Motín en la Plaza Matriz, 1876, diez muertos y cincuenta heridos

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La Plaza de la Constitución (nombre oficial), conocida también como Plaza Matriz.


Era un panorama aún más entreverado que el actual y la presencia en Montevideo de dos magos de fama mundial no contribuyó en absoluto a apaciguar a las partes.


Motín en la Plaza Matriz, 1876

Por Alberto Moroy


La Plaza de la Constitución (nombre oficial), conocida también como Plaza Matriz se encuentra en la ciudad de Montevideo, Uruguay. Recibe su nombre en honor a la Constitución Española de Cádiz de 1812. En la antigua ciudad colonial y en las primeras décadas de la independencia, la plaza era el centro de la ciudadela. En 1867 se inauguró la primera fuente pública en la plaza, la actual fue inaugurada el 18 de julio de 1871.

Después de la Revolución de las Lanzas (12 de septiembre de 1870 – 6 de abril de 1872) resurgió entre los jóvenes cultos de la ciudad la convicción de que la responsabilidad de todos los males del país correspondía a los partidos tradicionales y a los caudillos. Estos jóvenes universitarios defendían los principios constitucionales y legales, y de ahí su nombre: “principistas”. Del otro lado estaban los defensores de los partidos tradicionales autodenominados “netos” o, despectivamente por los principistas, “candomberos”.

Oficiales y soldados revolucionarios al mando de Timoteo Aparicio, hacia 1871.

La nota histórica de hoy es larga, antigua. y conocida por pocos. Para muchos irrelevante por el paso del tiempo, para otros una buena oportunidad de conocer la barbarie que asolaba la política de los montevideanos… nada distinto al resto del país. Dentro de esta nota tienen links imperdibles, por lo que aconsejo leerlos detalladamente después de haberla recorrido toda.


Entre principistas y candomberos


Casi tres años después, el 1° de Enero de 1875 fue el día para elegir Alcalde ordinario, especie de juez de primera instancia y defensor de menores. Existían dos únicas listas, la llamada Popular, sostenida por “los principistas” cuyos titulares y suplentes eran José Pedro Varela, suplentes Dr. Leoncio Correa y Dr. Juan José Segundo; Dr. Adolfo Artagaveytia, suplentes Dr. Aureliano Rodriguez Larreta y Juan Manuel de Vedia; y la otra lista que votaría los netos.

Vista de la plaza Construcción siete años después.


Los atentados del 1º de Enero


Relato de los sucesos del de enero, hecho por quien fue actor principal en los mismos y escapó por milagro de ser víctima, Alfredo E. Castellanos. Fue publicado en "La Idea" y "El Siglo", con el título "El suceso electoral".


Allí estaba Belén, de ponchito puesto, sombrero cantor y pañuelito colorado en el pescuezo: Belén el jefe neto de las elecciones donde ha corrido la sangre de los ciudadanos como el infortunado García; Belén, el héroe de todos los escándalos y desórdenes, en una palabra, el asesino Belén, el terror de sus acreedores, el prototipo del compadre sanguinario y madrugador, acostumbrado a emplear su valor contra las mujeres y los indefensos.

Allí estaba Quirós, el famoso asesino, a quien nuestros tribunales han dado puerta franca, sin duda porque es un buen elemento para el desorden y los asesinatos. Quirós, que cuenta entre sus hazañas la de haber entrado a un velorio, en campaña, levantando en la punta de su facón el cuerpo de un niñito a quien velaban sus parientes y amigos. Quirós, que ha entrado a una pulpería en San José, cuando administraba el departamento don Luis E. Pérez, y ha obligado al dueño de casa a soportar todos los insultos y todas las ofensas que quiso hacer sufrir a la mujer de aquel desgraciado. Por más señas, en esa misma pulpería fue aprehendido hace ocho o diez días un comandante Conde, excelente vecino de Chamiso.

