Diferencia entre revisiones de «Poemas de Punta del Este III»
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de un barco que es la felicidad. | de un barco que es la felicidad. | ||
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| + | ===Ferrocarril y coches de alquiler=== | ||
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| + | Una pieza teatral viene, | ||
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| + | sabrosa, breve, sin par: | ||
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| + | el Ferrocarril del Este, | ||
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| + | si está en hora, llegará. | ||
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| + | Y mientras el tren no llega, | ||
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| + | cuentos, risas y amistad; | ||
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| + | hasta que aparece el humo | ||
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| + | que es lo que cambia el cantar. | ||
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| + | Hubo antes una estrategia: | ||
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| + | los primeros en llegar, | ||
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| + | del andén, frente por frente, | ||
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| + | los autos colocarán. | ||
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| + | Hay coches con "trasportines", | ||
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| + | con mayor capacidad; | ||
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| + | los hay de modelo neuvo, | ||
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| + | que el ojo van a llenar. | ||
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| + | Sobre el parabrisas luce, | ||
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| + | con distinta habilidad: | ||
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| + | "Coche del alquiler" que llama | ||
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| + | y al pasajero guiará. | ||
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| + | De frente, como a diez pasos, | ||
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| + | voceará el alquilador | ||
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| + | su propio nombre al viajero, | ||
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| + | como identificación. | ||
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| + | Las ventajas de sus coches, | ||
| + | |||
| + | todos se han puesto a gritar; | ||
| + | |||
| + | y el que no consiga viaje, | ||
| + | |||
| + | con bronca, regresará. | ||
| + | |||
| + | La Estación, "en las afueras"; | ||
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| + | más tarde, nadie creerá | ||
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| + | que ahí, donde empieza "la brava", | ||
| + | |||
| + | estaba la terminal. | ||
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| + | ===La noche=== | ||
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| + | Un papel de mar ajado | ||
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| + | por brisa, apenas de virazón: | ||
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| + | apatía de banderolas | ||
| + | |||
| + | y espuma con afonía en la voz. | ||
| + | |||
| + | Un horizonte sin habla; | ||
| + | |||
| + | desmemoriadas gaviotas dan | ||
| + | |||
| + | unos gritos desprolijos; | ||
| + | |||
| + | cursos erráticos al volar. | ||
| + | |||
| + | Y la Punta a sus caderas | ||
| + | |||
| + | del Cable y la Mansa, moverá, | ||
| + | |||
| + | desgarbadas, con fatiga, | ||
| + | |||
| + | a través del mormazo estival. | ||
| + | |||
| + | Estamos entre dos luces; | ||
| + | |||
| + | como siempre el sol zambullirá; | ||
| + | |||
| + | (volver a oriente le toma | ||
| + | |||
| + | toda la noche sin respirar). | ||
| + | |||
| + | Ya sabemos lo que viene: | ||
| + | |||
| + | Punta del Este empieza a temblar | ||
| + | |||
| + | a las dos de la mañana | ||
| + | |||
| + | y el sol tan solo la sedará. | ||
| + | |||
| + | Miles de luces estáticas; | ||
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| + | luces a toda velocidad, | ||
| + | |||
| + | más un diluvio de estrellas, | ||
| + | |||
| + | se olvidan de entrar a bailar. | ||
| + | |||
| + | Música y baile estruendosos; | ||
| + | |||
| + | tragos y luces y oscuridad; | ||
| + | |||
| + | la movida del boliche | ||
| + | |||
| + | amenazando nunca parar. | ||
| + | |||
| + | y otra danza es la ruleta | ||
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| + | con la agonía del: "no va más"; | ||
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| + | con la carta decisiva, | ||
| + | |||
| + | con todos los rostros del azar. | ||
Revisión actual del 11:53 23 oct 2026
De Umberto Pereira, "el poeta de Punta del Este"
Primera edición: 1994
Noticia sobre el autor y su obra
Punta del Este es la patria de Umberto Pereira.
Nació el 4 de enero de 1923. Esa naturaleza y su gente, han conformado su inspiración. Navegar la comarca tierramar y el alma de sus vecinos, dejaron la estela de estos poemas. La estela puede ser tan breve como hermosa. Pero, si los signos poéticos entran en el corazón del prójimo, dan un retorno sin tiempo.
En libros anteriores referimos a las opiniones de Juana de Ibarbourou, Sarah Bollo, Tomás Brena, José Mora guarnido, Heraclio Pérez ubici, Agustín de Saz y Domingo Luis Bordoli, así como a la inclusión en antologías uruguayas, de la obra de Pereira.
Siguen aquí, opiniones sobre los últimos libros publicados:
- Poeta y profesora Elodia Montañés Honoré: "Qué labor la tuya para recoger los datos y revestirlos luego con tu vuelo poético, para deleite de los que te leen. El inagotable venero de la fantasía. Páginas impregnadas de ternura, calidez y sabias reflexiones."
- Dr. Federico García Capurro: "Poemas que por su contenido y lirismo, van a interesar a todos los que como nosotros, hemos vivido intensamente la historia de Maldonado, Punta del Este y su gente."
- Escritor Antonio Deane: " Es un trabajo estupendo de investigación histórica, el que usted ha logrado hacer. Nada fácil por cierto."
- Poeta y escritora Sylvia Puentes de Oyenard: Aunque sin rutas parece, mil caminos tiene el mar; y uno de todos, el óptimo, al que es preciso encontrar. "El que convocó a un poeta de ley, que supo descubrir el camino y llegar a la palabra para alzar su canto y elevarse en vuelo. Gracias por permitirme compartir tu poesía."
- Profesor José Enrique Bengochea Elizalde: "Tiras la red y recoges transformados en poemas, nombres, sucesos, de este privilegiado lugar. Romances, biografías, nueva y más cercana visión de los naufragios y el deleite de la recreación pormenorizada de los detalles."
- Vice cónsul de Italia en Maldonado Giulio Ítalo Tortorella: "Hermosos relatos todos los de este aporte a la historia de Maldonado".
- Poeta y profesor Ricardo Leonel Figueredo: "Enfocada dentro del romance, mantiene la temática tuya, una vigencia épica, que nos retrotrae al romancero clásico, de lectura fluida, lleno de esas imágenes que se suceden en cadena. El rescate que realizas de esos temas semi-olvidados, tiene un aporte fundamental, para los estudiosos que aparecerán algún día."
- Director General de Turismo de Maldonado Oscar Olmos: "Conmovedor testimonio de nuestras más profundas raíces. Un viaje al pasado entretejido con nuestra actualidad. El tiempo no pasa; sólo da vueltas."
- Poeta y periodista cultural Yolanda Clavijo de Silvera: "Volví a vivir mi infancia, con personajes conocidos, con momentos pasados que aun siguen persistiendo. Gracias, Umberto, por el Punta del Este que no dejas que cambie y que dentro de cada nativo, sigue igual a como ayer."
- Periodista cultural José Palacio: "Cantos dedicados a los amigos, a la familia, al paisaje, al mar, bosques y cielo límpido; a las olas y al viento del sur, cuyas nostalgias llevan a la felicidad de los recuerdos."
- Maestra Nancy Sola de Cairo: "He disfrutado tu libro; me ha gustado mucho, como todas tus obras. has sabido rodear la historia con la particularidad del que quiere realmente lo suyo. Con el sabor de la "familia grande" de nuestra zona."
- Maestra Silas Zeballos de Tobías: "Te felicito por esa alma plena de poemas que fluyen a cada instante; por tu mente ágil, tu mano diestra y la voluntad férrea que te hace feliz, entregando riqueza espiritual. Un regalo para el espíritu. Cada nombre, cada anécdota, cada hecho narrado, es como sentir de nuevo ese palpitar del ayer, que iluminó de felicidad nuestros corazones."
- Sr. Roger Díaz González: "Me impresionó la calidad de la expresión y la claridad con que se detalla. no te imaginas cuánta alegría le causó a mi madre y a todos nosotros. Acá cerca, tengo a Luis Tassano, sobrino de don Estanislao, que aunque un poco viejo, se emocionó cuando le leí lo de su tío."
- Escritora y escribana Mabel Plada: "Gracias por rescatar del olvido, los hechos que hacen a los más íntimo de nuestra identidad."
