Poemas de Punta del Este II
De Umberto Pereira, "el poeta de Punta del Este"
Primera edición: 1994
Noticia sobre el autor y su obra
Punta del Este es la patria de Umberto Pereira.
Nació el 4 de enero de 1923. Esa naturaleza y su gente, han conformado su inspiración. Navegar la comarca tierramar y el alma de sus vecinos, dejaron la estela de estos poemas. La estela puede ser tan breve como hermosa. Pero, si los signos poéticos entran en el corazón del prójimo, dan un retorno sin tiempo.
En libros anteriores referimos a las opiniones de Juana de Ibarbourou, Sarah Bollo, Tomás Brena, José Mora guarnido, Heraclio Pérez ubici, Agustín de Saz y Domingo Luis Bordoli, así como a la inclusión en antologías uruguayas, de la obra de Pereira.
Siguen aquí, opiniones sobre los últimos libros publicados:
- Poeta y profesora Elodia Montañés Honoré: "Qué labor la tuya para recoger los datos y revestirlos luego con tu vuelo poético, para deleite de los que te leen. El inagotable venero de la fantasía. Páginas impregnadas de ternura, calidez y sabias reflexiones."
- Dr. Federico García Capurro: "Poemas que por su contenido y lirismo, van a interesar a todos los que como nosotros, hemos vivido intensamente la historia de Maldonado, Punta del Este y su gente."
- Escritor Antonio Deane: " Es un trabajo estupendo de investigación histórica, el que usted ha logrado hacer. Nada fácil por cierto."
- Poeta y escritora Sylvia Puentes de Oyenard: Aunque sin rutas parece, mil caminos tiene el mar; y uno de todos, el óptimo, al que es preciso encontrar. "El que convocó a un poeta de ley, que supo descubrir el camino y llegar a la palabra para alzar su canto y elevarse en vuelo. Gracias por permitirme compartir tu poesía."
- Profesor José Enrique Bengochea Elizalde: "Tiras la red y recoges transformados en poemas, nombres, sucesos, de este privilegiado lugar. Romances, biografías, nueva y más cercana visión de los naufragios y el deleite de la recreación pormenorizada de los detalles."
- Vice cónsul de Italia en Maldonado Giulio Ítalo Tortorella: "Hermosos relatos todos los de este aporte a la historia de Maldonado".
- Poeta y profesor Ricardo Leonel Figueredo: "Enfocada dentro del romance, mantiene la temática tuya, una vigencia épica, que nos retrotrae al romancero clásico, de lectura fluida, lleno de esas imágenes que se suceden en cadena. El rescate que realizas de esos temas semi-olvidados, tiene un aporte fundamental, para los estudiosos que aparecerán algún día."
- Director General de Turismo de Maldonado Oscar Olmos: "Conmovedor testimonio de nuestras más profundas raíces. Un viaje al pasado entretejido con nuestra actualidad. El tiempo no pasa; sólo da vueltas."
- Poeta y periodista cultural Yolanda Clavijo de Silvera: "Volví a vivir mi infancia, con personajes conocidos, con momentos pasados que aun siguen persistiendo. Gracias, Umberto, por el Punta del Este que no dejas que cambie y que dentro de cada nativo, sigue igual a como ayer."
- Periodista cultural José Palacio: "Cantos dedicados a los amigos, a la familia, al paisaje, al mar, bosques y cielo límpido; a las olas y al viento del sur, cuyas nostalgias llevan a la felicidad de los recuerdos."
- Maestra Nancy Sola de Cairo: "He disfrutado tu libro; me ha gustado mucho, como todas tus obras. has sabido rodear la historia con la particularidad del que quiere realmente lo suyo. Con el sabor de la "familia grande" de nuestra zona."
- Maestra Silas Zeballos de Tobías: "Te felicito por esa alma plena de poemas que fluyen a cada instante; por tu mente ágil, tu mano diestra y la voluntad férrea que te hace feliz, entregando riqueza espiritual. Un regalo para el espíritu. Cada nombre, cada anécdota, cada hecho narrado, es como sentir de nuevo ese palpitar del ayer, que iluminó de felicidad nuestros corazones."
