Diferencia entre revisiones de «Poemas de Punta del Este II»

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canta su vino en tus ojos.
 
canta su vino en tus ojos.
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===Eleuterio Vázquez===
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Manzanas, naranjas, quesos,
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caramelos, lotería
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y frutillas y bananas
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y galletitas "María".
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Él era, Eleuterio Vázquez;
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el gordo comisionista,
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que "al Este", de Maldonado,
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con su forchela venía.
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Nunca he sentido a otro ser
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que ofrezca la mercancía
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y revista a su factura,
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con una tal fantasía.
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Grandote, expresivo, alegre,
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con además, con sonrisa,
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con potente voz de bajo,
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con una gran simpatía.
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De pronto la confesión;
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de repente la energía;
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o la seria procedencia
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que al producto garantía.
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Con teatrales movimientos
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reguló la pantomima;
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la voz se le hacía un murmullo
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o varios tonos subía.
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Representación aparte,
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ya que todo el mundo sabía,
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que Vázquez nunca cargaba
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con mala mercadería.
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Nos llegaba a emocionar
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la convicción que ponía;
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y como último argumento,
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él mismo, al vender, comía.
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A veces descascaraba
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y gustaba tangerinas;
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se les hacía "agua la boca"
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a muchos que lo veían.
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Por fin, además de todo
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ofertaba lotería;
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para tentar a comprar,
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mil cábalas sugería.
  
  

Revisión del 09:58 22 oct 2026


Tapa del volumen de poemas de Umberto Pereira cuyo contenido se reproduce en este capítulo.




De Umberto Pereira, "el poeta de Punta del Este"

Primera edición: 1994


Noticia sobre el autor y su obra


Punta del Este es la patria de Umberto Pereira.

Nació el 4 de enero de 1923. Esa naturaleza y su gente, han conformado su inspiración. Navegar la comarca tierramar y el alma de sus vecinos, dejaron la estela de estos poemas. La estela puede ser tan breve como hermosa. Pero, si los signos poéticos entran en el corazón del prójimo, dan un retorno sin tiempo.

En libros anteriores referimos a las opiniones de Juana de Ibarbourou, Sarah Bollo, Tomás Brena, José Mora guarnido, Heraclio Pérez ubici, Agustín de Saz y Domingo Luis Bordoli, así como a la inclusión en antologías uruguayas, de la obra de Pereira.

Siguen aquí, opiniones sobre los últimos libros publicados:


- Poeta y profesora Elodia Montañés Honoré: "Qué labor la tuya para recoger los datos y revestirlos luego con tu vuelo poético, para deleite de los que te leen. El inagotable venero de la fantasía. Páginas impregnadas de ternura, calidez y sabias reflexiones."


- Dr. Federico García Capurro: "Poemas que por su contenido y lirismo, van a interesar a todos los que como nosotros, hemos vivido intensamente la historia de Maldonado, Punta del Este y su gente."


- Escritor Antonio Deane: " Es un trabajo estupendo de investigación histórica, el que usted ha logrado hacer. Nada fácil por cierto."


- Poeta y escritora Sylvia Puentes de Oyenard: Aunque sin rutas parece, mil caminos tiene el mar; y uno de todos, el óptimo, al que es preciso encontrar. "El que convocó a un poeta de ley, que supo descubrir el camino y llegar a la palabra para alzar su canto y elevarse en vuelo. Gracias por permitirme compartir tu poesía."


- Profesor José Enrique Bengochea Elizalde: "Tiras la red y recoges transformados en poemas, nombres, sucesos, de este privilegiado lugar. Romances, biografías, nueva y más cercana visión de los naufragios y el deleite de la recreación pormenorizada de los detalles."


- Vice cónsul de Italia en Maldonado Giulio Ítalo Tortorella: "Hermosos relatos todos los de este aporte a la historia de Maldonado".


- Poeta y profesor Ricardo Leonel Figueredo: "Enfocada dentro del romance, mantiene la temática tuya, una vigencia épica, que nos retrotrae al romancero clásico, de lectura fluida, lleno de esas imágenes que se suceden en cadena. El rescate que realizas de esos temas semi-olvidados, tiene un aporte fundamental, para los estudiosos que aparecerán algún día."


- Director General de Turismo de Maldonado Oscar Olmos: "Conmovedor testimonio de nuestras más profundas raíces. Un viaje al pasado entretejido con nuestra actualidad. El tiempo no pasa; sólo da vueltas."


- Poeta y periodista cultural Yolanda Clavijo de Silvera: "Volví a vivir mi infancia, con personajes conocidos, con momentos pasados que aun siguen persistiendo. Gracias, Umberto, por el Punta del Este que no dejas que cambie y que dentro de cada nativo, sigue igual a como ayer."


- Periodista cultural José Palacio: "Cantos dedicados a los amigos, a la familia, al paisaje, al mar, bosques y cielo límpido; a las olas y al viento del sur, cuyas nostalgias llevan a la felicidad de los recuerdos."


- Maestra Nancy Sola de Cairo: "He disfrutado tu libro; me ha gustado mucho, como todas tus obras. has sabido rodear la historia con la particularidad del que quiere realmente lo suyo. Con el sabor de la "familia grande" de nuestra zona."


- Maestra Silas Zeballos de Tobías: "Te felicito por esa alma plena de poemas que fluyen a cada instante; por tu mente ágil, tu mano diestra y la voluntad férrea que te hace feliz, entregando riqueza espiritual. Un regalo para el espíritu. Cada nombre, cada anécdota, cada hecho narrado, es como sentir de nuevo ese palpitar del ayer, que iluminó de felicidad nuestros corazones."


- Sr. Roger Díaz González: "Me impresionó la calidad de la expresión y la claridad con que se detalla. no te imaginas cuánta alegría le causó a mi madre y a todos nosotros. Acá cerca, tengo a Luis Tassano, sobrino de don Estanislao, que aunque un poco viejo, se emocionó cuando le leí lo de su tío."


- Escritora y escribana Mabel Plada: "Gracias por rescatar del olvido, los hechos que hacen a los más íntimo de nuestra identidad."


- Maestra Estela Olsina: "Adivino la búsqueda minuciosa de los detalles, que se pierden a veces en el tiempo y en la distancia, en tu tan enriquecida tarea de escribir."


