Poemas de Punta del Este III
De Umberto Pereira, "el poeta de Punta del Este"
Primera edición: 1994
Noticia sobre el autor y su obra
Punta del Este es la patria de Umberto Pereira.
Nació el 4 de enero de 1923. Esa naturaleza y su gente, han conformado su inspiración. Navegar la comarca tierramar y el alma de sus vecinos, dejaron la estela de estos poemas. La estela puede ser tan breve como hermosa. Pero, si los signos poéticos entran en el corazón del prójimo, dan un retorno sin tiempo.
En libros anteriores referimos a las opiniones de Juana de Ibarbourou, Sarah Bollo, Tomás Brena, José Mora guarnido, Heraclio Pérez ubici, Agustín de Saz y Domingo Luis Bordoli, así como a la inclusión en antologías uruguayas, de la obra de Pereira.
Siguen aquí, opiniones sobre los últimos libros publicados:
- Poeta y profesora Elodia Montañés Honoré: "Qué labor la tuya para recoger los datos y revestirlos luego con tu vuelo poético, para deleite de los que te leen. El inagotable venero de la fantasía. Páginas impregnadas de ternura, calidez y sabias reflexiones."
- Dr. Federico García Capurro: "Poemas que por su contenido y lirismo, van a interesar a todos los que como nosotros, hemos vivido intensamente la historia de Maldonado, Punta del Este y su gente."
- Escritor Antonio Deane: " Es un trabajo estupendo de investigación histórica, el que usted ha logrado hacer. Nada fácil por cierto."
- Poeta y escritora Sylvia Puentes de Oyenard: Aunque sin rutas parece, mil caminos tiene el mar; y uno de todos, el óptimo, al que es preciso encontrar. "El que convocó a un poeta de ley, que supo descubrir el camino y llegar a la palabra para alzar su canto y elevarse en vuelo. Gracias por permitirme compartir tu poesía."
- Profesor José Enrique Bengochea Elizalde: "Tiras la red y recoges transformados en poemas, nombres, sucesos, de este privilegiado lugar. Romances, biografías, nueva y más cercana visión de los naufragios y el deleite de la recreación pormenorizada de los detalles."
- Vice cónsul de Italia en Maldonado Giulio Ítalo Tortorella: "Hermosos relatos todos los de este aporte a la historia de Maldonado".
- Poeta y profesor Ricardo Leonel Figueredo: "Enfocada dentro del romance, mantiene la temática tuya, una vigencia épica, que nos retrotrae al romancero clásico, de lectura fluida, lleno de esas imágenes que se suceden en cadena. El rescate que realizas de esos temas semi-olvidados, tiene un aporte fundamental, para los estudiosos que aparecerán algún día."
- Director General de Turismo de Maldonado Oscar Olmos: "Conmovedor testimonio de nuestras más profundas raíces. Un viaje al pasado entretejido con nuestra actualidad. El tiempo no pasa; sólo da vueltas."
- Poeta y periodista cultural Yolanda Clavijo de Silvera: "Volví a vivir mi infancia, con personajes conocidos, con momentos pasados que aun siguen persistiendo. Gracias, Umberto, por el Punta del Este que no dejas que cambie y que dentro de cada nativo, sigue igual a como ayer."
- Periodista cultural José Palacio: "Cantos dedicados a los amigos, a la familia, al paisaje, al mar, bosques y cielo límpido; a las olas y al viento del sur, cuyas nostalgias llevan a la felicidad de los recuerdos."
- Maestra Nancy Sola de Cairo: "He disfrutado tu libro; me ha gustado mucho, como todas tus obras. has sabido rodear la historia con la particularidad del que quiere realmente lo suyo. Con el sabor de la "familia grande" de nuestra zona."
- Maestra Silas Zeballos de Tobías: "Te felicito por esa alma plena de poemas que fluyen a cada instante; por tu mente ágil, tu mano diestra y la voluntad férrea que te hace feliz, entregando riqueza espiritual. Un regalo para el espíritu. Cada nombre, cada anécdota, cada hecho narrado, es como sentir de nuevo ese palpitar del ayer, que iluminó de felicidad nuestros corazones."