- Maestra Estela Olsina: "Adivino la búsqueda minuciosa de los detalles, que se pierden a veces en el tiempo y en la distancia, en tu tan enriquecida tarea de escribir."
- Dr. y periodista cultural Alfredo Nocetti Fasolino: "Nadie ha interpretado -poesía mediante- a Punta del Este y a nuestra zona, como lo haces tu."
Obras publicadas:
- 1957: "Poemas de Punta del Este"
- 1993: "Poemas de aventuras, regatas y naufragios en el Este"
- 1994 - "Poemas de infancia puntaesteña I"; "Poemas de infancia puntaesteña II"; "Poemas de Punta del Este II"; "Poemas de Punta del Este III".
Obras a publicar:
- "Poemas de Punta del Este" (tomo IV)
- "Poemas de Maldonado" (tomos I y II)
- "Rafael Pérez del Puerto" (tomos I y II)
- "Poemas de los relieves"
- "Poemas de circunnavegación" (tomos I y II)
- "La patria de Artigas".
Contenido
- 1 Punta del Este, una música
- 2 Cayetano Costoya
- 3 Hipólito "Aramís" Ramos
- 4 Basilia y Luisa Iturria; César y Emilio Sáder
- 5 Alquiladores de caballos
- 6 El "Negro" García
- 7 Cuadrilla de limpieza
- 8 Plinio Rinaldi
- 9 Playa Mansa
- 10 Elías Ruiz y Juan Díaz
- 11 Mero IIIº
- 12 Asado en Gorriti
- 13 Juan M. Gorlero
- 14 Raúl Sienra
- 15 Singladura
- 16 Simón y Benito Stern
- 17 Cine-bar del Hotel España
- 18 Hotel Casino Nogaró
- 19 Míguez Hotel
- 20 Historia de la construcción
- 21 Construcción variada
- 22 Construcción anfibia
- 23 Construcción de una torre
- 24 Construcción de belleza
- 25 Casapueblo
- 26 Canción del marino
- 27 Arribo por mar
- 28 Borda de babor
- 29 Borda de estribor
- 30 La felicidad
- 31 Ferrocarril y coches de alquiler
- 32 La noche
Punta del Este, una música
Punta del Este, una música,
lúcida y analfabeta;
sin pentagrama, sin clave,
con un diapasón de piedra.
Fluir seductor que improvisa
cielos, mar, bosques y arenas;
con viento errante anarquista,
con swing de eterna marea.
Caja sonora, la noche,
suena en su boca de luna
cuando la tañe la espuma.
El sol, crucero del cielo,
sube del mar y al mar baja,
mientras el monte le canta.
Cayetano Costoya
Una obsesión de trabajo
y extrema responsabilidad;
ensimismado manejo
de su Ford "T" tan particular.
Un toscano "Regia Italia"
siempre encendido; lo llevará
como elemento incluido
en permanencia sobre su faz.
Es Cayetano Costoya;
familia numerosa criará;
albañil muy distinguido
que Julio Rico hizo capataz.
Parco y un lujo de amigo;
inteligente como el que más;
y se ha tallado a si mismo
empecinado en adelantar.
Cayetano, Cayetano;
arisco chubasco de bondad;
viento gallego, morriña
de una cantiga de aquella mar.
La mofa que a los gallegos
por crueldad anatematizó,
con la inocencia celtíbera
tiene una deuda de incomprensión.
Cuando en la tierra adoptada
se les abriera la ilustración,
el brillo de sus talentos
los hizo orgullo de esta Nación.
Cayetano: en esta Punta
del Este, lució su voluntad;
que honró a la estirpe gallega
y a la ilusión que lo hizo inmigrar.
Hipólito "Aramís" Ramos
Cuando digo Aramís Ramos
quiero decir enfermero;
no un enfermero cualquiera:
el único de mi pueblo.
Y la única autoridad
de diagnóstico certero
que había en Punta del Este,
cuando no teníamos médicos.
Quiero decir aquel negro
que mereció un gran respeto
por su prudencia ejemplar;
por su auxilio y consejo.
Aquel hombre tan jovial,
pacífico y bondadoso;
y tan amante del teatro;
tan amigo generoso.
El que atacaba la música
con un entusiasmo intenso,
con aquel torpe violín,
lleno de muecas y gestos.
El del "Gran Conjunto Ariel",
con su vocación de actor;
la única modesta llama
cultural en la región.
De ladeado sombrero hongo
y andar con gran distinción
y un sonreír por encima
de toda preocupación.
Al afligido paciente
llevaba calma y sosiego;
tenía lucidez del límite
de su buen conocimiento.
Y graduaba con maestría
la urgencia de ver a un médico
de Maldonado o San Carlos,
cuando el mal era muy serio.
Curaba nuestra inquietud
antes que sanar al cuerpo
y daba sus prevenciones
con otros tantos aciertos.
los médicos lo estimaban
por su proceder correcto,
incapaz de una imprudencia
por su respeto al enfermo.
Aquellos ojos saltones;
aquel decir jaranero;
aquel alivio y confianza
que ganó la fe de un pueblo.
Violín, teatro y amistad;
apostolado enfermero;
una presencia ejemplar
que alegraba a nuestro pueblo.
La pequeñez es grandeza
según el lugar y el tiempo;
era poco y era todo
Aramís: ¡qué flor de negro!
Basilia y Luisa Iturria; César y Emilio Sáder
Los hermanos Sáder eran
una brillante combinación;
Emilio, la simpatía;
César, sesuda elucubración.
César el arte, la historia,
los incunables, la distinción;
piezas únicas que causan
a los turistas admiración.
Emilio era la sonrisa,
el parloteo de la amistad;
el almacén y la tienda,
los finos tragos que ofrece el bar.
César, dueño de "La Cueva":
perfume, porcelana, cristal;
cigarros, relojes, libros,
bisutería de calidad.
Emilio volvía dinero
el almacén, la tienda y el bar;
abarrotados depósitos,
autos y nafta de la "Pan-Am".
César concurría al Liceo
donde enseñaba un raro francés,
convencional y mezclado
con inflexiones del libanés.
Emilio nos cautivaba
con sus chispazos de buen homor;
César con su pensamiento,
su seriedad y su introversión.
Con las hermanas Iturria
Basilia y Luisa se casarán;
y en los hijos que engendraron
la dura forja continuará.
ambas hechas de medida
para el carácter de cada cual:
Luisa, cascabel abierto;
Basilia, alegre pero formal.
"Hotel de L´Elite" se agrega
a sus negocios y hace furor;
la casona de Gutiérrez,
asiento al nuevo rubro le dio.
Por fin en el hotel "Playa",
todo el negocio se concretó;
allí les vino la muerte
pero están vivos por su labor.
Con estos dos libaneses
de claro ejemplo y múltiple don,
larga historia puntaesteña
cuando era aldea, se confundió.
Basilia y Luisa, cincuenta
años del "Playa" pueden contar;
y el gran sueño de los cuatro;
vuelto hermosísima realidad.
Alquiladores de caballos
Cabrera, Cairo, Pereira,
Báez, Miguélez, Carteruccio,
Sánchez, Medina, Rodríguez,
alquilaban sus matungos.
Saquito blanco o rebenque
que los identificaban;
oferta de los caballos
de mañana en Playa Mansa.
No había puja; cada cual,
contaba con su clientela;
esperando los pedidos
se armaba una alegre rueda.
Tiempo de cambiar de ropa
en la playa; y hoteleros,
que ofrecían sus "casillas"
para uso de pasajeros.
Abajo de las del "British"
era el lugar preferido,
para esperar la demanda
por su sombra protegidos.
Desde el fondo de la playa
llegaba casi a la orilla,
sobre el piso horizontal,
doble hilera de casillas.
Soportadas en columnas,
las casillas de madera,
dejaban un buen lugar
para las horas de espera.
Corredores con baranda;
cada vez más alejados
de la arena, hasta llegar,
como a tres metros de alto.
De un lado puertas al norte,
del otro puertas al sur;
al frente, en un semicírculo,
el bar, de gran amplitud.
Sobre las casillas techo;
zinc a dos aguas y alero;
y dos grandes escaleras
que por el bar, dan acceso.
Cuando se hizo "La Fourmi"
que era de cemento armado,
también, bajo sus columnas,
esas ruedas se formaron.