- Dr. y periodista cultural Alfredo Nocetti Fasolino: "Nadie ha interpretado -poesía mediante- a Punta del Este y a nuestra zona, como lo haces tu."


Obras publicadas:


- 1957: "Poemas de Punta del Este"

- 1993: "Poemas de aventuras, regatas y naufragios en el Este"

- 1994 - "Poemas de infancia puntaesteña I"; "Poemas de infancia puntaesteña II"; "Poemas de Punta del Este II".


Obras a publicar:


- "Poemas de Punta del Este" (tomos III y IV)

- "Poemas de Maldonado" (tomos I y II)

- "Rafael Pérez del Puerto" (tomos I y II)

- "Poemas de los relieves"

- "Poemas de circunnavegación" (tomos I y II)

- "La patria de Artigas".





Piedra

Se te figura quieta:

torrente de las Eras,

mariposa de arena.

Y piensan que eres sorda:

registro de la guerra,

urna de la plegaria.

Se te presume ciega:

legendaria aventura

de gótica pupila.

Ignoran tus caricias:

inmemorial herida

de primigenia reja.

Se te supone muda:

escultora de olas,

taller de las espumas.

Y a sabores negada:

lengua de la montaña

catadora de estrellas.


Arena

El fondo del mar, prolífico

reloj de fluencias eternas,

sabe ensancharse en espumas

para verter las arenas.

Y fue acumulando tiempo

en nuestra larga ribera;

recuerdos de roca viva,

montañas de arena muerta.

Con unas pocas lecciones

del viento la arena vuela,

hasta formar los desiertos

de cansancio, sed y ausencia.

Pero con tantos encantos

fue colmada nuestra tierra,

que hasta la arena enemiga

vino a enamorarse de ella.

El hombre, que de este tránsito

empezaba a darse cuenta,

puso en regalo de vida

bajo la piel de la arena.

Mientras plantaba el almácigo

la colmó con sus promesas

de verdor y de perfume;

de sombra y de vida nueva.

Ella aceptó ser matriz

para engendrar la arboleda;

para hospedar a los pájaros,

después de tanta bohemia.

Y produjo un equilibrio:

mar, arena, pinos, tierra,

la seducción de la gracia

que hace feliz al que llega.

Pero entre el mar y los pinos

guardó una franja libérrima,

para sus antiguas danzas;

para su atávica guerra.

Allí se citan los seres

cazadores de belleza

y sobre su blando lecho

se tienden, gozan y sueñan.


Viento

Los formones del viento

escarban la corteza

rebelde de la mar.

Vuela y se vuelve luz

la viruta de espuma.

En la Punta y las Islas,

modela el carpintero

la cambiante belleza.

Y en nuestro pecho busca

laminillas de fuego,

alimento de amor.


Nubes

Toda la Punta del Este

es un áureo observatorio;

y de las nubes del alma

un natural telescopio.

Siempre podemos mirar

en el cielo nuestra alma;

a veces limpia y azul;

otras, de nubes cargada.

La proyección en el cielo

nos da imágenes tan amplias,

que es posible comprender

claridad y nubes pardas.

Esas nubes son las copas

del árbol de nuestro ser,

a las que suben las savias

para mal o para bien.

Nubes de distinto genio;

nubes de cambiante hazaña;

que nos hacen cruda guerra

o nos cubren de alabanza.

Son las tormentas del alma;

son la pasión y el deseo;

y si se dejan caer, son,

benditas para el sediento.

Son la borrasca que empaña

la luz de unos ojos bellos

y somos nosotros mismos

vueltos vapor en el cielo.

Somos nubes que caminan

o vuelan según los tiempos;

la codicia nos aploma;

si damos, nos sube el viento.

En ellas somos jinetes

con distinto galopar;

pájaros o planeadores

o ballet escultural.

Y la nube es lo que nadie

nunca ha podido alcanzar;

es nuestra hija y nuestra madre,

nuestro río y nuestro mar.

Ellas dan forma en el cielo

al pensamiento infinito;

y a nuestra furia insensata

precipitan en granizo.

Son lo peor de nuestra niebla;

lo mejor de nuestro campo;

son nuestras más bellas flores;

son vapor de nuestro fango.

Son, si nos damos en agua,

lo que nutre tierra ajena;

renovación de verdura

para salvar al planeta.

Y dándonos a otros seres

somos árbol, fruto, planta;

corolas multicolores;

mentempsicosis del agua.

Aquí, en la Punta del Este,

en el cielo, se ve el alma;

a veces limpia y azul;

otras, de nube cargada.


Olas

Surgida en valles de mar

la ola quisiera ser cerro;

por mirar la lejanía

se empina sobre su cuerpo.

Las estrellas y los hombres

buscan tierras y los barcos,

dibujan sobre las olas

la estela de los hallazgos.

Las olas tienen un sino

de continuo movimiento;

eterno insomnio de luna,

clavado aguijón de viento.

Pulso del mar, son la sangre

de un corazón de misterio,

que por acrático ritmo,

juega con vivos y muertos.

El huracán desalmado,

gigante de instinto ciego,

las vuelve furia de espuma,

naufragio, muerte, silencio.

Las que conducen al gozo

son sordas al desaliento

del que se hunde en sus abismos

y llora el fin de su tiempo.

Pero ellas saben hablar

otro lenguaje hechicero,

suavizando la distante

soledad del merinero.

Su chas chas contra los cascos,

desgrana historias y cuentos,

tan viejos como las sombras,

que siempre parecen nuevos.

Se dilatan como velas

en cinta de amor y viento,

para engendrar a la espuma:

imagen blanca del beso.

Calmas chicas les regalan

el alma de los espejos;

y una luz mansa les pone

los ojos color de cielo.

Batiendo palmas esparcen

miles de nardos abiertos,

que en ronda, mano con mano,

abarcan al universo.

Mientras cantan, a las olas

se les levantan los pechos,

luciendo gasas azules

y transparencias de sueño.

Las olas no aprenden nunca

con las que han muerto primero;

y corren hacia la costa

desveladas y sonriendo.

Dan por la quietud la vida;

anhelan paz sin saberlo;

y en los brazos de la arena,

por siempre se van durmiendo.


