Diferencia entre revisiones de «Cable Submarino»
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Revisión del 08:20 5 feb 2026
El diario El Comercio del Plata (Montevideo, año XIII, N° 3251) el 28 de enero de 1857 publicó una noticia en la que se presentaba un proyecto para extender un cable submarino de telegrafía que conectaría a Montevideo, vía Colonia del Sacramento, con Buenos Aires y Paraná, donde en ese momento estaba la sede del Gobierno Nacional. Esta iniciativa fue muy parecida a la presentada siete años después en
Buenos Aires, en 1864, por apoderados de inversores escoceses que dos años más tarde, con la patente otorgada por los dos países del Plata, constituyeron la firma The River Plate Telegraph Company.
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En 1872 Andrés Lamas formaba parte del directorio en Buenos Aires de los Telégrafos Trasandinos, que llegaba hasta Buenos Aires desde Chile, y ese mismo año obtuvo dos contratos del gobierno Argentino: uno para tender un cable en Concepción del Uruguay para conectarse a la red de la River Plate Telegraph en Uruguay, y otro para conectar a Buenos Aires con Río de Janeiro vía Uruguay, pasando por Maldonado, donde ya había un tramo que conectaba Maldonado con Río de Janeiro.
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En el libro “Maldonado y su región” de Carlos Seijo se cita al cable submarino en Punta del Este:
Inauguración:
“En Punta del Este está también la oficina del cable submarino, manzana 28, solar d; el local fue inaugurado el 25 de agosto de 1873, y recién dos años después quedó expedita la comunicación telegráfica con Europa. Antes llegaba tan solo hasta Río de Janeiro. Su jefe fundador fue Alberto Murissich. La empresa solicitó a la Comisión Económico Administrativa de Maldonado una manzana de terreno que obtuvo gratuitamente, con la condición expresa de establecer en ella sus oficinas para servicio del público, pero transcurridos tres años sin dar cumplimiento a ello, se le exigió la devolución.
En un relato de 1877, percance marítimo:
“El 14 de agosto de 1877, la ballenera de faeneros de la isla de Lobos salió de Punta del Este, antes del oscurecer, con víveres, y aunque iba con rumbo hacia aquella isla no la vieron debido a la espesa niebla. Al llegar la noche continuaron navegando y cuando menos pensaban, al encallar en la costa, reciben una gran sacudida. Bajan a tierra y sin saber dónde empezaron a andar, hasta que al tropezar con la casilla del cable submarino recién se dieron cuenta de que se encontraban nuevamente en Punta del Este.”
En un salvataje de 1880:
“El bergantín inglés Silver Craig el 7 de noviembre de 1880 encalló en el Polonio, inmediato a la isla Rasa. El vapor Norsmann, de la compañía del cable submarino que se encontraba cercano, lo sacó remolcándolo hasta el puerto de Maldonado.”
En un siniestro marítimo de 1891:
“1891 - El 1.o de octubre, el bergantín italiano Antonio Padre en la playa San Rafael. En la mañana de ese día el vapor Viking, del cable submarino, observó un buque que pedía auxilio e inmediatamente se dirigió hacia él y lo tomó a remolque rumbo a la bahía de Maldonado. Infructuosos resultaron los esfuerzos hechos, porque después de dos horas empleadas en remolcarlo se hundió completamente, no sin antes haber puesto a salvo a la tripulación. Fue en el paraje distante 2 millas al este del faro.”
1905, en el capítulo “Primeros chalets”:
“De tarde solía hacerse un paseo, el pequeño grupo partía de la plazoleta citada, y como todo era un campo abierto, generalmente rumbeaba en dirección a la playa del cable submarino —cuya casilla está instalada en la manzana 28, solar d—, para regresar después de permanecer un rato descansando en la costa o juntando pequeños caracoles de ciertas variedades raras.”
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Extracto de la tesis de doctorado de Ariel Sar, titulada “Los orígenes de las telecomunicaciones en la Argentina, 1853-1890”, defendida en 2015 en la Universidad Nacional de La Plata.
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Introducción
El presente trabajo fue producido sobre la base de documentos fragmentados hallados en repositorios públicos y privados en las dos orillas del Plata, así como la bibliografía diversa que, además, ha sido obtenida de repositorios digitales internacionales. La escasez, por no decir nula, existencia de estudios sistemáticos y de bibliografía conformada sobre la historia y la contribución de la telegrafía eléctrica en la región, da cuenta también de un estado de la cuestión que se reduce, en el mejor de los casos, a la celebración de una efeméride. En este sentido, profundizar esta línea de investigación pretende ser un aporte a la construcción de una perspectiva historiográfica. En efecto, la telegrafía eléctrica en el Plata tiene una densidad histórica que espera ser develada, a partir de la conformación de un entramado de transportes, comunicaciones y tráfico de información militar que formó parte de una estrategia de dominación imperial.
Se trata de una historia que comienza a tomar cuerpo entre los meses de julio y octubre de 1866, cuando se tendieron dos cables submarinos de telegrafía eléctrica en América, que en apariencia no tenían relación entre sí. El primero fue el denominado Cable Atlántico, que a fines de julio conectó a Terranova, en la costa este de Canadá, con la Isla de Valentia, en Irlanda, uniendo así los puntos más cercanos entre los continentes de América y Europa, respectivamente.