Por cometer un simple desacato contra el dueño de casa, estando completamente ebrio, ha sido metido entre rejas por el jefe político de San José, sin tenerse para nada en cuenta que Conde acababa de dejar las armas, después de haber reunido gente para sostener al gobierno; mientras que Quirós, habiendo cometido mayor escándalo y doble crimen, se paseaba en San José, garantido por el jefe político Pérez. En fin, mis amigos, allí estaba el Zoilo Callado, cuya foja de servicios es notable entre los famosos compadres que han aterrado en otra época al vecindario honrado. En una palabra, allí estaban todos los grandes bandidos, los instrumentos de la explotación política, la chusma asalariada, la canalla audaz y desvergonzada.”


EL MES TRÁGICO

http://anaforas.fic.edu.uy/jspui/handle/123456789/32730


En 1875 los partidos históricos habían dado paso prácticamente a dos agrupaciones. Por afinidades electorales, los elementos de los partidos tradicionales, cada uno de ellos trabajado por hondas divisiones, habían polarizado en dos grupos mixtos. Lo peor de ambos eran los colorados netos y los blancos netos de un lado, unidos bajo la denominación (aplicada por sus contrarios) de “candomberos”. Los de más valía, constituidos por los colorados conservadores y los blancos nacionalistas de otro lado, militaban bajo la denominación de “principistas”.


Principistas y doctores

http://www.periodicas.edu.uy/o/Enciclopedia_uruguaya/pdfs/Enciclopedia_uruguaya_21.pdf


Los hechos


“Era un día de domingo de sol espléndido aunque fresco, durante el cual Montevideo se vio recorrido por numerosos extranjeros, venidos de Buenos Aires, para asistir, entre otras fiestas, a las regatas internacionales que debían llevarse a término en el puerto y que, realmente tuvieron lugar, en los mismos instantes del estallido revolucionario”.


Relato de época (Joaquín de Salterain)


“Cuando subiendo por la calle Ituzaingó, desde 25 de Mayo, hasta Rincón llegué a la plaza Constitución, serían poco más o menos, las 2 de la tarde, si mi memoria no me traiciona. Numerosos grupos de electores merodeaban: unos alrededor de la mesa instalada; otros en la plaza, todos aprestándose, al parecer, para votar. Entre ellos, formados en su mayoría por rostros de personas conocidas, recuerdo perfectamente al entonces comandante Juan José Gomensoro, a Carlos Viana, al mayor Soto (Eugenio), a Ramón Márquez, a Francisco Lavandeira, a Antonio Gadrín (estos últimos murieron momentos después); Soto, vestido de uniforme militar, defendiendo palmo a palmo la existencia, hasta caer en la puerta del ‘Cabildo; Ramón Márquez, herido primero en la cabeza, recogido luego por sus amigos Segundo Flores y Serafín Salazar, que lo sentaron en un banco para defenderse y ultimado villanamente por la espalda, por uno de sus antiguos peones; Gradín, caído sin combatir, herido también en los momentos de buscar refugio con otros muchos en la iglesia. Agustín de. Vedia con su tradicional chambergo; Julio Herrera y Obes solo, y como siempre sonriente y afable… “A pesar de mi inocente curiosidad, algo raro creí vislumbrar en el aspecto siniestro de algunos semblantes; en el desparpajo de los que ni siquiera ocultaban los mangos de los pañales y la culata de las pistolas y en el espectáculo poco tranquilizador de las divisas rojas en el sombrero… Efectivamente, salieron a relucir las armas y comenzaron a correr las gentes en direcciones opuestas; unos hacia la Matriz, otros hacia afuera de la plaza”.

25 de Mayo. / Recorrido a la Plaza Constitución.

Continúa Joaquín de Salterain poeta, periodista, político y médico uruguayo (1856-1926): http://anaforas.fic.edu.uy/jspui/bitstream/123456789/32729/1/CUA_58.pdf

Plaza Constitución, vista al N.O (Ituizaingó y Rincón).


1° de Enero de 1875


Ese fue el día para elegir Alcalde ordinario, especie de juez de primera instancia y defensor de menores Existían dos únicas listas, la llamada Popular, sostenida por los “principistas” cuyos titulares y suplentes eran José Pedro Varela, suplentes Dr. Leoncio Correa y Dr. Juan José Segundo; Dr. Adolfo Artagaveytia, suplentes Dr. Aureliano Rodríguez Larreta y Juan Manuel de Vedia; y la otra lista que votaría los “netos”

José Pedro Varela / Dr. Leoncio Correa / Dr. Aureliano Rodríguez Larreta.