Costa de levante

Es mar atlántico bravo;

embriagante con el yodo,

la sal, el sol y un cambiante

viento de ecuador y polo.

Los árboles, las sombrillas,

las arenas que encandilan;

el traslucir de las olas,

el horizonte y la Isla.

Vendedores ambulantes

vocean sin pausa y sin prisa;

de cerca y de lejos vienen

multitud de mercancías.

Agua gacela en la costa;

agua de pasión indómita

que succiona la pedana

del que hace esgrima en sus olas.

Agua fría y a la vez,

reacción térmica impagable;

cama de sol de la arena

para transfusión del aire.

Agua vida; que remueves

huesos, tendones, piel, sangre;

aire de vida; que ensanchas

el placer de disfrutarte.

Baño golpe, esquive, fuerza;

morir de cansancio, sueño

de alcanzar lo inalcanzable

y despertar hombre nuevo.

Sombrilla de nuestro cuerpo;

reloj para el mediodía;

y sombrilla circular

del quitasol de lonilla.

Sombra; naufragio de luz

en angosto pasa cintas;

en la mitad del festón

de la arena que rutila.

Arenas donde se cierran

todos los ojos del mundo,

para tostar la hermosura

quemándose en el embrujo.

Cielo; deslumbrante sol;

adoradores que apagan

en las olas gigantescas,

la piel convertida en brasa.

Feria mundial de los cuerpos

que imprimen al movimiento,

el ritmo de la alegría

que pasa en alas del viento.

melodía de run runes,

interminables del agua,

que vienen de todo el mundo

a cantar en esta playa.

Y tablas y hombres y espumas,

quieren superar el vértigo

de la luz, como buscando

la frontera del misterio.


Canal de Lobos

Canal del descubrimiento;

canal por donde llegaron

una espada y una cruz;

la buena nueva y el habla.

Por donde llegara el fuego

miserable de la guerra,

para aniquilar al indio

y apropiarse de la tierra.

Canal: ruta de barbarie

y de civilización;

del pirata, el contrabando,

el enemigo, el amor.

Canal donde se hace rumbo;

canal del enamorado

don José María Benítez,

que un día allí sepultamos.

El piloto de ultramar,

después de tanto cruzarlo,

lo eligió como parcela

para su eterno descanso.

Rica mina trashumante

de los bancos de tus peces:

tiburones de tus aguas,

mensajeros de la muerte.

Canal de embiques fatales

entre Lobos y la Punta,

que se pierden en recodos

del dolor y de la bruma.

Segunda Guerra Mundial

que se acercó a tu corriente,

con el "GrafSpee" y el "Ayax",

con el "Achilles" y el "Exeter".

Faros que sugieren niebla;

faros para taladrar

la ciega sed de naufragio

de los vientos y la mar.

Isla en la que espera al lobo

salvaje golpe final;

canal que das al faenero

garrote de soledad.


Costa de poniente

Inmensa playa bahía

ensenada de poniente;

desde la Punta Ballena,

hasta la Punta del Este.

Por allá, en la Boca Grande,

sabe la luz del "Monarca",

las cosas que hace el pampero

cuando su furia desata.

El viento penetra al monte

y al agitarse, los pinos,

parecen palos de barcos

con un incierto destino.

Y de este lado, la Isla,

la Punta y el murallón,

dominando sus bramidos,

canalizan su agresión.

Caprichos de la bahía

para jugar a ser "Brava";

para entretener inviernos

que por su quietud, la cansan.

En verano, sus maneras,

son de anfitriona educada

y disimula ese genio

que gasta en las invernadas.

Las Ánimas se perfilan

como nubes resignadas

a mantener una forma,

aunque en los colores, viajan.

Rebaño que el Pan de Azúcar,

desde la cumbre vigila,

como a las olas del mar;

todo el año; noche y día.

Costa mansa del oeste,

perfecta imagen de doma

del viento, de las arenas,

de la espuma y de las olas.

La costa de la Ballena,

ola fuerte, arena gruesa,

va decantando modales,

va triturando la arena.

Y llega a Punta del Este

capacitada en finezas;

con una arena impalpable,

con olas que ronronean.

Gorriti semeja el fruto

de nuestra imaginación;

nos parece que no estaba

y la inventa nuestro amor.

la "Isla Verde" es la figura

de todas las esperanzas;

hasta con "Puerto Jardín"

para embicar nuestras ansias.

Par el niño, está allá lejos;

para el hombre está cercana;

para el abuelo se pierde

en tiempos de sus hazañas.

El puerto baila; en las olas

bambolean todos los barcos;

abanico de colores

sobre las aguas flotando.

En el murallón y el muelle,

en las boyas y marinas,

barcos atados a un cabo:

aventura suspendida.

Tejiendo la "red" desde arenas

de la vieja "Medianía",

donde existió la "Jesús",

una antigua batería.

Y al recoger esta "red",

zafan velas escapistas;

pero viene el horizonte,

el cielo, el mar y la Isla.

Botes a pedal y lanchas

off shore, verdaderas flechas;

vienen lanchas pescadoras,

wind surf y la vela delta.

Vela delta: empecinado

sueño de que vuele el cuerpo;

de ver a Punta del Este

desde la borda del viento.

Viene el placer de bracear

de nadadores expertos;

y el gozo azul de los niños

en forma de chapoteo.

En medio vienen los surcos

del sky, el arado acuático,

con su siembra de placer

de almas que pasan volando.

Mientras jalo de esta "red"

la multitud se da cuenta,

que llegar desde tan lejos

bien ha valido la pena.

Y no podría ser avaro

con tan prodigiosa pesca;

y ahí no más, sobre la playa,

reparto al que se me acerca.

El sol que pintó de plata

las olas cuando hizo al día,

tiene, al entrarse en el mar,

maduras melancolías.

Mientras se marcha, en las olas,

en los barcos, en los palos,

en las velas y banderas,

deja un filete dorado.


Isla de Lobos

Traicionero arrecife, oscuro temporal;

providencial aviso, trampa de naufragar.

Barca que te deslizas, por la orilla del cielo,

arbolada de nubes, rolando con el viento.