El segundo cable submarino se extendió durante la segunda semana de octubre entre Colonia del Sacramento, en Uruguay, y Punta Lara, en Argentina, uniendo también las dos orillas más cercanas. Un dato significativo de este cable local fue el hecho de que ninguno de los dos países rioplatenses tenía en ese momento servicios propios de telegrafía eléctrica, por lo tanto se instalaba para brindar una comunicación con fines particulares, incluso de manera autónoma del propio Estado.
Esos dos tendidos, especialmente el segundo, adquieren mayor significado cuando a fines de julio de 1874 se habilitó la conexión de un nuevo cable submarino entre el Norte de Brasil y Europa de manera directa, permitiendo unir así los diversos tramos de cable submarino que se habían tendido durante los últimos 20 años en la región, conformando un anillo de telecomunicaciones que a partir de esa fecha puso en comunicación telegráfica a los principales pueblos urbanizados de América del Sur desde el Atlántico hasta el Pacífico y a todos ellos con los países Noratlánticos.
Las dos primeras expediciones cableras tuvieron numerosos puntos de contacto, ya que compartieron, entre otras cosas, parte del personal técnico y de obra, utilizaron también una parte de los mismos instrumentos de trabajo, de medición y de precisión tecnológica, lo que evidencia que constituyeron dos etapas de un mismo proyecto de telecomunicaciones. Y la tercera expedición también estuvo organizada por los mismos capitales y una misma inteligencia científica y tecnológica que proveyó el conocimiento y la práctica necesaria para llevar a cabo un anillo global de telegrafía eléctrica que conectó los puntos más importantes del Cono Sur pero también de los hemisferios oriental y occidental.
En consecuencia, con el tendido del cable atlántico comenzó a conformarse una red de telecomunicaciones global que llegaría a los principales puertos, mercados y pasos fronterizos del planeta y atravesaría los cinco continentes. Se impuso así una reorganización de la división imperialista del planeta cuya hegemonía tenía Gran Bretaña y llegaba a “las cinco esquinas del planeta”. Ese marco imperial permitió el despliegue de una geoestrategia de poder económico y político que se extendió entre la crisis económica de 1873 y la Primera Guerra Mundial. Durante esas cuatro décadas los imperios Noratlánticos establecieron pactos para alcanzar un esquema planetario de poder total y las redes de telecomunicaciones telegráficas pusieron en circulación una masa de información controlada por los propios imperios para su propio beneficio. De ese esquema participaron las nacientes agencias de noticias promovidas por los propios gobiernos europeos para llevar y traer la información de uno a otro lado del globo, de acuerdo a sus intereses de cada momento.
Esta cartografía de imperios y redes de comunicación, las de telegrafía eléctrica llegaron para reemplazar a las redes marítimas que habían conectado a Oriente y Occidente desde la Edad Media a través de organizaciones marítimas que se apropiaron de las principales vías navegables que desde ese momento pasaban a un segundo plano como fuentes de información. Así, los hilos y cables de la telegrafía eléctrica adquirieron desde un comienzo una significación militar, de poder económico y político, y la velocidad en la transmisión de la información se convirtió en un valor fundamental.
La estrategia de comunicación y poder imperial pusieron a los países del Plata como un engranaje más que contribuyó a desplazar definitivamente a los españoles de sus antiguas colonias americanas. En efecto, la llegada de la telegrafía eléctrica al Río de la Plata se planteó desde un comienzo en clave militar no sólo por las tensiones entre los propios imperios, lo que llevó, por ejemplo, a que el tendido de los cables submarinos se realizara como si fueran verdaderas operaciones militares en la que se excluía a la prensa y a los extranjeros, como ocurrió en el tendido del Cable Atlántico, sino también porque la expedición del cable rioplatense se produjo en plena guerra de la Triple Alianza y en parte del propio teatro de operaciones, con cabecera de la empresa en Uruguay, cuya soberanía real era uno de los ejes de la disputa, lo que le dio una mayor significación bélica a la expedición.
A partir de ese cable se fueron extendiendo y conectando otros tramos de telegrafía hasta quedar constituido el citado anillo de telecomunicaciones que unió a las principales ciudades portuarias del Cono Sur con los Estados Unidos y Europa. Lo que quedó conformado, en última instancia, fue una trama de transportes y comunicaciones entre los puertos, los ferrocarriles y la telegrafía orientadas a un mercado global, dominado por el Imperio Británico.
Prolegómenos de una patente
Los antecedentes de la telegrafía eléctrica en la Argentina pueden resumirse en dos iniciativas: las públicas y las privadas. En el primer caso se trató de un impulso estatal al tendido de redes de telegrafía por parte del Estado, que se iniciaron bajo el gobierno de la Confederación Argentina que presidió el General Justo José de Urquiza. La primera acción estatal fue la inclusión de la telegrafía eléctrica entre las obras que el Estado se comprometía a realizar como una política pública, pero que se promovieron a partir de la creación de la Telegrafía Estatal, en 1869, bajo la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento. (Esas políticas públicas fueron incluidas en el Estatuto de Hacienda y Crédito Público, publicado en 1853, que en su Título II, Capítulo I, inciso 9, que establecía la atribución del Estado de construir telégrafos nacionales. Si bien el Estado no financió de manera directa las redes, facilitó la implementación de las redes de telegrafía ferroviaria, que en muchos casos contaron con garantía estatal y la adquisición de parte de las acciones de las firmas.)