Éste, era el bar del "España";
planta semicircular;
la mitad sobre la arena,
la mitad sobre la mar.
Ruedas de cuentos con fondo
intermitente de olas;
de aperos y de caballos;
de críos y de "patronas".
De amores de juventud,
de trabajos y de penas;
de los fatales destinos,
de felices ocurrencias.
Si la temporada es buena,
si me quejo o no me quejo;
si alcanzará la ganancia
para pasar el invierno.
Despedirse y almorzar;
preparar a los caballos;
llevarlos al domicilio
de quien los haya alquilado.
Algunos irán al "Bosque";
otros irán a "La Draga",
otros al "Parque Lussich",
otros irán a "La Barra".
Unos irán por la costa,
otros por la carretera;
unos forman grandes grupos,
otros salen en parejas.
Sobre el lomo del caballo
se aprecia más la belleza;
y ven más lejos y piensan,
en lo que espera respuesta.
Ruta vieja, ruta nueva,
ruido de mar o silencio,
que por el bosque del alma
anda buscando un sendero.
De vuelta, el alquilador
junta sus bestias sudadas;
hace "un tiro" con las riendas
y los lleva hasta "las casas".
Secar a los animales,
darles agua, racionarlos
y llevarlos hasta "el sitio",
donde tendrán su descanso.
Termina la temporada:
los caballos van al campo;
gastaremos el invierno
en recordar al verano.
El "Negro" García
Hablo del "Negro" García
que era uno de los fareros;
un constante buen humor
derrochado en los encuentros.
Fundó el "Peñarol del Este"
y entre la arena y los juncos
paseó la amarilla y negra,
para un puntaesteño orgullo.
Que quién era el titular;
que por qué "el Negro" me saca;
maldición de los suplentes
y gozo de los que entraban.
Con las mejores maneras
trataba de explicar los cambios
que a muchos convencerán
y a otros suena arbitrarios.
En el Faro hay una cancha
de bochas; por compañero
buscan al "Negro" García,
por ser jugador completo.
Y en el "Gran Conjunto Ariel",
será pistón infaltable,
de la orquesta de Aramís
y en serenatas y bailes.
Así la seguridad
del mar y el fútbol lo atrapan;
y las bochas y la música,
en aquella aldea lejana.
Pulcro, siempre perfumado,
de buena estampa y sonrisa;
en nuestro elenco de negros,
un buen lugar ganaría.
Cuadrilla de limpieza
Casado, Rogelio Acosta,
con "la Sella" de Batista,
tiene por ocupación,
ser capataz de cuadrilla.
Ellos, invierno y verano
limpian la Punta del Este;
carros, mulas, carretillas,
barrer calles, cortar césped.
La cuadrilla de limpieza
es el mundillo ambulante,
de don Isaías Muniz,
los López y los González.
Podar pencas de palmeras,
cuidar canteros centrales,
que en dos sendas algo estrechas,
dividen algunas calles.
Está Benigno Gutiérrez
el de las "Casas Obreras";
está don Sandalio Alonso,
de silenciosa presencia.
Entre cordón y cordón
y entre adoquín y adoquín,
de los pastos y los yuyos
se ve asomar el verdín.
Mundo de Pascual Bautista
afincado en "La Pastora";
hombre muy cavilador
y de frases sentenciosas.
Azadas, "cortes", rastrillos,
mellados por el granito;
limpieza superficial
semi arrancando el pastito.
Ambiente de Alberto Hernández,
mirar claro, inteligente;
más rápido que las manos,
le trabajaba la mente.
Azadones y azadillas
por el uso carcomidos;
la chispa en los adoquines;
el barrer de los cepillos.
Los trabajos y las treguas
para secarse el sudor,
buscar la sombra o pitar,
para rastrear un rumor.
Orquesta de los cepillos,
tierrita que corre o vuela;
hojarascas y bosteos
que elimina la limpieza.
De lejos, por la silueta;
por el sombrero o la voz,
todos tenemos las claves
para saber quienes son.
Uno presenta la pala
que el otro llena a cepillo;
seca palada final
levantando los restitos.
El repaso de los años,
la confesión de las cuitas;
el viento, el calor, el frío;
¡vaya vida aporriadita!
Las carretillas cargadas
el tableteo de las ruedas;
cruce de los adoquines,
ruido que tartamudea.
Los que pasan y saludan
o paran a conversar;
la garganta de Rogelio
que se pone a carraspear.
Barrer contra los cordones
la basura que se encuentra;
luego: pala, carretilla,
montón, carro y a la quema.
El que no para de hablar
y el que siempre está callado;
el alegre y optimista
y el de sentimiento trágico.
Reúnen los elementos
un concierto de sonidos:
cascos, carretillas, carros,
azadas, palas, rastrillos.
Rogelio que es en el trato
con el vecino, una seda,
alegre, sentimental,
pone cara de dureza.
Con máscara de severo
de seriedad, de inspección,
el capataz resonsable
fiscaliza la labor.
pero toda la cuadrilla
lo tiene muy bien calado:
un pan de bueno y disfraz
de adustez; para el trabajo.
Plinio Rinaldi
Es nuestro Teniente Alcalde
y es carpintero "del Este";
cinco hijos tiene y bondad,
para ayudar al que fuere.
Trabajador incansable,
con "la Tita" de Olivera,
se amaron toda la vida
con desvelo y consecuencia.
Hizo en el "Conjunto Ariel"
pocas representaciones,
donde exhibiera su gracia
natural de gentilhombre.
Alto, de pelo sedoso,
de atlética fortaleza,
tras de sereno y prundente
comedido en sus maneras.
Pasa por sus ojos claros
la transparencia de amigo;
y las cosas más pequeñas
y los sueños infinitos.
Ha hecho Plinio largo idilio
de su trato a la madera:
del desbroce hasta el encastre,
sus manos buscan belleza.
Es justo con alegría;
vocación de paz lo anima;
y los pleitos se evaporan
si los convoca a la armonía.
Ejemplo de buen vecino;
actitud confiable deja
cuando se marcha; su vida,
es para todos, herencia.
Playa Mansa
Mediodía en Playa Mansa;
helados "a molinillo",
que de Pancho Salazar
mostrarían los inicios.
Pancho era entonces aquí,
el dueño del Bar "Colón"
y hacía vender sus helados
de tosca fabricación.
Casillas, carpas, al fondo,
adelante las sombrillas;
vendedores ambulantes
que la arena recorrían.
En rectangular canasta
con tapa, las empanadas
hechas por "madame Pitot",
todo el mundo codiciaba.
Y aquel: "¡a vintén los churros!"
que todavía nos resuena;
¡qué ricos aquellos churros!;
toda la infancia renuevan.
Con las colgantes canastas,
va un permanente voceo:
"¡Chicles, pastillas, bombones;
chocolates, caramelos!"
Va vendiendo sus postales,
don Alfredo Salazar;
e impresionando las placas,
que llevará al Cine-bar.
El Cine-bar de la tarde,
ya nos "engancha" en la playa:
orquesta, tragos y "cómicas"
y hasta verse en la pantalla.
Cuando don Alfredo obtura,
chiquilines del lugar,
como por arte de magia,
ya están figurando atrás.
Don Alfredo los espanta;
resopla; mas no podrá,
con la ilusión de mirarse
de tarde en el Cine-bar.
La marea de las voces
y los botes que se alquilan;
el sol radiante en las olas;
el muelle, un vapor, la Isla.
Apiñado movimiento
alrededor de sombrillas,
de las carpas, de los bares,
en el agua y en la orilla.
La transparencia del agua,
la diafanidad del día,
el celeste de los cielos,
el azul de la bahía.
Que si el aire, que si el viento
o que si el agua está fría;
que si se siente agradable
o lo bravo es la salida.
Si es mejor entrar despacio
o prefiero zambullir;
competencias bajo el agua
y saltos del trampolín.
Los alardes de destreza,
carreras de natación;
horas jugando en el agua
y a tostarse a pleno sol.
Se prohibía el torso desnudo
a los hombres y los niños;
gozaban de un tobogán
para deslizarse al río.
Roberto Chao enseñaba
a nadar a los pequeños;
hacía gustar la gimnasia
con un método risueño.
"La Fourmi" y el bar "del British":
aceitunas y empanadas,
papas fritas y licores
y bebidas "refrescadas".