- Sr. Roger Díaz González: "Me impresionó la calidad de la expresión y la claridad con que se detalla. no te imaginas cuánta alegría le causó a mi madre y a todos nosotros. Acá cerca, tengo a Luis Tassano, sobrino de don Estanislao, que aunque un poco viejo, se emocionó cuando le leí lo de su tío."
- Escritora y escribana Mabel Plada: "Gracias por rescatar del olvido, los hechos que hacen a los más íntimo de nuestra identidad."
- Maestra Estela Olsina: "Adivino la búsqueda minuciosa de los detalles, que se pierden a veces en el tiempo y en la distancia, en tu tan enriquecida tarea de escribir."
- Dr. y periodista cultural Alfredo Nocetti Fasolino: "Nadie ha interpretado -poesía mediante- a Punta del Este y a nuestra zona, como lo haces tu."
Obras publicadas:
- 1957: "Poemas de Punta del Este"
- 1993: "Poemas de aventuras, regatas y naufragios en el Este"
- 1994 - "Poemas de infancia puntaesteña I"; "Poemas de infancia puntaesteña II"; "Poemas de Punta del Este II".
Obras a publicar:
- "Poemas de Punta del Este" (tomos III y IV)
- "Poemas de Maldonado" (tomos I y II)
- "Rafael Pérez del Puerto" (tomos I y II)
- "Poemas de los relieves"
- "Poemas de circunnavegación" (tomos I y II)
- "La patria de Artigas".
Contenido
Piedra
Se te figura quieta:
torrente de las Eras,
mariposa de arena.
Y piensan que eres sorda:
registro de la guerra,
urna de la plegaria.
Se te presume ciega:
legendaria aventura
de gótica pupila.
Ignoran tus caricias:
inmemorial herida
de primigenia reja.
Se te supone muda:
escultora de olas,
taller de las espumas.
Y a sabores negada:
lengua de la montaña
catadora de estrellas.
Arena
El fondo del mar, prolífico
reloj de fluencias eternas,
sabe ensancharse en espumas
para verter las arenas.
Y fue acumulando tiempo
en nuestra larga ribera;
recuerdos de roca viva,
montañas de arena muerta.
Con unas pocas lecciones
del viento la arena vuela,
hasta formar los desiertos
de cansancio, sed y ausencia.
Pero con tantos encantos
fue colmada nuestra tierra,
que hasta la arena enemiga
vino a enamorarse de ella.
El hombre, que de este tránsito
empezaba a darse cuenta,
puso en regalo de vida
bajo la piel de la arena.
Mientras plantaba el almácigo
la colmó con sus promesas
de verdor y de perfume;
de sombra y de vida nueva.
Ella aceptó ser matriz
para engendrar la arboleda;
para hospedar a los pájaros,
después de tanta bohemia.
Y produjo un equilibrio:
mar, arena, pinos, tierra,
la seducción de la gracia
que hace feliz al que llega.
Pero entre el mar y los pinos
guardó una franja libérrima,
para sus antiguas danzas;
para su atávica guerra.
Allí se citan los seres
cazadores de belleza
y sobre su blando lecho
se tienden, gozan y sueñan.
Viento
Los formones del viento
escarban la corteza
rebelde de la mar.
Vuela y se vuelve luz
la viruta de espuma.
En la Punta y las Islas,
modela el carpintero
la cambiante belleza.
Y en nuestro pecho busca
laminillas de fuego,
alimento de amor.
Nubes
Toda la Punta del Este
es un áureo observatorio;
y de las nubes del alma
un natural telescopio.
Siempre podemos mirar
en el cielo nuestra alma;
a veces limpia y azul;
otras, de nubes cargada.
La proyección en el cielo
nos da imágenes tan amplias,
que es posible comprender
claridad y nubes pardas.