Eres la loba madre, ola petrificada;

isla yerma y sin sombra, caprichosa y lejana.

Zafra de los peligros, graznar que sobrecoge,

mujer arrepentida, que das rumbos al hombre.

Roca donde se raja la tela de las aguas;

Virgen de las Espumas, noctiluca encantada.

Peluca resoplante, tiburón en acecho,

embique de tragedia, vocación de desierto.

Ciego sol solitario, pestilente ulular;

amor desenfrenado de la lluvia y el mar.

Gaviota que planeas sobre el mismo horizonte;

águila mora y turbia que sus garras esconde.

Curtiembre de salitre que endureces el alma;

pulmón filtrando cielo, loca sed deslumbrada.

Corral de la tragedia, yodo de cuerear tiempo;

perdición de los lobos, furia ancestral de besos.

Guarida de la luna, faro de la alegría,

esgrima de la muerte, eclosión de la vida.

Atronador discurso, batir interminable

de olas, que no se animan, a decir lo que saben.


Faro

La Punta es nereida dormida en la playa;

la cubre el encanto de un sueño inmortal;

fue diosa del indio, fue maja española,

doncella criolla por siempre será.

La Punta del Este radiante lucía

el fausto alborozo de una navidad:

de la arcana noche, su estrella nacía,

hija de la tierra, señora del mar.

La Punta era verde, la torre era blanca;

azul el silencio de la inmensidad;

vigilias de siglos la han vuelto colmena,

apiario del yodo, panal de la sal.

Los vientos son chauras que aduermen su trompo;

las lluvias son hilos para su telar;

late un aleluya de luz en su pecho,

la luna florece por verlo gozar.

El faro de Lobos, la vieja Vigía

y el faro del Este quisieron formar,

un pájaro de oro de la geometría,

alado archivero de egregio solar.

Fina caracola fiel a sus recuerdos,

añora los chivos que viera pastar;

los negros pioneros, los jefes de faro,

la amada presencia de un gran catalán.

El faro es un mástil, y las nubes son velas,

las islas son remos y ensueño el mirar;

un canto de rocas engendra sirenas;

zafamos del puerto, nos damos al mar.

El faro es aguja que inyecta en el tiempo,

fraternos avisos que alivian el mal,

de los torturados insomnes pilotos

que luchan bravíos con la tempestad.


Este poema se canta en la Escuela, con música del Maestro Néstor Rosa Guifuni (h).


Isla de Gorriti

Besó mi rostro tu silencio eterno

y lo raptó el misterio de una ola;

mi pie se hundió en el oro de tu arena.

Después que prometí guardar secreto,

el mar usó mis piernas como cuerdas

y entró en mi corazón tu melodía.

En el bruñido cobre de la aurora,

dabas relieve a un coro de gaviotas;

olas volando: magistral oficio.

Y ya condecorado con la pesca,

se bautizó mi sed en tu agua clara

y consumió tu soledad, mi fuego.


"La Pastora"

Gran viento en Portezuelo;

y "La Pastora"

naufragó y se fue a pique:

suerte traidora.

¿Cómo era y de qué porte;

remos o vela?;

nada; todo lo traga

la indiferencia.

Se ha borrado su origen,

quién era el dueño,

quién resolvió abandono

para sus sueños.

¿Quién sería La Pastora;

cuál el rebaño;

dónde, quesos y leche,

vida engendraron?

¿Fue hermosa la Pastora;

quién le pondría

su nombre a aquella barca;

quién la amaría?

Traen la barca anegada

del Portezuelo;

y otra vez la abandonan:

destino negro.

Viento y arena, a veces,

la sepultaban;

y otras, la aparecían

como a un fantasma.

Y ahí estaba, en la costa,

con su agonía;

que iba a morir despacio,

todos sabían.

Parada tres, le llaman

mucho más tarde;

de "Las Casas Obreras"

ya, ni señales.

El olvido, un salvaje,

viaja en el viento:

y arrasarán con todo

espacio y tiempo.

Y ahora, allí, un "cinco estrellas"

piensa elevarse:

¿le pondrán: "La Pastora"?;

tal vez; ¡quién sabe!

El tiempo a aquella barca

desguazaría;

pero su nombre luce,

en nuestra orilla.

La sugestión que invoca,

tiene una fuerza,

inmortal: "La Pastora":

plena belleza.


Punta Ballena

Sobre la Punta Ballena

que fuera antes: del Oeste,

luce a un lado Portezuelo

y al otro Punta del Este.

Playa: sereno discurso

de la horizontalidad;

haciendo cruz con el cielo

que derrama claridad.

Azul y verde del mar;

blanca majada de olasd,

que se rompe en las espumas

y canta sobre las rocas.

El agua del Portezuelo,

para seducir a la arena,

le baila una danza suave

y entre suspiros la besa.

Como no se quiere ir

se esconde en los lagunones,

para prolongar el tiempo

de felices emociones.

Pesquero de Calamares,

Pesquero de Langostinos;

viento, velas, azul, olas

y buceo submarino.

La Gruta de Portezuelo,

la Gruta de Salamanca;

rocas del Pesquero Alto,

Canaleta de las Cañas.

La Canaleta Cachimba,

los naturales viveros

del Pesquero de la Loza;

la Gruta de los Murciélagos.

Pesquero Punta del Cerro,

Canaleta Piedra Alta;

por fin la Gruta del Tigre

y otra vez, la hermosa playa.

Para un cansancio de pesca

mana de las rocas, agua;

hay para hambrientos regresos,

frutos del mar sobre brasas.

Hazañas de pescadores

se duermen entre las grutas

y dejan haciendo ronda

la luz de las noctilucas.

La Ballena y su Arboreto,

forman levante y poniente;

y abre el sol biombos rosados,

donde la luz nace y muere.

Esta Ballena, en vez de agua,

para engendrar horizontes,

emite chorros de luz;

sueños de siete colores.

Navegando hacia Gorriti

quisiera poder tocar

la arena en Puerto Jardín

y tenderse a descansar.

Recibió un vestido verde

y olvidó su traje gris;

fue un espléndido regalo

de don Antonio Lussich.

Con apasionado amor

a babor, sobre "El Chileno",

la costa y el mar se aman

en un agitado encuentro.