Dos listas, Candomberos y Principistas


Se hicieron dos listas: una de los candomberos bastante buena, otra de los principistas bastante mejor, pero no podía temerse que su lucha causase disturbios. La designación de Alcalde ordinario había perdido entonces toda importancia política, pues por una ley nueva el Alcalde ya no era como antes el presidente de la mesa de elecciones. Los diarios principistas «El Siglo» y «La Democracia» llegaron a admitir y aconsejar la abstinencia de los suyos, fundándose en los vicios de los padrones electorales, pero el elemento joven quiso presentarse a las mesas.

Una incidencia que la exaltación de los ánimos caldeados de uno a otro bando agravó, trajo como consecuencia un altercado entre Alfredo Castellanos y el Coronel Francisco Belén, ya famoso por sus fechorías, que actuaba en el atrio de la Matriz como caudillo “candombero”.


¿Quién era Francisco Belén? (Paysandú)


“El jefe brasileño dobla una calle y se encuentra con un oficial de Flores, el comandante Francisco Belén, acompañado de treinta hombres; éste se dirige al jefe brasileño e invocando el nombre del general Flores, le exige la entrega del general Gómez; éste se resiste, el otro insiste. El jefe brasileño le dice que el Barón es garantía de la capitulación, y por último le pide orden por escrito de Flores. En ese ínterin llegó Goyo Suárez y a nombre del general Flores pide nuevamente la entrega del general Gómez y sus compañeros; el jefe brasileño los entrega.» Comandante Belén, recíbase Ud. de esos hombres – dice Goyo Suárez – Echan a andar y llegan a un portón de fierro. Belén da la vos de “Aquí nomás”. Por la parte de adentro de eso portón se ejecuta el terrible suplicio de la víctima ilustre… Lo estropean, lo desnudan y lo cosen a puñaladas. Uno de los Mujica (Eleuterio) le descarna la pera, estando aún vivo el general. Los compañeros siguen la misma suerte: reciben la muerte a puñaladas y balazos” (Julio César Vignale. Consecuencias de Caseros. 1946).


En la plaza Constitución a los tiros y “balazos sin importancia”


Francisco Belén (Pancho) disparó dos tiros contra Castellanos sin herirlo, porque un Teniente Baduña, amigo de éste, desvió la pistola; seguidamente hubo un entrevero general, en el que mal afamado Belén recibió un balazo en la espalda sin importancia, disparado según opinión general, por Federico Castellanos, hermano del agredido. Interrumpida la votación, el Ejecutivo resolvió que se verificara el acto el domingo 10, contrariando la opinión del Ministro de gobierno Dr. Saturnino Álvarez, el cual entendía que por estar los ánimos tan caldeados debía diferirse la fecha eleccionaria.


Diez de Enero de 1875, la revancha


“Lo que el 1° de Enero había sido una lucha dejada al elemento joven, fue para el 10 del mismo mes una especie de cita de honor y un desafío. La prensa de ambos matices se desató en denuestos y amenazas subido tono, hacían presagiar las cosas más graves. En el fondo, a unos y a otros no se les ocultaban las contingencias que flotaban en el aire, pero las ventajas en el terreno de los hechos se inclinaban a favor de los “candomberos”, dirigidos por hombres de prensa a los cuales respondía un núcleo de militares de pésimos antecedentes, capitanes a su vez de elementos maleantes de la más temible extracción social”.

El jefe y dirigente de “los principistas” era el honesto hombre público Dr. José María Muñoz, de quien alguien ha dicho con verdad: «buen ciudadano que no acababa nunca de persuadirse que el buen derecho fenece si no es apoyado por una buena fuerza». Las medidas de “los principistas” tomadas con toda formalidad y todo acierto para una lucha electoral ordinaria, no eran las que correspondían tomar para una probable lucha armada. Y fue en eso precisamente en lo que degeneró a poco de iniciarse el acto comicial del 10 de enero, no obstante las medidas de precaución tomadas por el gobierno de Ellauri, algunas de las cuales no se cumplieron sino muy imperfectamente, sea por incapacidad, sea por mala voluntad de los encargados de ejecutarlas.