Esas nubes son las copas
del árbol de nuestro ser,
a las que suben las savias
para mal o para bien.
Nubes de distinto genio;
nubes de cambiante hazaña;
que nos hacen cruda guerra
o nos cubren de alabanza.
Son las tormentas del alma;
son la pasión y el deseo;
y si se dejan caer, son,
benditas para el sediento.
Son la borrasca que empaña
la luz de unos ojos bellos
y somos nosotros mismos
vueltos vapor en el cielo.
Somos nubes que caminan
o vuelan según los tiempos;
la codicia nos aploma;
si damos, nos sube el viento.
En ellas somos jinetes
con distinto galopar;
pájaros o planeadores
o ballet escultural.
Y la nube es lo que nadie
nunca ha podido alcanzar;
es nuestra hija y nuestra madre,
nuestro río y nuestro mar.
Ellas dan forma en el cielo
al pensamiento infinito;
y a nuestra furia insensata
precipitan en granizo.
Son lo peor de nuestra niebla;
lo mejor de nuestro campo;
son nuestras más bellas flores;
son vapor de nuestro fango.
Son, si nos damos en agua,
lo que nutre tierra ajena;
renovación de verdura
para salvar al planeta.
Y dándonos a otros seres
somos árbol, fruto, planta;
corolas multicolores;
mentempsicosis del agua.
Aquí, en la Punta del Este,
en el cielo, se ve el alma;
a veces limpia y azul;
otras, de nube cargada.
Olas
Surgida en valles de mar
la ola quisiera ser cerro;
por mirar la lejanía
se empina sobre su cuerpo.
Las estrellas y los hombres
buscan tierras y los barcos,
dibujan sobre las olas
la estela de los hallazgos.
Las olas tienen un sino
de continuo movimiento;
eterno insomnio de luna,
clavado aguijón de viento.
Pulso del mar, son la sangre
de un corazón de misterio,
que por acrático ritmo,
juega con vivos y muertos.
El huracán desalmado,
gigante de instinto ciego,
las vuelve furia de espuma,
naufragio, muerte, silencio.
Las que conducen al gozo
son sordas al desaliento
del que se hunde en sus abismos
y llora el fin de su tiempo.
Pero ellas saben hablar
otro lenguaje hechicero,
suavizando la distante
soledad del merinero.
Su chas chas contra los cascos,
desgrana historias y cuentos,
tan viejos como las sombras,
que siempre parecen nuevos.
Se dilatan como velas
en cinta de amor y viento,
para engendrar a la espuma:
imagen blanca del beso.
Calmas chicas les regalan
el alma de los espejos;
y una luz mansa les pone
los ojos color de cielo.
Batiendo palmas esparcen
miles de nardos abiertos,
que en ronda, mano con mano,
abarcan al universo.
Mientras cantan, a las olas
se les levantan los pechos,
luciendo gasas azules
y transparencias de sueño.
Las olas no aprenden nunca
con las que han muerto primero;
y corren hacia la costa
desveladas y sonriendo.
Dan por la quietud la vida;
anhelan paz sin saberlo;
y en los brazos de la arena,
por siempre se van durmiendo.
Costa de levante
Es mar atlántico bravo;
embriagante con el yodo,
la sal, el sol y un cambiante
viento de ecuador y polo.
Los árboles, las sombrillas,
las arenas que encandilan;
el traslucir de las olas,
el horizonte y la Isla.
Vendedores ambulantes
vocean sin pausa y sin prisa;
de cerca y de lejos vienen
multitud de mercancías.
Agua gacela en la costa;
agua de pasión indómita
que succiona la pedana
del que hace esgrima en sus olas.
Agua fría y a la vez,
reacción térmica impagable;
cama de sol de la arena
para transfusión del aire.
Agua vida; que remueves
huesos, tendones, piel, sangre;
aire de vida; que ensanchas
el placer de disfrutarte.
Baño golpe, esquive, fuerza;
morir de cansancio, sueño
de alcanzar lo inalcanzable
y despertar hombre nuevo.
