mi corazón
por la luz de las estrellas.
Las estrellas que palpitan
como la sangre en mis venas,
como las olas que beben
la luz de la luna llena.
Amo perfumes del monte,
amo el vientre de la sierra;
las cumbres sabias que miran
más allá de las veredas.
Amo la luz, la alegría,
la flor de la enredadera
azul, campana de ensueño,
que en mi corazón resuena.
Resuena el chirriar de grillos,
las olas sobre la arena;
la tragedia de las barcas
que parten y no regresan.
Parque de la fauna autóctona
Los faldeos del Pan de Azúcar;
proficua vegetación
y los espejos del agua
que bajan a esperar sol.
Amanecer; la reserva;
la fauna indígena abrió
los aspersores de vida:
grito, canto, salto, acción.
Hermoso parque; despierta
gratitud la protección
a las especies nativas
que amenazan extinción.
La cercanía de animales
al niño surca de amor;
y por presencia le inspira
ternuras y comprensión.
Es naturaleza libre,
para la conservación
y una protección discreta
para lograr procreación.
Un cautiverio atenuado;
seguridad; el observador,
siente que tiene en el alma
pájaros en profusión.
Se le instalan las lagunas
de suave palpitación,
los cisnes de cuello negro:
plástica interrogación.
Venado de campo y nutria,
serpiente y puma; jaulón
con todos los parloteos,
del murmullo hasta la voz.
Y las decenas de especies,
hondonadas, discusión
de lenguaje y movimiento
que desborda la atención.
Árboles, playas, refugios,
sierras y flores; color;
magisterio de la vida
de feliz navegación.
Muelle de Punta del Este
Puerto de la Candelaria;
Punta del Este le deberá
a tu muelle, una gran parte
de aquel tu patrimonio incial.
Él fue tu punto y aparte
para llegar y para zarpar;
trajo a bordo unas historias
y otras distintas se llevará.
Tu muelle don, bajo el agua,
los mejillones que crecerán
enormes en sus columnas
y que el verano saboreará.
Fue el muelle, pesca con caña,
con aparejos y conversar
y exagerar sobre piezas,
carnadas y oculta habilidad.
Tu muelle es barco consuelo
inconmovible a la tempestad;
ilusión de travesía
para apropiarse la inmensidad.
Tu muelle es piso seguro,
donde la aventura embarcará
los sueños y las tragedias,
de la novela a la realidad.
Él está lleno de arribos
y despedidas; prometerá;
pero como es marinero,
sólo Dios sabe si cumplirá.
Tu muelle es un raro péndulo
que guarda entre chas chas y chas chas,
tiempo andariego de espacios,
que a la ansiedad puede apaciguar.
Murallón
El murallón es milagro
de piedras y de cemento;
puedes andar sobre el agua;
ser secretario del viento.
Hace una raya y divide,
la tempestad y el resguardo;
zozobra, muerte, hundimiento;
felicidad, vida y canto.
Por un lado la intemperie
y por el otro el cobijo;
como la señal de una Era:
antes y después de Cristo.
Vuelve a Gorriti cercana
y al mar un gato sumiso;
dibuja, mientras caminas,
la Punta con trazo limpio.
Como después de la lluvia
luce la Punta del Este;
con hongos que llaman torres,
que crecen, crecen y crecen.
Vienen las olas en cinta
de espuma y contra los filos
de los bloques, dan a luz
mariposas y sonidos.
Para enamorar al sol,
las mariposas, del blanco,
sacan los siete colores
en un solo aletear mágico.
El agua que fuera vuelo
se desliza hecha murmullo;
se lo beberá el verdín
increíble de los cubos.
Respiras bajo el agua
vuelto sedal pescador;
te jalas cuando has pescado
un alegre corazón.
El murallón ataguía
de la belleza, es un barco;
y tu puedes navegar
por su cubierta cantando.