En el segundo caso, se presentaron distintas propuestas particulares, muchas de las cuales terminaron sin concretarse. En este sentido, la primera fue la del francés Adolfo Bertonet, quien realizó una demostración el 29 de julio de 1855 entre el Cabildo de Montevideo y su casa ubicada en la calle Colón, a pocos metros del puerto (Diario El Comercio del Plata, Montevideo, miércoles 1° de agosto de 1855, página 4, columna 2).
Tres meses después, exactamente el 14 de octubre, realizó una demostración en Buenos Aires entre el Hotel de Provence y el local del daguerrotipista Luigi Bartoldi, ubicado en la Recova 4, frente a la Plaza de Mayo. Pese a que las demostraciones se realizaron ante la presencia de las principales autoridades, el proyecto no fue adoptado en Uruguay ni en Argentina. Más llamativa fue la noticia que se publicó en un diario de Montevideo el 28 de enero de 1857, en la que se presentaba un proyecto para extender un cable submarino de telegrafía que conectaría a Montevideo, vía Colonia del Sacramento, con Buenos Aires y Paraná, donde en ese momento estaba la sede del Gobierno Nacional (Diario El Comercio del Plata, Montevideo, año XIII, N° 3251, 28 de enero de 1857).
Esta iniciativa fue muy parecida a la presentada siete años después en Buenos Aires, en 1864, por apoderados de inversores escoceses que dos años más tarde, con la patente otorgada por los dos países del Plata, constituyeron la firma The River Plate Telegraph Company, porque el recorrido era el mismo pero en 1865 el trayecto se detenía en Buenos Aires, donde desde 1862 residía el gobierno nacional que encabezaba Bartolomé Mitre.
En efecto, de manera veloz los escoceses obtuvieron del gobierno argentino la ley de concesión del cable submarino el 21 de septiembre de 1864 y el contrato se firmó en diciembre de ese año por representantes de John Proudfoot y Mathew Gray. Con la autorización bajo el brazo, los británicos volvieron a cruzar el Río de la Plata rumbo a Montevideo para gestionar la autorización para establecer el cable.
El 21 de marzo de 1865 el representante de John Proudfoot, Jorge Hall, reiteró una solicitud de autorización para tender un cable submarino entre Buenos Aires y Montevideo. Los trámites en Montevideo tuvieron que sortear la oposición del Fiscal de Estado a algunos de los criterios del contrato, poniendo en evidencia las diferentes formas de tratar con el capital inglés en algunas esferas del Estado, en pero finalmente se logró la firma de la concesión en marzo de 1865 para instalar el cable en esa orilla del Río de la Plata. Los dos contratos obtenidos eran de características similares y concedían una exclusividad de 15 años en la explotación del servicio, con exenciones impositivas y protección estatal.
La empresa registró con fecha de fundación en diciembre de 1864, es decir tres meses después de obtener el contrato de concesión del gobierno argentino, y fijó su domicilio en el 188 de St. Vincet, en Glasgow, Escocia, con un capital inicial de 42.500 libras. Como ocurrió con varios cables submarinos en esta época, muchos de los contratos de concesión se firmaban a título personal y no a nombre de las empresas. Tampoco había que demostrar capacidad técnica ni antecedentes comerciales para obtener los contratos.
Pese a la exclusividad en el servicio, en la Argentina ya habían comenzaron a circular desde mediados de 1857 algunas líneas de ferrocarriles que incluyeron redes de telegrafía como un servicio propio, de información interna, pero no existía ninguna empresa pública o privada que brindara un servicio al público de comunicación por telegrafía eléctrica.
Finalmente, el gobierno de Uruguay le concedió la patente a la River Plate Telegraph para brindar el servicio y le dió un plazo de 18 meses para inaugurarlo.
La Expedición del Cable
En febrero de 1866 llegó al Río de la Plata el ingeniero inglés John Oldham para iniciar la organización de la línea telegráfica, que consistía en una cabecera en Montevideo y un tendido aéreo desde esa capital hasta Colonia del Sacramento, el punto más cercano a Buenos Aires, desde donde se tendería el cable submarino hasta Punta Lara, y desde esta costa por tierra se extendería otro cable aéreo hasta la zona portuaria de Buenos Aires. El diagrama de trabajo requería una buena organización de los tiempos para cumplir con los plazos que exigía el contrato firmado en Uruguay, que era el más exigente de los dos.
En mayo se encargó en Londres la fabricación del cable submarino a la firma W.T. Henley, quien también había construido el cable atlántico, y tardó dos meses en fabricarlo. En efecto, en la primera semana de julio el cable fue despachado hacia Buenos Aires en el buque Cornelia Henrietta, un viejo buque de carga que llegó al Río de la Plata en septiembre, dos meses después de haber zarpado. Con la llegada del cable las obras para la red de telegrafía se aceleraron.