Los muchachos alocados,
del techo de "La Fourmi",
desde una altura increíble,
se atreven a zambullir.
Las ruedas de alquiladores
donde se ofrecen caballos,
que en jornada vespertina
recorrerán aledaños.
Los veleros y los yates:
los conocidos, los nuevos;
navegando o en amarras
contra el muelle o a borneo.
El "Pingo", el "Coco"" y el "Jane",
"la Paloma", el "Sparviero";
el "Helo" y el "Piraí";
"Ytoiba", "Alejandro" y "mero".
"Huinca", "Saint Jean de la Cruz"
y el "Muriel", barco de mundo;
"Alguacil" y "Metejón",
la "Guará" y el "Vagabundo".
El "Huaglen", el "Cachetazo",
"Caimán", "Mbiyacoé" y el "Yenny";
el "Nancay" y el "Barataria"
y el "Arazá" y el "Mon Reve".
El "Flamenco", dos "Sloops",
del "Yacht Club Punta del Este";
pesca a fondo mar adentro
o sentados en el muelle.
Muellecito y trampolín;
el baño en aguas tranquilas;
tiempo en que la playa "Brava",
era para los suicidas.
Elías Ruiz y Juan Díaz
Eran dos electricistas
funcionarios de la Usina
que andaban en bicicleta:
don Elías Ruiz; don Juan Díaz.
Robusto hombrote paisano,
joven y fuerte, Juan Díaz;
Elías Ruiz, vasco flaquito
de una inmanente alegría.
- "¿No me has visto al "Vasco Ruiz"?",
al toparnos nos decía,
y una franca risotada
calzaba su picardía.
- "¿Adónde se habrá metido
ese "Vasco" de la Usina?";
continuaba, simulando,
que el no hallarlo, lo afligía.
Juan era en cambio, directo;
celoso de su energía;
a razón me ganarás;
pero a fuerza, ¡cualquier día!
Levantisco, pocas pulgas,
a la verdad la creía
su aliada incondicional,
el genio pronto de Díaz.
Con sus huecas cañahejas,
al atardecer salían
para hacer girar los bornes,
que al circuito cerrarían.
Las ocho post meridiano
señalaba "la guiñada";
poco más tarde y todo el mundo
en "el Este" descansaba.
Un alumbrado "a pedal"
puede decirse que hacían;
y a la mañana siguiente
el contacto interrumpían.
Conectar los contadores,
reparar las averías
y registrar los consumos,
el tiempo les absorbía.
Cara rasurada Juan;
grandes mostachos Elías;
la tragedia y la comedia,
al servicio de la Usina.
Con pasta de buena gente
cualquier reclamo atendían;
el aprecio general
de todo el pueblo tenían.
Contra el viento puntaesteño
dos bicicletas me arriman,
la memoria de la luz
con Elías Ruiz y Juan Díaz.
Mero IIIº
De Montevideo, cada año,
llegaba el "Mero tercero";
con Enrique y con Lorenzo:
maquinista y marinero.
Era Agustín Argimón
patrón de la travesía;
y era nerviosa la espera
hasta verlo en la bahía.
Al arribar, desde a bordo,
nos abría la sirena;
y nos hacía suspirar
poniendo fin a la espera.
Los demás barcos anclados
saludaban su llegada;
es la hermandad de la mar;
una ley inmaculada.
Mucho confiaba don Juan
en Agustín como práctico;
le profesaba un cariño
muy bien ganado en el trato.
Hombre sereno y experto;
un cumplido caballero;
daba placer escucharle
los detalles del crucero.
Con el vívido relato
que el práctico transmitía,
nos veíamos en el barco
haciendo la travesía.
Medidas: tres por dieciocho;
y con ocho "ojos de buey";
proa apuntada, cabina,
"mandos" para el timonel.
La timonera, bitácora,
"cartas" y buena visión;
y un ordenador de fuerzas
destinado a Enrique Urroz.
Atrás de la timonera,
renovadores del aire
y en medio, la chimenea
del corazón de la nave.
En la proa se ve un tambucho,
un palo, un ancla y cadena;
molinete, un cañoncito
de bronce sobre cubierta.
Los pasillos laterales
entre borda y obra muerta;
bancada y toldilla a popa
con una visión perfecta.
Y los cuatro salvavidas:
dos a proa, dos a popa;
los pasillos protegidos
por la baranda en la borda.
A veces en los soportes
de babor se izaba un bote;
o se remolcaba a popa
colmando las precauciones.
En el mayor la cruceta
y en la cruceta, a estribor,
la insignia de don Juan dice
que a bordo viaja el patrón.
La insignia: al centro cruz blanca;
cuatro campos, los extremos:
tres azules y uno, rojo,
con la G azul de: Gorlero.
El extremo alto del asta
rojo, linda en la cruz blanca;
extremos libres, azules
como el inferior del asta.
Gallardete del Yacht Club
triangular; es la bandera
de Artigas, la diagonal,
luce un ancla superpuesta.
Esa insignia del Yacht Club
va a babor en la cruceta,
y detrás de la toldilla,
a popa, nuestra bandera.
Debajo de la cubierta:
cuchetas, baño, cocina;
una gran sala de máquinas,
la espléndida camarita.
En cada excursión de pesca
se repetirá el ritual:
falúa repleta de amigos,
Lorenzo Amerio, guiará.
Par recibir la gente,
escalerilla adosada;
con total seguridad
el trasbordo se operaba.
Las nueve de la mañana;
los invitados a bordo;
los motores calentando
y al ancla, falúa y chinchorro.
Lorenzo grita: "¡Está libre!",
con el bichero empujando,
flaco, confiable, elegante,
con la sonrisa en los labios.
Don Juan Gorlero al timón;
la pesca está en nuestro anhelo;
con la lancha "del Arroyo",
ensartada en los anzuelos.
El pabellón nacional
pasa de popa al mesana;
así todo el mundo sabe,
que el barco se encuentra en marcha.
Buen barco; linda figura;
marino, seguro, guapo;
se sobraba para el río;
daba gusto navegando.
Era muy impresionante
ese mando: "Viva Fuerza";
crujiría el "Mero tercero";
se volvería una saeta.
Temperatura y mareas;
tiempo, viento y cabildeos,
para una buena jornada,
para acertar el pesquero.
Regresos al mediodía;
suerte varia y vanagloria;
pesca de la inmesidad
en el vaivén de las olas.
Por la escalera de popa
se baja al camarote:
luz por ventanas, la mesa,
dos cuchetas y almohadones.
Alfombra roja, trofeos,
baño privado y un bar
y panoplias y obras de arte,
con buen gusto a todo dar.
Cristal de Murano es copas
con la insignia de don Juan;
igual que en la loza inglesa,
que completaba el ajuar.
La banderita estampada
ondeando aquellos colores:
el rojo, el azul, el blanco;
una belleza sin nombre.
De vuelta, en la amarrazón,
copetines y "volados",
con su fórmula secreta,
comprados en Maldonado.
Masitas y bocadillos
importados son brindados,
en un clima de alegría
y entusiastas comentarios.
En la cubierta de proa,
se armará una pesquería:
unos escaman pescado,
otros enrollan las líneas.
Las sartas irán al bote
y la proa será "baldeada";
dejará el lampazo al "Mero",
pronto para otra jornada.
Puntualmente en su chalé,
a cada cual le llegaba
una sarta de pescado
que don Juan les enviaba.
la pesca era el gran pretexto;
sabían al volver a tierra,
que en el "Mero" habían pescado,
a la sal de la existencia.
Y es que don Juan era un barco
y su vida era la mar;
él enseñó a mucha gente
el arte de navegar.
Asado en Gorriti
Con un asado en Gorriti,
todos los años, don Juan,
reunirá a un mundo de amigos
en un festejo cordial.
Se bajaban asadore,
los corderos, la vajilla;
agua "Salus", "Citral", vino,
caña, leña y las parrillas.
Unos gozan de la sombra
en diálogos animado;
otros juegan a los naipes;
otros disfrutan del baño.
A unos les atrae la pesca,
almejas y mejillones,
otros se tuestan al sol
improvisando excursiones.
El gran fuego toma cuerpo
y con abundante brasa,
nos demuestran los baqueanos
un saber de carne asada.
Adobo y brasas; maestría
con un trago entreverada;
el que hace asado precisa
quemarse con buena caña.
