Diferencia entre revisiones de «Poemas de Punta del Este III»

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===Juan M. Gorlero===
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Viaje por la antigua ruta
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que desde Montevideo,
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conduce a Punta del Este,
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en verano, a Juan Gorlero.
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Un hito de la península
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era el chalé veraniego;
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al lado, la plazoleta
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que a la playa daba acceso.
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Chalé partido en tres plantas
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que veinte ambientes tenía;
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ventanas hacia la calle,
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ventanas a la bahía.
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Cuarenta metros de fondo;
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árboles, flores, portón;
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de las lajas a la arena,
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del bote a la embarcación.
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Don Juan: gorra de almirante,
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bastón flexible de hueso,
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con un diáfano mirar,
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capitán por propio mérito.
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Delgado, lentes al aire,
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nariz perfecta, bigote;
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"amenazante" bastón,
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don señorial en el porte.
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la firmeza del discurso,
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un culto además subraya;
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no sólo el gesto y los ojos;
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también con las manos habla.
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Chaqueta azul impecable,
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pantalón de hilo, zapatos:
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distinguida pulcritud
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en el vestir y en el trato.
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Cuando hablaba con mi madre,
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lucía el respeto en su voz;
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fue un gran maestro de mi vida;
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de regalos me colmó.
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Comedor - sala - escritorio;
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correspondencia del "Banco";
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papel membretado, cartas
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con voluntarioso trazo.
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Las obras para el balneario
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el Yacht Club, la pesquería;
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los negocios del gran mundo:
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profunda sabiduría.
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Gran amigo del amigo,
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gran amor por la familia;
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un culto a la obligación;
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una vida cristalina.
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En penas de gente humilde,
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especie de confesor;
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en cualquier parte es un hombre;
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en todo ambiente un señor.
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Los veraneantes lo admiran;
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los vecinos lo respetan;
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hizo intachable crucero
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que dejó una blanca estela.
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Reuniones de alto nivel;
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invitaciones de pesca;
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descanso - navegación;
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encuentros sobre la arena.
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Resguardo de una sombrilla;
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mil temas; nada es olvido;
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y aquel aire está en el alma
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para siempre suspendido.
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===Raúl Sienra===
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Profesor de francés era:
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la lengua de dibujar
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el sueño y las realidades
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con economía ejemplar.
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Casi calvo, nariz recta,
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boca fina de expresar
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en un muy suave despliegue,
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su aptitud para observar.
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Tras los lentes se movía
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su visión horizontal
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rapidísima, acopiando
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la información sin parar.
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En análisis prolijo
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podía desmonetizar
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la carencia de valores
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y la hueca vanidad.
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Y su acierto era increíble
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desmenuzando el pensar;
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sintetizando a su tiempo
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las causas del accionar.
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Y al fin, convincente juicio
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ubicaba a cada cual
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en escala de importancia
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con precisión singular.
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Raúl Sienra con Juan Gorlero
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se embarcaban a pescar
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solos y sobrevolaban
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el mundo en profundidad.
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Fue una humana simpatía
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que ya no se suele usar;
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esa que entra en nuestra alma
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con dos palabras nomás.
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===Singladura===
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En aguas duras avanza
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el barco escorado y son
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los cuencos que hacen las velas
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frío viento bramador.
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Y ni una mano de rizo
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cobré a la lona; tambor
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de barlovento salpica
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y embarca agua con borbor.
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Cordillera de ls ondas;
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sube y baja aterrador,
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donde canta la ola espuma
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con un dejo socarrón.
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Me incrusta la singladura
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esta caña de timón
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que no da tregua a la espalda
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para escapar del ciclón.
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Se ahoga la mar; resolpla
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y jadea y lija a estribor
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la borda, mientras se raja
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de la proa hasta el timón.
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Repara su propia tela
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la mar; lo que se averió,
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con el zurcido invisible,
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al tajo disimuló.
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La vela es una gaviota
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y el aparejo un temblor
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tenso; diciendo; quién sabe
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donde el puerto se metió.
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Vida-barco; espacio-viento;
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y tiempo corcoviador;
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rumbo-puerto; herida-estela
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y un co-piloto: el amor.
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===Simón y Benito Stern===
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Mira Simón si despiertas
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y te encuentras a enito,
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en un tiempo democrático,
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por nuestro pueblo, elegido.
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Luchador; viejo tendero
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que cargabas las canastas,
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cultivando la humildad,
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vendiendo de casa en casa.
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Y que luego te instalaste
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y atrás de unos lentes gruesos,
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guardaste dura visión
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de tus penas y tu esfuerzo.
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Era en un Punta del Este
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muy hermoso, muy chiquito,
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muy pueblo; donde crecieron
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Golda y Benito, tus hijos.
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Te recuerdo con tu fina
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sonrisa, que entremezclaba
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el dolor y la dulzura,
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la opacidad y la calma.
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Metro de madera; telas,
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ropas, hilos y botones
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y calzados que vendías
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en regateo con los pobres.
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Y ahora: ahí tienes a Benito
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gobernando a Maldonado;
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él ha sido muy tenaz
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para hacerte este regalo.
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Tú Benito, nunca olvides
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la dignidad de tu padre;
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gobierna bien; haz tu obra
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y por favor: no nos falles.
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===Cine-bar del Hotel España===
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Se entra por dos puertas grandes
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dispuestas en forma lateral
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y entre las dos, la pantalla
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lindando con la vereda está.
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Como más de veinte metros
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tiene la sala en profundidad
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y capaz que los diez metros
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de puerta a puerta el ancho dará.
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Caños semicirculares,
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sobre las dos puertas colgarán
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cortinas de terciopelo
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bordeaux, que hasta el piso llegarán.
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Seco ruido de maracas
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a las cortinas cerrará;
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sus argollas de madera
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dicen que la función va a empezar.
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A la izquierda, a media altura,
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al fondo, sala de proyección
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de cine y de vistas fijas
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que al copetín le darán sabor.
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Y en el fondo, a la derecha,
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también a media altura un balcón;
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dentro de poco, la orquesta
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comenzará la magia del son.
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Valses, mazurcas y polcas
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y pasos dobles y mucho jazz;
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Ramón Palaus y sus músicos,
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la nochecita amenizarán.
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Ramón Palaus: un virtuoso
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violín; sentimental catalán;
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lo hechiza Punta del Este
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y aquí, por siempre se quedará.
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Ventiladores de techo
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y de pared: refrigeración;
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mesas repletas de gente;
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mozos que atienden cada sector.
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Ratos de luces y música;
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ratos a oscuras, de proyección;
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con vistas fijas y cómicas
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que impulsan el jolgorio mayor.
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Las vistas son: de la playa,
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salida de misa, equitación
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y del muelle y de los barcos
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y de la pesca que se logró.
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Son personajes, turistas,
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a quienes ya se les anunció
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que estarán en la pantalla,
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como señuelo prometedor.
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Reveladas sobre vidrio,
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las vistas fijas son ilusión
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de lucirse en la pantalla,
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de ser por un instante, el actor.
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Los hinchas del que aparece
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en la pantalla, hacen explosión;
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entre aplausos y silbidos,
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gritos y zapateos en su honor.
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===Hotel Casino Nogaró===
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Don Luis Nogaró conoce
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Punta del Este y no dudará;
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su sabiduría hotelera
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como homenaje le brindará.
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El mejor trato al turista,
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la mejor orquesta y el mejor
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cheff de cocina del mundo;
