Cable Submarino
El diario El Comercio del Plata (Montevideo, año XIII, N° 3251) el 28 de enero de 1857 publicó una noticia en la que se presentaba un proyecto para extender un cable submarino de telegrafía que conectaría a Montevideo, vía Colonia del Sacramento, con Buenos Aires y Paraná, donde en ese momento estaba la sede del Gobierno Nacional. Esta iniciativa fue muy parecida a la presentada siete años después en
Buenos Aires, en 1864, por apoderados de inversores escoceses que dos años más tarde, con la patente otorgada por los dos países del Plata, constituyeron la firma The River Plate Telegraph Company
En el libro “Maldonado y su región” de Carlos Seijo se cita al cable submarino en Punta del Este:
Inauguración:
“En Punta del Este está también la oficina del cable submarino, manzana 28, solar d; el local fue inaugurado el 25 de agosto de 1873, y recién dos años después quedó expedita la comunicación telegráfica con Europa. Antes llegaba tan solo hasta Río de Janeiro. Su jefe fundador fue Alberto Murissich. La empresa solicitó a la Comisión Económico Administrativa de Maldonado una manzana de terreno que obtuvo gratuitamente, con la condición expresa de establecer en ella sus oficinas para servicio del público, pero transcurridos tres años sin dar cumplimiento a ello, se le exigió la devolución.
En un relato de 1877, percance marítimo:
“El 14 de agosto de 1877, la ballenera de faeneros de la isla de Lobos salió de Punta del Este, antes del oscurecer, con víveres, y aunque iba con rumbo hacia aquella isla no la vieron debido a la espesa niebla. Al llegar la noche continuaron navegando y cuando menos pensaban, al encallar en la costa, reciben una gran sacudida. Bajan a tierra y sin saber dónde empezaron a andar, hasta que al tropezar con la casilla del cable submarino recién se dieron cuenta de que se encontraban nuevamente en Punta del Este.”
En un salvataje de 1880:
“El bergantín inglés Silver Craig el 7 de noviembre de 1880 encalló en el Polonio, inmediato a la isla Rasa. El vapor Norsmann, de la compañía del cable submarino que se encontraba cercano, lo sacó remolcándolo hasta el puerto de Maldonado.”
En un siniestro marítimo de 1891:
“1891 - El 1.o de octubre, el bergantín italiano Antonio Padre en la playa San Rafael. En la mañana de ese día el vapor Viking, del cable submarino, observó un buque que pedía auxilio e inmediatamente se dirigió hacia él y lo tomó a remolque rumbo a la bahía de Maldonado. Infructuosos resultaron los esfuerzos hechos, porque después de dos horas empleadas en remolcarlo se hundió completamente, no sin antes haber puesto a salvo a la tripulación. Fue en el paraje distante 2 millas al este del faro.”
1905, en el capítulo “Primeros chalets”:
“De tarde solía hacerse un paseo, el pequeño grupo partía de la plazoleta citada, y como todo era un campo abierto, generalmente rumbeaba en dirección a la playa del cable submarino —cuya casilla está instalada en la manzana 28, solar d—, para regresar después de permanecer un rato descansando en la costa o juntando pequeños caracoles de ciertas variedades raras.”
Extracto de la tesis de doctorado de Ariel Sar, titulada “Los orígenes de las telecomunicaciones en la Argentina, 1853-1890”, defendida en 2015 en la Universidad Nacional de La Plata:
Resumen
El presente artículo intenta profundizar en las preguntas de cómo y porqué se instaló un cable submarino de telegrafía internacional en el Río de la Plata en 1866, conectando a la Argentina con Uruguay, que finalmente formó parte de un tendido que se completó en 1874 con la interconexión de las redes telegráficas de Argentina, Uruguay y Brasil con Europa por el Atlántico y con Chile y el resto de los países Andinos por el Pacífico.
Introducción
El presente trabajo fue producido sobre la base de documentos fragmentados hallados en repositorios públicos y privados en las dos orillas del Plata, así como la bibliografía diversa que, además, ha sido obtenida de repositorios digitales internacionales. La escasez, por no decir nula, existencia de estudios sistemáticos y de bibliografía conformada sobre la historia y la contribución de la telegrafía eléctrica en la región, da cuenta también de un estado de la cuestión que se reduce, en el mejor de los casos, a la celebración de una efeméride. En este sentido, profundizar esta línea de investigación pretende ser un aporte a la construcción de una perspectiva historiográfica. En efecto, la telegrafía eléctrica en el Plata tiene una densidad histórica que espera ser develada, a partir de la conformación de un entramado de transportes, comunicaciones y tráfico de información militar que formó parte de una estrategia de dominación imperial.