Los trabajos se planificaron de manera tal que a la llegada del cable submarino, los cables aéreos a uno y otro lado del Río de la Plata estuvieran extendidos y con el tendido del cable submarino la red pudiese conectarse de manera inmediata y poner en funcionamiento el servicio.
El invierno de 1866 fue duro en el Río de la Plata y se despidió con fuertes vientos y tormentas que retrasaron las obras. Aún así, el tendido aéreo se había completado el 10 de septiembre entre Montevideo y la localidad de Rosario, “de este lado del Riachuelo”9 pese a la dificultad para realizar el tendido a través de los cursos de agua por el temporal. Quedaban 37 kilómetros para completar el tramo hasta Colonia del Sacramento para luego hacer lo mismo entre Punta Lara y la ciudad de Buenos Aires, para lo cual en ese fecha el vapor “Elena” llevó a Ensenada los palos sobrantes para el hilo aéreo, que se esperaba completar antes de la llegada del barco cablero, para luego concentrar los esfuerzos en el tendido del cable submarino.
Una semana más tarde el diario Standard de Buenos Aires informó a través de su corresponsal en Montevideo que llegó a esa ciudad el cable submarino telegráfico a bordo del Cornelia Henrietta bajo las órdenes de su capitán, Richard Lobb, transportando una carga de 640 toneladas de 27 millas de cable. El corresponsal agregó que también se trajo tecnología utilizada en el tendido del cable atlántico y que el buque fue visitado por el embajador británico, el de Estados Unidos y por el capitán de la cañonera Dotterel, que sería parte de la expedición del tendido del cable (Diario Standard, arrival of the telegraph cable, pág. 2, 21 de septiembre de 1866, edición N° 1387).
Cuando terminó el tendido aéreo en Colonia se realizó un banquete en el hotel de la señora Juana Aldax, y los ruidosos festejos incluyeron hurras a la Argentina, Uruguay y a la Reina Victoria y se terminó con ruidos de cohetes (Diario Eco de la Campaña, 23 de septiembre de 1866). Posteriormente, la cuadrilla de 35 trabajadores y un ingeniero, en su mayoría italianos e ingleses, partió a Buenos Aires a bordo del queche Celestina para iniciar el tendido aéreo desde Punta Lara a Buenos Aires.
El 6 de octubre se inició la expedición del tendido del cable submarino entre Colonia del Sacramento y Punta Lara, las costas más cercanas en el corazón del Río de la Plata. En ambas ciudades se ha establecido un hito marítimo de demarcación de límites: en el caso de Colonia el hito se encuentra en el propio faro marítimo, y en Punta Lara en un mojón, muy cerca de donde se conectaría el cable submarino.
Para participar de las operaciones el día anterior llegó al puerto de Buenos Aires el buque Iron King, propiedad de Anacarsis Lanús, que había vuelto transportando los cadáveres del Coronel Juan Charlone y de Dominguito Sarmiento, muertos en combate en la Batalla de Curupaytí, en Corrientes, en la guerra de la Triple Alianza. Junto con ese buque llegaron otros más chicos, el Pollux y el Castor, del mismo dueño, que hacían la ruta Rosario-Buenos Aires, pero sólo el último quedó para asistir al Iron King.
El equipo completo de la expedición se compuso de aproximadamente 150 hombres y cuatro buques, entre los que se destacaban:
- John Oldham, Ingeniero, responsable de la empresa y de la expedición.
- Samuel J. Felstead, Ingeniero con experiencia en tendido de cables submarinos para Charles Bright, uno de los socios del Cable Atlántico.
- Edwin Furze, Ingeniero. Supervisó la fabricación del cable en Londres.
- William Heritage, con experiencia en el tendido de cables, se quedó en Colonia del Sacramento trabajando para la firma.
- James Wick, trabajó a las órdenes de John Oldham en el cable atlántico en 1865.
- John Coghlan. Ingeniero irlandés residente en Buenos Aires desde 1857. En 1863 levantó un mapa del puerto de Ensenada, con las profundidades de Punta Lara y Río Santiago, a bordo de la cañonera Doterel.
- James Hill, Ingeniero mecánico. Trabajaba para la firma W. T. Henley, que construyó y tendió el cable.
Recursos:
- Barco: Cornelia Henrietta. Transportó desde Londres hasta Buenos Aires el cable submarino construido en Inglaterra por la firma W. T. Henley. Fue parte de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. Estaba comandado por el Capitán Richard Lobb y tenía una tripulación de 25 hombres.
- Barco: Iron King, un buque inglés de carga que llegó a Rosario en 1865 llevado por William Wheelwright para el transporte de cabotaje de material ferroviario para la compañía Central Argentino. Fue contratado para la semana de tendido de cable submarino, para remolcar al Cornelia Henrietta y colaborar en las tareas, comandado por el Capitán Gastaldi.
- Barco: Castor, un remolcador contratado para colaborar con el Iron King y asistir en las tareas. Comandado por el Capitán Davis. Se lo ofrecía para tareas similares en avisos publicados en el diario Standard, junto con el Pollux, otro de los buques que prestó breves servicios para el cable.