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eso y más es Hotel Nogaró.
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La conserjería políglota,
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las cajas fuertes, la información,
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gran ruleta, grandes bailes,
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gran conferencia o explisición.
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Los mucamos son parejas,
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que en cada piso se encontrarán;
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multiplicando atenciones,
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celando el tiempo de descansar.
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Los más distinguidos metres
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y un gran servicio comedor;
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unos gerentes notables,
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con una excelencia de excepción.
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Habrá una orquesta melódica;
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música culta, otra tocará
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en los almuerzos y cenas;
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carta de vinos, sin ejemplar.
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Don Luis estaba un día en Córdoba
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y se le avisa que llegará
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"al Este" el Virrey de la India
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y como un rayo regresará.
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Puede que no haya dormido;
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pero le hará atención personal
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a él o a cualquier pasajero,
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con una distinción especial.
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===Míguez Hotel===
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Como se sabe, la estirpe
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Míguez, tiene ganado un lugar
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de renombre en la Península,
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por muchos años de batallar.
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Alto paradero indígena
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de varios metros desmontarán
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para que se ubique al Míguez,
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al nor-oeste de la ciudad.
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Con su elegante recinto
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al que un Casino se agregará,
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al viejo impulso hotelero
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esta experiencia renovará.
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Una gerencia dinámica,
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inteligente, que en todo está,
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le suma Pepito Serra
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a aquel prestigio tradicional.
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Así, en la boca "del Este",
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a un tiempo el Míguez y el Nogaró,
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desde fines de los treinta
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harán torneo de emulación.
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Algo importante ha cambiado;
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ya no será el trato familiar;
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se ha entrado a una nueva etapa
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de hotelería internacional.
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Es tiempo de Playa Brava,
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ruletas y del Bar "Mejillón",
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que en los primeros cuarenta,
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marcó otro estilo y transformación.
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Hotel de grandes orquestas;
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ora la fiesta o la exposición
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o las reuniones que mueven,
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a grandes pasos a la región.
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Comienzan los Shows nocturnos;
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y en Buenos Aires contratarán
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o en otras partes del mundo,
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la atracción más espectacular.
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Lo dicho: que es un torneo;
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y cada temporada será,
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ocasión para la puja,
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que los niveles elevará.
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===Historia de la construcción===
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Se han hecho en el mundo casas
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con materiales diversos;
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con formas muy diferentes
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con muy distinto deseo.
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Según la fiera atacante,
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el hombre buscó su abrigo;
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refugio para salvarse
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y enfrentar al enemigo.
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Lo asediaron animales,
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lluvia, frío, sol y viento;
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otros hombres y los propios
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fantasmas del pensamiento.
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la cueva caparazón
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de roca, fue lo primero;
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casa caña, casa rama
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y casa ala, hecha con cuero.
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La casa de paja y barro,
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crudo o cocido con fuego;
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la casa espina de piedra
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para herir al forastero.
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Con el aire frío y el agua
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el tiempo fabricó nieve;
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con las manos y el ingenio,
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el esquimal, sus albergues.
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Con el hielo un "caracol"
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armó y se refugió adentro,
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contra la muerte por frío
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de los polares inviernos.
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La casa rancho del campo,
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fue surco, escondite, hueco,
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donde germinó la vida
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y otros labriegos nacieron.
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Casas en costas de roca,
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como barcos embicados
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acariciadas por las olas;
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a un tiempo ruta y naufragio.
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Y encima de plataformas
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sostenidas sobre palos,
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que clavó en el blando lecho
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de los ríos y los lagos.
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Y cuando el hombre llegó
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hasta la Punta del Este,
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encontró que ya era casa
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de aire, con techo celeste.
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De cielo, de mar, de viento;
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de espuma y tranquilidad;
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de sol, yodo, sal y nubes;
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de luz y de libertad.
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Con un ansia de intemperie
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combinó el hogar privado;
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armonía en si mismo y fuera,
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la música del espacio.
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Hizo, es cierto, sus cobijos,
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por hábito nada más;
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inútiles; porque aquí,
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en vez de agua, llueve paz.
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===Construcción variada===
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Había una casa de piedra
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y un tahonero de misterios,
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que le compraba a la mar
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lo que vendería en secreto.
 +
 +
En una Punta del Este,
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al principio solitaria,
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primitivos pescadores
 +
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hicieron sus toscas casas.
 +
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Unos ranchos de leyenda;
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sólo para enamorados
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capaces de soledad,
 +
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que en silencio se graduaron.
 +
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Después... música de lluvia
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trajo zinc acanalado:
 +
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heladera en el invierno;
 +
 +
horno cruel en el verano.
 +
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Poco a poco, todo cambia;
 +
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casas a nivel del suelo
 +
 +
con unos techos de teja
 +
 +
que daba gusto verlos.
 +
 +
Muchos, por baño, por aire,
 +
 +
por sol, por salud, quisieron,
 +
 +
en esta Punta del Este,
 +
 +
tener uno de esos techos.
 +
 +
Para dar explicaciones
 +
 +
del por qué de aquel anhelo,
 +
 +
sin agotar los motivos,
 +
 +
muchas cosas se dijeron.
 +
 +
Porque pescas y pescadoos;
 +
 +
porque bosque y navegar;
 +
 +
porque juegos y deportes,
 +
 +
frenesí, belleza y paz.
 +
 +
Piedra, madera y ladrillo,
 +
 +
reunirían los chaleses
 +
 +
antes que el gran estirón
 +
 +
pegara Punta del Este.
 +
 +
Parecía que, en ser bajita
 +
 +
habría de estar su destino;
 +
 +
con aquella orgía de tejas
 +
 +
y aquel derroche de pinos.
 +
 +
La vincha de las arenas
 +
 +
le sujetaba la espuma;
 +
 +
y un run run enamorado
 +
 +
le regalaba blancura.
 +
 +
Mar de pinos; su marea
 +
 +
de verde y sombra crecía;
 +
 +
mientras las nubes jugaban
 +
 +
"a la mancha" con las piñas.
 +
 +
Y la Isla Verde (Gorriti),
 +
 +
flotaba ahí no más, cerquita;
 +
 +
y Lobos salía a matar
 +
 +
si con niebla se bebía.
 +
 +
La mar, toda corazón
 +
 +
la llenaba de latidos
 +
 +
con una pasión eterna;
 +
 +
el horizonte, es testigo.
 +
 +
Los faros buscaban barcos
 +
 +
de noche, para avisarles
 +
 +
la buena ruta del mar
 +
 +
y desearles un buen viaje.
 +
 +
De día, para los pilotos,
 +
 +
flameando con mil colores,
 +
 +
el Semáforo, en las drizas,
 +
 +
ataba las precauciones.
 +
 +
Desde la casa de piedra,
 +
 +
el tahonero de misterios,
 +
 +
todavía nos ofrecía
 +
 +
contrabando de secretos.
 +
 +
 +
===Construcción anfibia===
 +
 +
 +
De casas de mil estilos
 +
 +
surgió aquí un estilo nuevo;
 +
 +
es el estilo flotante;
 +
 +
el estilo puntaesteño.
 +
 +
Logró hacer la casa anfibia:
 +
 +
casa mar-vegetación;
 +
 +
casa tierra, arena y ola;
 +
 +
casa espuma, casa flor.
 +
 +
Casas que compenetraron
 +
 +
pared, horizonte y cielo;
 +
 +
el agua, el verde, las flores,
 +
 +
los azules y el sosiego.
 +
 +
Casa pulso, casa piel,
 +
 +
casa entrega y donación;
 +
 +
casa muro y transparencia,
 +
 +
casa sombra y casa sol.
 +
 +
Casa fiesta: oscuridad
 +
 +
que se ha escamoteado al sueño
 +
 +
buscando felicidad;
 +
 +
noche que se vuelva beso.
 +
 +
Con empujes y momentos
 +
 +
locos, que vuelan al cielo
 +
 +
y diluyen estructuras
 +
 +
de un recinto sin encierro.
 +
 +
Pequeña, mediana o grande,
 +
 +
siempre torrente sanquíneo;
 +
 +
siempre impulsión de la vida;
 +
 +
siempre de la pena alivio.
 +
 +
Definir qué cosa es,
 +
 +
muchos sabios han querido;
 +
 +
y una pizca de razón
 +
 +
a todos los ha asistido.
 +
 +
Un partido racional
 +
 +
que se hace con el espacio;
 +
 +
la máquina de habitar
 +
 +
que se mueve con humanos;
 +
 +
un poema para vivirlo
 +
 +
dijeron por fin los pájaros;
 +
 +
sostenido por las alas
 +
 +
para viajar por un canto.
 +
 +
 +
===Construcción de una torre===
 +
 +
 +
A superponer niveles
 +
 +
comienza Punta del Este;
 +
 +
verticalismo de azul
 +
 +
que se ha de volver torrente.
 +
 +
Hasta el último rincón
 +
 +
del país ha sido alertado,
 +
 +
de que en la Punta del Este
 +
 +
se puede encontrar trabajo.
 +
 +
Al trabajo lo alimenta
 +
 +
material de construcción;
 +
 +
y en el servicio a las torres
 +
 +
prospera la producción.
 +
 +
Producción, que no da abasto;
 +
 +
y a todo el país se convoca,
 +
 +
en la demanda que pide,
 +
 +
material para las obras.
 +
 +
Oficinas que proyectan
 +
 +
y registrarán jornales;
 +
 +
que dibujan y hacen cálculos
 +
 +
y pagarán materiales.
 +
 +
Establecerán las playas:
 +
 +
la ubicación, los carteles,
 +
 +
la relación con los dueños
 +
 +
y el tiempo de los niveles.
 +
 +
Cavar primero; enconfrado,
 +
 +
fundación, hierro, cemento;
 +
 +
columnas, vigas y losas;
 +
 +
cerrado y finales lentos.
 +
 +
Los ronroneos de la sierra;
 +
 +
los pespuntes de martillos
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 +
que clavan golpe y silencio
 +
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en maderas y en oídos.
 +
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Obreros con alegría
 +
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o que guardan negras penas;
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 +
el cociente y ordenado
 +
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y el que al jornal se lo juega.
 +
 +
Alrededor va creciendo
 +
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la telaraña de andamios;
 +
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y nadie denuncia el miedo
 +
 +
y el vértigo soportados.
 +
 +
La distribución de gente
 +
 +
para una marcha pareja;
 +
 +
los problemas del sereno;
 +
 +
la vigilancia discreta.
 +
 +
El armar y el desarmar,
 +
 +
monótono y sin mudanza;
 +
 +
los gemidos de los clavos
 +
 +
cuando la uña los arranca.
 +
 +
Unos que son muy "ligeros"
 +
 +
y que no hacen el trabajo;
 +
 +
otros que apenas descansan
 +
 +
mientras arman el cigarro.
 +
 +
los tabiques, los balcones,
 +
 +
azotar "gruesas" y "finas";
 +
 +
marcos, ventanas y pisos,
 +
 +
puertas, baños y cocinas.
 +
 +
Hábiles, buenos, mañeros;
 +
 +
voluntariosos y torpes;
 +
 +
al que siempre se le ve
 +
 +
y el que nunca está y se esconde.
 +
 +
Los extravíos de herramienta;
 +
 +
el accidente, el seguro;
 +
 +
el espíritu de cuerpo
 +
 +
que transforma la obra en mundo.
 +
 +
Los transportistas puntuales;
 +
 +
las cargas que no se cumplen;
 +
 +
lo que ha de hacerse de nuevo;
 +
 +
las máquinas que se rompen.
 +
 +
Carne asada al mediodía;
 +
 +
leña de pino contento
 +
 +
de haber sido: verde, sombra,
 +
 +
encofrado y ahora, fuego.
 +
 +
Aquellos tragos de vino
 +
 +
que se cambian por refrescos;
 +
 +
por agua, al fin de quincena,
 +
 +
sin "posibles" y sin préstamos.
 +
 +
Muerte que acerca a los hombres
 +
 +
a la solidaridad;
 +
 +
nacimientos y bautismos
 +
 +
que entrelazan la amistad.
 +
 +
Familias, que de "las casas",
 +
 +
siguen la obra gigantesca;
 +
 +
cansancio y dolor de huesos
 +
 +
que duermen como una piedra.
 +
 +
Cosas que salieron bien;
 +
 +
cosas, que se disimulan;
 +
 +
defectos que han de quedar
 +
 +
porque no se solucionan.
 +
 +
Hombres que vienen de lejos
 +
 +
porque la "chicoria" es grande;
 +
 +
y que dos veces al mes
 +
 +
visitan los familiares.
 +
 +
Sube y baja de "la pluma";
 +
 +
los gritos, las carcajadas;
 +
 +
los cantos que hacen lugar
 +
 +
para una mujer amada.
 +
 +
Los ascensores y "eléctricas";
 +
 +
y la azotea, más sus tanques;
 +
 +
monolíticos, pintores,
 +
 +
vidrios, cerraduras, llaves.
 +
 +
Desde las crudas heladas
 +
 +
hasta el silbo frío del viento;
 +
 +
desde las tibias mañanas
 +
 +
a los días de ciego fuego.
 +
 +
Una rama en la perilla
 +
 +
del edificio reclama,
 +
 +
con su presencia, el asado
 +
 +
que los constructores pagan.
 +
 +
Ese asado en las finales
 +
 +