Se entrecierran nuestros ojos

mirando espejos quebrados

de laguna y mar; y cielos,

absueltos de sus pecados.

Las tijeras de las velas

cortan la mar en pedazos,

que se guardan en el alma

los que la están navegando.

De los cántaros del viento

nuestra sed está bebiendo

embriaguez de yodo y sal;

vida vieja en odres nuevos.


Tormenta

La tarde en traje de luces

pierde su sangre violeta;

en su arrugada camisa

el mar anuncia la juerga.

La lluvia apostó sus hilos

y hasta las cuerdas se juega;

un rayo saca la daga

y en la mano se le quiebra.

Monta en mi tierra la noche

para una aventura ciega;

galopamos por el mar,

a todo escape y sin riendas.

La noche estriba en las Islas

en yodo y salitre envuelta;

espuelas, faro y farola,

hincan su frágil estrella.

Aúlla el mar entre las rocas

que le incendian la melena;

mi tierra se ha desbocado;

la noche, no la sujeta.

Punta del Este: tus gallos

buscan sus cantos a tientas,

para amarrar en el sol

al genio de la tormenta.


Nuestro mar

Si amar es darse sin pedir nada

tu espuma entrega radiante amor;

entre sonrisas, al desterrado,

restaña heridas del cruel adiós.

En este suelo, patria de Artigas,

el defensor de la libertad,

encuentra el nauta desventurado

la ansiada orilla para su paz.

Sobre la arena, junto a las rocas,

nacen las notas de una canción;

himno de olas para este pueblo,

por el que late su corazón.

Mar de los vientos, mar del abismo,

mar de la vida, tu palpitar,

al que supera las tempestades,

con dulce calma lo premiará.

Milagro eterno, nada en tu vientre,

la zafra inquieta del pescador;

plateado sueño donde flamea

la red colmada de su ambición.

Mar del verano; mar del invierno;

baño de cuerpo, del alma faz;

ciencia y trabajo se hacen riqueza,

si los invitas a navegar.

La hermosa gama del arco iris,

en tu ropaje luces al sol;

tu pulso integra los siete mares

y nos dilata nuestra visión.

Afortunado barco en tus aguas,

libre y valiente, va el Uruguay;

abre los rumbos de tu horizonte

y ofrece un puerto: fraternidad.


Este poema tiene música dl inolvidable Enrique Almada.


El Emir Emin Arslán

Run runes en Buenos Aires

un árabe escuchará:

si viaja a Punta del Este,

el paraíso encontrará.

Es un árabe de alcurnia

el Emir Emin Arslán;

lo tientan tales rumores

y viajará a confirmar.

Desde Maldonado emprende

su cruce del arenal

y desagrega elementos

de belleza natural.

Así, el chas chas de las olas,

rumor de orilla de mar,

se va adentrando en su pulso

con la voz de enamorar.

Son las olas que revientan,

el metrónomo del mar;

canción nueva y primitiva,

que su alma conquistará.

En la "Medianía" del trecho

casita blanca encontró,

donde Marconi, un buen día,

sin hilos telegrafió.

Ve pescadores y pescas;

cantidad y calidad;

hay un aire limpio y claro

y una azul inmensidad.

Dice: "¡Es el cielo de oriente!";

supremo elogio en Arslán;

mientras, una dulce brisa,

lo ha venido a acariciar.

Circunvala la Península

solo en media hora no más;

a pie, que es lo más seguro

para un sueño valorar.

Ve trashumar las dunas,

que el viento conducirá

desde los cuatro cuadrantes,

con gran versatilidad.

Gran oleaje de la Brava

furioso, se estrellará

en las rocas; y la Mansa,

un lago parecerá.

Y Maldonado y las sierras,

la Ballena, observará;

Pan de Azúcar y Gorriti

y el horizonte del mar.

Habla del viento, del aire

salino y yodo del mar;

de refugios en la tierra

y de la vista, a gozar.

Que el agua que nos rodea

es muy sabia en atenuar

los cambios bruscos de clima;

otra belleza del mar.

Con muchas tierras lejanas

"al Este" comparará:

"No hay en el mundo un reposo,

con esta felicidad".

Núcleo de variadas playas

Punta del Este; lugar

con el que a ningún balneario

es posible comparar.

Menciona líneas magnéticas

con su canción ancestral,

que aquí animan los sentidos

de un modo particular.

En fin; que aquellos run runes

porteños, los confirmó;

por eso, en Punta del Cable,

su chalé edificó.

Y ofreció suntuosas fiestas

contra esa orilla del mar,

que un techo de paja brava

hoy, tal vez, podría contar.

Con piedra y paja, afirmaba,

se debe aquí edificar;

de piedra sólida y paja,

que es maestra en atemperar.

Desvaloriza la crítica

de que se pueda incendiar

un cobijo tan precioso;

si se lo sabe cuidar.

Y en noche fantasmagórica

aquel techo se quemó;

"La chaumiere", en adelante

a la casa se llamó.

Y a la contigua playita,

"del Emir", se bautizó;

era una playa bellaca,

que no se domesticó.

Fue del año diez al veinte;

pero aquel amor de Arslán,

aun besa a Punta del Este;

y ella se deja besar.


Hotel de Pedro Risso

Se empieza por Pedro Risso

que en el noventa, vino a inventar

su hotel en Punta del Este,

con mejillón a la provenzal.

Los escabeches de sargo,

vinos, refrescos y un gran champagne,

café, té, trato obsequioso,

su fama van a echar a volar.

Techo de zinc a dos aguas;

paredes de distinta extracción;

una playita a cien metros

llamada Playa del Pescador.

primero tuvo dos piezas

de piedra con otras de terrón

o madera, todo en vuelto

en sal y yodo y mar, muy cantor.

Algunas plantas, sus flores,

unas palmeras y vista al mar;

Lobos, barcos en crucero,

gallos, que ahuyentan la oscuridad.

La madrugada que ordeña

las vacas y un sordo cacarear,

denunciante de los nidos,

que el apetito puede encontrar.

Gorriti, la Boca Grande

y el Pan de Azúcar como telón

y la Sierra de las Ánimas,

de variopinta coloración.