- Cañonera: Doterel. Formaba parte de la estación naval de Gran Bretaña con asiento en Montevideo. Portaba una máquina de vapor de 200 HP de potencia, de una sola hélice y alcanzaba una velocidad de 8 nudos. Durante su estancia en el Río de la Plata portó cuatro cañones: un Armstrong de 110 libras; un segundo de 40 libras y dos de 24. Su capitán durante la expedición del tendido del cable submarino fue el Teniente Thompson.
(Fuentes: ediciones del diario Standard N° 1372 al N° 1415, publicados entre el 2 de septiembre al 24 de octubre de 1866).
A la expedición se sumó el director del diario Standard, Michael Mulhall, quien por su condición de editor y agente de interés británico tuvo acceso privilegiado a todos los buques de la expedición y hasta los detalles más significativos del tendido del cable, excepción llamativa si se tiene en cuenta que en el tendido del cable atlántico realizada dos meses antes y por parte del mismo equipo le estaba negada la participación a la prensa por razones de seguridad.
El cable submarino fue fabricado, como se dijo, por la firma inglesa la W.T. Henley y, como era costumbre en la época, se encargaba también de la parte técnica del tendido. El cable tenía tenía 5 capas de envoltura, dos más que el cable atlántico instalado en agosto de ese mismo año, y por eso era ocho veces más pesado y once veces más fuerte. Su costo de producción se estimó en 80.000 libras esterlinas. Con respecto al tendido del hilo aéreo, solo en Uruguay habría tenido un costo aproximado de medio millón de pesos, a razón de 25 pesos por poste de telégrafo colocado y ligado al hilo.
Al momento de iniciar el tendido del cable en las marrones aguas del Río de la Plata era oportuno preguntarse por los verdaderos motivos de la extensión del cable y quiénes eran sus verdaderos impulsores, atendiendo a algunos datos llamativos: algunos ingenieros y expertos habían participado en el tendido del cable atlántico, organizado por el grupo de telecomunicaciones británico cuya cabeza visible era John Pender, el principal accionista y administrador del grupo que controlaba los cables submarinos británicos. El tendido de uno y otro cable se realizó en tiempos sucesivos, de manera tal que parecieron tiempos planificados para aprovechar algunos mismos materiales y hombres en las dos expediciones. Más aún, el barco Cornelia Henrietta, que trasladó el cable submarino, tardó dos meses en llegar desde Londres al Plata, un tiempo demasiado excesivo para un buque de vapor que realiza un viaje directo. ¿Es posible que haya actuado como buque de apoyo de la operación atlántica? ¿Es posible que haya quedado en América Central esperando a que termine la expedición atlántica para recoger a los hombres y materiales para llevarlos luego al Río de la Plata?
Todas esas preguntas surgen a partir de llamativos hechos de la expedición del tendido del cable submarino del Río de la Plata que no tienen explicación, parecen responder a una lógica distinta de una operación autónoma, desconectada de cualquier otra, con acciones marítimas que o eran habituales en la época, salvo que respondieran a un criterio de trabajo diferente que tiene sentido si se las considera como parte de otra expedición.
La extensión del cable
Los temporales que azotaron el Río de la Plata no cesaron pero de todos modos se iniciaron las operaciones para el tendido del cable el lunes 8 de octubre de 1866 a las 7 de la mañana. Sin embargo, el buque Iron King no pudo iniciar las tareas por dos desperfectos técnicos, ocurridos sucesivamente uno a la mañana y otro a la tarde, lo que se sumó a la imposibilidad de tender las boyas que tuvo la cañonera Doterel debido al mal tiempo. El buque Cornelia Henrietta se trasladó del puerto de Buenos Aires a Ensenada llevando el cable, que sería descargado en lanchones, antes de ser colocado, una tarea no habitual, que no se realizaba en
otras expediciones, quizá debido al porte del mismo barco, pero aún así el propio buque no estaba preparado para esas operaciones.
Recién el día martes se pudieron llevar los lanchones a Punta Lara. Estos lanchones pertenecían a la flota del Barón de Mauá, y al parecer el Castor y el Pollux, que finalmente abandonó la operación, también habrían sido propiedad del empresario brasileño. Por la tarde los hombres de las embarcaciones cenaron en la fonda de Juana Aldax y acordaron tender las boyas en la mañana del día siguiente.
Pese al viento de la madrugada del miércoles 10 de octubre, el buque Castor y la Cañonera Doterel zarparon a las 6:40 para colocar las boyas que marcarían el rumbo del tendido del cable submarino. A 14 kilómetros de Colonia los buques tienden la segunda boya y divisan al Iron King remolcando al Cornelia Henrietta con el cable submarino, todos llevan divisas de bandera como clave para identificarse. Las tensiones en el río debido a las guerras rioplatenses y la presencia de las embarcaciones de las principales potencias en la región generan desconfianza y temor permanente.
A las 11:11 quedó tendida la tercera y última boya y las tres juntas dibujaban una línea recta imaginaria entre Colonia y Punta Lara, desde la casa del Señor Smith y la caseta ubicada en las tierras de George Bell, respectivamente. La primera era un rancho de estilo portugués ubicada en la calle San Pedro 142 y la calle de los Suspiros, en el Barrio Histórico, propiedad que aún existe en Colonia del Sacramento. La segunda era un modesto emplazamiento de madera.