que a mucho lerdo en el trabajo,
 +
 +
lo muestra como una luz
 +
 +
en los juegos y en los tragos.
 +
 +
Los plazos para entregar,
 +
 +
la grúa que se ha estropado;
 +
 +
los retardos de "remesas"
 +
 +
para pagar lo adeudado.
 +
 +
Es mucho el sudor y es poco
 +
 +
el puñado de jornales;
 +
 +
es la justicia distraída
 +
 +
cuando reparte caudales.
 +
 +
Tiempo de conseguir gente
 +
 +
y tiempo de los despidos;
 +
 +
tiempo de febril acción
 +
 +
y de trabajo tranquilo.
 +
 +
Tiempo de mucha demanda
 +
 +
y de muy buenos salarios;
 +
 +
y de prudente guardar
 +
 +
o de loco despilfarro.
 +
 +
A dónde irán los obreros,
 +
 +
cuando esto haya terminado;
 +
 +
paloma: te quiero mucho,
 +
 +
pero se acabó el trabajo.
 +
 +
Estar de balde o con changa
 +
 +
o encontrar firme conchabo,
 +
 +
para terminar en nido
 +
 +
el vuelo de los noviazgos.
 +
 +
Anónimo trajinar
 +
 +
que deja una torre hecha;
 +
 +
una historia que se pierde
 +
 +
y otra historia que comienza.
 +
 +
 +
===Construcción de belleza===
 +
 +
 +
Dios sugirió a las gaviotas,
 +
 +
usar sus más altos vuelos
 +
 +
como torneos de acrobacia
 +
 +
y dijo que Él vendría a verlos.
 +
 +
Sería lindo, dijo el hombre,
 +
 +
contemplar esos torneos
 +
 +
desde lo alto de una torre
 +
 +
como el faro, que es tan bello.
 +
 +
Como la luz es la madre
 +
 +
que engendra todo lo bueno,
 +
 +
cuanto más luz en el alma
 +
 +
mejor veremos los vuelos.
 +
 +
Fue entonces cuando las casas
 +
 +
sintieron fiebre de acenso;
 +
 +
porque querían abarcar
 +
 +
más mar y también más cielo.
 +
 +
Y fue al fin, la casa, un árbol;
 +
 +
tronco y ramas para nidos;
 +
 +
para regalar de azul
 +
 +
y luz los cinco sentidos.
 +
 +
Un árbol de raíz de piedra;
 +
 +
tronco de hierro y cemento;
 +
 +
sabia de seres humanos
 +
 +
recorriéndolo por dentro.
 +
 +
Así nacieron las torres
 +
 +
en carrera tumultuosa
 +
 +
y por no guardar distancia,
 +
 +
las invadieron las sombras.
 +
 +
Cada torre es como un hombre;
 +
 +
debe ser dueña de un círculo
 +
 +
como un sagrado inviolable
 +
 +
para su libre albedrío.
 +
 +
Ha de darse a cada sombra
 +
 +
un lugar bien regulado
 +
 +
y libertad al que mira
 +
 +
para embriagarse de espacio.
 +
 +
Echar la sombra sobre otro
 +
 +
es conducta criminal;
 +
 +
atenta contra la vida
 +
 +
y es una actitud desleal.
 +
 +
Así que los reglamentos
 +
 +
disciplinando el empleo
 +
 +
del espacio, harán la paz
 +
 +
y el gozo de los torreros.
 +
 +
De los que desean subir
 +
 +
y los que están en el suelo;
 +
 +
que un gozo no traiga un llanto;
 +
 +
que al sol, todos lo queremos.
 +
 +
Lo cierto es que al ascender
 +
 +
nos sentimos más pequeños;
 +
 +
cada peldaño sorprende
 +
 +
al corazón más ligero.
 +
 +
Aprendemos a entender
 +
 +
que un hombre está lleno de hombres;
 +
 +
dueños de extraños destinos
 +
 +
y que ni él mismo conoce.
 +
 +
Punta del Este tenía
 +
 +
dentro, vocación de torres,
 +
 +
que ni soñaron las tejas
 +
 +
ni menos, los pescadores.
 +
 +
Hojas-ventanas; espacio;
 +
 +
flor, de nube y flor, de viento;
 +
 +
horizontes que se llevan
 +
 +
el aleteo de los vuelos.
 +
 +
Emerge del sol desde el mar
 +
 +
y a dormir, al mar se vuelve;
 +
 +
mientras no está, con candiles
 +
 +
navega Punta del Este.
 +
 +
Las albas y los ocasos
 +
 +
son presencias de milagro;
 +
 +
y los vemos más hermosos
 +
 +
cuando más hemos amado.
 +
 +
Los barcos; todas las rutas;
 +
 +
las Islas; todos los vientos;
 +
 +
la noche; todos los mundos
 +
 +
que asoman al firmamento.
 +
 +
Las costas, todas las olas;
 +
 +
la arena; todos los médanos;
 +
 +
la tierra, flores y pinos
 +
 +
y un tránsito de hormiguero.
 +
 +
Resulta que cada torre
 +
 +
es la iniciación del vuelo,
 +
 +
que con fuerza heliobalsámica
 +
 +
convierte la vida en sueño.
 +
 +
El espacio se dilata
 +
 +
y nos quedamos sin peso;
 +
 +
en un aire yodosálico
 +
 +
gaviotas son son nuestros cuerpos.
 +
 +
Las alas, cuando más vuelan,
 +
 +
van aumentando de largo;
 +
 +
de tanto y tanto subir
 +
 +
quedan sin sombra los pájaros.
 +
 +
No se que el acontecer trágico
 +
 +
deje de ofender al alma;
 +
 +
no es que no agreda el destino;
 +
 +
es: una poca de calma.
 +
 +
Mirando a mayor distancia
 +
 +
disminuyen los objetos;
 +
 +
se ve que sólo la unión
 +
 +
hace grande lo pequeño.
 +
 +
Que la vida es un misterio
 +
 +
de bondad y de pecado;
 +
 +
de caridad y egoísmo;
 +
 +
de victorias y fracasos.
 +
 +
Desde el mar, que huele a vida
 +
 +
aprendemos a escuchar,
 +
 +
universales derechos
 +
 +
que todos deben gozar.
 +
 +
La luz parece traernos
 +
 +
solidaria comprensión;
 +
 +
ánimo de perdonar
 +
 +
como Dios nos perdonó.
 +
 +
La luz se hace nuestra dueña;
 +
 +
nos transforma en energía;
 +
 +
la inteligencia del mundo
 +
 +
en esta Punta titila.
 +
 +
Es la cátedra del sol
 +
 +
que hace su trabajo diario
 +
 +
sin más premio que las olas
 +
 +
y los colores del campo.
 +
 +
El sol se ha llevado el día;
 +
 +
pero nos deja un ciruelo
 +
 +
con sus frutas amarillas,
 +
 +
que navegan por el cielo.
 +
 +
El mar será la ceniza
 +
 +
tapando al sol trasfoguero
 +
 +
que duerme, pero ha de arder
 +
 +
mañana, con el pampero.
 +
 +
Se hace conciencia al bajar
 +
 +
que el tiempo es un velocímetro;
 +
 +
que la ascensión es inútil
 +
 +
si en la acción no nos cumplimos.
 +
 +
Si al volver no procuramos
 +
 +
alumbrar con este acopio;
 +
 +
luchando por la hermandad
 +
 +
frente a cegueras de plomo.
 +
 +
Antes que la oscuridad
 +
 +
nos trague sin dejar señas,
 +
 +
subámonos a las torres
 +
 +
de una vida más fraterna.
 +
 +
Subamos, aun entre sombras
 +
 +
para cantar, pero en coro;
 +
 +
y que el mundo sea un torneo
 +
 +
de paz y amor para todos.
 +
 +
 +
===Casapueblo===
 +
 +
 +
Casapueblo es imposible;
 +
 +
perdona: Carlos Páez Vilaró;
 +
 +
si la hicieras, se derrumba;
 +
 +
eso, no tiene sustentación.
 +
 +
¿Cómo que en una pendiente
 +
 +
tan escarpada, vas a elevar
 +
 +
entre acantilado y gruta,
 +
 +
tantas terrazas hacia la mar?
 +
 +
¿Cómo que toldos de cañas?;
 +
 +
no te das cuenta: se filtrarán
 +
 +
por las endijas los soles
 +
 +
y a todo el mundo deslumbrarán.
 +
 +
¿Cómo que harás los tapices
 +
 +
de sombras verticales y sol,
 +
 +
colgados de las paredes,
 +
 +
cubriendo pisos y mesas?; no.
 +
 +
Carlitos, mira: arquitectos
 +
 +
son los que salen de Facultad;
 +
 +
tu eres bueno en los cacharros
 +
 +
y los pinceles y nada más.
 +
 +
Inventar ritmos de pisos,
 +
 +
laca de muebles, con sombra y sol,
 +
 +
cubriendo los antepechos,
 +
 +
es afiebrada imaginación.
 +
 +
¿Cómo que le harás banderas
 +
 +
de luna y soles que sonreirán?;
 +
 +
los astros son cosas serias
 +
 +
y esta chacota es muy informal.
 +
 +
Éso, no tiene salida;
 +
 +
no tiene entrada; todo está mal;
 +
 +
es borbotón de ilusiones
 +
 +
que sólo a tu sangre impulsará.
 +
 +
¿Qué pasó; pensaste a oscuras,
 +
 +
escalonado de cielo a mar
 +
 +
sin nivel y sin plomada;
 +
 +
cómo crees que se sustentará?
 +
 +
Si insistes y la levantas,
 +
 +
la gente pronto te lo dirá,
 +
 +
incrédula y asombrada:
 +
 +
"Esto, don Páez, se derrumbará".
 +
 +
¡Y la hizo!; se siente adentro
 +
 +
a un hombre que toca el tamboril
 +
 +
en un lenguaje cifrado:
 +
 +
ahora se los voy a traducir:
 +
 +
¡Paredes! (dice la lonja):
 +
 +
ordeno, queden en su lugar;
 +
 +
esta bueno que se doblen;
 +
 +
pero caerse, nunca; ¡jamás!
 +
 +
Que sean cóncavas, convexas,
 +
 +
nada por eso voy a objetar;
 +
 +
no me importa que en el piso,
 +
 +
llenen un hueco para nadar.
 +
 +
Consulté a los arquitectos
 +
 +
de todo el mundo y vine a mezclar,
 +
 +
ladrillos, hierros, ventanas
 +
 +
y puertas que enamoren al mar.
 +
 +
me estoy sangrando las manos
 +
 +
de tanto y tanto y tanto tocar;
 +
 +
lo que digo es una orden:
 +
 +
¡firmes; manténganse en su lugar!
 +
 +
Por picos, por depresiones,
 +
 +
por asperezas, nada que hablar;
 +
 +
pues con el sol acordamos
 +
 +
que él me corrija este tobogán.
 +
 +
Sigo esta escultura hueca,
 +
 +
como un cacharro sin terminar;
 +
 +
y con el pincel deseo
 +
 +
verter en él la felicidad.
 +
 +
La Punta de la Ballena
 +
 +
se merecía este fantasear;
 +
 +
este juego de artificio
 +
 +
que sube y que parece estallar.
 +
 +
En este bulto redondo
 +
 +
lleno de vericuetos, tendrá,
 +
 +
el hombre, las sensaciones
 +
 +
de nadar en el fondo del mar.
 +
 +
Se llamará Casapueblo;
 +
 +
nada más belo apra habitar;
 +
 +
hermandad de todo el mundo,
 +
 +
pueblo, es la meta de la amistad.
 +
 +
Carlitos: tu autorretrato,
 +
 +
que yo al principio quise negar,
 +
 +
es de barro, carne y pulso;
 +
 +
alma que a todo quiere albergar.
 +
 +
El tun tun obedecido
 +
 +
alcanza y sobra; llenas están
 +
 +
las puertas y las ventanas
 +
 +
de mar, de cielo, de inmensidad.
 +
 +
Pez, sol y luna: estandartes
 +
 +
que ondean al viento para ofertar
 +
 +
azul, amor y belleza,
 +
 +
en días y noches de sueño y paz.
 +
 +
Cerámicas y azulejos,
 +
 +
color y movimiento, se van
 +
 +
por el alma navegando
 +
 +
de quien contempla su inquieto andar.
 +
 +
Los murales, los grabados,
 +
 +
tapices y esculturas serán
 +
 +
como un collage de sorpresas
 +
 +
y realidad, de no terminar.
 +
 +
Piezas, arcos, corredores,
 +
 +
balcones, toldos, sirven el pan
 +
 +
y el vino par los sueños,
 +
 +
las salsas y los frutos del mar.
 +
 +
Eres roca, Casapueblo;
 +
 +
arena, baño y puesta de sol;
 +
 +
y desparpajo de luna
 +
 +
que te ama sin poner condición.
 +
 +
La gente entra; y ya no sabe
 +
 +
si ser tamborilero o tambor;
 +
 +
pero se vuelve candombe,
 +
 +
en este punto, no hay discusión.
 +
 +
 +
===Canción del marino===
 +
 +
 +
Ser marino es amar a la vida,
 +
 +
palpitante en la gran dimensión
 +
 +
de la mar, que abrazando al planeta,
 +
 +
da una imagen hermosa de unión.
 +
 +
Somos todos marinos a bordo;
 +
 +
nuestra madre común es la mar,
 +
 +
que en la calma, con sumo desvelo,
 +
 +
nos adiestra para el temporal.
 +
 +
En la lucha con fieros peligros,
 +
 +
sin testigos y a fuerza de amor,
 +
 +
dar de si y olvidarse a uno mismo,
 +
 +
templa al hombre en esfuerzo y valor.
 +
 +
la maniobra del barco descubre,
 +
 +
reglas de oro que guarda la mar:
 +
 +
la justicia que nace del orden,
 +
 +
la grandeza de la libertad.
 +
 +
 +
===Arribo por mar===
 +
 +
 +
Sombritas horizontales
 +
 +
van subrayando lo principal
 +
 +
en el texto de las olas
 +
 +
y a la belleza señalarán.
 +
 +
Sobre traza Isla Gorriti
 +
 +
al horizonte, para llamar
 +
 +
la atención del navegante
 +
 +
y darle la ilusión de llegar.
 +
 +
Flota, con su cromo verde;
 +
 +
y en la polémica voz del mar,
 +
 +
entre el azul y el celeste,
 +
 +
barco al garete parecerá.
 +
 +
Navego de sur a norte;
 +
 +
Punta del Este a estribor está,
 +
 +
bautizándose en espumas
 +
 +
en una botadura ancestral.
 +
 +
Ahora, por la Boca Chica,
 +
 +
Gorriti y Punta me dejarán
 +
 +
deslizar a la bahía
 +
 +
y fondear en la felicidad.
 +
 +
La Punta fue Sloop; al Faro,
 +
 +
mayor de nubes se le vio izar;
 +
 +
hoy, con infinitas cofas,
 +
 +
es mastelero de no acabar.
 +
 +
Quiero decir: rascacielos;
 +
 +
donde vigila el alma del mar;
 +
 +
para encontrarse a si misma,
 +
 +
convoca a toda la Humanidad.
 +
 +
Descubro que el hombre es agua,
 +
 +
a más de tierra y fuego y será;
 +
 +
aire que se cuaja en vela,
 +
 +
viento y espuma, cruzando el mar.
 +
 +
 +
===Borda de babor===
 +
 +
 +
Con la proa acorazada
 +
 +
de rocas, Punta del Este,
 +
 +
rumbo al sur, abre en espumas
 +
 +
la singladura perenne.
 +
 +
De noche, la Cruz del Sur
 +
 +
y el Lucero de poniente
 +
 +
y de día el Tercer cuadrante,
 +
 +
como timonel se ofrecen.
 +
 +
Por la borda de babor
 +
 +
en Lobos, donde amanece,
 +
 +
se domicilia la Luna
 +
 +
a todo efecto celeste.
 +
 +
Entre la queja del lobo
 +
 +
y mucha arena de oriente,
 +
 +
la canal es un resguardo
 +
 +
donde las aguas florecen.
 +
 +
Esta borda de babor,
 +
 +
arena en eterno embique,
 +
 +
programa en largos inviernos,
 +
 +
breves veranos felices.
 +
 +
Como entrenador, el viento,
 +
 +
a las olas les exige
 +
 +
que el salto largo y el alto
 +
 +
y los clavados practiquen.
 +
 +
En esta borda de arena
 +
 +
el bote, Punta del Este,
 +
 +
embarca toda la mar
 +
 +
pero a flote permanece.
 +
 +
Olas gallos, cresta blanca,
 +
 +
canto de yodo salobre;
 +
 +
al romperse contra el casco
 +
 +
olvidan sus ilusiones.
 +
 +
Una espuma que lee el cielo;
 +
 +
una ola que a otra ola esconde;
 +
 +
y al fin, todas, a la arena,
 +
 +
renuevan el tinte cobre.
 +
 +
Galope de olas y arenas;
 +
 +
borbotón de surtidores
 +
 +
y la espuma que se esparce,
 +
 +
al compás de los tambores.
 +
 +
Los hombres que juntan viento,
 +
 +
con la tabla de correr
 +
 +
por encima de las olas,
 +
 +
otra ola pretenden ser.
 +
 +
Convergencia de infinitos,
 +
 +
cielo y mar, el horizonte;
 +
 +
un bote siempre hacia el Sur
 +
 +
y en medio del bote, el hombre.
 +
 +
 +
===Borda de estribor===
 +
 +
 +
Cuando el viento fatigado
 +
 +
se desploma en Las Delicias,
 +
 +
con un vaivén de las olas,
 +
 +
se hace y se borra la orilla.
 +
 +
Llegan, pero no regresan
 +
 +
las olas que son suicidas;
 +
 +
se tienden y por la arena
 +
 +
sedienta, son absorbidas.
 +
 +
Y cae silencio celeste
 +
 +
de un cielo quieto que mira
 +
 +
cómo se encrespan las olas
 +
 +
en la Ballena y la Isla.
 +
 +
Los espejos de las olas
 +
 +
ofenden a las retias;
 +
 +
alas de gaviotas ciegas
 +
 +
dan vuelo a la fantasía.
 +
 +
En las nubes se conjugan
 +
 +
el orden y la anarquía;
 +
 +
una teoría de colores
 +
 +
y formas en rebeldía.
 +
 +
El aire, que no decide
 +
 +
si viaja o se queda en casa;
 +
 +
por las mismas dudas tiene
 +
 +
afinidad con el alma.
 +
 +
Este ocaso de belleza,
 +
 +
frágil como todo sueño,
 +
 +
le arranca al cielo un suspiro
 +
 +
antes del último beso.
 +
 +
En el horizonte, el sol;
 +
 +
y como todos los días,
 +
 +
agua que apaga su fuego
 +
 +
rojo, rosa, gris y lila.
 +
 +
Torres de Punta del Este
 +
 +
se suben sobre sí mismas
 +
 +
y se apropian de la noche
 +
 +
después de agotar el día.
 +
 +
La electricidad genera
 +
 +
luces; memoria del día,
 +
 +
que transmiten den video
 +
 +
el canto de las orillas.
 +
 +
Tal luz, buscando belleza,
 +
 +
sorprende brisas que animan
 +
 +
con unas olas muy suaves,
 +
 +
los cascos sin travesía.
 +
 +
Es aquí donde se acuesta
 +
 +
el tiempo a dormir; confía,
 +
 +
que al alba ha de despertarlo
 +
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una rosada caricia.
 +
 +
 +
===La felicidad===
 +
 +
 +
La Bóveda de los cielos
 +
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decide descender sobre el mar;
 +
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espumas intermitentes
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con sus mil cuñas la apoyarán.
 +
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Buen contacto con el agua,
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 +
Gorriti y Lobos garantirán,
 +
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hay nubes deshilachadas
 +
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de alas abiertas para planear.
 +
 +
Por tal rumbo de armonía,
 +
 +
Punta del Este, quiere pasar;
 +
 +
navegando el agua-espuma,
 +
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gobierna bien y al sur marchará.
 +
 +
Azules de cielo y agua;
 +
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verdes y sombra la tierra da;
 +
 +
arena-alfombra, amarilla;
 +
 +
telas naranja incendian la mar.
 +
 +
Multicolores jardines
 +
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con aire a punto de yodo y sal;
 +
 +
sobre vuelan las gaviotas,
 +
 +
puerto de bamboleante chas chas.
 +
 +
Pero el rumbo de esas torres
 +
 +
que escora el viento, nadie sabrá,
 +
 +
si no entiende que está a bordo
 +
 +
de un barco que es la felicidad.
 +
 +
 +
===Ferrocarril y coches de alquiler===
 +
 +
 +
Una pieza teatral viene,
 +
 +
sabrosa, breve, sin par:
 +
 +
el Ferrocarril del Este,
 +
 +
si está en hora, llegará.
 +
 +
Y mientras el tren no llega,
 +
 +
cuentos, risas y amistad;
 +
 +
hasta que aparece el humo
 +
 +
que es lo que cambia el cantar.
 +
 +
Hubo antes una estrategia:
 +
 +
los primeros en llegar,
 +
 +
del andén, frente por frente,
 +
 +
los autos colocarán.
 +
 +
Hay coches con "trasportines",
 +
 +
con mayor capacidad;
 +
 +
los hay de modelo neuvo,
 +
 +
que el ojo van a llenar.
 +
 +
Sobre el parabrisas luce,
 +
 +
con distinta habilidad:
 +
 +
"Coche del alquiler" que llama
 +
 +
y al pasajero guiará.
 +
 +
De frente, como a diez pasos,
 +
 +
voceará el alquilador
 +
 +
su propio nombre al viajero,
 +
 +
como identificación.
 +
 +
Las ventajas de sus coches,
 +
 +
todos se han puesto a gritar;
 +
 +
y el que no consiga viaje,
 +
 +
con bronca, regresará.
 +
 +
La Estación, "en las afueras";
 +
 +
más tarde, nadie creerá
 +
 +
que ahí, donde empieza "la brava",
 +
 +
estaba la terminal.
 +
 +
 +
===La noche===
 +
 +
 +
Un papel de mar ajado
 +
 +
por brisa, apenas de virazón:
 +
 +
apatía de banderolas
 +
 +
y espuma con afonía en la voz.
 +
 +
Un horizonte sin habla;
 +
 +
desmemoriadas gaviotas dan
 +
 +
unos gritos desprolijos;
 +
 +
cursos erráticos al volar.
 +
 +
Y la Punta a sus caderas
 +
 +
del Cable y la Mansa, moverá,
 +
 +
desgarbadas, con fatiga,
 +
 +
a través del mormazo estival.
 +
 +
Estamos entre dos luces;
 +
 +
como siempre el sol zambullirá;
 +
 +
(volver a oriente le toma
 +
 +
toda la noche sin respirar).
 +
 +
Ya sabemos lo que viene:
 +
 +
Punta del Este empieza a temblar
 +
 +
a las dos de la mañana
 +
 +
y el sol tan solo la sedará.
 +
 +
Miles de luces estáticas;
 +
 +
luces a toda velocidad,
 +
 +
más un diluvio de estrellas,
 +
 +
se olvidan de entrar a bailar.
 +
 +
Música y baile estruendosos;
 +
 +
tragos y luces y oscuridad;
 +
 +
la movida del boliche
 +
 +
amenazando nunca parar.
 +
 +
y otra danza es la ruleta
 +
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con la agonía del: "no va más";
 +
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con la carta decisiva,
 +
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con todos los rostros del azar.
  