Sombrilla de nuestro cuerpo;
reloj para el mediodía;
y sombrilla circular
del quitasol de lonilla.
Sombra; naufragio de luz
en angosto pasa cintas;
en la mitad del festón
de la arena que rutila.
Arenas donde se cierran
todos los ojos del mundo,
para tostar la hermosura
quemándose en el embrujo.
Cielo; deslumbrante sol;
adoradores que apagan
en las olas gigantescas,
la piel convertida en brasa.
Feria mundial de los cuerpos
que imprimen al movimiento,
el ritmo de la alegría
que pasa en alas del viento.
melodía de run runes,
interminables del agua,
que vienen de todo el mundo
a cantar en esta playa.
Y tablas y hombres y espumas,
quieren superar el vértigo
de la luz, como buscando
la frontera del misterio.
Canal de Lobos
Canal del descubrimiento;
canal por donde llegaron
una espada y una cruz;
la buena nueva y el habla.
Por donde llegara el fuego
miserable de la guerra,
para aniquilar al indio
y apropiarse de la tierra.
Canal: ruta de barbarie
y de civilización;
del pirata, el contrabando,
el enemigo, el amor.
Canal donde se hace rumbo;
canal del enamorado
don José María Benítez,
que un día allí sepultamos.
El piloto de ultramar,
después de tanto cruzarlo,
lo eligió como parcela
para su eterno descanso.
Rica mina trashumante
de los bancos de tus peces:
tiburones de tus aguas,
mensajeros de la muerte.
Canal de embiques fatales
entre Lobos y la Punta,
que se pierden en recodos
del dolor y de la bruma.
Segunda Guerra Mundial
que se acercó a tu corriente,
con el "GrafSpee" y el "Ayax",
con el "Achilles" y el "Exeter".
Faros que sugieren niebla;
faros para taladrar
la ciega sed de naufragio
de los vientos y la mar.
Isla en la que espera al lobo
salvaje golpe final;
canal que das al faenero
garrote de soledad.
Costa de poniente
Inmensa playa bahía
ensenada de poniente;
desde la Punta Ballena,
hasta la Punta del Este.
Por allá, en la Boca Grande,
sabe la luz del "Monarca",
las cosas que hace el pampero
cuando su furia desata.
El viento penetra al monte
y al agitarse, los pinos,
parecen palos de barcos
con un incierto destino.
Y de este lado, la Isla,
la Punta y el murallón,
dominando sus bramidos,
canalizan su agresión.
Caprichos de la bahía
para jugar a ser "Brava";
para entretener inviernos
que por su quietud, la cansan.
En verano, sus maneras,
son de anfitriona educada
y disimula ese genio
que gasta en las invernadas.
Las Ánimas se perfilan
como nubes resignadas
a mantener una forma,
aunque en los colores, viajan.
Rebaño que el Pan de Azúcar,
desde la cumbre vigila,
como a las olas del mar;
todo el año; noche y día.
Costa mansa del oeste,
perfecta imagen de doma
del viento, de las arenas,
de la espuma y de las olas.
La costa de la Ballena,
ola fuerte, arena gruesa,
va decantando modales,
va triturando la arena.
Y llega a Punta del Este
capacitada en finezas;
con una arena impalpable,
con olas que ronronean.
Gorriti semeja el fruto
de nuestra imaginación;
nos parece que no estaba
y la inventa nuestro amor.
la "Isla Verde" es la figura
de todas las esperanzas;
hasta con "Puerto Jardín"
para embicar nuestras ansias.
Par el niño, está allá lejos;
para el hombre está cercana;
para el abuelo se pierde
en tiempos de sus hazañas.
El puerto baila; en las olas
bambolean todos los barcos;
abanico de colores
sobre las aguas flotando.
En el murallón y el muelle,
en las boyas y marinas,
barcos atados a un cabo:
aventura suspendida.
Tejiendo la "red" desde arenas
de la vieja "Medianía",
donde existió la "Jesús",
una antigua batería.