Este día también prepararon los artefactos para pasar el cable del barco a los lanchones: tenían preparado un mecanismo para transportar el cable de la bodega del barco a la superficie sin esfuerzo humano, construido especialmente para esta operación y de mayor fuerza que el que usó el Great Eastern en el tendido del cable atlántico. También se dispuso de la tecnología de medición usada en este barco y de otros elementos científicos que se trajeron por primera vez al Río de la Plata. A las 16:40 se envió un telegrama desde el Cornelia Henrietta a la costa de Punta Lara, y de allí se envió un mensajero a caballo hacia la redacción del diario The Standard comunicando la novedad. Era el primer telegrama en aparecer en la prensa local desde el cable, que aún no había completado su tendido.
El jueves las actividades comenzaron de madrugada para lograr conectar el cable a la batería de tierra instalada en Punta Lara. Luego de horas de trabajo para acercar el cable a la playa y extenderlo con gran esfuerzo de muchos hombres y la ayuda de caballos, al caer la tarde quedó el cable submarino conectado en Punta Lara. Pese al histórico momento, ninguna autoridad local ni público estuvieron para presenciar la conexión del cable submarino.
Comenzaba entonces la otra parte de la hazaña que sería llevar el otro extremo del cable hasta Colonia del Sacramento y conectarlo a la batería de la casa del señor Smith, y con ello el sistema quedaría funcionando.
El viernes 12, quinto día de la expedición, se enviaron los primeros mensajes telegráficos desde la costa al buque Cornelia Henrietta para conocer el estado de la tripulación, ya que hubo durante la noche una tormenta muy fuerte y todos los buques tuvieron sus máquinas encendidas para realizar maniobras de emergencia.
La bajante del río por la tormenta impidió a los buques, especialmente a los más pesados, estar a flote para seguir con la expedición. Recién en la noche recuperaron la flotación adecuada y pudieron retomar las tareas, pero debieron suspenderlas por errores propios que se atribuyeron al trabajo nocturno.
El sábado 13 en la madrugada se retomaron las tareas para extender el cable hacia Colonia. Con mucha lentitud y la multiplicación de problemas en las maniobras por el estado del río debido a las consecuencias de la tormenta, a lo que se sumó un intento de abandono de la expedición del buque Iron King por la finalización del plazo de contratación, que se evitó extendiendo su plazo por otro día más pero por 200 libras esterlinas diarias. Estaban a mitad de camino para culminar la tarea.
La expedición se acercaba a Colonia del Sacramento y desde los buques se observaba el faro de Colonia embanderado en gesto de alegría. A diferencia de lo ocurrido en Punta Lara, en Colonia hay mucha gente esperando el acontecimiento y todo parece una fiesta. Cerca de las 20 horas termina la actividad y al día siguiente se tenderá el extremo restante del cable submarino a la batería de tierra. Los hombres se divierten en la cubierta del Doterel cantando y moviendo a “Tom el bailarín”, un muñeco que se utilizó también en el Great Eastern para distraerse.
El domingo 14 fue el gran día. Pese a todo, las tareas de extender las últimas millas de cable del buque a los lanchones y llevarlos hasta la orilla es una tarea muy lenta, que además se retrasa por desperfectos en uno de los buques. Llegó el jefe político de Colonia y se ultiman los detalles. Hay mucha gente en la playa chica observando las tareas, pero en los esfuerzos por acercarse a la orilla el cable submarino se corta y es un contratiempo, porque hay que realizar un empalme entre las dos partes cortadas, lo que retrasa la conexión un día más.
Finalmente, el lunes 15 de octubre, el octavo día de la expedición, por la mañana se realiza el empalme del cable. A las 14:30 se inician las tareas de llevar el cable a tierra y a las 15:30 se logra el ansiado objetivo. Todos los buques estaban embanderados y había clima de fiesta, las campanas de la Iglesia repicaban.
La festividad y el recibimiento de la comunidad coloniense contrastaba con la ausencia de personas y el silencio de las tareas en Punta Lara. La diferencia en la reacción popular es compleja de comprender. Se puede deducir, en principio, que el lugar de conexión en Colonia es un barrio y era el primer tendido de telegrafía. En Punta Lara el punto de conexión era un sector de playa de un área pantanosa y alejada de un centro urbano, y ya había un servicio de ferrocarril y en Buenos Aires también había otras empresas ferroviarias con sus propios servicios de telegrafía.
Así y todo, tales diferencias no alcanzan para justificar las reacciones encontradas.
A las 16 el cable queda conectado a la batería y a las 16:10 se enviaron los primeros mensajes a Punta Lara para verificar la transmisión, y pocos minutos después el ingeniero John Oldham envió un mensaje al vicepresidente argentino Marcos Paz y al gobernador de Buenos Aires, Adolfo Alsina, en los siguientes términos:
“Colonia, B. Oriental, Lunes, 15 de octubre a los 15 minutos después de las 16:00
“Es con la mayor alegría que rogamos saludar a Su Excelencia e informarle de feliz conclusión del tendido del cable submarino eléctrico, entre esta ciudad y Punta Lara, que se efectuó cinco minutos después de las cuatro del día de hoy. En tan auspiciosa ocasión ofrecemos nuestros más sentidos deseos para la prosperidad de los dos países, así unidos, y felicitar a Su Excelencia en la realización de tan importante empresa durante su mandato”.