  

Revisión actual del 11:53 23 oct 2026


Tapa del volumen de poemas de Umberto Pereira cuyo contenido se reproduce en este capítulo.




De Umberto Pereira, "el poeta de Punta del Este"

Primera edición: 1994


Noticia sobre el autor y su obra


Punta del Este es la patria de Umberto Pereira.

Nació el 4 de enero de 1923. Esa naturaleza y su gente, han conformado su inspiración. Navegar la comarca tierramar y el alma de sus vecinos, dejaron la estela de estos poemas. La estela puede ser tan breve como hermosa. Pero, si los signos poéticos entran en el corazón del prójimo, dan un retorno sin tiempo.

En libros anteriores referimos a las opiniones de Juana de Ibarbourou, Sarah Bollo, Tomás Brena, José Mora guarnido, Heraclio Pérez ubici, Agustín de Saz y Domingo Luis Bordoli, así como a la inclusión en antologías uruguayas, de la obra de Pereira.

Siguen aquí, opiniones sobre los últimos libros publicados:


- Poeta y profesora Elodia Montañés Honoré: "Qué labor la tuya para recoger los datos y revestirlos luego con tu vuelo poético, para deleite de los que te leen. El inagotable venero de la fantasía. Páginas impregnadas de ternura, calidez y sabias reflexiones."


- Dr. Federico García Capurro: "Poemas que por su contenido y lirismo, van a interesar a todos los que como nosotros, hemos vivido intensamente la historia de Maldonado, Punta del Este y su gente."


- Escritor Antonio Deane: " Es un trabajo estupendo de investigación histórica, el que usted ha logrado hacer. Nada fácil por cierto."


- Poeta y escritora Sylvia Puentes de Oyenard: Aunque sin rutas parece, mil caminos tiene el mar; y uno de todos, el óptimo, al que es preciso encontrar. "El que convocó a un poeta de ley, que supo descubrir el camino y llegar a la palabra para alzar su canto y elevarse en vuelo. Gracias por permitirme compartir tu poesía."


- Profesor José Enrique Bengochea Elizalde: "Tiras la red y recoges transformados en poemas, nombres, sucesos, de este privilegiado lugar. Romances, biografías, nueva y más cercana visión de los naufragios y el deleite de la recreación pormenorizada de los detalles."


- Vice cónsul de Italia en Maldonado Giulio Ítalo Tortorella: "Hermosos relatos todos los de este aporte a la historia de Maldonado".


- Poeta y profesor Ricardo Leonel Figueredo: "Enfocada dentro del romance, mantiene la temática tuya, una vigencia épica, que nos retrotrae al romancero clásico, de lectura fluida, lleno de esas imágenes que se suceden en cadena. El rescate que realizas de esos temas semi-olvidados, tiene un aporte fundamental, para los estudiosos que aparecerán algún día."


- Director General de Turismo de Maldonado Oscar Olmos: "Conmovedor testimonio de nuestras más profundas raíces. Un viaje al pasado entretejido con nuestra actualidad. El tiempo no pasa; sólo da vueltas."


- Poeta y periodista cultural Yolanda Clavijo de Silvera: "Volví a vivir mi infancia, con personajes conocidos, con momentos pasados que aun siguen persistiendo. Gracias, Umberto, por el Punta del Este que no dejas que cambie y que dentro de cada nativo, sigue igual a como ayer."


- Periodista cultural José Palacio: "Cantos dedicados a los amigos, a la familia, al paisaje, al mar, bosques y cielo límpido; a las olas y al viento del sur, cuyas nostalgias llevan a la felicidad de los recuerdos."


- Maestra Nancy Sola de Cairo: "He disfrutado tu libro; me ha gustado mucho, como todas tus obras. has sabido rodear la historia con la particularidad del que quiere realmente lo suyo. Con el sabor de la "familia grande" de nuestra zona."


- Maestra Silas Zeballos de Tobías: "Te felicito por esa alma plena de poemas que fluyen a cada instante; por tu mente ágil, tu mano diestra y la voluntad férrea que te hace feliz, entregando riqueza espiritual. Un regalo para el espíritu. Cada nombre, cada anécdota, cada hecho narrado, es como sentir de nuevo ese palpitar del ayer, que iluminó de felicidad nuestros corazones."


- Sr. Roger Díaz González: "Me impresionó la calidad de la expresión y la claridad con que se detalla. no te imaginas cuánta alegría le causó a mi madre y a todos nosotros. Acá cerca, tengo a Luis Tassano, sobrino de don Estanislao, que aunque un poco viejo, se emocionó cuando le leí lo de su tío."


- Escritora y escribana Mabel Plada: "Gracias por rescatar del olvido, los hechos que hacen a los más íntimo de nuestra identidad."


- Maestra Estela Olsina: "Adivino la búsqueda minuciosa de los detalles, que se pierden a veces en el tiempo y en la distancia, en tu tan enriquecida tarea de escribir."


- Dr. y periodista cultural Alfredo Nocetti Fasolino: "Nadie ha interpretado -poesía mediante- a Punta del Este y a nuestra zona, como lo haces tu."


Obras publicadas:


- 1957: "Poemas de Punta del Este"

- 1993: "Poemas de aventuras, regatas y naufragios en el Este"

- 1994 - "Poemas de infancia puntaesteña I"; "Poemas de infancia puntaesteña II"; "Poemas de Punta del Este II"; "Poemas de Punta del Este III".


Obras a publicar:


- "Poemas de Punta del Este" (tomo IV)

- "Poemas de Maldonado" (tomos I y II)

- "Rafael Pérez del Puerto" (tomos I y II)

- "Poemas de los relieves"

- "Poemas de circunnavegación" (tomos I y II)

- "La patria de Artigas".



Punta del Este, una música

Punta del Este, una música,

lúcida y analfabeta;

sin pentagrama, sin clave,

con un diapasón de piedra.

Fluir seductor que improvisa

cielos, mar, bosques y arenas;

con viento errante anarquista,

con swing de eterna marea.

Caja sonora, la noche,

suena en su boca de luna

cuando la tañe la espuma.

El sol, crucero del cielo,

sube del mar y al mar baja,

mientras el monte le canta.


Cayetano Costoya

Una obsesión de trabajo

y extrema responsabilidad;

ensimismado manejo

de su Ford "T" tan particular.

Un toscano "Regia Italia"

siempre encendido; lo llevará

como elemento incluido

en permanencia sobre su faz.

Es Cayetano Costoya;

familia numerosa criará;

albañil muy distinguido

que Julio Rico hizo capataz.

Parco y un lujo de amigo;

inteligente como el que más;

y se ha tallado a si mismo

empecinado en adelantar.

Cayetano, Cayetano;

arisco chubasco de bondad;

viento gallego, morriña

de una cantiga de aquella mar.

La mofa que a los gallegos

por crueldad anatematizó,

con la inocencia celtíbera

tiene una deuda de incomprensión.

Cuando en la tierra adoptada

se les abriera la ilustración,

el brillo de sus talentos

los hizo orgullo de esta Nación.

Cayetano: en esta Punta

del Este, lució su voluntad;

que honró a la estirpe gallega

y a la ilusión que lo hizo inmigrar.


Hipólito "Aramís" Ramos

Cuando digo Aramís Ramos

quiero decir enfermero;

no un enfermero cualquiera:

el único de mi pueblo.

Y la única autoridad

de diagnóstico certero

que había en Punta del Este,

cuando no teníamos médicos.

Quiero decir aquel negro

que mereció un gran respeto

por su prudencia ejemplar;

por su auxilio y consejo.

Aquel hombre tan jovial,

pacífico y bondadoso;

y tan amante del teatro;

tan amigo generoso.

El que atacaba la música

con un entusiasmo intenso,

con aquel torpe violín,

lleno de muecas y gestos.

El del "Gran Conjunto Ariel",

con su vocación de actor;

la única modesta llama

cultural en la región.

De ladeado sombrero hongo

y andar con gran distinción

y un sonreír por encima

de toda preocupación.

Al afligido paciente

llevaba calma y sosiego;

tenía lucidez del límite

de su buen conocimiento.

Y graduaba con maestría

la urgencia de ver a un médico

de Maldonado o San Carlos,

cuando el mal era muy serio.

Curaba nuestra inquietud

antes que sanar al cuerpo

y daba sus prevenciones

con otros tantos aciertos.

los médicos lo estimaban

por su proceder correcto,

incapaz de una imprudencia

por su respeto al enfermo.