Llamado del apetito
que al asado nos arrima;
sol que convoca la sed:
deliciosa perspectiva.
Sombra; perfume de pinos
y el silencio de la Isla;
mirar a Punta del Este
los barcos y la bahía.
Sensación de navegar,
de cosechar alegría;
magia de estar a la vez
en tierra y en travesía.
Recién a la media tarde
se organizaba el regreso;
se alargaba en comentarios
por muchos días el encuentro.
Juan M. Gorlero
Viaje por la antigua ruta
que desde Montevideo,
conduce a Punta del Este,
en verano, a Juan Gorlero.
Un hito de la península
era el chalé veraniego;
al lado, la plazoleta
que a la playa daba acceso.
Chalé partido en tres plantas
que veinte ambientes tenía;
ventanas hacia la calle,
ventanas a la bahía.
Cuarenta metros de fondo;
árboles, flores, portón;
de las lajas a la arena,
del bote a la embarcación.
Don Juan: gorra de almirante,
bastón flexible de hueso,
con un diáfano mirar,
capitán por propio mérito.
Delgado, lentes al aire,
nariz perfecta, bigote;
"amenazante" bastón,
don señorial en el porte.
la firmeza del discurso,
un culto además subraya;
no sólo el gesto y los ojos;
también con las manos habla.
Chaqueta azul impecable,
pantalón de hilo, zapatos:
distinguida pulcritud
en el vestir y en el trato.
Cuando hablaba con mi madre,
lucía el respeto en su voz;
fue un gran maestro de mi vida;
de regalos me colmó.
Comedor - sala - escritorio;
correspondencia del "Banco";
papel membretado, cartas
con voluntarioso trazo.
Las obras para el balneario
el Yacht Club, la pesquería;
los negocios del gran mundo:
profunda sabiduría.
Gran amigo del amigo,
gran amor por la familia;
un culto a la obligación;
una vida cristalina.
En penas de gente humilde,
especie de confesor;
en cualquier parte es un hombre;
en todo ambiente un señor.
Los veraneantes lo admiran;
los vecinos lo respetan;
hizo intachable crucero
que dejó una blanca estela.
Reuniones de alto nivel;
invitaciones de pesca;
descanso - navegación;
encuentros sobre la arena.
Resguardo de una sombrilla;
mil temas; nada es olvido;
y aquel aire está en el alma
para siempre suspendido.
Raúl Sienra
Profesor de francés era:
la lengua de dibujar
el sueño y las realidades
con economía ejemplar.
Casi calvo, nariz recta,
boca fina de expresar
en un muy suave despliegue,
su aptitud para observar.
Tras los lentes se movía
su visión horizontal
rapidísima, acopiando
la información sin parar.
En análisis prolijo
podía desmonetizar
la carencia de valores
y la hueca vanidad.
Y su acierto era increíble
desmenuzando el pensar;
sintetizando a su tiempo
las causas del accionar.
Y al fin, convincente juicio
ubicaba a cada cual
en escala de importancia
con precisión singular.
Raúl Sienra con Juan Gorlero
se embarcaban a pescar
solos y sobrevolaban
el mundo en profundidad.
Fue una humana simpatía
que ya no se suele usar;
esa que entra en nuestra alma
con dos palabras nomás.
Singladura
En aguas duras avanza
el barco escorado y son
los cuencos que hacen las velas
frío viento bramador.
Y ni una mano de rizo
cobré a la lona; tambor
de barlovento salpica
y embarca agua con borbor.
Cordillera de ls ondas;
sube y baja aterrador,
donde canta la ola espuma
con un dejo socarrón.
Me incrusta la singladura
esta caña de timón
que no da tregua a la espalda
para escapar del ciclón.
Se ahoga la mar; resolpla
y jadea y lija a estribor
la borda, mientras se raja
de la proa hasta el timón.
Repara su propia tela
la mar; lo que se averió,
con el zurcido invisible,
al tajo disimuló.
La vela es una gaviota
y el aparejo un temblor
tenso; diciendo; quién sabe
donde el puerto se metió.
Vida-barco; espacio-viento;
y tiempo corcoviador;
rumbo-puerto; herida-estela
y un co-piloto: el amor.
Simón y Benito Stern
Mira Simón si despiertas
y te encuentras a enito,
en un tiempo democrático,
por nuestro pueblo, elegido.
Luchador; viejo tendero
que cargabas las canastas,
cultivando la humildad,
vendiendo de casa en casa.
Y que luego te instalaste
y atrás de unos lentes gruesos,
guardaste dura visión
de tus penas y tu esfuerzo.
Era en un Punta del Este
muy hermoso, muy chiquito,
muy pueblo; donde crecieron
Golda y Benito, tus hijos.
Te recuerdo con tu fina
sonrisa, que entremezclaba
el dolor y la dulzura,
la opacidad y la calma.
Metro de madera; telas,
ropas, hilos y botones
y calzados que vendías
en regateo con los pobres.
Y ahora: ahí tienes a Benito
gobernando a Maldonado;
él ha sido muy tenaz
para hacerte este regalo.
Tú Benito, nunca olvides
la dignidad de tu padre;
gobierna bien; haz tu obra
y por favor: no nos falles.
Cine-bar del Hotel España
Se entra por dos puertas grandes
dispuestas en forma lateral
y entre las dos, la pantalla
lindando con la vereda está.
Como más de veinte metros
tiene la sala en profundidad
y capaz que los diez metros
de puerta a puerta el ancho dará.
Caños semicirculares,
sobre las dos puertas colgarán
cortinas de terciopelo
bordeaux, que hasta el piso llegarán.
Seco ruido de maracas
a las cortinas cerrará;
sus argollas de madera
dicen que la función va a empezar.
A la izquierda, a media altura,
al fondo, sala de proyección
de cine y de vistas fijas
que al copetín le darán sabor.
Y en el fondo, a la derecha,
también a media altura un balcón;
dentro de poco, la orquesta
comenzará la magia del son.
Valses, mazurcas y polcas
y pasos dobles y mucho jazz;
Ramón Palaus y sus músicos,
la nochecita amenizarán.
Ramón Palaus: un virtuoso
violín; sentimental catalán;
lo hechiza Punta del Este
y aquí, por siempre se quedará.
Ventiladores de techo
y de pared: refrigeración;
mesas repletas de gente;
mozos que atienden cada sector.
Ratos de luces y música;
ratos a oscuras, de proyección;
con vistas fijas y cómicas
que impulsan el jolgorio mayor.
Las vistas son: de la playa,
salida de misa, equitación
y del muelle y de los barcos
y de la pesca que se logró.
Son personajes, turistas,
a quienes ya se les anunció
que estarán en la pantalla,
como señuelo prometedor.
Reveladas sobre vidrio,
las vistas fijas son ilusión
de lucirse en la pantalla,
de ser por un instante, el actor.
Los hinchas del que aparece
en la pantalla, hacen explosión;
entre aplausos y silbidos,
gritos y zapateos en su honor.
Hotel Casino Nogaró
Don Luis Nogaró conoce
Punta del Este y no dudará;
su sabiduría hotelera
como homenaje le brindará.
El mejor trato al turista,
la mejor orquesta y el mejor
cheff de cocina del mundo;
eso y más es Hotel Nogaró.
La conserjería políglota,
las cajas fuertes, la información,
gran ruleta, grandes bailes,
gran conferencia o explisición.
Los mucamos son parejas,
que en cada piso se encontrarán;
multiplicando atenciones,
celando el tiempo de descansar.
Los más distinguidos metres
y un gran servicio comedor;
unos gerentes notables,
con una excelencia de excepción.
Habrá una orquesta melódica;
música culta, otra tocará
en los almuerzos y cenas;
carta de vinos, sin ejemplar.
Don Luis estaba un día en Córdoba
y se le avisa que llegará
"al Este" el Virrey de la India
y como un rayo regresará.
Puede que no haya dormido;
pero le hará atención personal
a él o a cualquier pasajero,
con una distinción especial.
Míguez Hotel
Como se sabe, la estirpe
Míguez, tiene ganado un lugar
de renombre en la Península,
por muchos años de batallar.
Alto paradero indígena
de varios metros desmontarán
para que se ubique al Míguez,
al nor-oeste de la ciudad.
Con su elegante recinto
al que un Casino se agregará,
al viejo impulso hotelero
esta experiencia renovará.