- Sr. Roger Díaz González: "Me impresionó la calidad de la expresión y la claridad con que se detalla. no te imaginas cuánta alegría le causó a mi madre y a todos nosotros. Acá cerca, tengo a Luis Tassano, sobrino de don Estanislao, que aunque un poco viejo, se emocionó cuando le leí lo de su tío."
- Escritora y escribana Mabel Plada: "Gracias por rescatar del olvido, los hechos que hacen a los más íntimo de nuestra identidad."
- Maestra Estela Olsina: "Adivino la búsqueda minuciosa de los detalles, que se pierden a veces en el tiempo y en la distancia, en tu tan enriquecida tarea de escribir."
- Dr. y periodista cultural Alfredo Nocetti Fasolino: "Nadie ha interpretado -poesía mediante- a Punta del Este y a nuestra zona, como lo haces tu."
Obras publicadas:
- 1957: "Poemas de Punta del Este"
- 1993: "Poemas de aventuras, regatas y naufragios en el Este"
- 1994 - "Poemas de infancia puntaesteña I"; "Poemas de infancia puntaesteña II"; "Poemas de Punta del Este II"; "Poemas de Punta del Este III".
Obras a publicar:
- "Poemas de Punta del Este" (tomo IV)
- "Poemas de Maldonado" (tomos I y II)
- "Rafael Pérez del Puerto" (tomos I y II)
- "Poemas de los relieves"
- "Poemas de circunnavegación" (tomos I y II)
- "La patria de Artigas".
Contenido
Punta del Este, una música
Punta del Este, una música,
lúcida y analfabeta;
sin pentagrama, sin clave,
con un diapasón de piedra.
Fluir seductor que improvisa
cielos, mar, bosques y arenas;
con viento errante anarquista,
con swing de eterna marea.
Caja sonora, la noche,
suena en su boca de luna
cuando la tañe la espuma.
El sol, crucero del cielo,
sube del mar y al mar baja,
mientras el monte le canta.
Cayetano Costoya
Una obsesión de trabajo
y extrema responsabilidad;
ensimismado manejo
de su Ford "T" tan particular.
Un toscano "Regia Italia"
siempre encendido; lo llevará
como elemento incluido
en permanencia sobre su faz.
Es Cayetano Costoya;
familia numerosa criará;
albañil muy distinguido
que Julio Rico hizo capataz.
Parco y un lujo de amigo;
inteligente como el que más;
y se ha tallado a si mismo
empecinado en adelantar.
Cayetano, Cayetano;
arisco chubasco de bondad;
viento gallego, morriña
de una cantiga de aquella mar.
La mofa que a los gallegos
por crueldad anatematizó,
con la inocencia celtíbera
tiene una deuda de incomprensión.
Cuando en la tierra adoptada
se les abriera la ilustración,
el brillo de sus talentos
los hizo orgullo de esta Nación.
Cayetano: en esta Punta
del Este, lució su voluntad;
que honró a la estirpe gallega
y a la ilusión que lo hizo inmigrar.
Hipólito "Aramís" Ramos
Cuando digo Aramís Ramos
quiero decir enfermero;
no un enfermero cualquiera:
el único de mi pueblo.
Y la única autoridad
de diagnóstico certero
que había en Punta del Este,
cuando no teníamos médicos.
Quiero decir aquel negro
que mereció un gran respeto
por su prudencia ejemplar;
por su auxilio y consejo.
Aquel hombre tan jovial,
pacífico y bondadoso;
y tan amante del teatro;
tan amigo generoso.
El que atacaba la música
con un entusiasmo intenso,
con aquel torpe violín,
lleno de muecas y gestos.
El del "Gran Conjunto Ariel",
con su vocación de actor;
la única modesta llama
cultural en la región.
De ladeado sombrero hongo
y andar con gran distinción
y un sonreír por encima
de toda preocupación.
Al afligido paciente
llevaba calma y sosiego;
tenía lucidez del límite
de su buen conocimiento.
Y graduaba con maestría
la urgencia de ver a un médico
de Maldonado o San Carlos,
cuando el mal era muy serio.
Curaba nuestra inquietud
antes que sanar al cuerpo
y daba sus prevenciones
con otros tantos aciertos.
los médicos lo estimaban
por su proceder correcto,
incapaz de una imprudencia
por su respeto al enfermo.