Aquellos ojos saltones;

aquel decir jaranero;

aquel alivio y confianza

que ganó la fe de un pueblo.

Violín, teatro y amistad;

apostolado enfermero;

una presencia ejemplar

que alegraba a nuestro pueblo.

La pequeñez es grandeza

según el lugar y el tiempo;

era poco y era todo

Aramís: ¡qué flor de negro!


Basilia y Luisa Iturria; César y Emilio Sáder

Los hermanos Sáder eran

una brillante combinación;

Emilio, la simpatía;

César, sesuda elucubración.

César el arte, la historia,

los incunables, la distinción;

piezas únicas que causan

a los turistas admiración.

Emilio era la sonrisa,

el parloteo de la amistad;

el almacén y la tienda,

los finos tragos que ofrece el bar.

César, dueño de "La Cueva":

perfume, porcelana, cristal;

cigarros, relojes, libros,

bisutería de calidad.

Emilio volvía dinero

el almacén, la tienda y el bar;

abarrotados depósitos,

autos y nafta de la "Pan-Am".

César concurría al Liceo

donde enseñaba un raro francés,

convencional y mezclado

con inflexiones del libanés.

Emilio nos cautivaba

con sus chispazos de buen homor;

César con su pensamiento,

su seriedad y su introversión.

Con las hermanas Iturria

Basilia y Luisa se casarán;

y en los hijos que engendraron

la dura forja continuará.

ambas hechas de medida

para el carácter de cada cual:

Luisa, cascabel abierto;

Basilia, alegre pero formal.

"Hotel de L´Elite" se agrega

a sus negocios y hace furor;

la casona de Gutiérrez,

asiento al nuevo rubro le dio.

Por fin en el hotel "Playa",

todo el negocio se concretó;

allí les vino la muerte

pero están vivos por su labor.

Con estos dos libaneses

de claro ejemplo y múltiple don,

larga historia puntaesteña

cuando era aldea, se confundió.

Basilia y Luisa, cincuenta

años del "Playa" pueden contar;

y el gran sueño de los cuatro;

vuelto hermosísima realidad.


Alquiladores de caballos

Cabrera, Cairo, Pereira,

Báez, Miguélez, Carteruccio,

Sánchez, Medina, Rodríguez,

alquilaban sus matungos.

Saquito blanco o rebenque

que los identificaban;

oferta de los caballos

de mañana en Playa Mansa.

No había puja; cada cual,

contaba con su clientela;

esperando los pedidos

se armaba una alegre rueda.

Tiempo de cambiar de ropa

en la playa; y hoteleros,

que ofrecían sus "casillas"

para uso de pasajeros.

Abajo de las del "British"

era el lugar preferido,

para esperar la demanda

por su sombra protegidos.

Desde el fondo de la playa

llegaba casi a la orilla,

sobre el piso horizontal,

doble hilera de casillas.

Soportadas en columnas,

las casillas de madera,

dejaban un buen lugar

para las horas de espera.

Corredores con baranda;

cada vez más alejados

de la arena, hasta llegar,

como a tres metros de alto.

De un lado puertas al norte,

del otro puertas al sur;

al frente, en un semicírculo,

el bar, de gran amplitud.

Sobre las casillas techo;

zinc a dos aguas y alero;

y dos grandes escaleras

que por el bar, dan acceso.

Cuando se hizo "La Fourmi"

que era de cemento armado,

también, bajo sus columnas,

esas ruedas se formaron.

Éste, era el bar del "España";

planta semicircular;

la mitad sobre la arena,

la mitad sobre la mar.

Ruedas de cuentos con fondo

intermitente de olas;

de aperos y de caballos;

de críos y de "patronas".

De amores de juventud,

de trabajos y de penas;

de los fatales destinos,

de felices ocurrencias.

Si la temporada es buena,

si me quejo o no me quejo;

si alcanzará la ganancia

para pasar el invierno.

Despedirse y almorzar;

preparar a los caballos;

llevarlos al domicilio

de quien los haya alquilado.

Algunos irán al "Bosque";

otros irán a "La Draga",

otros al "Parque Lussich",

otros irán a "La Barra".

Unos irán por la costa,

otros por la carretera;

unos forman grandes grupos,

otros salen en parejas.

Sobre el lomo del caballo

se aprecia más la belleza;

y ven más lejos y piensan,

en lo que espera respuesta.

Ruta vieja, ruta nueva,

ruido de mar o silencio,

que por el bosque del alma

anda buscando un sendero.

De vuelta, el alquilador

junta sus bestias sudadas;

hace "un tiro" con las riendas

y los lleva hasta "las casas".

Secar a los animales,

darles agua, racionarlos

y llevarlos hasta "el sitio",

donde tendrán su descanso.

Termina la temporada:

los caballos van al campo;

gastaremos el invierno

en recordar al verano.


El "Negro" García

Hablo del "Negro" García

que era uno de los fareros;

un constante buen humor

derrochado en los encuentros.

Fundó el "Peñarol del Este"

y entre la arena y los juncos

paseó la amarilla y negra,

para un puntaesteño orgullo.

Que quién era el titular;

que por qué "el Negro" me saca;

maldición de los suplentes

y gozo de los que entraban.

Con las mejores maneras

trataba de explicar los cambios

que a muchos convencerán

y a otros suena arbitrarios.

En el Faro hay una cancha

de bochas; por compañero

buscan al "Negro" García,

por ser jugador completo.

Y en el "Gran Conjunto Ariel",

será pistón infaltable,

de la orquesta de Aramís

y en serenatas y bailes.

Así la seguridad

del mar y el fútbol lo atrapan;

y las bochas y la música,

en aquella aldea lejana.

Pulcro, siempre perfumado,

de buena estampa y sonrisa;

en nuestro elenco de negros,

un buen lugar ganaría.


Cuadrilla de limpieza

Casado, Rogelio Acosta,

con "la Sella" de Batista,

tiene por ocupación,

ser capataz de cuadrilla.

Ellos, invierno y verano

limpian la Punta del Este;

carros, mulas, carretillas,

barrer calles, cortar césped.

La cuadrilla de limpieza

es el mundillo ambulante,

de don Isaías Muniz,

los López y los González.

Podar pencas de palmeras,

cuidar canteros centrales,

que en dos sendas algo estrechas,

dividen algunas calles.

Está Benigno Gutiérrez

el de las "Casas Obreras";

está don Sandalio Alonso,

de silenciosa presencia.

Entre cordón y cordón

y entre adoquín y adoquín,

de los pastos y los yuyos

se ve asomar el verdín.

Mundo de Pascual Bautista

afincado en "La Pastora";

hombre muy cavilador

y de frases sentenciosas.

Azadas, "cortes", rastrillos,

mellados por el granito;

limpieza superficial

semi arrancando el pastito.

Ambiente de Alberto Hernández,

mirar claro, inteligente;

más rápido que las manos,

le trabajaba la mente.

Azadones y azadillas

por el uso carcomidos;

la chispa en los adoquines;

el barrer de los cepillos.

Los trabajos y las treguas

para secarse el sudor,

buscar la sombra o pitar,

para rastrear un rumor.

Orquesta de los cepillos,

tierrita que corre o vuela;

hojarascas y bosteos

que elimina la limpieza.

De lejos, por la silueta;

por el sombrero o la voz,

todos tenemos las claves

para saber quienes son.

Uno presenta la pala

que el otro llena a cepillo;

seca palada final

levantando los restitos.

El repaso de los años,

la confesión de las cuitas;

el viento, el calor, el frío;

¡vaya vida aporriadita!

Las carretillas cargadas

el tableteo de las ruedas;

cruce de los adoquines,

ruido que tartamudea.

Los que pasan y saludan

o paran a conversar;

la garganta de Rogelio

que se pone a carraspear.

Barrer contra los cordones

la basura que se encuentra;

luego: pala, carretilla,

montón, carro y a la quema.

El que no para de hablar

y el que siempre está callado;

el alegre y optimista

y el de sentimiento trágico.

Reúnen los elementos

un concierto de sonidos:

cascos, carretillas, carros,

azadas, palas, rastrillos.

Rogelio que es en el trato

con el vecino, una seda,

alegre, sentimental,

pone cara de dureza.

Con máscara de severo

de seriedad, de inspección,

el capataz resonsable

fiscaliza la labor.

pero toda la cuadrilla

lo tiene muy bien calado:

un pan de bueno y disfraz

de adustez; para el trabajo.


Plinio Rinaldi

Es nuestro Teniente Alcalde

y es carpintero "del Este";

cinco hijos tiene y bondad,

para ayudar al que fuere.

Trabajador incansable,

con "la Tita" de Olivera,

se amaron toda la vida

con desvelo y consecuencia.

Hizo en el "Conjunto Ariel"

pocas representaciones,

donde exhibiera su gracia

natural de gentilhombre.

Alto, de pelo sedoso,

de atlética fortaleza,

tras de sereno y prundente

comedido en sus maneras.

Pasa por sus ojos claros

la transparencia de amigo;

y las cosas más pequeñas

y los sueños infinitos.

Ha hecho Plinio largo idilio

de su trato a la madera:

del desbroce hasta el encastre,

sus manos buscan belleza.

Es justo con alegría;

vocación de paz lo anima;

y los pleitos se evaporan

si los convoca a la armonía.

Ejemplo de buen vecino;

actitud confiable deja

cuando se marcha; su vida,

es para todos, herencia.


Playa Mansa

Mediodía en Playa Mansa;

helados "a molinillo",

que de Pancho Salazar

mostrarían los inicios.

Pancho era entonces aquí,

el dueño del Bar "Colón"

y hacía vender sus helados

de tosca fabricación.

Casillas, carpas, al fondo,

adelante las sombrillas;

vendedores ambulantes

que la arena recorrían.

En rectangular canasta

con tapa, las empanadas

hechas por "madame Pitot",

todo el mundo codiciaba.

Y aquel: "¡a vintén los churros!"

que todavía nos resuena;

¡qué ricos aquellos churros!;

toda la infancia renuevan.

Con las colgantes canastas,

va un permanente voceo:

"¡Chicles, pastillas, bombones;

chocolates, caramelos!"

Va vendiendo sus postales,

don Alfredo Salazar;

e impresionando las placas,

que llevará al Cine-bar.

El Cine-bar de la tarde,

ya nos "engancha" en la playa:

orquesta, tragos y "cómicas"

y hasta verse en la pantalla.

Cuando don Alfredo obtura,

chiquilines del lugar,

como por arte de magia,

ya están figurando atrás.

Don Alfredo los espanta;

resopla; mas no podrá,

con la ilusión de mirarse

de tarde en el Cine-bar.

La marea de las voces

y los botes que se alquilan;

el sol radiante en las olas;

el muelle, un vapor, la Isla.

Apiñado movimiento

alrededor de sombrillas,

de las carpas, de los bares,

en el agua y en la orilla.

La transparencia del agua,

la diafanidad del día,

el celeste de los cielos,

el azul de la bahía.

Que si el aire, que si el viento

o que si el agua está fría;

que si se siente agradable

o lo bravo es la salida.

Si es mejor entrar despacio

o prefiero zambullir;

competencias bajo el agua

y saltos del trampolín.

Los alardes de destreza,

carreras de natación;

horas jugando en el agua

y a tostarse a pleno sol.

Se prohibía el torso desnudo

a los hombres y los niños;

gozaban de un tobogán

para deslizarse al río.

Roberto Chao enseñaba

a nadar a los pequeños;

hacía gustar la gimnasia

con un método risueño.

"La Fourmi" y el bar "del British":

aceitunas y empanadas,

papas fritas y licores

y bebidas "refrescadas".

Los muchachos alocados,

del techo de "La Fourmi",

desde una altura increíble,

se atreven a zambullir.

Las ruedas de alquiladores

donde se ofrecen caballos,

que en jornada vespertina

recorrerán aledaños.

Los veleros y los yates:

los conocidos, los nuevos;

navegando o en amarras

contra el muelle o a borneo.

El "Pingo", el "Coco"" y el "Jane",

"la Paloma", el "Sparviero";

el "Helo" y el "Piraí";

"Ytoiba", "Alejandro" y "mero".

"Huinca", "Saint Jean de la Cruz"

y el "Muriel", barco de mundo;

"Alguacil" y "Metejón",

la "Guará" y el "Vagabundo".

El "Huaglen", el "Cachetazo",

"Caimán", "Mbiyacoé" y el "Yenny";

el "Nancay" y el "Barataria"

y el "Arazá" y el "Mon Reve".

El "Flamenco", dos "Sloops",

del "Yacht Club Punta del Este";

pesca a fondo mar adentro

o sentados en el muelle.

Muellecito y trampolín;

el baño en aguas tranquilas;

tiempo en que la playa "Brava",

era para los suicidas.


Elías Ruiz y Juan Díaz

Eran dos electricistas

funcionarios de la Usina

que andaban en bicicleta:

don Elías Ruiz; don Juan Díaz.

Robusto hombrote paisano,

joven y fuerte, Juan Díaz;

Elías Ruiz, vasco flaquito

de una inmanente alegría.

- "¿No me has visto al "Vasco Ruiz"?",

al toparnos nos decía,

y una franca risotada

calzaba su picardía.