El Jefe Político de la capital, comandante Eugenio D. Fonda, a quien le incumbía enviar la formación de grupos a la plaza, parece que llegó a desconfiar de la obediencia y lealtad de la gente a sus órdenes. Las tropas debían estar acuarteladas rigurosamente y sin embargo entre los que tirotearon a “los principistas” en la plaza Matriz figuró un alférez, que está identificado: Rufino T. Domínguez.

Los “principistas” estaban reunidos en el Club Inglés, en Rincón e Ituzaingó, y los “candomberos” –tradicionalistas colorados en la Confitería del Ruso, en la calle Sarandí 580, donde está actualmente el Club Uruguay. Aproximadamente a las dos de la tarde era evidente que la lista de los “principistas”, encabezada por José Pedro Varela y Adolfo Artagaveytia, superaba largamente a la de los “candomberos” o “netos” (el voto era público); en ese momento, algunos elementos de esta tendencia, entre los que se contaban Francisco Belén, Isaac De Tezanos y Pedro Varela, atacaron armados con ánimo de apoderarse de la urna, mientras que desde las azoteas disparaban varios francotiradores. Lavandeira, junto a otros de su misma tendencia, corrieron a evitar la sustracción de la urna, pero recibió un balazo en la aorta que le produjo una muerte casi inmediata; tenía 26 años.

Francisco Lavandeira / Presidente Ellauri / T. Coronel Lorenzo Latorre.


Más tiros en la Plaza Constitución (Frente a Catedral de Montevideo)


La elección iba perdida para “los candomberos”, cuando sonaron de improviso algunos tiros en el sector de la plaza Constitución, que mira a la calle Ituzaingó. Una rápida lucha se trabó enseguida alrededor del ombú que entonces existía en medio del triángulo libre y a la sombra del cual estaban agrupados los principistas.


Sigue relatando Joaquín de Salterain


“Salimos del café y aún no habíamos llegado a la vereda que cuadra a la plaza, se sintió un tiro qué fue suficiente pará lanzarnos al descampado que teníamos enfrente, desnudando Abélla su estoque y empuñando su revólver y yo una pistola dé dos tiros, única arma qué llevaba. El tiro aquel, al que sucedió al instante un vivo fuego graneado, había sido la señal de la matanza preparada. Sigilosamente bajo los derruidos arcos del Mercado Viejo; frente a nosotros y a pocos pasos yacía Cadáver el infortunado Lavandeira, a quien pude reconocer por el traje. Aquello había pasado como un relámpago”.

En la esquina de Las Pirámides, frente a lo del Ruso (¿) y del Cabildo, individuos de todas layas que habían sacado a relucir divisas coloradas y se conoce que estaban perfectamente armados y organizados, hacían fuego sobre el pueblo con carabinas y fusiles, parapetándose algunos tras las casas y tras los árboles. Abélla había hecho fuego varias veces con su revólver y descargado yo uno solo de mis tiros; á la Sazón qué un individuo emponchado y con puñal en mano corría en dirección a los grupos “netos. Tal vez fue el mismo que viendo caer al desgraciado Ramón Márquez herido mortalmente sé aproximó a él como para pretender auxiliarlo y le hundió varias veces la daga en el corazón.

El Presidente de la República Dr. Ellauri, que tuvo conocimiento de lo ocurrido, mandó al Teniente Coronel Lorenzo Latorre, jefe del 1° de Cazadores que estaba preventivamente en el fuerte de Gobierno en la Plaza Zabala, que concurriese a la Plaza Constitución a restablecer y mantener el orden.