De aquí hasta el muelle, "las casas

de Pescadores" se interpondrán;

y si el rumbo es hacia el Faro,

pasto, pastito verde no más.

Lunas, estrellas, sol, viento;

unas banderas de la "Estación

Semafórica" y espumas:

código para leer la ilusión.

Pedro Risso y su gran calva;

firme mirada, buen anfitrión;

pequeño, inquieto y astuto,

bajo el bigote a la Clemenceau.

Contra el silencio, don Pedro,

pistoletazo disparará;

regreso desde la playa,

indica que es hora de almorzar.

Pedro Risso y su escabeche,

pescado, carne y buen mejillón;

cabalgatas, caminatas,

pesca y el baño: primer actor.


Biarritz Hotel

Fue: una "Sociedad Anónima",

que ocultó el amor y la pasión;

la apuesta a Punta del Este,

de los bañistas que recibió.

Fue: la "Argentina Balneario

Punta del Este"; ella emitirá,

bonos de diez pesos oro,

que pan caliente parecerán.

Un hotel es su proyecto,

como primer golpe de timón

que cambió nuestro destino,

con su grandiosa edificación.

Construido por Medhurst Thomas,

el Biarritz será un monumental

hotel que asombra en "el Este";

cambió su silueta original.

Y desde entonces, el Faro,

la Aduana y el Biarritz formarán,

las tres torres del Balneario,

ya sin la inocencia horizontal.

En mil novecientos siete,

ponen la piedra fundamental;

y en el año diecisiete,

primer casino inaugurarán.

"Las mil noches y una noche"

gasta en Europa, para el ajuar;

antes y después del Biarritz,

a los sucesos hay que ubicar.

El Plata converge al Biartiz

en un torneo de alta sociedad;

sus dirigencias, al mundo

por sus salones hacen pasar.


British House

Sería el tercero en discordia

el renombrado hotel British House;

con vista a la Isla de Lobos

y a la bahía se construirá.

En el lomo de la punta

del Este, el British vino a brillar

como un faro de diamante,

por su excelencia y su calidad.

En bolsitas satinadas

sus empanadas se venderán;

en la Mansa, al mediodía,

tuvieron demanda universal.

Doña Juana en la cocina

genera un prestigio excepcional;

de la entrada hasta los postres,

mano de un toque, muy especial.

oficios y artes manuales

con muy buen gusto, ella enseñará;

el perfil de doña Juana

era el gran sello del British House.

Don Emilio, hombre de tacto;

la galanura, la "politesse",

por distinción ilustrada

que en nadie luce mejor que en él.

La música de pianola

se usaba entonces para bailar,

después de elegantes cenas

y en fiestas del salón principal.

Tenía un genio taciturno

y pesimista "madame Pitot";

"Luisa:" le decía a mi madre;

"se debe siempre esperar lo peor".


Gran Hotel España

De fonda en Montevideo

a hotel en Punta del Este va,

la acción de Joaquín García,

gallego de afanoso accionar.

José Míguez, su gerente

y yerno, a don Joaquín, continuó

en el Gran Hotel España,

de larga y trascendente actuación.

Doña Concepción García,

sus cuatro hijos, lo ayudarán

largos años en la empresa,

que el Míguez Hotel culminará.

Con unas completas granjas

que al mismo hotel pertenecerán

se cimentó la confianza

por la abundancia y la calidad.

Y al cuidadoso servicio,

se agrega una serie excepcional

de aditivos especiales,

que a los turistas quieren captar.

Para cada temporada,

con algo nuevo se busca estar,

siempre a tono con los tiempos,

e incorporar una novedad.

Garages, canchas de tenis,

casillas en la playa con bar;

cine-bar de tardecita

y el Cine Océan, se sumarán.

Transporte en auto a la playa,

bañeras con tibia agua de mar;

hasta una Agencia de Banco;

peluquería para completar.

Aunque el trecho hasta La Mansa

de apenas cuatro cuadras será,

el ser transportado en auto,

halaga con su comodidad.


Hotel La Cigale

Un hotel en miniatura;

una belleza era La Cigale;

con toda su espalda al oeste

lindando con el rumor del mar.

En la garganta que dicen

en la prehistoria fue una canal,

que aislaba a Punta del Este

del continente, se ubicará.

Allí, a cien y pocos metros,

Perfilio Báez hace tiempo está

con su boliche "Vanguardia"

y toda su apisana bondad.

Mira el hotel hacia Lobos,

hacia La Brava; así La Cigale,

dueña del sol todo el día,

rojo, blanco y verde lucirá.

Zinc rojo en techo a dos aguas;

blanca pared que interrumpirá

verde, en puertas y ventanas;

flamear azul y blanco del mar.

Es todo pulcritud y orden;

son atributos de los Pitot;

explayado hacia la costa,

parecía un barco aquel comedor.

Las siestas, son romerías,

niños más el grupo institutriz;

mezcla de juegos y helados,

que dan la idea de ser feliz.

León Scoy, el gran "cellista"

y bailes con su orquesta de jazz;

entre la orquesta y las olas,

pujan a quien improvisa más.


Bartolomé "Chumeo" Ferragut

Cuando nació Ferragut,

con destino marinero,

allá en el noventa y cinco,

éramos menos que un pueblo.

Él vio la luz en el Faro

y la torre de su vida,

abarcó a Punta del Este

con una mirada limpia.

Fue nieto de Antonio Mrak,

(que naciera en un velero);

tuvo una infancia de mar,

banderas y catalejos.

En el año ochenta y tres,

una Estación de Señales,

don Antonio había instalado

en aquellas soledades.

Un mástil de veinte metros

mandó a Gorriti el Buen Dios;

fue el que, Gervasio Burgueño,

le regaló a la "Estación".

En el año ochenta y ocho

instalan el mastelero;

y el veinticinco de mayo,

se veía desde el océano.

La intercomunicación

llegó a abarcar don Antonio:

telégrafos y correos

y servicio semafórico.

A los niños del lugar

su esposa, sin ser maestra,

sin espíritu de lucro,

enseñó primeras letras.

De la señora Matilde

los palotes aprendieron;

las cuentas y las lecturas

y el amor dentro de un cuento.

El nieto Bartolomé,

en un reino de silencios,

creció amando los contactos

con la gente que está lejos.