Aquellos ojos saltones;
aquel decir jaranero;
aquel alivio y confianza
que ganó la fe de un pueblo.
Violín, teatro y amistad;
apostolado enfermero;
una presencia ejemplar
que alegraba a nuestro pueblo.
La pequeñez es grandeza
según el lugar y el tiempo;
era poco y era todo
Aramís: ¡qué flor de negro!
Basilia y Luisa Iturria; César y Emilio Sáder
Los hermanos Sáder eran
una brillante combinación;
Emilio, la simpatía;
César, sesuda elucubración.
César el arte, la historia,
los incunables, la distinción;
piezas únicas que causan
a los turistas admiración.
Emilio era la sonrisa,
el parloteo de la amistad;
el almacén y la tienda,
los finos tragos que ofrece el bar.
César, dueño de "La Cueva":
perfume, porcelana, cristal;
cigarros, relojes, libros,
bisutería de calidad.
Emilio volvía dinero
el almacén, la tienda y el bar;
abarrotados depósitos,
autos y nafta de la "Pan-Am".
César concurría al Liceo
donde enseñaba un raro francés,
convencional y mezclado
con inflexiones del libanés.
Emilio nos cautivaba
con sus chispazos de buen homor;
César con su pensamiento,
su seriedad y su introversión.
Con las hermanas Iturria
Basilia y Luisa se casarán;
y en los hijos que engendraron
la dura forja continuará.
ambas hechas de medida
para el carácter de cada cual:
Luisa, cascabel abierto;
Basilia, alegre pero formal.
"Hotel de L´Elite" se agrega
a sus negocios y hace furor;
la casona de Gutiérrez,
asiento al nuevo rubro le dio.
Por fin en el hotel "Playa",
todo el negocio se concretó;
allí les vino la muerte
pero están vivos por su labor.
Con estos dos libaneses
de claro ejemplo y múltiple don,
larga historia puntaesteña
cuando era aldea, se confundió.
Basilia y Luisa, cincuenta
años del "Playa" pueden contar;
y el gran sueño de los cuatro;
vuelto hermosísima realidad.
Alquiladores de caballos
Cabrera, Cairo, Pereira,
Báez, Miguélez, Carteruccio,
Sánchez, Medina, Rodríguez,
alquilaban sus matungos.
Saquito blanco o rebenque
que los identificaban;
oferta de los caballos
de mañana en Playa Mansa.
No había puja; cada cual,
contaba con su clientela;
esperando los pedidos
se armaba una alegre rueda.
Tiempo de cambiar de ropa
en la playa; y hoteleros,
que ofrecían sus "casillas"
para uso de pasajeros.
Abajo de las del "British"
era el lugar preferido,
para esperar la demanda
por su sombra protegidos.
Desde el fondo de la playa
llegaba casi a la orilla,
sobre el piso horizontal,
doble hilera de casillas.
Soportadas en columnas,
las casillas de madera,
dejaban un buen lugar
para las horas de espera.
Corredores con baranda;
cada vez más alejados
de la arena, hasta llegar,
como a tres metros de alto.
De un lado puertas al norte,
del otro puertas al sur;
al frente, en un semicírculo,
el bar, de gran amplitud.
Sobre las casillas techo;
zinc a dos aguas y alero;
y dos grandes escaleras
que por el bar, dan acceso.
Cuando se hizo "La Fourmi"
que era de cemento armado,
también, bajo sus columnas,
esas ruedas se formaron.
Éste, era el bar del "España";
planta semicircular;
la mitad sobre la arena,
la mitad sobre la mar.
Ruedas de cuentos con fondo
intermitente de olas;
de aperos y de caballos;
de críos y de "patronas".
De amores de juventud,
de trabajos y de penas;
de los fatales destinos,
de felices ocurrencias.
Si la temporada es buena,
si me quejo o no me quejo;
si alcanzará la ganancia
para pasar el invierno.
Despedirse y almorzar;
preparar a los caballos;
llevarlos al domicilio
de quien los haya alquilado.