Trece muertos, cincuenta heridos


Cuando ya había al menos trece muertos y más de cincuenta heridos, llego a la plaza el regimiento de Cazadores comandado por el coronel Lorenzo la Torre. Estaban acantonados a tres cuadras pero “demoraron” el llegar otro regimiento de Cazadores llego todavía más tarde. Los soldados tomaron control de la plaza pero los atacantes en vez de huir se quedaron conversando con ellos como si fuesen amigos. Mas tarde llego Gregorio Suarez a saludar a los presentes. La elección se suspendió y el gobierno de Ellauri no fue capaz de reaccionar Avisado éste, se trasladó a la plaza y abiertas las puertas salieron todos ante las turbas “candomberas” estacionadas en la plaza.

Los reparos de “los principistas” en aceptar la sola garantía de Latorre estaban justificados porque al ir éste a votar, concurrió acompañado por tres ayudantes y votó «con aire de desafío» por la lista “candombera”. El Comandante Latorre, Ministro de Guerra, era hasta ese momento no sólo de la confianza del Presidente Ellauri, sino del grupo de “principistas”, que lo creían no solamente un valiente soldado, como lo tenía probado en la guerra, sino un militar de honor.


Algunos de los que fallecieron


En medio del caos, Lavandeira quiso proteger la urna para evitar que fuera robada. Una bala le dio en el pecho. Murió en el acto, a los 26 años de edad. Desde entonces y por mucho tiempo, su muerte fue vista como un símbolo de las luchas por el sufragio y las garantías electorales. Fueron “de la partida” Ramón Márquez, Antonio Gradan, Juan Risso, Eugenio Soto, y Segundo Tajes.


Latorre traiciona a Ellauri


Cinco días después traicionó aquella confianza a su presidente y a sus amigos, pero supo mantener oculta su traición hasta último momento. Los rasgos que alguno de la redacción de «El Siglo» creyó ver dibujados en el rostro enjuto, amarillo y asimétrico de Latorre, no eran los signos de su preocupación por los destinos del país, sino los lineamientos de la máscara del traidor que él moldeaba. (Sic). El autor de esta nota fue José María Fernández Saldaña, historiador, escritor y periodista, fue, además abogado. (19 de enero de 1879)


Comienza el militarismo


El enfrentamiento entre “principistas y candomberos” entorpeció las acciones de gobierno y, finalmente, dejó abierto el camino a un nuevo actor: el ejército. Ese fue el comienzo de una nueva etapa: el militarismo. Comerciantes, hacendados y extranjeros residentes que ante las graves crisis que enfrentaba el país, debido a la inoperancia de los gobiernos democráticos decidieron ofrecerle el poder al Ministro de Guerra Coronel Lorenzo Latorre. Éste aceptó y tomó el poder como “gobernador provisorio”.

Por ese motivo la cuestión política estaba planteada como una cuestión de fondo: apetitos contra ideas, regresión contra principios, barbarie contra civilización. Y eso precisamente fue lo que certificó el recuento de las víctimas de la luctuosa y despareja lucha reñida alrededor de la urna electoral en el atrio de la Iglesia Catedral, para recibir los boletines de votación para Alcalde ordinario de la capital


Llegan dos magos a Montevideo

Harry Kellar y William Fay.


Llegan a Uruguay estos dos magos en 1875, en medio de una gran crisis política.


Su relato


“Mi maestro “aterrizó” en Montevideo el 17 de Febrero de 1875. Hubo un cambio de gobierno justo antes, y el nuevo presidente, pensando que la mejor forma de silenciar a la prensa opositora era deshacerse de ellos, los invitó a su casa, hizo que todos fueran arrestados y fueron llevados a bordo de un condenado bergantín que yacía en el puerto. El nombre de esta embarcación era el Puig, y la enviaron al mar con órdenes selladas, y con los periodistas fuertemente atados debajo de la cubierta. Se hizo un esfuerzo para desembarcarlos en Brasil, pero las autoridades no lo permitieron. Corre un rumor que ellos finalmente fueron desembarcados en Cuba, pero probablemente fueron a parar a tumbas acuáticas”.


El destierro


Este nuevo régimen de Varela hizo desterrar a los principales políticos principistas que fueron enviados a La Habana en una barca llamada el Puig.

Los desterrados. / En la barca Puig.