Una gerencia dinámica,
inteligente, que en todo está,
le suma Pepito Serra
a aquel prestigio tradicional.
Así, en la boca "del Este",
a un tiempo el Míguez y el Nogaró,
desde fines de los treinta
harán torneo de emulación.
Algo importante ha cambiado;
ya no será el trato familiar;
se ha entrado a una nueva etapa
de hotelería internacional.
Es tiempo de Playa Brava,
ruletas y del Bar "Mejillón",
que en los primeros cuarenta,
marcó otro estilo y transformación.
Hotel de grandes orquestas;
ora la fiesta o la exposición
o las reuniones que mueven,
a grandes pasos a la región.
Comienzan los Shows nocturnos;
y en Buenos Aires contratarán
o en otras partes del mundo,
la atracción más espectacular.
Lo dicho: que es un torneo;
y cada temporada será,
ocasión para la puja,
que los niveles elevará.
Historia de la construcción
Se han hecho en el mundo casas
con materiales diversos;
con formas muy diferentes
con muy distinto deseo.
Según la fiera atacante,
el hombre buscó su abrigo;
refugio para salvarse
y enfrentar al enemigo.
Lo asediaron animales,
lluvia, frío, sol y viento;
otros hombres y los propios
fantasmas del pensamiento.
la cueva caparazón
de roca, fue lo primero;
casa caña, casa rama
y casa ala, hecha con cuero.
La casa de paja y barro,
crudo o cocido con fuego;
la casa espina de piedra
para herir al forastero.
Con el aire frío y el agua
el tiempo fabricó nieve;
con las manos y el ingenio,
el esquimal, sus albergues.
Con el hielo un "caracol"
armó y se refugió adentro,
contra la muerte por frío
de los polares inviernos.
La casa rancho del campo,
fue surco, escondite, hueco,
donde germinó la vida
y otros labriegos nacieron.
Casas en costas de roca,
como barcos embicados
acariciadas por las olas;
a un tiempo ruta y naufragio.
Y encima de plataformas
sostenidas sobre palos,
que clavó en el blando lecho
de los ríos y los lagos.
Y cuando el hombre llegó
hasta la Punta del Este,
encontró que ya era casa
de aire, con techo celeste.
De cielo, de mar, de viento;
de espuma y tranquilidad;
de sol, yodo, sal y nubes;
de luz y de libertad.
Con un ansia de intemperie
combinó el hogar privado;
armonía en si mismo y fuera,
la música del espacio.
Hizo, es cierto, sus cobijos,
por hábito nada más;
inútiles; porque aquí,
en vez de agua, llueve paz.
Construcción variada
Había una casa de piedra
y un tahonero de misterios,
que le compraba a la mar
lo que vendería en secreto.
En una Punta del Este,
al principio solitaria,
primitivos pescadores
hicieron sus toscas casas.
Unos ranchos de leyenda;
sólo para enamorados
capaces de soledad,
que en silencio se graduaron.
Después... música de lluvia
trajo zinc acanalado:
heladera en el invierno;
horno cruel en el verano.
Poco a poco, todo cambia;
casas a nivel del suelo
con unos techos de teja
que daba gusto verlos.
Muchos, por baño, por aire,
por sol, por salud, quisieron,
en esta Punta del Este,
tener uno de esos techos.
Para dar explicaciones
del por qué de aquel anhelo,
sin agotar los motivos,
muchas cosas se dijeron.
Porque pescas y pescadoos;
porque bosque y navegar;
porque juegos y deportes,
frenesí, belleza y paz.
Piedra, madera y ladrillo,
reunirían los chaleses
antes que el gran estirón
pegara Punta del Este.
Parecía que, en ser bajita
habría de estar su destino;
con aquella orgía de tejas
y aquel derroche de pinos.
La vincha de las arenas
le sujetaba la espuma;
y un run run enamorado
le regalaba blancura.
Mar de pinos; su marea
de verde y sombra crecía;
mientras las nubes jugaban
"a la mancha" con las piñas.
Y la Isla Verde (Gorriti),
flotaba ahí no más, cerquita;
y Lobos salía a matar
si con niebla se bebía.
La mar, toda corazón
la llenaba de latidos
con una pasión eterna;
el horizonte, es testigo.
Los faros buscaban barcos
de noche, para avisarles
la buena ruta del mar
y desearles un buen viaje.
De día, para los pilotos,
flameando con mil colores,
el Semáforo, en las drizas,
ataba las precauciones.
Desde la casa de piedra,
el tahonero de misterios,
todavía nos ofrecía
contrabando de secretos.
Construcción anfibia
De casas de mil estilos
surgió aquí un estilo nuevo;
es el estilo flotante;
el estilo puntaesteño.
Logró hacer la casa anfibia:
casa mar-vegetación;
casa tierra, arena y ola;
casa espuma, casa flor.
Casas que compenetraron
pared, horizonte y cielo;
el agua, el verde, las flores,
los azules y el sosiego.
Casa pulso, casa piel,
casa entrega y donación;
casa muro y transparencia,
casa sombra y casa sol.
Casa fiesta: oscuridad
que se ha escamoteado al sueño
buscando felicidad;
noche que se vuelva beso.
Con empujes y momentos
locos, que vuelan al cielo
y diluyen estructuras
de un recinto sin encierro.
Pequeña, mediana o grande,
siempre torrente sanquíneo;
siempre impulsión de la vida;
siempre de la pena alivio.
Definir qué cosa es,
muchos sabios han querido;
y una pizca de razón
a todos los ha asistido.
Un partido racional
que se hace con el espacio;
la máquina de habitar
que se mueve con humanos;
un poema para vivirlo
dijeron por fin los pájaros;
sostenido por las alas
para viajar por un canto.
Construcción de una torre
A superponer niveles
comienza Punta del Este;
verticalismo de azul
que se ha de volver torrente.
Hasta el último rincón
del país ha sido alertado,
de que en la Punta del Este
se puede encontrar trabajo.
Al trabajo lo alimenta
material de construcción;
y en el servicio a las torres
prospera la producción.
Producción, que no da abasto;
y a todo el país se convoca,
en la demanda que pide,
material para las obras.
Oficinas que proyectan
y registrarán jornales;
que dibujan y hacen cálculos
y pagarán materiales.
Establecerán las playas:
la ubicación, los carteles,
la relación con los dueños
y el tiempo de los niveles.
Cavar primero; enconfrado,
fundación, hierro, cemento;
columnas, vigas y losas;
cerrado y finales lentos.
Los ronroneos de la sierra;
los pespuntes de martillos
que clavan golpe y silencio
en maderas y en oídos.
Obreros con alegría
o que guardan negras penas;
el cociente y ordenado
y el que al jornal se lo juega.
Alrededor va creciendo
la telaraña de andamios;
y nadie denuncia el miedo
y el vértigo soportados.
La distribución de gente
para una marcha pareja;
los problemas del sereno;
la vigilancia discreta.
El armar y el desarmar,
monótono y sin mudanza;
los gemidos de los clavos
cuando la uña los arranca.
Unos que son muy "ligeros"
y que no hacen el trabajo;
otros que apenas descansan
mientras arman el cigarro.
los tabiques, los balcones,
azotar "gruesas" y "finas";
marcos, ventanas y pisos,
puertas, baños y cocinas.
Hábiles, buenos, mañeros;
voluntariosos y torpes;
al que siempre se le ve
y el que nunca está y se esconde.
Los extravíos de herramienta;
el accidente, el seguro;
el espíritu de cuerpo
que transforma la obra en mundo.
Los transportistas puntuales;
las cargas que no se cumplen;
lo que ha de hacerse de nuevo;
las máquinas que se rompen.
Carne asada al mediodía;
leña de pino contento
de haber sido: verde, sombra,
encofrado y ahora, fuego.
Aquellos tragos de vino
que se cambian por refrescos;
por agua, al fin de quincena,
sin "posibles" y sin préstamos.
Muerte que acerca a los hombres
a la solidaridad;
nacimientos y bautismos
que entrelazan la amistad.
Familias, que de "las casas",
siguen la obra gigantesca;
cansancio y dolor de huesos
que duermen como una piedra.
Cosas que salieron bien;
cosas, que se disimulan;
defectos que han de quedar
porque no se solucionan.