Algunos irán al "Bosque";
otros irán a "La Draga",
otros al "Parque Lussich",
otros irán a "La Barra".
Unos irán por la costa,
otros por la carretera;
unos forman grandes grupos,
otros salen en parejas.
Sobre el lomo del caballo
se aprecia más la belleza;
y ven más lejos y piensan,
en lo que espera respuesta.
Ruta vieja, ruta nueva,
ruido de mar o silencio,
que por el bosque del alma
anda buscando un sendero.
De vuelta, el alquilador
junta sus bestias sudadas;
hace "un tiro" con las riendas
y los lleva hasta "las casas".
Secar a los animales,
darles agua, racionarlos
y llevarlos hasta "el sitio",
donde tendrán su descanso.
Termina la temporada:
los caballos van al campo;
gastaremos el invierno
en recordar al verano.
El "Negro" García
Hablo del "Negro" García
que era uno de los fareros;
un constante buen humor
derrochado en los encuentros.
Fundó el "Peñarol del Este"
y entre la arena y los juncos
paseó la amarilla y negra,
para un puntaesteño orgullo.
Que quién era el titular;
que por qué "el Negro" me saca;
maldición de los suplentes
y gozo de los que entraban.
Con las mejores maneras
trataba de explicar los cambios
que a muchos convencerán
y a otros suena arbitrarios.
En el Faro hay una cancha
de bochas; por compañero
buscan al "Negro" García,
por ser jugador completo.
Y en el "Gran Conjunto Ariel",
será pistón infaltable,
de la orquesta de Aramís
y en serenatas y bailes.
Así la seguridad
del mar y el fútbol lo atrapan;
y las bochas y la música,
en aquella aldea lejana.
Pulcro, siempre perfumado,
de buena estampa y sonrisa;
en nuestro elenco de negros,
un buen lugar ganaría.
Cuadrilla de limpieza
Casado, Rogelio Acosta,
con "la Sella" de Batista,
tiene por ocupación,
ser capataz de cuadrilla.
Ellos, invierno y verano
limpian la Punta del Este;
carros, mulas, carretillas,
barrer calles, cortar césped.
La cuadrilla de limpieza
es el mundillo ambulante,
de don Isaías Muniz,
los López y los González.
Podar pencas de palmeras,
cuidar canteros centrales,
que en dos sendas algo estrechas,
dividen algunas calles.
Está Benigno Gutiérrez
el de las "Casas Obreras";
está don Sandalio Alonso,
de silenciosa presencia.
Entre cordón y cordón
y entre adoquín y adoquín,
de los pastos y los yuyos
se ve asomar el verdín.
Mundo de Pascual Bautista
afincado en "La Pastora";
hombre muy cavilador
y de frases sentenciosas.
Azadas, "cortes", rastrillos,
mellados por el granito;
limpieza superficial
semi arrancando el pastito.
Ambiente de Alberto Hernández,
mirar claro, inteligente;
más rápido que las manos,
le trabajaba la mente.
Azadones y azadillas
por el uso carcomidos;
la chispa en los adoquines;
el barrer de los cepillos.
Los trabajos y las treguas
para secarse el sudor,
buscar la sombra o pitar,
para rastrear un rumor.
Orquesta de los cepillos,
tierrita que corre o vuela;
hojarascas y bosteos
que elimina la limpieza.
De lejos, por la silueta;
por el sombrero o la voz,
todos tenemos las claves
para saber quienes son.
Uno presenta la pala
que el otro llena a cepillo;
seca palada final
levantando los restitos.
El repaso de los años,
la confesión de las cuitas;
el viento, el calor, el frío;
¡vaya vida aporriadita!
Las carretillas cargadas
el tableteo de las ruedas;
cruce de los adoquines,
ruido que tartamudea.
Los que pasan y saludan
o paran a conversar;
la garganta de Rogelio
que se pone a carraspear.
Barrer contra los cordones
la basura que se encuentra;
luego: pala, carretilla,
montón, carro y a la quema.
El que no para de hablar
y el que siempre está callado;
el alegre y optimista
y el de sentimiento trágico.
Reúnen los elementos
un concierto de sonidos:
cascos, carretillas, carros,
azadas, palas, rastrillos.