Con madre telegrafista

y con un padre marino;

con hijos de pescadores

y loberos por amigos.

Don Vicente Ferragut

su padre, anduvo en los barcos

de Lussich, entre remolques,

pasajeros y naufragios.

El faro fue el primer centro

de donde nació el progreso;

había un puñado de casas;

lo demás, era el desierto.

Doña Norberta Abeijón,

los Cajiga, los Doldán,

(los pescadores pioneros)

la belleza y nada más.

El llegar a Maldonado

era tarea de valientes;

aquí, con pesca abundante,

no se encontrarían clientes.

La audacia de Pedro Risso

inventó la hotelería;

por fin hubo a quien vender

lo que de la mar salía.

Hotel de madera y zinc,

pobre, de atención sencilla,

pero que se haría muy pronto

famoso por su comida.

Comidas que eran rociadas

con buen champagne francés,

con café, con refrigerios

o un pocillo de buen té.

Con la sobrina de Risso,

María Antonia, casaría

Bartolomé Ferragut

y tendrían una hija.

Bartolomé, por oficio

tuvo el de semaforista,

y con su amistad se honraron

los habituales turistas.

Él, hacía uso del anteojo,

sólo para confirmar;

a simple vista podía

la nave identificar.

Fue hermano del horizonte,

de las sierras, de las islas,

de loss vientos, de los barcos,

de las nubes infinitas.

Tenía un alma de banderas,

que en un fraterno flamear,

se subía por las drizas

a conversar con la mar.

Punta del Este, la bella,

no ha dejado de crecer;

y con gracia, sus etapas

relata Bartolomé.

Y en el timbre de suvoz

se habituaron a danzar,

la dura vida de tierra,

las tragedias de la mar.

Entre Meteorología

y el Semáforo oficial,

"Chumeo" desliza su vida

leal y buena; servicial.

Cancha del Faro; conchilla

apisonada y las bochas

rodando mientras las voces

llenan la tarde de historias.

Bartolomé y don Vicente;

los Serra (Francisco y Pepe),

Montosi, Acosta, García

y veraneantes "del Este".

Incidencias del momento

y cuentos de no acabar

entre bochazo y arrime;

todo muy culto y cordial.

Por su gran conocimiento,

don Juan Gorlero lo lleva

por Capitán del "Yacht Club",

donde volcó su experiencia.

Respetuoso con los jóvenes,

signo de sabiduría,

nos transmitió sus saberes,

su don de gentes, su hombría.

Se acomodaba a la edad

de todo interlocutor;

y era niño, joven, viejo,

pero siempre: gran señor.


Francisco Serra

En los albores "del Este",

el gran centro que era el Faro,

fue la sede de tertulias,

en invierno y en verano.

Don Juan y Francisco Serra

allí se sucederán;

padre e hijo cultivaron

la fina hospitalidad.

Fue cita de puntaesteños

de origen o de adopción;

y en verano, de "bañistas"

devotos de la región.

Desfilaban muchos temas

entre cartas y cigarros:

la construcción de la Torre

o la historia del Semáforo.

Los primeros visitantes,

los adquirientes de tierras,

los chaleses, los hoteles

o la increíble belleza.

De felices estadías

del viajero que regresa;

del deseo del volver,

del recuerdo que se lleva.

Francisco Serra era el jefe

de esa torre de la luz;

da un consejo ponderado

o resuelve una inquietud.

No sólo su torre enseña

convenientes derroteros;

su palabra, muchas veces,

en tierra, marca senderos.

en el faro un álbum tuvo,

la virtud de atestiguar

la emoción del visitante

ante su cordialidad.

don Francisco era ante todo

una voz cálida y buena;

fue persona de consejo

por su lucidez serena.

Tenía el don de la sonrisa

y el culto de la amistad;

el trato igual para todos

y el respeto a la verdad.

Su actitud ante la vida

nos dejó una gran señal:

defender a la justicia

y amar a la libertad.

Antes y después pasaron

otros jefes por el faro;

pero él nos dio un arquetipo

de farero y ciudadano.

Descubrió que el hombre es torre

y tiene una luz adentro;

que puede salvar a otros

de embiques y de tormentos.

Y supo que la palabra

y el consejo y el ejemplo

y el dar confianza a la gente,

es oficio de farero.


Maestros de Punta del Este

Por el amor a educar

debemos honrar las maestras,

que en aquel Punta del Este

liberaron las conciencias.

Nace en Matilde Rivero,

la historia de la enseñanza;

sigue en Viquita Barrallo,

sigue en Elena Zabala.

Par amar a la verdad

hay que despreciar la fuerza;

para buscar la justicia,

educar la inteligencia.

Honor a Elena Marroche,

honor a Ramona Álvarez

y a Marujita Larrosa,

que alumbran soledades.

Las sombras de la ignorancia

atan al hombre a la fuerza;

la educación le permite

conducirla sin torpeza.

Perdonad: debo decir

gracias, Virginia Camacho;

gracias, don Ramón Gutiérrez

y mil gracias, maestro Baldo.

Germán Baldo fue suplente;

lo fueron "Locha" Camacho

y Alfredo Chiossi; son maestros

que ejercían en Maldonado.

Gracias Julia; Julia Cairo;

de tan tierna, tan severa;

es propio de grandes maestros

exigirnos cuando enseñan.

Por mostrarme mi destino,

por alcanzarme las riendas,

por los ciento ochenta grados

a mis pies sobre la arena.

Por vuestra acción los alumnos

proyectan luces afuera;

se iluminan a si mismos

y en vez de aprender recuerdan.

El maestro sacará a un hombre

de ese niño a quien enseña;

y los hombres buena historia

si sus potencias gobiernan.

la Escuela número cinco,

ha continuado su estela;

con renovación de maestros

pero con igual conciencia.

la conciencia de alumbrar

en cada niño, la esencia

de un ser libre y responsable,

que es verdadera obra maestra.

Recuerdo mi guardapolvo,

la moña, el patio, la Escuela;

la bolsa con pan, la fila

y el retrato de Varela.

Supe que saber es: cómo;

que es educarse es: para qué;

y que rumbo compartido

por todos, es sumo bien.