JOHN HUGHES, Director
JOHN OLDHAM, Ingeniero Jefe
River Plate Telegraph Co.
Este mensaje llegado a Punta Lara por el cable, fue enviado por un chasque a las autoridades, porque aún no estaba realizado el tendido aéreo hacia la ciudad de Buenos Aires. Luego de la conexión exitosa del cable submarino, la River Plate Telegraph tardó 30 días en habilitar definitivamente el servicio entre las dos costas. Al inaugurar las comunicaciones, el 29 de noviembre, las autoridades de la empresa realizaron sendos banquetes en Montevideo y Buenos Aires, el mismo día y a la misma hora, en los que participaron los comerciantes, empresarios y autoridades claves en los negocios del Plata en ambas orillas, y en los que se intercambiaron mensajes telegráficos entre los dos salones donde se realizaron los eventos. En Montevideo, en el edificio de la Bolsa de Comercio20, y en Buenos Aires en las instalaciones del Teatro Coliseo.
Pero dos días antes de esa inauguración se envió el primer telegrama desde Montevideo a Buenos Aires con un criterio periodístico. En efecto, el contenido de dicho mensaje, despachado el 27 de noviembre a las 11:55, decía lo siguiente:
“Gran expectación en la calle Misiones. El Carmel no llegó. Funeral del hijo de Flores.
Gran multitud. El Arno llegó. Londres, 51 ½. Lanas, negaron 39 reales21”.
Aparte del sentido periodístico, el telegrama tenía un criterio poco habitual en los mensajes de la época, que el Standard ya había empezado a practicar en sus páginas, adelantándose a los tiempos. Se trata de un criterio de economía de mercado, es decir de la publicación de noticias orientadas a dar cuenta de una oferta y demanda de mercancías, de los precios de los productos, de cotizaciones de los principales bienes de intercambio en economías de mercado, como en ese caso era la lana y el movimiento de los barcos. En este sentido, la prensa gráfica contribuía con un sentido ideológico a instalar una lógica económica a través de sus páginas.
Durante los banquetes de inauguración también hubo intercambio de mensajes telegráficos entre los principales periódicos de las dos capitales rioplatenses. Por ejemplo, La Tribuna de Montevideo y La Tribuna y El Nacional de Buenos Aires, aparte del Standard, participaron de un ida y vuelta de telegramas autoelogiosos sobre la cobertura que le dieron a todo el proceso de llegada, instalación e inauguración de la nueva empresa.
De esta manera, el periodismo local se sumó desde el comienzo a la práctica periodística con la telegrafía eléctrica.
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Los dueños de los cables
Al inaugurarse en la Argentina la conexión por cable submarino con Europa se interconectaron los distintos tramos de redes de telegrafía que estaban pendientes de ese evento. Así, quedó conformado un anillo que unió desde el norte Brasil, pasando por Uruguay, luego Argentina, después Chile y finalmente Perú, para subir por el Pacífico hasta Centroamérica. Toda esa red tenía nombres comunes que se repetían en directorios, contratos o traspasos, dejando así evidencia de que se trataba de un mismo grupo o de un único dueño.
En efecto, Andrés Lamas y el Barón de Mauá conformaron una dupla en la que el primero firmaba los contratos de concesión de tendidos de cables submarinos y el segundo aparecía como el agente inversor. En 1872 Andrés Lamas formaba parte del directorio en Buenos Aires de los Telégrafos Trasandinos, que llegaba hasta Buenos Aires desde Chile, y ese mismo año obtuvo dos contratos del gobierno Argentino: uno para tender un cable en Concepción del Uruguay para conectarse a la red de la River Plate Telegraph en Uruguay, y otro para conectar a Buenos Aires con Río de Janeiro vía Uruguay, pasando por Maldonado, donde ya había un tramo que conectaba Maldonado con Río de Janeiro.
Estos últimos últimos contratos de Andrés Lamas se transfirieron a la Compañía Platino Brasilera, que tendió el cable que conectó a Brasil con Europa. Por lo tanto todos los tramos, por transferencia de contratos, quedaron en manos de los mismos hombres y empresas, que luego fueron absorbidas por la Western Telegraph, fundada en 1873 por John Pender para unir todas las estaciones telegráficas costeras de Brasil. De tal manera, la Western Telegraph se quedaba con todas las compañías en América Central y América del Sur y la Eastern Telegraph con las de Europa y Asia y ambas constituyeron la Global Telegraph Trust, la corporación de telegrafía comandada por John Pender. Es decir, en la Western confluyen todas las firmas de Occidente y en la Eastern las de Oriente, y ambas se conectaban en la Global.