Rogelio que es en el trato
con el vecino, una seda,
alegre, sentimental,
pone cara de dureza.
Con máscara de severo
de seriedad, de inspección,
el capataz resonsable
fiscaliza la labor.
pero toda la cuadrilla
lo tiene muy bien calado:
un pan de bueno y disfraz
de adustez; para el trabajo.
Plinio Rinaldi
Es nuestro Teniente Alcalde
y es carpintero "del Este";
cinco hijos tiene y bondad,
para ayudar al que fuere.
Trabajador incansable,
con "la Tita" de Olivera,
se amaron toda la vida
con desvelo y consecuencia.
Hizo en el "Conjunto Ariel"
pocas representaciones,
donde exhibiera su gracia
natural de gentilhombre.
Alto, de pelo sedoso,
de atlética fortaleza,
tras de sereno y prundente
comedido en sus maneras.
Pasa por sus ojos claros
la transparencia de amigo;
y las cosas más pequeñas
y los sueños infinitos.
Ha hecho Plinio largo idilio
de su trato a la madera:
del desbroce hasta el encastre,
sus manos buscan belleza.
Es justo con alegría;
vocación de paz lo anima;
y los pleitos se evaporan
si los convoca a la armonía.
Ejemplo de buen vecino;
actitud confiable deja
cuando se marcha; su vida,
es para todos, herencia.
Playa Mansa
Mediodía en Playa Mansa;
helados "a molinillo",
que de Pancho Salazar
mostrarían los inicios.
Pancho era entonces aquí,
el dueño del Bar "Colón"
y hacía vender sus helados
de tosca fabricación.
Casillas, carpas, al fondo,
adelante las sombrillas;
vendedores ambulantes
que la arena recorrían.
En rectangular canasta
con tapa, las empanadas
hechas por "madame Pitot",
todo el mundo codiciaba.
Y aquel: "¡a vintén los churros!"
que todavía nos resuena;
¡qué ricos aquellos churros!;
toda la infancia renuevan.
Con las colgantes canastas,
va un permanente voceo:
"¡Chicles, pastillas, bombones;
chocolates, caramelos!"
Va vendiendo sus postales,
don Alfredo Salazar;
e impresionando las placas,
que llevará al Cine-bar.
El Cine-bar de la tarde,
ya nos "engancha" en la playa:
orquesta, tragos y "cómicas"
y hasta verse en la pantalla.
Cuando don Alfredo obtura,
chiquilines del lugar,
como por arte de magia,
ya están figurando atrás.
Don Alfredo los espanta;
resopla; mas no podrá,
con la ilusión de mirarse
de tarde en el Cine-bar.
La marea de las voces
y los botes que se alquilan;
el sol radiante en las olas;
el muelle, un vapor, la Isla.
Apiñado movimiento
alrededor de sombrillas,
de las carpas, de los bares,
en el agua y en la orilla.
La transparencia del agua,
la diafanidad del día,
el celeste de los cielos,
el azul de la bahía.
Que si el aire, que si el viento
o que si el agua está fría;
que si se siente agradable
o lo bravo es la salida.
Si es mejor entrar despacio
o prefiero zambullir;
competencias bajo el agua
y saltos del trampolín.
Los alardes de destreza,
carreras de natación;
horas jugando en el agua
y a tostarse a pleno sol.
Se prohibía el torso desnudo
a los hombres y los niños;
gozaban de un tobogán
para deslizarse al río.
Roberto Chao enseñaba
a nadar a los pequeños;
hacía gustar la gimnasia
con un método risueño.
"La Fourmi" y el bar "del British":
aceitunas y empanadas,
papas fritas y licores
y bebidas "refrescadas".
Los muchachos alocados,
del techo de "La Fourmi",
desde una altura increíble,
se atreven a zambullir.
Las ruedas de alquiladores
donde se ofrecen caballos,
que en jornada vespertina
recorrerán aledaños.
Los veleros y los yates:
los conocidos, los nuevos;
navegando o en amarras
contra el muelle o a borneo.
El "Pingo", el "Coco"" y el "Jane",
"la Paloma", el "Sparviero";
el "Helo" y el "Piraí";
"Ytoiba", "Alejandro" y "mero".