Hombres que vienen de lejos
porque la "chicoria" es grande;
y que dos veces al mes
visitan los familiares.
Sube y baja de "la pluma";
los gritos, las carcajadas;
los cantos que hacen lugar
para una mujer amada.
Los ascensores y "eléctricas";
y la azotea, más sus tanques;
monolíticos, pintores,
vidrios, cerraduras, llaves.
Desde las crudas heladas
hasta el silbo frío del viento;
desde las tibias mañanas
a los días de ciego fuego.
Una rama en la perilla
del edificio reclama,
con su presencia, el asado
que los constructores pagan.
Ese asado en las finales
que a mucho lerdo en el trabajo,
lo muestra como una luz
en los juegos y en los tragos.
Los plazos para entregar,
la grúa que se ha estropado;
los retardos de "remesas"
para pagar lo adeudado.
Es mucho el sudor y es poco
el puñado de jornales;
es la justicia distraída
cuando reparte caudales.
Tiempo de conseguir gente
y tiempo de los despidos;
tiempo de febril acción
y de trabajo tranquilo.
Tiempo de mucha demanda
y de muy buenos salarios;
y de prudente guardar
o de loco despilfarro.
A dónde irán los obreros,
cuando esto haya terminado;
paloma: te quiero mucho,
pero se acabó el trabajo.
Estar de balde o con changa
o encontrar firme conchabo,
para terminar en nido
el vuelo de los noviazgos.
Anónimo trajinar
que deja una torre hecha;
una historia que se pierde
y otra historia que comienza.
Construcción de belleza
Dios sugirió a las gaviotas,
usar sus más altos vuelos
como torneos de acrobacia
y dijo que Él vendría a verlos.
Sería lindo, dijo el hombre,
contemplar esos torneos
desde lo alto de una torre
como el faro, que es tan bello.
Como la luz es la madre
que engendra todo lo bueno,
cuanto más luz en el alma
mejor veremos los vuelos.
Fue entonces cuando las casas
sintieron fiebre de acenso;
porque querían abarcar
más mar y también más cielo.
Y fue al fin, la casa, un árbol;
tronco y ramas para nidos;
para regalar de azul
y luz los cinco sentidos.
Un árbol de raíz de piedra;
tronco de hierro y cemento;
sabia de seres humanos
recorriéndolo por dentro.
Así nacieron las torres
en carrera tumultuosa
y por no guardar distancia,
las invadieron las sombras.
Cada torre es como un hombre;
debe ser dueña de un círculo
como un sagrado inviolable
para su libre albedrío.
Ha de darse a cada sombra
un lugar bien regulado
y libertad al que mira
para embriagarse de espacio.
Echar la sombra sobre otro
es conducta criminal;
atenta contra la vida
y es una actitud desleal.
Así que los reglamentos
disciplinando el empleo
del espacio, harán la paz
y el gozo de los torreros.
De los que desean subir
y los que están en el suelo;
que un gozo no traiga un llanto;
que al sol, todos lo queremos.
Lo cierto es que al ascender
nos sentimos más pequeños;
cada peldaño sorprende
al corazón más ligero.
Aprendemos a entender
que un hombre está lleno de hombres;
dueños de extraños destinos
y que ni él mismo conoce.
Punta del Este tenía
dentro, vocación de torres,
que ni soñaron las tejas
ni menos, los pescadores.
Hojas-ventanas; espacio;
flor, de nube y flor, de viento;
horizontes que se llevan
el aleteo de los vuelos.
Emerge del sol desde el mar
y a dormir, al mar se vuelve;
mientras no está, con candiles
navega Punta del Este.
Las albas y los ocasos
son presencias de milagro;
y los vemos más hermosos
cuando más hemos amado.
Los barcos; todas las rutas;
las Islas; todos los vientos;
la noche; todos los mundos
que asoman al firmamento.
Las costas, todas las olas;
la arena; todos los médanos;
la tierra, flores y pinos
y un tránsito de hormiguero.
Resulta que cada torre
es la iniciación del vuelo,
que con fuerza heliobalsámica
convierte la vida en sueño.
El espacio se dilata
y nos quedamos sin peso;
en un aire yodosálico
gaviotas son son nuestros cuerpos.
Las alas, cuando más vuelan,
van aumentando de largo;
de tanto y tanto subir
quedan sin sombra los pájaros.
No se que el acontecer trágico
deje de ofender al alma;
no es que no agreda el destino;
es: una poca de calma.
Mirando a mayor distancia
disminuyen los objetos;
se ve que sólo la unión
hace grande lo pequeño.
Que la vida es un misterio
de bondad y de pecado;
de caridad y egoísmo;
de victorias y fracasos.
Desde el mar, que huele a vida
aprendemos a escuchar,
universales derechos
que todos deben gozar.
La luz parece traernos
solidaria comprensión;
ánimo de perdonar
como Dios nos perdonó.
La luz se hace nuestra dueña;
nos transforma en energía;
la inteligencia del mundo
en esta Punta titila.
Es la cátedra del sol
que hace su trabajo diario
sin más premio que las olas
y los colores del campo.
El sol se ha llevado el día;
pero nos deja un ciruelo
con sus frutas amarillas,
que navegan por el cielo.
El mar será la ceniza
tapando al sol trasfoguero
que duerme, pero ha de arder
mañana, con el pampero.
Se hace conciencia al bajar
que el tiempo es un velocímetro;
que la ascensión es inútil
si en la acción no nos cumplimos.
Si al volver no procuramos
alumbrar con este acopio;
luchando por la hermandad
frente a cegueras de plomo.
Antes que la oscuridad
nos trague sin dejar señas,
subámonos a las torres
de una vida más fraterna.
Subamos, aun entre sombras
para cantar, pero en coro;
y que el mundo sea un torneo
de paz y amor para todos.
Casapueblo
Casapueblo es imposible;
perdona: Carlos Páez Vilaró;
si la hicieras, se derrumba;
eso, no tiene sustentación.
¿Cómo que en una pendiente
tan escarpada, vas a elevar
entre acantilado y gruta,
tantas terrazas hacia la mar?
¿Cómo que toldos de cañas?;
no te das cuenta: se filtrarán
por las endijas los soles
y a todo el mundo deslumbrarán.
¿Cómo que harás los tapices
de sombras verticales y sol,
colgados de las paredes,
cubriendo pisos y mesas?; no.
Carlitos, mira: arquitectos
son los que salen de Facultad;
tu eres bueno en los cacharros
y los pinceles y nada más.
Inventar ritmos de pisos,
laca de muebles, con sombra y sol,
cubriendo los antepechos,
es afiebrada imaginación.
¿Cómo que le harás banderas
de luna y soles que sonreirán?;
los astros son cosas serias
y esta chacota es muy informal.
Éso, no tiene salida;
no tiene entrada; todo está mal;
es borbotón de ilusiones
que sólo a tu sangre impulsará.
¿Qué pasó; pensaste a oscuras,
escalonado de cielo a mar
sin nivel y sin plomada;
cómo crees que se sustentará?
Si insistes y la levantas,
la gente pronto te lo dirá,
incrédula y asombrada:
"Esto, don Páez, se derrumbará".
¡Y la hizo!; se siente adentro
a un hombre que toca el tamboril
en un lenguaje cifrado:
ahora se los voy a traducir:
¡Paredes! (dice la lonja):
ordeno, queden en su lugar;
esta bueno que se doblen;
pero caerse, nunca; ¡jamás!
Que sean cóncavas, convexas,
nada por eso voy a objetar;
no me importa que en el piso,
llenen un hueco para nadar.
Consulté a los arquitectos
de todo el mundo y vine a mezclar,
ladrillos, hierros, ventanas
y puertas que enamoren al mar.
me estoy sangrando las manos
de tanto y tanto y tanto tocar;
lo que digo es una orden:
¡firmes; manténganse en su lugar!
Por picos, por depresiones,
por asperezas, nada que hablar;
pues con el sol acordamos
que él me corrija este tobogán.
Sigo esta escultura hueca,
como un cacharro sin terminar;
y con el pincel deseo
verter en él la felicidad.
La Punta de la Ballena
se merecía este fantasear;
este juego de artificio
que sube y que parece estallar.
En este bulto redondo
lleno de vericuetos, tendrá,
el hombre, las sensaciones
de nadar en el fondo del mar.