Y al recoger esta "red",
zafan velas escapistas;
pero viene el horizonte,
el cielo, el mar y la Isla.
Botes a pedal y lanchas
off shore, verdaderas flechas;
vienen lanchas pescadoras,
wind surf y la vela delta.
Vela delta: empecinado
sueño de que vuele el cuerpo;
de ver a Punta del Este
desde la borda del viento.
Viene el placer de bracear
de nadadores expertos;
y el gozo azul de los niños
en forma de chapoteo.
En medio vienen los surcos
del sky, el arado acuático,
con su siembra de placer
de almas que pasan volando.
Mientras jalo de esta "red"
la multitud se da cuenta,
que llegar desde tan lejos
bien ha valido la pena.
Y no podría ser avaro
con tan prodigiosa pesca;
y ahí no más, sobre la playa,
reparto al que se me acerca.
El sol que pintó de plata
las olas cuando hizo al día,
tiene, al entrarse en el mar,
maduras melancolías.
Mientras se marcha, en las olas,
en los barcos, en los palos,
en las velas y banderas,
deja un filete dorado.
Isla de Lobos
Traicionero arrecife, oscuro temporal;
providencial aviso, trampa de naufragar.
Barca que te deslizas, por la orilla del cielo,
arbolada de nubes, rolando con el viento.
Eres la loba madre, ola petrificada;
isla yerma y sin sombra, caprichosa y lejana.
Zafra de los peligros, graznar que sobrecoge,
mujer arrepentida, que das rumbos al hombre.
Roca donde se raja la tela de las aguas;
Virgen de las Espumas, noctiluca encantada.
Peluca resoplante, tiburón en acecho,
embique de tragedia, vocación de desierto.
Ciego sol solitario, pestilente ulular;
amor desenfrenado de la lluvia y el mar.
Gaviota que planeas sobre el mismo horizonte;
águila mora y turbia que sus garras esconde.
Curtiembre de salitre que endureces el alma;
pulmón filtrando cielo, loca sed deslumbrada.
Corral de la tragedia, yodo de cuerear tiempo;
perdición de los lobos, furia ancestral de besos.
Guarida de la luna, faro de la alegría,
esgrima de la muerte, eclosión de la vida.
Atronador discurso, batir interminable
de olas, que no se animan, a decir lo que saben.
Faro
La Punta es nereida dormida en la playa;
la cubre el encanto de un sueño inmortal;
fue diosa del indio, fue maja española,
doncella criolla por siempre será.
La Punta del Este radiante lucía
el fausto alborozo de una navidad:
de la arcana noche, su estrella nacía,
hija de la tierra, señora del mar.
La Punta era verde, la torre era blanca;
azul el silencio de la inmensidad;
vigilias de siglos la han vuelto colmena,
apiario del yodo, panal de la sal.
Los vientos son chauras que aduermen su trompo;
las lluvias son hilos para su telar;
late un aleluya de luz en su pecho,
la luna florece por verlo gozar.
El faro de Lobos, la vieja Vigía
y el faro del Este quisieron formar,
un pájaro de oro de la geometría,
alado archivero de egregio solar.
Fina caracola fiel a sus recuerdos,
añora los chivos que viera pastar;
los negros pioneros, los jefes de faro,
la amada presencia de un gran catalán.
El faro es un mástil, y las nubes son velas,
las islas son remos y ensueño el mirar;
un canto de rocas engendra sirenas;
zafamos del puerto, nos damos al mar.
El faro es aguja que inyecta en el tiempo,
fraternos avisos que alivian el mal,
de los torturados insomnes pilotos
que luchan bravíos con la tempestad.
Este poema se canta en la Escuela, con música del Maestro Néstor Rosa Guifuni (h).
Isla de Gorriti
Besó mi rostro tu silencio eterno
y lo raptó el misterio de una ola;
mi pie se hundió en el oro de tu arena.
Después que prometí guardar secreto,
el mar usó mis piernas como cuerdas
y entró en mi corazón tu melodía.