"Huinca", "Saint Jean de la Cruz"
y el "Muriel", barco de mundo;
"Alguacil" y "Metejón",
la "Guará" y el "Vagabundo".
El "Huaglen", el "Cachetazo",
"Caimán", "Mbiyacoé" y el "Yenny";
el "Nancay" y el "Barataria"
y el "Arazá" y el "Mon Reve".
El "Flamenco", dos "Sloops",
del "Yacht Club Punta del Este";
pesca a fondo mar adentro
o sentados en el muelle.
Muellecito y trampolín;
el baño en aguas tranquilas;
tiempo en que la playa "Brava",
era para los suicidas.
Elías Ruiz y Juan Díaz
Eran dos electricistas
funcionarios de la Usina
que andaban en bicicleta:
don Elías Ruiz; don Juan Díaz.
Robusto hombrote paisano,
joven y fuerte, Juan Díaz;
Elías Ruiz, vasco flaquito
de una inmanente alegría.
- "¿No me has visto al "Vasco Ruiz"?",
al toparnos nos decía,
y una franca risotada
calzaba su picardía.
- "¿Adónde se habrá metido
ese "Vasco" de la Usina?";
continuaba, simulando,
que el no hallarlo, lo afligía.
Juan era en cambio, directo;
celoso de su energía;
a razón me ganarás;
pero a fuerza, ¡cualquier día!
Levantisco, pocas pulgas,
a la verdad la creía
su aliada incondicional,
el genio pronto de Díaz.
Con sus huecas cañahejas,
al atardecer salían
para hacer girar los bornes,
que al circuito cerrarían.
Las ocho post meridiano
señalaba "la guiñada";
poco más tarde y todo el mundo
en "el Este" descansaba.
Un alumbrado "a pedal"
puede decirse que hacían;
y a la mañana siguiente
el contacto interrumpían.
Conectar los contadores,
reparar las averías
y registrar los consumos,
el tiempo les absorbía.
Cara rasurada Juan;
grandes mostachos Elías;
la tragedia y la comedia,
al servicio de la Usina.
Con pasta de buena gente
cualquier reclamo atendían;
el aprecio general
de todo el pueblo tenían.
Contra el viento puntaesteño
dos bicicletas me arriman,
la memoria de la luz
con Elías Ruiz y Juan Díaz.
Mero IIIº
De Montevideo, cada año,
llegaba el "Mero tercero";
con Enrique y con Lorenzo:
maquinista y marinero.
Era Agustín Argimón
patrón de la travesía;
y era nerviosa la espera
hasta verlo en la bahía.
Al arribar, desde a bordo,
nos abría la sirena;
y nos hacía suspirar
poniendo fin a la espera.
Los demás barcos anclados
saludaban su llegada;
es la hermandad de la mar;
una ley inmaculada.
Mucho confiaba don Juan
en Agustín como práctico;
le profesaba un cariño
muy bien ganado en el trato.
Hombre sereno y experto;
un cumplido caballero;
daba placer escucharle
los detalles del crucero.
Con el vívido relato
que el práctico transmitía,
nos veíamos en el barco
haciendo la travesía.
Medidas: tres por dieciocho;
y con ocho "ojos de buey";
proa apuntada, cabina,
"mandos" para el timonel.
La timonera, bitácora,
"cartas" y buena visión;
y un ordenador de fuerzas
destinado a Enrique Urroz.
Atrás de la timonera,
renovadores del aire
y en medio, la chimenea
del corazón de la nave.
En la proa se ve un tambucho,
un palo, un ancla y cadena;
molinete, un cañoncito
de bronce sobre cubierta.
Los pasillos laterales
entre borda y obra muerta;
bancada y toldilla a popa
con una visión perfecta.
Y los cuatro salvavidas:
dos a proa, dos a popa;
los pasillos protegidos
por la baranda en la borda.
A veces en los soportes
de babor se izaba un bote;
o se remolcaba a popa
colmando las precauciones.
En el mayor la cruceta
y en la cruceta, a estribor,
la insignia de don Juan dice
que a bordo viaja el patrón.
La insignia: al centro cruz blanca;
cuatro campos, los extremos:
tres azules y uno, rojo,
con la G azul de: Gorlero.