Se llamará Casapueblo;
nada más belo apra habitar;
hermandad de todo el mundo,
pueblo, es la meta de la amistad.
Carlitos: tu autorretrato,
que yo al principio quise negar,
es de barro, carne y pulso;
alma que a todo quiere albergar.
El tun tun obedecido
alcanza y sobra; llenas están
las puertas y las ventanas
de mar, de cielo, de inmensidad.
Pez, sol y luna: estandartes
que ondean al viento para ofertar
azul, amor y belleza,
en días y noches de sueño y paz.
Cerámicas y azulejos,
color y movimiento, se van
por el alma navegando
de quien contempla su inquieto andar.
Los murales, los grabados,
tapices y esculturas serán
como un collage de sorpresas
y realidad, de no terminar.
Piezas, arcos, corredores,
balcones, toldos, sirven el pan
y el vino par los sueños,
las salsas y los frutos del mar.
Eres roca, Casapueblo;
arena, baño y puesta de sol;
y desparpajo de luna
que te ama sin poner condición.
La gente entra; y ya no sabe
si ser tamborilero o tambor;
pero se vuelve candombe,
en este punto, no hay discusión.
Canción del marino
Ser marino es amar a la vida,
palpitante en la gran dimensión
de la mar, que abrazando al planeta,
da una imagen hermosa de unión.
Somos todos marinos a bordo;
nuestra madre común es la mar,
que en la calma, con sumo desvelo,
nos adiestra para el temporal.
En la lucha con fieros peligros,
sin testigos y a fuerza de amor,
dar de si y olvidarse a uno mismo,
templa al hombre en esfuerzo y valor.
la maniobra del barco descubre,
reglas de oro que guarda la mar:
la justicia que nace del orden,
la grandeza de la libertad.
Arribo por mar
Sombritas horizontales
van subrayando lo principal
en el texto de las olas
y a la belleza señalarán.
Sobre traza Isla Gorriti
al horizonte, para llamar
la atención del navegante
y darle la ilusión de llegar.
Flota, con su cromo verde;
y en la polémica voz del mar,
entre el azul y el celeste,
barco al garete parecerá.
Navego de sur a norte;
Punta del Este a estribor está,
bautizándose en espumas
en una botadura ancestral.
Ahora, por la Boca Chica,
Gorriti y Punta me dejarán
deslizar a la bahía
y fondear en la felicidad.
La Punta fue Sloop; al Faro,
mayor de nubes se le vio izar;
hoy, con infinitas cofas,
es mastelero de no acabar.
Quiero decir: rascacielos;
donde vigila el alma del mar;
para encontrarse a si misma,
convoca a toda la Humanidad.
Descubro que el hombre es agua,
a más de tierra y fuego y será;
aire que se cuaja en vela,
viento y espuma, cruzando el mar.
Borda de babor
Con la proa acorazada
de rocas, Punta del Este,
rumbo al sur, abre en espumas
la singladura perenne.
De noche, la Cruz del Sur
y el Lucero de poniente
y de día el Tercer cuadrante,
como timonel se ofrecen.
Por la borda de babor
en Lobos, donde amanece,
se domicilia la Luna
a todo efecto celeste.
Entre la queja del lobo
y mucha arena de oriente,
la canal es un resguardo
donde las aguas florecen.
Esta borda de babor,
arena en eterno embique,
programa en largos inviernos,
breves veranos felices.
Como entrenador, el viento,
a las olas les exige
que el salto largo y el alto
y los clavados practiquen.
En esta borda de arena
el bote, Punta del Este,
embarca toda la mar
pero a flote permanece.
Olas gallos, cresta blanca,
canto de yodo salobre;
al romperse contra el casco
olvidan sus ilusiones.
Una espuma que lee el cielo;
una ola que a otra ola esconde;
y al fin, todas, a la arena,
renuevan el tinte cobre.
Galope de olas y arenas;
borbotón de surtidores
y la espuma que se esparce,
al compás de los tambores.
Los hombres que juntan viento,
con la tabla de correr
por encima de las olas,
otra ola pretenden ser.
Convergencia de infinitos,
cielo y mar, el horizonte;
un bote siempre hacia el Sur
y en medio del bote, el hombre.
Borda de estribor
Cuando el viento fatigado
se desploma en Las Delicias,
con un vaivén de las olas,
se hace y se borra la orilla.
Llegan, pero no regresan
las olas que son suicidas;
se tienden y por la arena
sedienta, son absorbidas.
Y cae silencio celeste
de un cielo quieto que mira
cómo se encrespan las olas
en la Ballena y la Isla.
Los espejos de las olas
ofenden a las retias;
alas de gaviotas ciegas
dan vuelo a la fantasía.
En las nubes se conjugan
el orden y la anarquía;
una teoría de colores
y formas en rebeldía.
El aire, que no decide
si viaja o se queda en casa;
por las mismas dudas tiene
afinidad con el alma.
Este ocaso de belleza,
frágil como todo sueño,
le arranca al cielo un suspiro
antes del último beso.
En el horizonte, el sol;
y como todos los días,
agua que apaga su fuego
rojo, rosa, gris y lila.
Torres de Punta del Este
se suben sobre sí mismas
y se apropian de la noche
después de agotar el día.
La electricidad genera
luces; memoria del día,
que transmiten den video
el canto de las orillas.
Tal luz, buscando belleza,
sorprende brisas que animan
con unas olas muy suaves,
los cascos sin travesía.
Es aquí donde se acuesta
el tiempo a dormir; confía,
que al alba ha de despertarlo
una rosada caricia.
La felicidad
La Bóveda de los cielos
decide descender sobre el mar;
espumas intermitentes
con sus mil cuñas la apoyarán.
Buen contacto con el agua,
Gorriti y Lobos garantirán,
hay nubes deshilachadas
de alas abiertas para planear.
Por tal rumbo de armonía,
Punta del Este, quiere pasar;
navegando el agua-espuma,
gobierna bien y al sur marchará.
Azules de cielo y agua;
verdes y sombra la tierra da;
arena-alfombra, amarilla;
telas naranja incendian la mar.
Multicolores jardines
con aire a punto de yodo y sal;
sobre vuelan las gaviotas,
puerto de bamboleante chas chas.
Pero el rumbo de esas torres
que escora el viento, nadie sabrá,
si no entiende que está a bordo
de un barco que es la felicidad.
Ferrocarril y coches de alquiler
Una pieza teatral viene,
sabrosa, breve, sin par:
el Ferrocarril del Este,
si está en hora, llegará.
Y mientras el tren no llega,
cuentos, risas y amistad;
hasta que aparece el humo
que es lo que cambia el cantar.
Hubo antes una estrategia:
los primeros en llegar,
del andén, frente por frente,
los autos colocarán.
Hay coches con "trasportines",
con mayor capacidad;
los hay de modelo neuvo,
que el ojo van a llenar.
Sobre el parabrisas luce,
con distinta habilidad:
"Coche del alquiler" que llama
y al pasajero guiará.
De frente, como a diez pasos,
voceará el alquilador
su propio nombre al viajero,
como identificación.
Las ventajas de sus coches,
todos se han puesto a gritar;
y el que no consiga viaje,
con bronca, regresará.
La Estación, "en las afueras";
más tarde, nadie creerá
que ahí, donde empieza "la brava",
estaba la terminal.
La noche
Un papel de mar ajado
por brisa, apenas de virazón:
apatía de banderolas
y espuma con afonía en la voz.
Un horizonte sin habla;
desmemoriadas gaviotas dan
unos gritos desprolijos;
cursos erráticos al volar.
Y la Punta a sus caderas
del Cable y la Mansa, moverá,
desgarbadas, con fatiga,
a través del mormazo estival.
Estamos entre dos luces;
como siempre el sol zambullirá;
(volver a oriente le toma
toda la noche sin respirar).
Ya sabemos lo que viene:
Punta del Este empieza a temblar
a las dos de la mañana
y el sol tan solo la sedará.
Miles de luces estáticas;
luces a toda velocidad,
más un diluvio de estrellas,
se olvidan de entrar a bailar.
Música y baile estruendosos;
tragos y luces y oscuridad;
la movida del boliche
amenazando nunca parar.
y otra danza es la ruleta
con la agonía del: "no va más";
con la carta decisiva,
con todos los rostros del azar.
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