- "¿Adónde se habrá metido

ese "Vasco" de la Usina?";

continuaba, simulando,

que el no hallarlo, lo afligía.

Juan era en cambio, directo;

celoso de su energía;

a razón me ganarás;

pero a fuerza, ¡cualquier día!

Levantisco, pocas pulgas,

a la verdad la creía

su aliada incondicional,

el genio pronto de Díaz.

Con sus huecas cañahejas,

al atardecer salían

para hacer girar los bornes,

que al circuito cerrarían.

Las ocho post meridiano

señalaba "la guiñada";

poco más tarde y todo el mundo

en "el Este" descansaba.

Un alumbrado "a pedal"

puede decirse que hacían;

y a la mañana siguiente

el contacto interrumpían.

Conectar los contadores,

reparar las averías

y registrar los consumos,

el tiempo les absorbía.

Cara rasurada Juan;

grandes mostachos Elías;

la tragedia y la comedia,

al servicio de la Usina.

Con pasta de buena gente

cualquier reclamo atendían;

el aprecio general

de todo el pueblo tenían.

Contra el viento puntaesteño

dos bicicletas me arriman,

la memoria de la luz

con Elías Ruiz y Juan Díaz.


Mero IIIº

De Montevideo, cada año,

llegaba el "Mero tercero";

con Enrique y con Lorenzo:

maquinista y marinero.

Era Agustín Argimón

patrón de la travesía;

y era nerviosa la espera

hasta verlo en la bahía.

Al arribar, desde a bordo,

nos abría la sirena;

y nos hacía suspirar

poniendo fin a la espera.

Los demás barcos anclados

saludaban su llegada;

es la hermandad de la mar;

una ley inmaculada.

Mucho confiaba don Juan

en Agustín como práctico;

le profesaba un cariño

muy bien ganado en el trato.

Hombre sereno y experto;

un cumplido caballero;

daba placer escucharle

los detalles del crucero.

Con el vívido relato

que el práctico transmitía,

nos veíamos en el barco

haciendo la travesía.

Medidas: tres por dieciocho;

y con ocho "ojos de buey";

proa apuntada, cabina,

"mandos" para el timonel.

La timonera, bitácora,

"cartas" y buena visión;

y un ordenador de fuerzas

destinado a Enrique Urroz.

Atrás de la timonera,

renovadores del aire

y en medio, la chimenea

del corazón de la nave.

En la proa se ve un tambucho,

un palo, un ancla y cadena;

molinete, un cañoncito

de bronce sobre cubierta.

Los pasillos laterales

entre borda y obra muerta;

bancada y toldilla a popa

con una visión perfecta.

Y los cuatro salvavidas:

dos a proa, dos a popa;

los pasillos protegidos

por la baranda en la borda.

A veces en los soportes

de babor se izaba un bote;

o se remolcaba a popa

colmando las precauciones.

En el mayor la cruceta

y en la cruceta, a estribor,

la insignia de don Juan dice

que a bordo viaja el patrón.

La insignia: al centro cruz blanca;

cuatro campos, los extremos:

tres azules y uno, rojo,

con la G azul de: Gorlero.

El extremo alto del asta

rojo, linda en la cruz blanca;

extremos libres, azules

como el inferior del asta.

Gallardete del Yacht Club

triangular; es la bandera

de Artigas, la diagonal,

luce un ancla superpuesta.

Esa insignia del Yacht Club

va a babor en la cruceta,

y detrás de la toldilla,

a popa, nuestra bandera.

Debajo de la cubierta:

cuchetas, baño, cocina;

una gran sala de máquinas,

la espléndida camarita.

En cada excursión de pesca

se repetirá el ritual:

falúa repleta de amigos,

Lorenzo Amerio, guiará.

Par recibir la gente,

escalerilla adosada;

con total seguridad

el trasbordo se operaba.

Las nueve de la mañana;

los invitados a bordo;

los motores calentando

y al ancla, falúa y chinchorro.

Lorenzo grita: "¡Está libre!",

con el bichero empujando,

flaco, confiable, elegante,

con la sonrisa en los labios.

Don Juan Gorlero al timón;

la pesca está en nuestro anhelo;

con la lancha "del Arroyo",

ensartada en los anzuelos.

El pabellón nacional

pasa de popa al mesana;

así todo el mundo sabe,

que el barco se encuentra en marcha.

Buen barco; linda figura;

marino, seguro, guapo;

se sobraba para el río;

daba gusto navegando.

Era muy impresionante

ese mando: "Viva Fuerza";

crujiría el "Mero tercero";

se volvería una saeta.

Temperatura y mareas;

tiempo, viento y cabildeos,

para una buena jornada,

para acertar el pesquero.

Regresos al mediodía;

suerte varia y vanagloria;

pesca de la inmesidad

en el vaivén de las olas.

Por la escalera de popa

se baja al camarote:

luz por ventanas, la mesa,

dos cuchetas y almohadones.

Alfombra roja, trofeos,

baño privado y un bar

y panoplias y obras de arte,

con buen gusto a todo dar.

Cristal de Murano es copas

con la insignia de don Juan;

igual que en la loza inglesa,

que completaba el ajuar.

La banderita estampada

ondeando aquellos colores:

el rojo, el azul, el blanco;

una belleza sin nombre.

De vuelta, en la amarrazón,

copetines y "volados",

con su fórmula secreta,

comprados en Maldonado.

Masitas y bocadillos

importados son brindados,

en un clima de alegría

y entusiastas comentarios.

En la cubierta de proa,

se armará una pesquería:

unos escaman pescado,

otros enrollan las líneas.

Las sartas irán al bote

y la proa será "baldeada";

dejará el lampazo al "Mero",

pronto para otra jornada.

Puntualmente en su chalé,

a cada cual le llegaba

una sarta de pescado

que don Juan les enviaba.

la pesca era el gran pretexto;

sabían al volver a tierra,

que en el "Mero" habían pescado,

a la sal de la existencia.

Y es que don Juan era un barco

y su vida era la mar;

él enseñó a mucha gente

el arte de navegar.


Asado en Gorriti

Con un asado en Gorriti,

todos los años, don Juan,

reunirá a un mundo de amigos

en un festejo cordial.

Se bajaban asadore,

los corderos, la vajilla;

agua "Salus", "Citral", vino,

caña, leña y las parrillas.

Unos gozan de la sombra

en diálogos animado;

otros juegan a los naipes;

otros disfrutan del baño.

A unos les atrae la pesca,

almejas y mejillones,

otros se tuestan al sol

improvisando excursiones.

El gran fuego toma cuerpo

y con abundante brasa,

nos demuestran los baqueanos

un saber de carne asada.

Adobo y brasas; maestría

con un trago entreverada;

el que hace asado precisa

quemarse con buena caña.

Llamado del apetito

que al asado nos arrima;

sol que convoca la sed:

deliciosa perspectiva.

Sombra; perfume de pinos

y el silencio de la Isla;

mirar a Punta del Este

los barcos y la bahía.

Sensación de navegar,

de cosechar alegría;

magia de estar a la vez

en tierra y en travesía.

Recién a la media tarde

se organizaba el regreso;

se alargaba en comentarios

por muchos días el encuentro.


Juan M. Gorlero

Viaje por la antigua ruta

que desde Montevideo,

conduce a Punta del Este,

en verano, a Juan Gorlero.

Un hito de la península

era el chalé veraniego;

al lado, la plazoleta

que a la playa daba acceso.

Chalé partido en tres plantas

que veinte ambientes tenía;

ventanas hacia la calle,

ventanas a la bahía.

Cuarenta metros de fondo;

árboles, flores, portón;

de las lajas a la arena,

del bote a la embarcación.

Don Juan: gorra de almirante,

bastón flexible de hueso,

con un diáfano mirar,

capitán por propio mérito.

Delgado, lentes al aire,

nariz perfecta, bigote;

"amenazante" bastón,

don señorial en el porte.

la firmeza del discurso,

un culto además subraya;

no sólo el gesto y los ojos;

también con las manos habla.

Chaqueta azul impecable,

pantalón de hilo, zapatos:

distinguida pulcritud

en el vestir y en el trato.

Cuando hablaba con mi madre,

lucía el respeto en su voz;

fue un gran maestro de mi vida;

de regalos me colmó.

Comedor - sala - escritorio;

correspondencia del "Banco";

papel membretado, cartas

con voluntarioso trazo.

Las obras para el balneario

el Yacht Club, la pesquería;

los negocios del gran mundo:

profunda sabiduría.

Gran amigo del amigo,

gran amor por la familia;

un culto a la obligación;

una vida cristalina.

En penas de gente humilde,

especie de confesor;

en cualquier parte es un hombre;

en todo ambiente un señor.

Los veraneantes lo admiran;

los vecinos lo respetan;

hizo intachable crucero

que dejó una blanca estela.

Reuniones de alto nivel;

invitaciones de pesca;

descanso - navegación;

encuentros sobre la arena.

Resguardo de una sombrilla;

mil temas; nada es olvido;

y aquel aire está en el alma

para siempre suspendido.


Raúl Sienra

Profesor de francés era:

la lengua de dibujar

el sueño y las realidades

con economía ejemplar.

Casi calvo, nariz recta,

boca fina de expresar

en un muy suave despliegue,

su aptitud para observar.

Tras los lentes se movía

su visión horizontal

rapidísima, acopiando

la información sin parar.

En análisis prolijo

podía desmonetizar

la carencia de valores

y la hueca vanidad.

Y su acierto era increíble

desmenuzando el pensar;

sintetizando a su tiempo

las causas del accionar.

Y al fin, convincente juicio

ubicaba a cada cual

en escala de importancia

con precisión singular.

Raúl Sienra con Juan Gorlero

se embarcaban a pescar

solos y sobrevolaban

el mundo en profundidad.

Fue una humana simpatía

que ya no se suele usar;

esa que entra en nuestra alma

con dos palabras nomás.


Singladura

En aguas duras avanza

el barco escorado y son

los cuencos que hacen las velas

frío viento bramador.

Y ni una mano de rizo

cobré a la lona; tambor

de barlovento salpica

y embarca agua con borbor.

Cordillera de ls ondas;

sube y baja aterrador,

donde canta la ola espuma

con un dejo socarrón.

Me incrusta la singladura

esta caña de timón

que no da tregua a la espalda

para escapar del ciclón.

Se ahoga la mar; resolpla

y jadea y lija a estribor

la borda, mientras se raja

de la proa hasta el timón.

Repara su propia tela

la mar; lo que se averió,

con el zurcido invisible,

al tajo disimuló.

La vela es una gaviota

y el aparejo un temblor

tenso; diciendo; quién sabe

donde el puerto se metió.

Vida-barco; espacio-viento;

y tiempo corcoviador;

rumbo-puerto; herida-estela

y un co-piloto: el amor.


Simón y Benito Stern

Mira Simón si despiertas

y te encuentras a enito,

en un tiempo democrático,

por nuestro pueblo, elegido.

Luchador; viejo tendero

que cargabas las canastas,

cultivando la humildad,

vendiendo de casa en casa.

Y que luego te instalaste

y atrás de unos lentes gruesos,

guardaste dura visión

de tus penas y tu esfuerzo.

Era en un Punta del Este

muy hermoso, muy chiquito,

muy pueblo; donde crecieron

Golda y Benito, tus hijos.

Te recuerdo con tu fina

sonrisa, que entremezclaba

el dolor y la dulzura,

la opacidad y la calma.

Metro de madera; telas,

ropas, hilos y botones

y calzados que vendías

en regateo con los pobres.

Y ahora: ahí tienes a Benito

gobernando a Maldonado;

él ha sido muy tenaz

para hacerte este regalo.

Tú Benito, nunca olvides

la dignidad de tu padre;

gobierna bien; haz tu obra

y por favor: no nos falles.


Cine-bar del Hotel España

Se entra por dos puertas grandes

dispuestas en forma lateral

y entre las dos, la pantalla

lindando con la vereda está.

Como más de veinte metros

tiene la sala en profundidad

y capaz que los diez metros

de puerta a puerta el ancho dará.

Caños semicirculares,

sobre las dos puertas colgarán

cortinas de terciopelo

bordeaux, que hasta el piso llegarán.

Seco ruido de maracas

a las cortinas cerrará;

sus argollas de madera

dicen que la función va a empezar.

A la izquierda, a media altura,

al fondo, sala de proyección

de cine y de vistas fijas

que al copetín le darán sabor.

Y en el fondo, a la derecha,

también a media altura un balcón;

dentro de poco, la orquesta

comenzará la magia del son.

Valses, mazurcas y polcas

y pasos dobles y mucho jazz;

Ramón Palaus y sus músicos,

la nochecita amenizarán.

Ramón Palaus: un virtuoso

violín; sentimental catalán;

lo hechiza Punta del Este

y aquí, por siempre se quedará.

Ventiladores de techo

y de pared: refrigeración;

mesas repletas de gente;

mozos que atienden cada sector.

Ratos de luces y música;

ratos a oscuras, de proyección;

con vistas fijas y cómicas

que impulsan el jolgorio mayor.

Las vistas son: de la playa,

salida de misa, equitación

y del muelle y de los barcos

y de la pesca que se logró.