En el bruñido cobre de la aurora,
dabas relieve a un coro de gaviotas;
olas volando: magistral oficio.
Y ya condecorado con la pesca,
se bautizó mi sed en tu agua clara
y consumió tu soledad, mi fuego.
"La Pastora"
Gran viento en Portezuelo;
y "La Pastora"
naufragó y se fue a pique:
suerte traidora.
¿Cómo era y de qué porte;
remos o vela?;
nada; todo lo traga
la indiferencia.
Se ha borrado su origen,
quién era el dueño,
quién resolvió abandono
para sus sueños.
¿Quién sería La Pastora;
cuál el rebaño;
dónde, quesos y leche,
vida engendraron?
¿Fue hermosa la Pastora;
quién le pondría
su nombre a aquella barca;
quién la amaría?
Traen la barca anegada
del Portezuelo;
y otra vez la abandonan:
destino negro.
Viento y arena, a veces,
la sepultaban;
y otras, la aparecían
como a un fantasma.
Y ahí estaba, en la costa,
con su agonía;
que iba a morir despacio,
todos sabían.
Parada tres, le llaman
mucho más tarde;
de "Las Casas Obreras"
ya, ni señales.
El olvido, un salvaje,
viaja en el viento:
y arrasarán con todo
espacio y tiempo.
Y ahora, allí, un "cinco estrellas"
piensa elevarse:
¿le pondrán: "La Pastora"?;
tal vez; ¡quién sabe!
El tiempo a aquella barca
desguazaría;
pero su nombre luce,
en nuestra orilla.
La sugestión que invoca,
tiene una fuerza,
inmortal: "La Pastora":
plena belleza.
Punta Ballena
Sobre la Punta Ballena
que fuera antes: del Oeste,
luce a un lado Portezuelo
y al otro Punta del Este.
Playa: sereno discurso
de la horizontalidad;
haciendo cruz con el cielo
que derrama claridad.
Azul y verde del mar;
blanca majada de olasd,
que se rompe en las espumas
y canta sobre las rocas.
El agua del Portezuelo,
para seducir a la arena,
le baila una danza suave
y entre suspiros la besa.
Como no se quiere ir
se esconde en los lagunones,
para prolongar el tiempo
de felices emociones.
Pesquero de Calamares,
Pesquero de Langostinos;
viento, velas, azul, olas
y buceo submarino.
La Gruta de Portezuelo,
la Gruta de Salamanca;
rocas del Pesquero Alto,
Canaleta de las Cañas.
La Canaleta Cachimba,
los naturales viveros
del Pesquero de la Loza;
la Gruta de los Murciélagos.
Pesquero Punta del Cerro,
Canaleta Piedra Alta;
por fin la Gruta del Tigre
y otra vez, la hermosa playa.
Para un cansancio de pesca
mana de las rocas, agua;
hay para hambrientos regresos,
frutos del mar sobre brasas.
Hazañas de pescadores
se duermen entre las grutas
y dejan haciendo ronda
la luz de las noctilucas.
La Ballena y su Arboreto,
forman levante y poniente;
y abre el sol biombos rosados,
donde la luz nace y muere.
Esta Ballena, en vez de agua,
para engendrar horizontes,
emite chorros de luz;
sueños de siete colores.
Navegando hacia Gorriti
quisiera poder tocar
la arena en Puerto Jardín
y tenderse a descansar.
Recibió un vestido verde
y olvidó su traje gris;
fue un espléndido regalo
de don Antonio Lussich.
Con apasionado amor
a babor, sobre "El Chileno",
la costa y el mar se aman
en un agitado encuentro.
Se entrecierran nuestros ojos
mirando espejos quebrados
de laguna y mar; y cielos,
absueltos de sus pecados.
Las tijeras de las velas
cortan la mar en pedazos,
que se guardan en el alma
los que la están navegando.
De los cántaros del viento
nuestra sed está bebiendo
embriaguez de yodo y sal;
vida vieja en odres nuevos.
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