Un barco que no se mueve
o se mueve demasiado;
según que el mar de tu alma
esté en calma o agitado.
Y te calza una campana,
con transparencias de cielo,
que te transporta hasta el día
en que nació el universo.
Conecta a tu corazón
con un horizonte inmenso
y lo hace bombear un mundo
que te llega a todo el cuerpo.
Te regala con las naves
todo el chas chas del tambor;
de dos manos que tenías
te da en olas un millón.
Así que te vuelves rico
de todo lo que no es oro;
te humaniza con el viento;
te alimenta con el yodo.
Y te pinta despacito,
hasta que un cárdeno brillo
te convierte en almacén
de sol, al salir del río.
Te recuerda que hay dos mares:
uno es pasión y otro amor;
y que en medio de esas olas
debes ser tu, murallón.
Te dice que eres el eje
de un abanico de sol,
que de amanecer a ocaso
se abre y te da su calor.
Su calor y su belleza;
claridad, latido, amor;
para distraer a tu pena
y suavizar su dolor.
Eres la vela del barco
que entra y que sale del puerto
y eres la nuez con motor
circunnavegando el tiempo.
Eres Juan Díaz de Solís,
el indio y el patrio suelo;
a la vez te has convertido
en usurpador y dueño.
Y te envuelve con la noche
pero enciende antes un faro
que juega a volverse estrella
y pone tu barco a salvo.
Acariciando tu piel
se te ha incorporado el viento,
para que puedas dormir
en sábanas de pampero.
Ya no podrás distinguir
si duermes o estás despierto;
vagabundo del amor,
del placer y del ensueño.
El murallón-tamboril
con sus olas, del silencio,
saca chas chas suavecito
que te bailará en el cuerpo.
Ya no sabes si lo pisas
o si andas en esos vuelos
que las gaviotas inventan
para cumplir tus deseos.
Capitanía del Puerto
La Capitanía en "el Este"
en tres locales se partirá:
junto a la Aduana, la Cuadra
y al lado, casa del Capitán.
Aparte, al cruzar la calle
el Guardia Marina dispondrá
de una casa independiente
que tiene un depósito detrás.
pero la Cuadra, el dominio
que Elbio Pereira regenteará
como Cabo, es el recinto
donde se cuela toda la mar.
Quiero decir que la estufa
pone agua caliente y lo demás,
es la saga interminable
que un personaje hace a cada cual.
Entre cartas y algún trago
el mate amargo es lo principal;
y marca la hoja de ruta
por la que el cuento navegará.
Estufa enorme y sus troncos,
con llamas que saben devorar
de extremo a extremo a un invierno;
y brasas de sombra para asar.
La lancha que está amarrada
al este y contra el muelle, podrá
ir a disputar las vidas
que quiera robar la tempestad.
Fuera de la Cuadra un mástil;
al tope el pabellón nacional;
y en la cruceta flamea,
cada tiempo un color especial.
La Fragata
Lo que pasó en "La Fragata"
es una extraña conspiración,
que aunque sea secreto a voces,
fue coto para la tradición.
Juanito Domínguez guía
la primitiva decoración;
zinc, paredes de madera,
redes colgantes, piso temblón.
Buenas bebidas, es claro,
que escanciará Pancho Salazar;
y buena orquesta con ritmos
de la más reciente actualidad.
En medio de una arboleda;
casi tapado el acceso está;
pendiente cerco de piedra
que baja hacia el murmullo del mar.
un triángulo de terreno,
piezas contiguas y más allá
la arena, que se confiesa
si le pregunta la oscuridad.
Cada noche "la Fragata",
tiene inminencia de naufragar;
el piso oficia de olas
y la bebida de tempestad.
La madrugada descarga
un puerto con anuncios de sol;
pretende dejar "en tierra" a la mareada tripulación.
Lo dicho: se ha navegado,
no queda duda, con la intención,
que cada cual ha guardado
para escribirla en el corazón.
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