Son personajes, turistas,

a quienes ya se les anunció

que estarán en la pantalla,

como señuelo prometedor.

Reveladas sobre vidrio,

las vistas fijas son ilusión

de lucirse en la pantalla,

de ser por un instante, el actor.

Los hinchas del que aparece

en la pantalla, hacen explosión;

entre aplausos y silbidos,

gritos y zapateos en su honor.


Hotel Casino Nogaró

Don Luis Nogaró conoce

Punta del Este y no dudará;

su sabiduría hotelera

como homenaje le brindará.

El mejor trato al turista,

la mejor orquesta y el mejor

cheff de cocina del mundo;

eso y más es Hotel Nogaró.

La conserjería políglota,

las cajas fuertes, la información,

gran ruleta, grandes bailes,

gran conferencia o explisición.

Los mucamos son parejas,

que en cada piso se encontrarán;

multiplicando atenciones,

celando el tiempo de descansar.

Los más distinguidos metres

y un gran servicio comedor;

unos gerentes notables,

con una excelencia de excepción.

Habrá una orquesta melódica;

música culta, otra tocará

en los almuerzos y cenas;

carta de vinos, sin ejemplar.

Don Luis estaba un día en Córdoba

y se le avisa que llegará

"al Este" el Virrey de la India

y como un rayo regresará.

Puede que no haya dormido;

pero le hará atención personal

a él o a cualquier pasajero,

con una distinción especial.


Míguez Hotel

Como se sabe, la estirpe

Míguez, tiene ganado un lugar

de renombre en la Península,

por muchos años de batallar.

Alto paradero indígena

de varios metros desmontarán

para que se ubique al Míguez,

al nor-oeste de la ciudad.

Con su elegante recinto

al que un Casino se agregará,

al viejo impulso hotelero

esta experiencia renovará.

Una gerencia dinámica,

inteligente, que en todo está,

le suma Pepito Serra

a aquel prestigio tradicional.

Así, en la boca "del Este",

a un tiempo el Míguez y el Nogaró,

desde fines de los treinta

harán torneo de emulación.

Algo importante ha cambiado;

ya no será el trato familiar;

se ha entrado a una nueva etapa

de hotelería internacional.

Es tiempo de Playa Brava,

ruletas y del Bar "Mejillón",

que en los primeros cuarenta,

marcó otro estilo y transformación.

Hotel de grandes orquestas;

ora la fiesta o la exposición

o las reuniones que mueven,

a grandes pasos a la región.

Comienzan los Shows nocturnos;

y en Buenos Aires contratarán

o en otras partes del mundo,

la atracción más espectacular.

Lo dicho: que es un torneo;

y cada temporada será,

ocasión para la puja,

que los niveles elevará.


Historia de la construcción

Se han hecho en el mundo casas

con materiales diversos;

con formas muy diferentes

con muy distinto deseo.

Según la fiera atacante,

el hombre buscó su abrigo;

refugio para salvarse

y enfrentar al enemigo.

Lo asediaron animales,

lluvia, frío, sol y viento;

otros hombres y los propios

fantasmas del pensamiento.

la cueva caparazón

de roca, fue lo primero;

casa caña, casa rama

y casa ala, hecha con cuero.

La casa de paja y barro,

crudo o cocido con fuego;

la casa espina de piedra

para herir al forastero.

Con el aire frío y el agua

el tiempo fabricó nieve;

con las manos y el ingenio,

el esquimal, sus albergues.

Con el hielo un "caracol"

armó y se refugió adentro,

contra la muerte por frío

de los polares inviernos.

La casa rancho del campo,

fue surco, escondite, hueco,

donde germinó la vida

y otros labriegos nacieron.

Casas en costas de roca,

como barcos embicados

acariciadas por las olas;

a un tiempo ruta y naufragio.

Y encima de plataformas

sostenidas sobre palos,

que clavó en el blando lecho

de los ríos y los lagos.

Y cuando el hombre llegó

hasta la Punta del Este,

encontró que ya era casa

de aire, con techo celeste.

De cielo, de mar, de viento;

de espuma y tranquilidad;

de sol, yodo, sal y nubes;

de luz y de libertad.

Con un ansia de intemperie

combinó el hogar privado;

armonía en si mismo y fuera,

la música del espacio.

Hizo, es cierto, sus cobijos,

por hábito nada más;

inútiles; porque aquí,

en vez de agua, llueve paz.


Construcción variada

Había una casa de piedra

y un tahonero de misterios,

que le compraba a la mar

lo que vendería en secreto.

En una Punta del Este,

al principio solitaria,

primitivos pescadores

hicieron sus toscas casas.

Unos ranchos de leyenda;

sólo para enamorados

capaces de soledad,

que en silencio se graduaron.

Después... música de lluvia

trajo zinc acanalado:

heladera en el invierno;

horno cruel en el verano.

Poco a poco, todo cambia;

casas a nivel del suelo

con unos techos de teja

que daba gusto verlos.

Muchos, por baño, por aire,

por sol, por salud, quisieron,

en esta Punta del Este,

tener uno de esos techos.

Para dar explicaciones

del por qué de aquel anhelo,

sin agotar los motivos,

muchas cosas se dijeron.

Porque pescas y pescadoos;

porque bosque y navegar;

porque juegos y deportes,

frenesí, belleza y paz.

Piedra, madera y ladrillo,

reunirían los chaleses

antes que el gran estirón

pegara Punta del Este.

Parecía que, en ser bajita

habría de estar su destino;

con aquella orgía de tejas

y aquel derroche de pinos.

La vincha de las arenas

le sujetaba la espuma;

y un run run enamorado

le regalaba blancura.

Mar de pinos; su marea

de verde y sombra crecía;

mientras las nubes jugaban

"a la mancha" con las piñas.

Y la Isla Verde (Gorriti),

flotaba ahí no más, cerquita;

y Lobos salía a matar

si con niebla se bebía.

La mar, toda corazón

la llenaba de latidos

con una pasión eterna;

el horizonte, es testigo.

Los faros buscaban barcos

de noche, para avisarles

la buena ruta del mar

y desearles un buen viaje.

De día, para los pilotos,

flameando con mil colores,

el Semáforo, en las drizas,

ataba las precauciones.

Desde la casa de piedra,

el tahonero de misterios,

todavía nos ofrecía

contrabando de secretos.


Construcción anfibia

De casas de mil estilos

surgió aquí un estilo nuevo;

es el estilo flotante;

el estilo puntaesteño.

Logró hacer la casa anfibia:

casa mar-vegetación;

casa tierra, arena y ola;

casa espuma, casa flor.

Casas que compenetraron

pared, horizonte y cielo;

el agua, el verde, las flores,

los azules y el sosiego.

Casa pulso, casa piel,

casa entrega y donación;

casa muro y transparencia,

casa sombra y casa sol.

Casa fiesta: oscuridad

que se ha escamoteado al sueño

buscando felicidad;

noche que se vuelva beso.

Con empujes y momentos

locos, que vuelan al cielo

y diluyen estructuras

de un recinto sin encierro.

Pequeña, mediana o grande,

siempre torrente sanquíneo;

siempre impulsión de la vida;

siempre de la pena alivio.

Definir qué cosa es,

muchos sabios han querido;

y una pizca de razón

a todos los ha asistido.

Un partido racional

que se hace con el espacio;

la máquina de habitar

que se mueve con humanos;

un poema para vivirlo

dijeron por fin los pájaros;

sostenido por las alas

para viajar por un canto.


Construcción de una torre

A superponer niveles

comienza Punta del Este;

verticalismo de azul

que se ha de volver torrente.

Hasta el último rincón

del país ha sido alertado,

de que en la Punta del Este

se puede encontrar trabajo.

Al trabajo lo alimenta

material de construcción;

y en el servicio a las torres

prospera la producción.

Producción, que no da abasto;

y a todo el país se convoca,

en la demanda que pide,

material para las obras.

Oficinas que proyectan

y registrarán jornales;

que dibujan y hacen cálculos

y pagarán materiales.

Establecerán las playas:

la ubicación, los carteles,

la relación con los dueños

y el tiempo de los niveles.

Cavar primero; enconfrado,

fundación, hierro, cemento;

columnas, vigas y losas;

cerrado y finales lentos.

Los ronroneos de la sierra;

los pespuntes de martillos

que clavan golpe y silencio

en maderas y en oídos.

Obreros con alegría

o que guardan negras penas;

el cociente y ordenado

y el que al jornal se lo juega.

Alrededor va creciendo

la telaraña de andamios;

y nadie denuncia el miedo

y el vértigo soportados.

La distribución de gente

para una marcha pareja;

los problemas del sereno;

la vigilancia discreta.

El armar y el desarmar,

monótono y sin mudanza;

los gemidos de los clavos

cuando la uña los arranca.

Unos que son muy "ligeros"

y que no hacen el trabajo;

otros que apenas descansan

mientras arman el cigarro.

los tabiques, los balcones,

azotar "gruesas" y "finas";

marcos, ventanas y pisos,

puertas, baños y cocinas.

Hábiles, buenos, mañeros;

voluntariosos y torpes;

al que siempre se le ve

y el que nunca está y se esconde.

Los extravíos de herramienta;

el accidente, el seguro;

el espíritu de cuerpo

que transforma la obra en mundo.

Los transportistas puntuales;

las cargas que no se cumplen;

lo que ha de hacerse de nuevo;

las máquinas que se rompen.

Carne asada al mediodía;

leña de pino contento

de haber sido: verde, sombra,

encofrado y ahora, fuego.

Aquellos tragos de vino

que se cambian por refrescos;

por agua, al fin de quincena,

sin "posibles" y sin préstamos.

Muerte que acerca a los hombres

a la solidaridad;

nacimientos y bautismos

que entrelazan la amistad.

Familias, que de "las casas",

siguen la obra gigantesca;

cansancio y dolor de huesos

que duermen como una piedra.

Cosas que salieron bien;

cosas, que se disimulan;

defectos que han de quedar

porque no se solucionan.

Hombres que vienen de lejos

porque la "chicoria" es grande;

y que dos veces al mes

visitan los familiares.

Sube y baja de "la pluma";

los gritos, las carcajadas;

los cantos que hacen lugar

para una mujer amada.

Los ascensores y "eléctricas";

y la azotea, más sus tanques;

monolíticos, pintores,

vidrios, cerraduras, llaves.

Desde las crudas heladas

hasta el silbo frío del viento;

desde las tibias mañanas

a los días de ciego fuego.

Una rama en la perilla

del edificio reclama,

con su presencia, el asado

que los constructores pagan.

Ese asado en las finales

que a mucho lerdo en el trabajo,

lo muestra como una luz

en los juegos y en los tragos.

Los plazos para entregar,

la grúa que se ha estropado;

los retardos de "remesas"

para pagar lo adeudado.

Es mucho el sudor y es poco

el puñado de jornales;

es la justicia distraída

cuando reparte caudales.

Tiempo de conseguir gente

y tiempo de los despidos;

tiempo de febril acción

y de trabajo tranquilo.

Tiempo de mucha demanda

y de muy buenos salarios;

y de prudente guardar

o de loco despilfarro.

A dónde irán los obreros,

cuando esto haya terminado;

paloma: te quiero mucho,

pero se acabó el trabajo.

Estar de balde o con changa

o encontrar firme conchabo,

para terminar en nido

el vuelo de los noviazgos.

Anónimo trajinar

que deja una torre hecha;

una historia que se pierde

y otra historia que comienza.


Construcción de belleza

Dios sugirió a las gaviotas,

usar sus más altos vuelos

como torneos de acrobacia

y dijo que Él vendría a verlos.

Sería lindo, dijo el hombre,

contemplar esos torneos

desde lo alto de una torre

como el faro, que es tan bello.

Como la luz es la madre

que engendra todo lo bueno,

cuanto más luz en el alma

mejor veremos los vuelos.

Fue entonces cuando las casas

sintieron fiebre de acenso;

porque querían abarcar

más mar y también más cielo.

Y fue al fin, la casa, un árbol;

tronco y ramas para nidos;

para regalar de azul

y luz los cinco sentidos.

Un árbol de raíz de piedra;

tronco de hierro y cemento;

sabia de seres humanos

recorriéndolo por dentro.

Así nacieron las torres

en carrera tumultuosa

y por no guardar distancia,

las invadieron las sombras.

Cada torre es como un hombre;

debe ser dueña de un círculo

como un sagrado inviolable

para su libre albedrío.

Ha de darse a cada sombra

un lugar bien regulado

y libertad al que mira

para embriagarse de espacio.

Echar la sombra sobre otro

es conducta criminal;

atenta contra la vida

y es una actitud desleal.

Así que los reglamentos

disciplinando el empleo

del espacio, harán la paz

y el gozo de los torreros.

De los que desean subir

y los que están en el suelo;

que un gozo no traiga un llanto;

que al sol, todos lo queremos.

Lo cierto es que al ascender

nos sentimos más pequeños;

cada peldaño sorprende

al corazón más ligero.

Aprendemos a entender

que un hombre está lleno de hombres;

dueños de extraños destinos

y que ni él mismo conoce.

Punta del Este tenía

dentro, vocación de torres,

que ni soñaron las tejas

ni menos, los pescadores.