Quince ciudadanos arrancados por la violencia, embarcados para alta mar sin proceso alguno, bajo la custodia de Ernesto Courtin, el coronel de caballería de Ellauri y 25 hombres de guardia; la compañía de Juan Puig, dueño y capitán de la barca, con su familia; el médico de a bordo don José R. Campana, un practicante, pilotos y navegantes. Toda una expedición que duró 94 días, como se ve, con la angustia del destino incierto y primera recalada en la isla de Gorriti.


Los nombres

José Pedro Ramírez, Juan José de Herre­ra, Agustín de Vedia, Julio Herrera y Obes,­ Aureliano Rodríguez Larreta, Juan Ramón Gómez Ricardo Flores, Segundo Flo­res, Fortunato Flores, Eduardo Flores, Carlos Giménez, Octavio Ramírez, Osvaldo Rodríguez, Anselmo Dupont.

José P. Ramírez / Juan J. de Herrera / Agustín de Vedia /Julio Herrera y Obes / Aureliano Rodríguez Larreta / Octavio Ramírez / Anselmo Dupont.


Peripecias de la barca Puig

https://www.histarmar.com.ar/AcademiaUruguayaMyFl/2010/BarcaPUIG.htm

Bergantín Puig.

Historia de un atentado célebre


La deportación a la Habana en la Barca «Puig. (Agustín de Vedia sep. 1875)

https://archive.org/stream/ladeportacinlah00vedigoog#page/n101/mode/2up


La realidad


Ni una cosa ni la otra, estos intelectuales quedaron en libertad en el muelle de Charleston (Carolina del Sur) y regresarán más tarde a Montevideo para realizar la llamada Revolución Tricolor.

Soldados de la revolución posando para la fotografía tomada el 6 de Noviembre de 1875.


Una digresión


Les traigo este link relacionado en el cual un famoso escritor de la época Vicente Moreno de la Tejera (1848-1909) “cabalga en las ancas” de esta historia que por lo verosímil pudo tener algo de cierto Si así no fuese igual vale la pena leerla El 15 de febrero de 1874 llegaba a la rada de Montevideo el vapor «Ayacucho», de la Pacific Steam Navigation Company, que traía entre sus pasajeros a un vallisoletano (De Valladolid), de nombre Eloy Perillán Buxó, a la postre marido de Eva Canel (Agar Eva Infanzón Canel), una asturiana nacida en 1857 y fallecida en cuba en 1932 con un bagaje importante de obras escritas para teatro, y otros géneros además fundadora de varios diarios en Sudamérica. Durante los hechos trágicos acaecidos en la plaza Constitución, residía en Montevideo. Posteriormente escribió un cuento cuyo título es “La Candombera” en la que relata la historia de una “mujer fatal” manipulado hombres en el medio del entorno de esta confrontación. Sin dudas los protagonistas enmascaran personajes y hechos reales que no he podido desentrañar. El link se los dejo al final, seguro lo disfrutarán.


Así comienza, ¡muy bueno!


“Era Raquelita una oriental hecha y derecha, sin mezcolanzas gringas, ni trocatintas de sangre de horchata, cabellos desteñidos y ojos blancos de puro azulados. Americano-andaluza pura, purita, con candelillas encendidas en los ojos, lava en las venas, ascuas en el cerebro y un intrincado laberinto de hilillos eléctricos en los nervios, semejaba una serpiente hermosa, fascinadora, de escamas relucientes y tornasoladas, pero traidora, con las abiertas fauces dispuestas á tragar al primer incauto pajarillo que por su mal tuviese la desgracia de acercársele”.


LA CANDOMBERA (Recuerdos de Montevideo), 1848 - 1909

https://vmdelatejera.wordpress.com/2014/09/21/la-candombera-recuerdos-de-montevideo/

Vicente Moreno de la Tejera / Eloy Perillán Buxó / Raquelita Guerra “La candombera”.











Esta nota, que el BHL transcribe agradeciendo la gentileza del autor, Alberto Moroy, fue publicada en el Diario El País el 21 de Septiembre de 2019.

amoroy@gmail.com


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