Se trata de una historia que comienza a tomar cuerpo entre los meses de julio y octubre de 1866, cuando se tendieron dos cables submarinos de telegrafía eléctrica en América, que en apariencia no tenían relación entre sí. El primero fue el denominado Cable Atlántico, que a fines de julio conectó a Terranova, en la costa este de Canadá, con la Isla de Valentia, en Irlanda, uniendo así los puntos más cercanos entre los continentes de América y Europa, respectivamente.
El segundo cable submarino se extendió durante la segunda semana de octubre entre Colonia del Sacramento, en Uruguay, y Punta Lara, en Argentina, uniendo también las dos orillas más cercanas. Un dato significativo de este cable local fue el hecho de que ninguno de los dos países rioplatenses tenía en ese momento servicios propios de telegrafía eléctrica, por lo tanto se instalaba para brindar una comunicación con fines particulares, incluso de manera autónoma del propio Estado.
Esos dos tendidos, especialmente el segundo, adquieren mayor significado cuando a fines de julio de 1874 se habilitó la conexión de un nuevo cable submarino entre el Norte de Brasil y Europa de manera directa, permitiendo unir así los diversos tramos de cable submarino que se habían tendido durante los últimos 20 años en la región, conformando un anillo de telecomunicaciones que a partir de esa fecha puso en comunicación telegráfica a los principales pueblos urbanizados de América del Sur desde el Atlántico hasta el Pacífico y a todos ellos con los países Noratlánticos.
Las dos primeras expediciones cableras tuvieron numerosos puntos de contacto, ya que compartieron, entre otras cosas, parte del personal técnico y de obra, utilizaron también una parte de los mismos instrumentos de trabajo, de medición y de precisión tecnológica, lo que evidencia que constituyeron dos etapas de un mismo proyecto de telecomunicaciones. Y la tercera expedición también estuvo organizada por los mismos capitales y una misma inteligencia científica y tecnológica que proveyó el conocimiento y la práctica necesaria para llevar a cabo un anillo global de telegrafía eléctrica que conectó los puntos más importantes del Cono Sur pero también de los hemisferios oriental y occidental.
En consecuencia, con el tendido del cable atlántico comenzó a conformarse una red de telecomunicaciones global que llegaría a los principales puertos, mercados y pasos fronterizos del planeta y atravesaría los cinco continentes. Se impuso así una reorganización de la división imperialista del planeta cuya hegemonía tenía Gran Bretaña y llegaba a “las cinco esquinas del planeta”. Ese marco imperial permitió el despliegue de una geoestrategia de poder económico y político que se extendió entre la crisis económica de 1873 y la Primera Guerra Mundial. Durante esas cuatro décadas los imperios Noratlánticos establecieron pactos para alcanzar un esquema planetario de poder total y las redes de telecomunicaciones telegráficas pusieron en circulación una masa de información controlada por los propios imperios para su propio beneficio. De ese esquema participaron las nacientes agencias de noticias promovidas por los propios gobiernos europeos para llevar y traer la información de uno a otro lado del globo, de acuerdo a sus intereses de cada momento.
Esta cartografía de imperios y redes de comunicación, las de telegrafía eléctrica llegaron para reemplazar a las redes marítimas que habían conectado a Oriente y Occidente desde la Edad Media a través de organizaciones marítimas que se apropiaron de las principales vías navegables que desde ese momento pasaban a un segundo plano como fuentes de información. Así, los hilos y cables de la telegrafía eléctrica adquirieron desde un comienzo una significación militar, de poder económico y político, y la velocidad en la transmisión de la información se convirtió en un valor fundamental.
La estrategia de comunicación y poder imperial pusieron a los países del Plata como un engranaje más que contribuyó a desplazar definitivamente a los españoles de sus antiguas colonias americanas. En efecto, la llegada de la telegrafía eléctrica al Río de la Plata se planteó desde un comienzo en clave militar no sólo por las tensiones entre los propios imperios, lo que llevó, por ejemplo, a que el tendido de los cables submarinos se realizara como si fueran verdaderas operaciones militares en la que se excluía a la prensa y a los extranjeros, como ocurrió en el tendido del Cable Atlántico, sino también porque la expedición del cable rioplatense se produjo en plena guerra de la Triple Alianza y en parte del propio teatro de operaciones, con cabecera de la empresa en Uruguay, cuya soberanía real era uno de los ejes de la disputa, lo que le dio una mayor significación bélica a la expedición.
A partir de ese cable se fueron extendiendo y conectando otros tramos de telegrafía hasta quedar constituido el citado anillo de telecomunicaciones que unió a las principales ciudades portuarias del Cono Sur con los Estados Unidos y Europa. Lo que quedó conformado, en última instancia, fue una trama de transportes y comunicaciones entre los puertos, los ferrocarriles y la telegrafía orientadas a un mercado global, dominado por el Imperio Británico.