Hojas-ventanas; espacio;

flor, de nube y flor, de viento;

horizontes que se llevan

el aleteo de los vuelos.

Emerge del sol desde el mar

y a dormir, al mar se vuelve;

mientras no está, con candiles

navega Punta del Este.

Las albas y los ocasos

son presencias de milagro;

y los vemos más hermosos

cuando más hemos amado.

Los barcos; todas las rutas;

las Islas; todos los vientos;

la noche; todos los mundos

que asoman al firmamento.

Las costas, todas las olas;

la arena; todos los médanos;

la tierra, flores y pinos

y un tránsito de hormiguero.

Resulta que cada torre

es la iniciación del vuelo,

que con fuerza heliobalsámica

convierte la vida en sueño.

El espacio se dilata

y nos quedamos sin peso;

en un aire yodosálico

gaviotas son son nuestros cuerpos.

Las alas, cuando más vuelan,

van aumentando de largo;

de tanto y tanto subir

quedan sin sombra los pájaros.

No se que el acontecer trágico

deje de ofender al alma;

no es que no agreda el destino;

es: una poca de calma.

Mirando a mayor distancia

disminuyen los objetos;

se ve que sólo la unión

hace grande lo pequeño.

Que la vida es un misterio

de bondad y de pecado;

de caridad y egoísmo;

de victorias y fracasos.

Desde el mar, que huele a vida

aprendemos a escuchar,

universales derechos

que todos deben gozar.

La luz parece traernos

solidaria comprensión;

ánimo de perdonar

como Dios nos perdonó.

La luz se hace nuestra dueña;

nos transforma en energía;

la inteligencia del mundo

en esta Punta titila.

Es la cátedra del sol

que hace su trabajo diario

sin más premio que las olas

y los colores del campo.

El sol se ha llevado el día;

pero nos deja un ciruelo

con sus frutas amarillas,

que navegan por el cielo.

El mar será la ceniza

tapando al sol trasfoguero

que duerme, pero ha de arder

mañana, con el pampero.

Se hace conciencia al bajar

que el tiempo es un velocímetro;

que la ascensión es inútil

si en la acción no nos cumplimos.

Si al volver no procuramos

alumbrar con este acopio;

luchando por la hermandad

frente a cegueras de plomo.

Antes que la oscuridad

nos trague sin dejar señas,

subámonos a las torres

de una vida más fraterna.

Subamos, aun entre sombras

para cantar, pero en coro;

y que el mundo sea un torneo

de paz y amor para todos.


Casapueblo

Casapueblo es imposible;

perdona: Carlos Páez Vilaró;

si la hicieras, se derrumba;

eso, no tiene sustentación.

¿Cómo que en una pendiente

tan escarpada, vas a elevar

entre acantilado y gruta,

tantas terrazas hacia la mar?

¿Cómo que toldos de cañas?;

no te das cuenta: se filtrarán

por las endijas los soles

y a todo el mundo deslumbrarán.

¿Cómo que harás los tapices

de sombras verticales y sol,

colgados de las paredes,

cubriendo pisos y mesas?; no.

Carlitos, mira: arquitectos

son los que salen de Facultad;

tu eres bueno en los cacharros

y los pinceles y nada más.

Inventar ritmos de pisos,

laca de muebles, con sombra y sol,

cubriendo los antepechos,

es afiebrada imaginación.

¿Cómo que le harás banderas

de luna y soles que sonreirán?;

los astros son cosas serias

y esta chacota es muy informal.

Éso, no tiene salida;

no tiene entrada; todo está mal;

es borbotón de ilusiones

que sólo a tu sangre impulsará.

¿Qué pasó; pensaste a oscuras,

escalonado de cielo a mar

sin nivel y sin plomada;

cómo crees que se sustentará?

Si insistes y la levantas,

la gente pronto te lo dirá,

incrédula y asombrada:

"Esto, don Páez, se derrumbará".

¡Y la hizo!; se siente adentro

a un hombre que toca el tamboril

en un lenguaje cifrado:

ahora se los voy a traducir:

¡Paredes! (dice la lonja):

ordeno, queden en su lugar;

esta bueno que se doblen;

pero caerse, nunca; ¡jamás!

Que sean cóncavas, convexas,

nada por eso voy a objetar;

no me importa que en el piso,

llenen un hueco para nadar.

Consulté a los arquitectos

de todo el mundo y vine a mezclar,

ladrillos, hierros, ventanas

y puertas que enamoren al mar.

me estoy sangrando las manos

de tanto y tanto y tanto tocar;

lo que digo es una orden:

¡firmes; manténganse en su lugar!

Por picos, por depresiones,

por asperezas, nada que hablar;

pues con el sol acordamos

que él me corrija este tobogán.

Sigo esta escultura hueca,

como un cacharro sin terminar;

y con el pincel deseo

verter en él la felicidad.

La Punta de la Ballena

se merecía este fantasear;

este juego de artificio

que sube y que parece estallar.

En este bulto redondo

lleno de vericuetos, tendrá,

el hombre, las sensaciones

de nadar en el fondo del mar.

Se llamará Casapueblo;

nada más belo apra habitar;

hermandad de todo el mundo,

pueblo, es la meta de la amistad.

Carlitos: tu autorretrato,

que yo al principio quise negar,

es de barro, carne y pulso;

alma que a todo quiere albergar.

El tun tun obedecido

alcanza y sobra; llenas están

las puertas y las ventanas

de mar, de cielo, de inmensidad.

Pez, sol y luna: estandartes

que ondean al viento para ofertar

azul, amor y belleza,

en días y noches de sueño y paz.

Cerámicas y azulejos,

color y movimiento, se van

por el alma navegando

de quien contempla su inquieto andar.

Los murales, los grabados,

tapices y esculturas serán

como un collage de sorpresas

y realidad, de no terminar.

Piezas, arcos, corredores,

balcones, toldos, sirven el pan

y el vino par los sueños,

las salsas y los frutos del mar.

Eres roca, Casapueblo;

arena, baño y puesta de sol;

y desparpajo de luna

que te ama sin poner condición.

La gente entra; y ya no sabe

si ser tamborilero o tambor;

pero se vuelve candombe,

en este punto, no hay discusión.


Canción del marino

Ser marino es amar a la vida,

palpitante en la gran dimensión

de la mar, que abrazando al planeta,

da una imagen hermosa de unión.

Somos todos marinos a bordo;

nuestra madre común es la mar,

que en la calma, con sumo desvelo,

nos adiestra para el temporal.

En la lucha con fieros peligros,

sin testigos y a fuerza de amor,

dar de si y olvidarse a uno mismo,

templa al hombre en esfuerzo y valor.

la maniobra del barco descubre,

reglas de oro que guarda la mar:

la justicia que nace del orden,

la grandeza de la libertad.


Arribo por mar

Sombritas horizontales

van subrayando lo principal

en el texto de las olas

y a la belleza señalarán.

Sobre traza Isla Gorriti

al horizonte, para llamar

la atención del navegante

y darle la ilusión de llegar.

Flota, con su cromo verde;

y en la polémica voz del mar,

entre el azul y el celeste,

barco al garete parecerá.

Navego de sur a norte;

Punta del Este a estribor está,

bautizándose en espumas

en una botadura ancestral.

Ahora, por la Boca Chica,

Gorriti y Punta me dejarán

deslizar a la bahía

y fondear en la felicidad.

La Punta fue Sloop; al Faro,

mayor de nubes se le vio izar;

hoy, con infinitas cofas,

es mastelero de no acabar.

Quiero decir: rascacielos;

donde vigila el alma del mar;

para encontrarse a si misma,

convoca a toda la Humanidad.

Descubro que el hombre es agua,

a más de tierra y fuego y será;

aire que se cuaja en vela,

viento y espuma, cruzando el mar.


Borda de babor

Con la proa acorazada

de rocas, Punta del Este,

rumbo al sur, abre en espumas

la singladura perenne.

De noche, la Cruz del Sur

y el Lucero de poniente

y de día el Tercer cuadrante,

como timonel se ofrecen.

Por la borda de babor

en Lobos, donde amanece,

se domicilia la Luna

a todo efecto celeste.

Entre la queja del lobo

y mucha arena de oriente,

la canal es un resguardo

donde las aguas florecen.

Esta borda de babor,

arena en eterno embique,

programa en largos inviernos,

breves veranos felices.

Como entrenador, el viento,

a las olas les exige

que el salto largo y el alto

y los clavados practiquen.

En esta borda de arena

el bote, Punta del Este,

embarca toda la mar

pero a flote permanece.

Olas gallos, cresta blanca,

canto de yodo salobre;

al romperse contra el casco

olvidan sus ilusiones.

Una espuma que lee el cielo;

una ola que a otra ola esconde;

y al fin, todas, a la arena,

renuevan el tinte cobre.

Galope de olas y arenas;

borbotón de surtidores

y la espuma que se esparce,

al compás de los tambores.

Los hombres que juntan viento,

con la tabla de correr

por encima de las olas,

otra ola pretenden ser.

Convergencia de infinitos,

cielo y mar, el horizonte;

un bote siempre hacia el Sur

y en medio del bote, el hombre.


Borda de estribor

Cuando el viento fatigado

se desploma en Las Delicias,

con un vaivén de las olas,

se hace y se borra la orilla.

Llegan, pero no regresan

las olas que son suicidas;

se tienden y por la arena

sedienta, son absorbidas.

Y cae silencio celeste

de un cielo quieto que mira

cómo se encrespan las olas

en la Ballena y la Isla.

Los espejos de las olas

ofenden a las retias;

alas de gaviotas ciegas

dan vuelo a la fantasía.

En las nubes se conjugan

el orden y la anarquía;

una teoría de colores

y formas en rebeldía.

El aire, que no decide

si viaja o se queda en casa;

por las mismas dudas tiene

afinidad con el alma.

Este ocaso de belleza,

frágil como todo sueño,

le arranca al cielo un suspiro

antes del último beso.

En el horizonte, el sol;

y como todos los días,

agua que apaga su fuego

rojo, rosa, gris y lila.

Torres de Punta del Este

se suben sobre sí mismas

y se apropian de la noche

después de agotar el día.

La electricidad genera

luces; memoria del día,

que transmiten den video

el canto de las orillas.

Tal luz, buscando belleza,

sorprende brisas que animan

con unas olas muy suaves,

los cascos sin travesía.

Es aquí donde se acuesta

el tiempo a dormir; confía,

que al alba ha de despertarlo

una rosada caricia.


La felicidad

La Bóveda de los cielos

decide descender sobre el mar;

espumas intermitentes

con sus mil cuñas la apoyarán.

Buen contacto con el agua,

Gorriti y Lobos garantirán,

hay nubes deshilachadas

de alas abiertas para planear.

Por tal rumbo de armonía,

Punta del Este, quiere pasar;

navegando el agua-espuma,

gobierna bien y al sur marchará.

Azules de cielo y agua;

verdes y sombra la tierra da;

arena-alfombra, amarilla;

telas naranja incendian la mar.

Multicolores jardines

con aire a punto de yodo y sal;

sobre vuelan las gaviotas,

puerto de bamboleante chas chas.

Pero el rumbo de esas torres

que escora el viento, nadie sabrá,

si no entiende que está a bordo

de un barco que es la felicidad.


Ferrocarril y coches de alquiler

Una pieza teatral viene,

sabrosa, breve, sin par:

el Ferrocarril del Este,

si está en hora, llegará.

Y mientras el tren no llega,

cuentos, risas y amistad;

hasta que aparece el humo

que es lo que cambia el cantar.

Hubo antes una estrategia:

los primeros en llegar,

del andén, frente por frente,

los autos colocarán.

Hay coches con "trasportines",

con mayor capacidad;

los hay de modelo neuvo,

que el ojo van a llenar.

Sobre el parabrisas luce,

con distinta habilidad:

"Coche del alquiler" que llama

y al pasajero guiará.

De frente, como a diez pasos,

voceará el alquilador

su propio nombre al viajero,

como identificación.

Las ventajas de sus coches,

todos se han puesto a gritar;

y el que no consiga viaje,

con bronca, regresará.

La Estación, "en las afueras";

más tarde, nadie creerá

que ahí, donde empieza "la brava",

estaba la terminal.


La noche

Un papel de mar ajado

por brisa, apenas de virazón:

apatía de banderolas

y espuma con afonía en la voz.

Un horizonte sin habla;

desmemoriadas gaviotas dan

unos gritos desprolijos;

cursos erráticos al volar.

Y la Punta a sus caderas

del Cable y la Mansa, moverá,

desgarbadas, con fatiga,

a través del mormazo estival.

Estamos entre dos luces;

como siempre el sol zambullirá;

(volver a oriente le toma

toda la noche sin respirar).

Ya sabemos lo que viene:

Punta del Este empieza a temblar

a las dos de la mañana

y el sol tan solo la sedará.

Miles de luces estáticas;

luces a toda velocidad,

más un diluvio de estrellas,

se olvidan de entrar a bailar.

Música y baile estruendosos;

tragos y luces y oscuridad;

la movida del boliche

amenazando nunca parar.

y otra danza es la ruleta

con la agonía del: "no va más";

con la carta decisiva,

con todos los rostros del azar.










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