Así, los diversos tramos de cables submarinos y de hilos aéreos de telegrafía en el Cono Sur, y en particular lo que respecta al Río de la Plata, se fueron tendiendo obedeciendo a una estrategia comunicacional, pero fundamentalmente política y económica. Esta lógica política y económica se hizo más transparente cuando, al inaugurarse la conexión internacional en Buenos Aires, hizo uso de la palabra el representante de la Platino Brasilera, Andrés Lamas, quien había transferido el contrato a esta empresa, solo a los fines formales, expresó homenajeando al Vizconde de Mauá:
“Al tocarse y ligarse los hilos submarinos que nos ponen en inmediata comunicación con el mundo entero, se encuentran y se ligan de nuevo nuestros nombres. El progreso que hoy nos asocia completamente nuestra victoria sobre Rosas, y recuerdo que fue V.E. uno de los más desinteresados cooperadores de la gran labor de 1851”.
En otras palabras, Andrés Lamas devela que fueron los británicos, por intermedio de los brasileños, quienes promovieron la caída de Rosas y que finalmente la conexión de todos los cables submarinos era parte de un mismo juego político y económico promovido por el Imperio Británico, cuya estrategia se inició en 1851 con la caída de Rosas en la Batalla de Caseros y se cerraba, o tenía su broche de oro, con la inauguración del cable submarino internacional en 1874.
Consideraciones finales
Entre los años 1866 y 1874 los países del Río de la Plata quedaron interconectados mediante cables de telegráfica eléctrica primero entre ellos y luego con el mundo. Pero esos beneficios no fueron para los pueblos del Plata sino para el Imperio Británico, que controlaba las redes marítimas, portuarias y telegráficas como una trama de poder económico y político que se extendía por todo el planeta. Las “cinco esquinas” del globo estaban ocupadas o controladas por Gran Bretaña y, en lo que afecta a los países del Plata, también controlaba todo el Atlántico Sur por vía marítima, sus islas, los cables submarinos de comunicaciones
y con ello ejercía un dominio total sobre la región.
Esta es una historia sobre el tendido del primer cable submarino de telegrafía eléctrica en el Río de la Plata, sobre los orígenes de esta red de telecomunicaciones. Al cumplirse el 150 aniversario del tendido del cable y de la estrategia para alcanzar las conexiones internacionales, es oportuno retomar algunas consideraciones. A partir de ese momento históricos se produce lentamente el impulso que toma la prensa a partir de la incorporación del telégrafo como instrumento de comunicación pero también como promotor indirecto del capitalismo y la economía de mercado como si fuera una natural práctica social.
Por cierto, estás prácticas se inscribían en las comunicaciones internacionales, porque fronteras adentro los dos países, Argentina y Uruguay, desarrollaron sus propias empresas nacionales de telegrafía eléctrica. Fuera de ese marco se pueden hallar los verdaderos impulsos locales para desarrollar las telecomunicaciones con un fin social. En la Argentina, por ejemplo, quedan las acciones para constituir la empresa de telegrafía estatal, el trabajo heroico de los trabajadores de correos y telégrafos para llegar con el servicio puntualmente a los lugares más extremos del territorio y los tecnólogos solitarios que desarrollaron aparatos de telefonía siguiendo en la prensa especializada las noticias que llegaban del Norte con los pormenores de las pruebas de Alexander Graham Bell.
Historias que merecen ser develadas y esperan en los oscuros anaqueles de archivos y bibliotecas públicos y privados para salir a la luz y contarnos la verdadera historia de las comunicaciones en el Río de la Plata.
ARIEL SAR, Doctor en Comunicación
Fuentes y Bibliografía
En Argentina:
- Biblioteca de la Universidad de San Andrés
- Biblioteca del Congreso de la Nación
En Uruguay:
- Biblioteca Nacional de Uruguay.
- Archivo Regional de Colonia del Sacramento.
Referencias Bibliográficas
- Alonso Criado, Matías (1877). Colección legislativa de la República Oriental del Uruguay, Tomo III, 1865 a 1873. Montevideo: Imprenta Rural.
- Álvarez Ferretjans, Daniel (2008). Historia de la prensa en el Uruguay.
- Desde la Estrella del Sur a Internet. Montevideo: Búsqueda – Fin de Siglo.
- Bright, Charles (1911). Imperial telegraph Communications. London: King & Son.
- Castellanos, Alfredo (2000). Nomenclatura de Montevideo. 1991–1996. 4ª Edición. Montevideo: Intendencia Municipal de Montevideo.
- Castro Esteves, R. de (1952). Historia de Correos y Telégrafos de la República Argentina. Tomo V. Buenos Aires: Dirección General de Correos y Telecomunicaciones.
- Compañía del Telégrafo Trasandino (1871). Estatutos del Telégrafo Trasandino. Valparaíso: Tornero y Letelier.
- Fernández Saldaña, José María (1967). Historias del viejo Montevideo. Montevideo: ARCA.
- Johnson, John J. (1948). Pioneer Telegraphy in Chile. 1852 – 1876. California: Stanford University Press.
- Mulhall, Michael y Edward (1869). Handbook of The River Plate. Vol. I. Buenos Aires: Standard Printing.
Este trabajo fue publicado en "Claves. Revista de Historia", Vol. 2, Nº 3. Montevideo, Julio-Diciembre 2016 (pp. 73-98).