El temor al pizarrón,

disertar sobre lecciones

y hacer pasar al amor

por unas composiciones.

Y nunca agradeceré

lo bastante al maestro Baldo,

que me enseñço a descubrir

los mil usos de las manos.

Aprendí que todos juntos

es decir: comunidad;

que votar rumbo a seguir,

engendra felicidad.

Vi que del niño al gobierno

se pasa por una puerta;

que abrirla de par en par

es una gran obra maestra.


Los pescadores

Muelle de los pescadores,

costa de Punta del Este;

si no se salió a la mar,

hay que remendar las redes.

Los Henrique, los Pereira

y don Amador Fernández;

gallego fuerte y sufrido,

tesonero, infatigable.

No todos son pescadores;

se acercan otros vecinos

a la orilla de la playa,

a charlar, de mil motivos.

Cosme Mari iba a la rueda;

-catalán, voz de metal-:

"Cuando ió vine de España..."

y arrancaba a exagerar.

Olas de conversación,

alternadas con silencios;

barcas en la amarrazón,

azul profundo en el cielo.

Grave porte y poca charla

con solemne voz de bajo,

sacerdote del deber

era Clemente Lobato.

Es del hijo de Amador

la barca "Punta Ballena";

linda barca; buen patrón,

siguiendo una noble herencia.

"Isabel" de Luis Miranda,

"Covadonga" de Amador,

"Hortensia" de don Clemente:

¿cuál navegaba mejor?

Clavijo: mucho saber

en su mente se escondía;

a su retrueque final

nadie lo contradecía.

Destreza de calafates,

seguridad de la brea;

barcas sobre las anguilas,

pintura que las renueva.

Don Vicente Ferragut:

solemne, serio, discreto;

Mauro Delgado a la vez,

buen pescador y lanchero.

Del "Biarritz" o del "España";

del "British House" de Pitot:

¿cuál era el hotel más caro;

cuál la comida mejor?

José López, un locuaz

zorrino de Andalucía;

nunca se podía saber

la piedra que tiraría.

Era una playa pequeña,

entre dos puntas de roca,

que usaba un suave sonido

para reventar las olas.

Pepe Serra, catalán

bondadoso y jaranero;

historias de no acabar,

memoria de tiempos viejos.

Reparación de las redes,

de palangres y aparejos;

antes colgando en tendales

y renovación de anzuelos.

"El asesino" Perdomo,

"cuchillo hallao" de flaquito;

retozona picardía

pero genio inofensivo.

Solcito picante y rueda,

en medio de los avíos,

para comparar las pescas

y recordar tiempos idos.

Manuel Hope caminaba,

cerrado un ojo, otro abierto,

con sus pingüinos mascotas,

señalando con el dedo.

El muellecito de piedra

amarraba a sus argollas,

el chas chas de las chalanas

conversando con las olas.

Bartolomé Farragut;

mástil flameando poesía;

inteligencia en banderas

para orientar travesías.

De interpretación de vientos,

de bajante y mar de fondo;

de loberos y de historias

en las matanzas en Lobos.

Hubo muchos pescadores

con unos rostros de bronce;

y una mirada sin claves

escondiendo sus dolores.

De temporal y peligros,

del antiguo hotel de Risso;

de los mejores pesqueros,

de los barcos más marinos.

Gregorio Gabito hablando

aunque se le entienda poco;

Luis Rinaldi, Caballero

y Terni y Cancela y Grosso.

Del faro, de las crecientes,

del boliche de Cajiga;

del Capitán, de la Cuadra

y de la Receptoría.

Sustituyendo al pescado

son los temas los que brincan;

"amaina" la mar de fondo;

se sosiega la bahía.

De Juan Gorlero y Baudrón;

de Ortega, Seeber y Ayala;

los precios por el pescado

y por los viajes en lancha.

Vemos que en las Pesquerías,

se está vendiendo la lacha,

que se pesca en el Arroyo

y servirá de carnada.

Maragullones veloces

de golpe están zambullendo;

gaviotas en la conchilla

prontas a emprender el vuelo.


Vino de luz

Vino de luz, esta Punta

del Este, embriaga el sentido;

alegra el alma; de un sorbo,

las penas echa al olvido.

Es muy chiquita y su forma

como de anfibio cordero,

desde el origen del mundo,

viene enfrentando al Pampero.

Con patas vueltas aletas

(Gorriti y Lobos), navega;

guiña sus ojos de faro

disciplinando tormentas.

Con su lana intermitente

y olas que son lanzaderas,

teje una alfombra amarilla,

que algunos llaman arena.

Si tu alma se ha endurecido,

como esa arena, se ablanda;

el yodo le ofrece vida;

la sal, un sazón de calma.

Y el mar instala en tu borda

motor; o te vuelve vela

y el viento, sobre una tabla

por la espuma te pasea.

O, a tu cuerpo alza en el cielo,

un sueño: la vela delta;

que en silencio te abre paso,

hacia todas las bellezas.

Hacia todo vertedero

de azul, blanco, verde y rojo

y amarillo; ya te dije:

canta su vino en tus ojos.


Eleuterio Vázquez

Manzanas, naranjas, quesos,

caramelos, lotería

y frutillas y bananas

y galletitas "María".

Él era, Eleuterio Vázquez;

el gordo comisionista,

que "al Este", de Maldonado,

con su forchela venía.

Nunca he sentido a otro ser

que ofrezca la mercancía

y revista a su factura,

con una tal fantasía.

Grandote, expresivo, alegre,

con además, con sonrisa,

con potente voz de bajo,

con una gran simpatía.

De pronto la confesión;

de repente la energía;

o la seria procedencia

que al producto garantía.

Con teatrales movimientos

reguló la pantomima;

la voz se le hacía un murmullo

o varios tonos subía.

Representación aparte,

ya que todo el mundo sabía,

que Vázquez nunca cargaba

con mala mercadería.

Nos llegaba a emocionar

la convicción que ponía;

y como último argumento,

él mismo, al vender, comía.

A veces descascaraba

y gustaba tangerinas;

se les hacía "agua la boca"

a muchos que lo veían.

Por fin, además de todo

ofertaba lotería;

para tentar a comprar,

mil cábalas sugería.








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