El extremo alto del asta
rojo, linda en la cruz blanca;
extremos libres, azules
como el inferior del asta.
Gallardete del Yacht Club
triangular; es la bandera
de Artigas, la diagonal,
luce un ancla superpuesta.
Esa insignia del Yacht Club
va a babor en la cruceta,
y detrás de la toldilla,
a popa, nuestra bandera.
Debajo de la cubierta:
cuchetas, baño, cocina;
una gran sala de máquinas,
la espléndida camarita.
En cada excursión de pesca
se repetirá el ritual:
falúa repleta de amigos,
Lorenzo Amerio, guiará.
Par recibir la gente,
escalerilla adosada;
con total seguridad
el trasbordo se operaba.
Las nueve de la mañana;
los invitados a bordo;
los motores calentando
y al ancla, falúa y chinchorro.
Lorenzo grita: "¡Está libre!",
con el bichero empujando,
flaco, confiable, elegante,
con la sonrisa en los labios.
Don Juan Gorlero al timón;
la pesca está en nuestro anhelo;
con la lancha "del Arroyo",
ensartada en los anzuelos.
El pabellón nacional
pasa de popa al mesana;
así todo el mundo sabe,
que el barco se encuentra en marcha.
Buen barco; linda figura;
marino, seguro, guapo;
se sobraba para el río;
daba gusto navegando.
Era muy impresionante
ese mando: "Viva Fuerza";
crujiría el "Mero tercero";
se volvería una saeta.
Temperatura y mareas;
tiempo, viento y cabildeos,
para una buena jornada,
para acertar el pesquero.
Regresos al mediodía;
suerte varia y vanagloria;
pesca de la inmesidad
en el vaivén de las olas.
Por la escalera de popa
se baja al camarote:
luz por ventanas, la mesa,
dos cuchetas y almohadones.
Alfombra roja, trofeos,
baño privado y un bar
y panoplias y obras de arte,
con buen gusto a todo dar.
Cristal de Murano es copas
con la insignia de don Juan;
igual que en la loza inglesa,
que completaba el ajuar.
La banderita estampada
ondeando aquellos colores:
el rojo, el azul, el blanco;
una belleza sin nombre.
De vuelta, en la amarrazón,
copetines y "volados",
con su fórmula secreta,
comprados en Maldonado.
Masitas y bocadillos
importados son brindados,
en un clima de alegría
y entusiastas comentarios.
En la cubierta de proa,
se armará una pesquería:
unos escaman pescado,
otros enrollan las líneas.
Las sartas irán al bote
y la proa será "baldeada";
dejará el lampazo al "Mero",
pronto para otra jornada.
Puntualmente en su chalé,
a cada cual le llegaba
una sarta de pescado
que don Juan les enviaba.
la pesca era el gran pretexto;
sabían al volver a tierra,
que en el "Mero" habían pescado,
a la sal de la existencia.
Y es que don Juan era un barco
y su vida era la mar;
él enseñó a mucha gente
el arte de navegar.
Asado en Gorriti
Con un asado en Gorriti,
todos los años, don Juan,
reunirá a un mundo de amigos
en un festejo cordial.
Se bajaban asadore,
los corderos, la vajilla;
agua "Salus", "Citral", vino,
caña, leña y las parrillas.
Unos gozan de la sombra
en diálogos animado;
otros juegan a los naipes;
otros disfrutan del baño.
A unos les atrae la pesca,
almejas y mejillones,
otros se tuestan al sol
improvisando excursiones.
El gran fuego toma cuerpo
y con abundante brasa,
nos demuestran los baqueanos
un saber de carne asada.
Adobo y brasas; maestría
con un trago entreverada;
el que hace asado precisa
quemarse con buena caña.
Llamado del apetito
que al asado nos arrima;
sol que convoca la sed:
deliciosa perspectiva.
Sombra; perfume de pinos
y el silencio de la Isla;
mirar a Punta del Este
los barcos y la bahía.
Sensación de navegar,
de cosechar alegría;
magia de estar a la vez
en tierra y en travesía.
Recién a la media tarde
se organizaba el regreso;
se alargaba en comentarios
por muchos días el encuentro.
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